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- Obra creada para el concurso "Navidad en Inkspired" ¿Que hago si los recuerdos me golpean fugazmente y no me dejan seguir con mi vida? ¿Que hago si se supone que esta deberia ser la Navidad mas feliz de mi vida pero me siento sola, triste y vacia? ¡Dios! ¿Corro o me quedo?


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Aquel diciembre...


Mirando por el ventanal, mientras caía la nieve y soplaba la brisa, me doy cuenta de algo.

- ¡Feliz Nochebuena! – gritaron todos al unísono.

Siempre estaré sola.

Aunque este rodeada de todas estas personas, mientras yo no me abra, mientras no deje a nadie entrar, siempre estaré derivando en esta eterna soledad sintiéndome vacía; mirando los copos de nieve caer del cielo, tal y como hago cada diciembre, cada noche buena, desde hace cinco años.

Los recuerdos… ¡Siempre los recuerdos!

Pensando, maldiciendo y reviviendo esas memorias de aquellos días cuando fui verdaderamente feliz. Cuando fui tan feliz que sentía que de un momento a otro podía explotar de tan completa que me sentía. Tan plena…

Sin embargo, como todas las cosas buenas, no duró para siempre. Fue tan efímero y lo perdí todo en tres segundos.

Aún recuerdo como su presencia se filtró entre mis dedos, y yo seguía siendo lo suficientemente tonta como para creer que podía retenerlo, que podría seguir cabalgando en aquel corcel indomable acostumbrado a vagar por ahí, a amanecer todos los días en diferentes camas, entre diferentes brazos.

Esos recuerdos taladran mi cabeza día a día y no me permiten seguir viviendo en paz. Me torturan, se burlan de mí, me martirizan y se ríen en mi cara como diciendo “Mira lo que dejaste ir por tonta”.

Cada vez que llega diciembre, cada vez que cierro los ojos, cada vez que intento dormir están allí, las memorias. Esos absurdos recuerdos que no me dejan existir. Porque después de él, no he vuelto a vivir; solo sigo vagando, perdida, esperando a que alguien me encuentre.

Cierro los ojos y recargo mi frente en el frio cristal.

- Ven, Belle.

Recuerdo su ronca voz, juguetona, llamándome en la fría mañana de año nuevo, después de hacerme el amor frente a la chimenea encendida, mientras las cristalinas gotas llovían fuera de nuestra burbuja.

Abría sus brazos para que me acurrucara en ellos, mientras la luz se colaba entre las rendijas de la ventana e iluminaba sus ojos café, entrecerrados por el cansancio; y yo…

Yo iba hipnotizada hacia ese resplandor que emitía, ese que me tenía atrapada, enamorada, ilusionada.

Un suspiro se escapa de mi boca y empaña el vidrio del ventanal.

- ¿Isabelle?

La voz de mi prometido me hace girar, y lo veo ahí de pie, luciendo sus costosas ropas como siempre. Finjo una sonrisa porque es lo único que puedo hacer, ¿verdad?

No puedo dejar que vea lo triste, patética, desolada y desgraciada que me siento. No cuando estos recuerdos son causados por las memorias de alguien que ya no está.

- Hola, Alain. ¡Feliz Nochebuena! – saludo. Arreglo mi peinado y acomodo mi vestido antes de caminar hacia él.

Con cada paso que doy, con cada pisada que acorta nuestra distancia, siento que estoy sellando un futuro que no quiero, un destino que fui obligada a aceptar.

Veo sus ojos verdes y quisiera que fueran más oscuros, protegidos por unos graciosos lentes de formula. Su cabeza se vería mejor con rizos oscuros, en vez de ese cabello rubio, y esa sonrisa de perfectos dientes blancos debería tener una pizca de traviesa picardía.

¿Por qué no pude enamorarme de Alain desde un principio? ¿Por qué tuve que encontrarme con él aquel frio día de invierno? ¿Por qué tuvo que dejarme con esto? Con recuerdos. Inútiles trozos de momentos felices. Pequeños fragmentos de nuestro tiempo juntos. Pedazos de nuestras promesas olvidadas. Cenizas de un futuro que jamás llego a existir…

Voy saliendo de una cafetería con olor a jengibre y leche tibia, al frio clima de la cuidad, cuando mi móvil comienza vibrar

Rápidamente empiezo a rebuscar entre mi bolso con una mano, mientras que con la otra sostengo con habilidad mi chocolate caliente y mis galletas con forma de copo de nieve. Veo mis llaves, mi cartera, un lapicero, mi labial y… ¡Bingo!

- Rodd al habla. ¿Quién llama? – cuestiono colocando el aparato entre mi hombro y oreja. Sigo caminando sin darme cuenta que rumbo estoy tomando, y es que hoy, precisamente en víspera de nochebuena, las aceras están poco transitadas, cuando siento un tirón en mi brazo, provocando que mi chocolate, galletas y bolso caigan al piso.

Estoy a punto de darme vuelta y gritarle al causante de tal desastre, cuando sentí a un auto rozarme las narices.

- ¿Estás bien? – me pregunta Alain, sacándome de mis cavilaciones cuando ya me encuentro a su lado. Parpadeo aturdida y asiento. Él estira su mano y toma la mía con esa perfecta sonrisa que me hace querer vomitar.

Y sigo preguntándome: ¿Por qué?

Comenzamos a caminar hacia la sala donde está reunida toda la gente, y me siento mareada, confundida.

¡Corre! - grita mi corazón.- ¡Búscalo y sé feliz!

Quédate, no encontraras mejor hombre que Alain. – exige mi cabeza.

Y no sé a quién obedecer.

Si me quedo con Alain, mi vida nunca estará completa, no seré plenamente feliz. Pero si me voy, será en busca de falsas esperanzas, por con él, con Poe, jamás podre tener lo que tanto deseo.

Un hombre alto, moreno y con lentes, me miraba con las cejas enarcadas y sonrisa traviesa, maliciosa. ¿Y por qué me miraba así?

Porque sabe que estuve a punto de gritarle y maldecirlo por ese movimiento tan brusco. Sabe que me di cuenta de que me salvo de ser atropellada y que no me queda más que agradecerle, cuando en principio quería reprenderlo. Sabe que estaba distraída y que pude haber tenido un accidente. Y cuando me sonrió…

- Cuidado –dice. Su voz es tan grave y varonil, tan sexy, tan… Estoy tan perdida.

Y él sabe que me tiene.

Sacudo mi cabeza regresando al presente, dejando esas memorias atrás porque… Bueno, si doy este paso ya no puedo seguir torturándome con los ¿Qué hubiera pasado si…?

- ¿Estás nerviosa? – quiere saber Alain. Sacudo la cabeza de forma negativa, la verdad no tengo muchas ganas de hablar con él.- Yo sí, un poco- admite.

Le sonrío y seguimos caminando hasta toparnos con la puerta. La abre y me deja pasar a mi primero como siempre, como todo un caballero. Entro a la pequeña habitación color crema, repleta de familiar y amigos, que nos miran expectantes y ansiosos.

- Gracias – susurro, porque no me siento en capacidad de pronunciar más que eso. Este hombre me ha dejado sin habla, y no es porque sea especialmente guapo, solo… hay algo en él que no puedo describir.

- Un placer. – Esa sonrisa pícara que promete mil cosas se vuelve a posar en sus labios, como dictaminando mi destino. Estira su mano, e hipnotizada le doy la mía. – Poe.

- Isabelle.- digo sintiéndome insegura – Y… gracias de nuevo, Poe.

Me doy la vuelta y comienzo a recoger mis pertenencias del casi congelado suelo, hasta el vaso de chocolate, aunque este ya este todo derramado y frio. Me pongo de pie y, mirando la punta de mi calzado, me despido de él.

Quiero escapar de su arrolladora presencia lo más pronto posible. Por alguna razón, me pone muy nerviosa y nunca me ha gustado perder el control sobre mi misma.

- ¡Isabelle! – me llama con voz a grito, pero no le hago caso y empiezo a caminar más rápido. Cuando llego a mi auto, lo enciendo y empiezo a respirar con normalidad. Enciendo la calefacción para liberarme de este horrible frio y suspiro recargando mi frente en el volante.

Abro mi bolso para coger mi teléfono, pero muy tarde me doy cuenta que no está.

- Feliz Navidad, Isabelle.- dice mi suegro frente a mí. Ni siquiera me di cuenta de su presencia y todo por estar recordando cómo comenzó aquello.

Alain se posiciona a mi lado justo en el medio de todas las personas y yo desvío la mirada por la puerta que acabamos de cruzar. La gente ha empezado a llegar y sé que si no salgo pronto de aquí, quedare atrapada.

- Bueno, no sé si sea buena idea devolverte tu aparato, después de todo, huiste de mí, Belle. – susurra. Es la tercera vez que lo llamo para pedirle que me regrese mi móvil, pero él parece divertirse con mi desesperación. Además de ser la tercera que me dice de esa forma

“Belle”

- Lo necesito, Poe.- digo ya cansada del mismo juego. Hoy tuve una fuerte pelea con mis padres respecto a mi futuro, y no estoy de humor para sus bromas. Poe parece notarlo porque adopta un tono más serio en su voz.

- Está bien, te lo devolveré con una condición.

- ¿Cuál?- La cautela en mi voz es bastante notable.

- Sal conmigo mañana.

Resoplo. ¿Escuche bien?

- Uh, no lo sé – digo sin mucha convicción. La verdad es que me encantaría poder salir con él, pero mis padres… Ellos jamás aprobarían una relación así, no cuando ya está escrito lo que debo hacer.

- Vamos, prometo que no muerdo. – contesta con ese tono juguetón y yo, como una tonta, sonrió.

No tengo que pensarlo por más tiempo.

Siento un agarre un agarre en mi brazo y desvío la mirada de la multitud para encontrarme con las verdes esferas de mi futuro esposo. Enarca sus cejas y me sonríe divertido.

- ¿Te diviertes? – me pregunta con esa calma que, en lugar de relajarme, me estresa a niveles absurdos. Y es que son tan diferentes que no puedo dejar de compararlos en todo, en cada faceta, en cada aspecto.

- Algo así - contesto encogiéndome de hombros.

Más bien estoy recordando, pienso, pero no lo digo en voz alta. Sé que me preguntaría y no sabría, o más bien, no podría responderle.

- Te ves bien – me dice con esa sonrisa en la esquina de sus labios. ¡Dios! Me vuelve loca.

Hoy cumplimos dos meses saliendo, así que ya me he acostumbrado a que siempre este presente esa pequeña elevación de la comisura de su boca. Pero que me haya acostumbrado no significa que no me siga poniendo nerviosa.

Acomodo un mechón de cabello detrás de mí oreja y le sonrío yo también.

- Dime algo que no sepa. – respondo altanera, fingiendo seguridad. El suelta una carcajada y luego me toma de la cintura acercando nuestros cuerpos, mezclando nuestras respiraciones.

- Creo que esto ya lo sabes pero de todas maneras lo diré. – Acerca su boca a mi oído y escalofríos recorren mi piel.- Te quiero.

Se aleja mirándome divertido, pero yo no me puedo mover. Esas palabras…

- Entonces ¿aceptas? – me dice, y yo no sé de qué está hablando. Lo miro confusa y el señala mi dedo anular.

Oh

Es mi turno de responder. Es mi turno de tomar esa decisión de una vez por todas. Tomando una profunda respiración, estiro mi mano y la pongo entre las suyas.

- Poe – digo a modo de advertencia. En este momento me siento vulnerable y necesito alejarme de él.

- Es verdad – sentencia – te quiero, Isabelle Rodd. No te prometo que lo hare toda la vida, no me estoy comprometiendo contigo ni nada de eso, pero es lo que siento en este momento y necesitaba decírtelo. – Se acerca más a mi cuerpo y toma mi rostro entre sus manos.- Y sé que tú también me quieres, lo puedo ver cada vez que me miras.

Eleva mi rostro para que nuestras miradas se encuentren y me pierdo un momento en la intensidad de la suya a través del cristal de sus lentes. Hay tantas cosas ahí nadando, cosas que no puedo explicar, pero que siento en el alma.

Sin decir nada, me besa; y yo le respondo aun con más intensidad.

Y sé que tiene razón.

Lo quiero.

Y él me quiere.

Y aunque puede que no dure para siempre, disfrutare el tiempo que me quede a su lado. Y después, bueno, tendré que seguir con mi vida. Por eso, no me enamorare de él.

Porque esa sería mi sentencia.

Aparto torpemente mis manos de las manos de Alain, que me frunce el ceño y, retrocedo varios pasos mientras miro la cantidad de gente que está ahí reunida, no precisamente por la nochebuena.

- ¿Isabelle? – Alain avanza dos pasos e intenta tocarme, pero yo sacudo la cabeza y sigo retrocediendo.

- Lo siento, no puedo.- Susurro con voz rota. Siento que las lágrimas empiezan a surcar mi rostro porque, en el fondo, sé que puedo estar tomando la peor decisión de mi vida, pero no me importa.

Me doy media vuelta y salgo corriendo de esa habitación, donde se estaba por escribir mi futuro, donde varias decenas de personas estaban por presenciar mi compromiso con un hombre al que no amo. Corro, al exterior donde los copos de nieve se aferran a mi rostro, en busca de mi destino, en busca de nuevas memorias y mejores recuerdos.

En busca del hombre del que me enamoré aquel diciembre.

27 de Noviembre de 2020 a las 14:02 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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