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Por alguna razón que nadie podía llegar a comprender, Galio Fuentes, desapareció dejando una casa con las paredes llenas de letras y números escritos de forma aleatoria, y un ordenador portátil con tan solo una entrada para cargar la de la batería. Conor y Marcus se encargaran de buscarlo.


Ciencia ficción Futurista No para niños menores de 13.

#utopia #distopia #suicidio #muertes
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Cortometraje

La sensación de opresión en el pecho no la abandonó durante todo su sueño. Nunca la abandonaba, al igual que la oscuridad absoluta. Eso era lo que siempre soñaba. Para ella dormir era esperar un largo periodo de tiempo hasta que sus ojos se abrían. Sin embargo, aquella noche soñó. En vez de ver más oscuridad, consiguió ver fue una imagen borrosa de otra persona atreves de un líquido espeso que la cubría. Intentó moverse pero sus extremidades no respondían, ni si quiera las podía sentir.

Poco después de empezar el sueño, una luz roja empezó a parpadear y la voz (la de una mujer) se escuchó como un murmullo en sus oídos. Su cabeza no fue capaz de analizar y comprender todo lo que estaba sucediendo. Miró a todas partes para ver que ocurría. Detrás de ella, en lo que parecía una capsula, había una mujer con vitíligo muy marcado por todo el cuerpo. Solo en ese momento se dio cuenta de había más gente como ella, durmiendo completamente desnudos.

Una mujer con traje blanco apareció delante de ella. O eso es lo que Teresa creyó ver, ya que no pudo distinguir muy bien las cosas. Desesperada, intentó hablarle para pedirle ayuda. Aunque a los pocos segundos recapacitó: si se encontraba en esa situación con más gente y ella se encontraba libre, estaba implicada. Por lo que abrió la boca para pedirle explicaciones. Lo único que consiguió al abrir la boca fue tragar algo de líquido espeso. Mientras, la mujer pulsó un botón en el panel al lado de la capsula de Teresa, haciendo que el líquido en el que se encontraba se volviese de un color distinto: rosa. En pocos segundos, este llegó hasta ella y provocó que su cuerpo se sintiese pesado, los parpados le pesaron y su consciencia se fue desapareciendo. Antes de caer dormida, pudo ver con su visión borrosa que ya no estaba la enfermera. Solo vio antes de dormirse a la chica y se aferró a su imagen para mantenerse consciente sin mucho éxito.

Teresa intentó recordar todas las manchas. Se fijó en sus piernas porque eran lo más visible que le permitía entre ver su borrosa visión. En las piernas había una gran mancha blanca, en la zona del muslo.

Inmediatamente después de caer dormida en su sueño, se despertó sobre una superficie sólida y suave. La sensación de la gravedad le aseguró que ya no se encontraba en aquel sueño. Sabía perfectamente que era un sueño porque ya lo ha vivido con anterioridad. Toda su vida la había pasado teniendo esos sueños en los que se encontraba en una capsula sumergida en un líquido. Lo único que cambia en sus sueños era la persona que se encontraba delante.

Por culpa de aquellos sueños, hacía mucho tiempo, perdió el concepto de realidad y atacó a muchas personas, causando daño a quien se pusiese por delante. Poco después la obligaron a internarse en un psiquiátrico donde le enseñaron a distinguir la realidad de la ficción producida por su mente. Después de largos años, pudo volver a tener una vida normal.

El silencio de la habitación fue interrumpido por los pasos de uno de los trabajadores del hospital. La puerta se abrió sola, gracias al sensor que había arriba de esta. Una enfermera entró en la habitación con una bolsa de plástico que contenía un líquido trasparente.

-¡Oh! Ya ha despertado. Debe de tener hambre, le traeré algo.

La enfermera se marchó después de cambiarle la bolas trasparente, dejándola sola otra vez. Teresa se incorporó. La luz tenue que se había encendido cuando se despertó empezó a aumentar en intensidad. La cama empezó a subir para que se quedase como una silla. Una barra de madera que servía de mesa se colocó encima de la chica, a la distancia perfecta de sus piernas y torso. El estómago le empezó a sonar al poco de sentarse pero no tuvo que esperar mucho para escuchar el sonido de los pasos resonar en el pasillo, acompañados por el sonido de las ruedas girando. Antes de entrar en su habitación, entró en otras. Cuando llegó su turno, Teresa no dudo en tragarse lo que le diesen.

Teresa observó que el carrito estaba vacío, por lo que decidió detener el avance de la enfermera, la cual se disponía a recoger un par de cosas de la habitación y marcharse.

-Hazme compañía.

-Como desees señorita Clarín.

La enfermera se sentó en uno de los sillones que se encontraba cerca de la cortina, la cual aún cubría la ventana.

-Dime… ¿tú qué opinas sobre la extinción de los microorganismos dañinos para los humanos?

-Lamento mucho no poder responderle algo que no se encuentra en las líneas de mi programa.

-Entiendo. Gracias ya puedes marcharte.

La enfermera se marchó con el carrito. Al pasar por su lado pudo ver perfectamente el código de barras que debían de tener todos los robots debajo de la oreja derecha.

-¿Nunca has querido cambiar de peinado?

-Lamento mucho no poder responderle algo que no se encuentra en las líneas de mi programa.

Teresa no supo cuando se quedó dormida. Si no fuese por el odioso el sistema de apertura temprano, aun estaría durmiendo. Ese sistema era peor que un despertador. El sistema abría las cortinas (y las ventanas si era necesario) de una habitación después de ocho horas desde que el paciente se quedó dormido. Desde la primera vez que entró en un hospital por culpa de sus pesadillas, había odiado ese sistema.

Al poco de despertarse, la misma enfermera, o un modelo similar, entro en la habitación para darle el desayuno.

-¿Has pensado alguna vez salir del hospital?

-Esas líneas no se encuentran en mi programa.

Teresa miró por la ventana. Como casi todos los días el cielo estaba despejado. El sol alimenta todos los paneles y nutría a las plantas con su luz. Los edificios de un mismo tamaño se podían ver por todos lados. Por más que cambiasen sus formas, si se vive en una ciudad, se tienen los mismos metros cuadrados, como decía la ley. Todos ellos tenían en sus patios superiores plantas y árboles, como marca la normativa. Pocos eran los que usan sus fachadas para albergar vida.

Los pasos de alguien entrando le advirtieron de la presencia de otra enfermera, probablemente. Sin apartar la vista de la ventana, volvió a preguntar.

-¿Alguna vez has querido algo?

-¡Teresa, esa no es forma de saludar a tus padres! Ni a nadie- le regañó su padre, más por el tono usado que por sus palabras.

-Pensaba que erais la enfermera robot.

-Teresa… ¿aun sigues con tu trabajo de final de carrera?- le preguntó el otro padre.

Por los avances en la ciencia, ahora, toda pareja que quisiera tener hijos en común podían hacerlo. Y por los nuevos sistemas económicos, sociales y políticos, tener hijos así era muy fácil. Esto se incluía dentro de la sanidad pública, algo a lo que todos tienen derecho y les cubre cualquier cosa que necesitasen. Además, los modelos de familia ya no tenían por qué representar a unos padres que se querían.

-Si papá.

-¿Cuál es el resultado?

-Papá, el resultado estaba claro hasta antes de preguntarle al primer robot. Todos los robots están programados. Si algo no está en su programa, no puede existir. Algo tan complejo como un ser vivo no se puede replicar con metal y plástico. Si tú no le pones una línea a su programa donde le indiques que tiene que ir todos los domingos a misa, no irá. Por más tiempo que transcurra, no ocurrirá. Me parece un poco estúpido que haya gente que crea que un robot puede desarrollar una conciencia propia y preguntarse porque existe. Eso solo lo pueden hacer las personas.

-¿Y si programas a uno para que cree nuevas líneas de código para ir mejorando sus líneas de pensamiento y razonamiento?

-Papá no seas tonto.

-No llames tonto a tu padre.

-Lo siento papá pero es así. Aunque podría haber usado inocente o ingenuo. Cambiemos de tema, ¿cuánto más me tendré que quedar en el hospital?

-Te cambiarán la medicación. Tardaran un tiempo en dártela.

-Perderé clases.

-Le hemos avisado a tus compañeros para que te envíen los apuntes. Esta tarde te traemos los impresos.

-El doctor me ha recetado otra vez estar sin tecnología…- Teresa no soportaba que le hiciesen aquello, le gustaba demasiado su ordenador como para que no le dejasen ni tocarlo.

-Tu extraña enfermedad se agrava cuando hay mucha tecnología. Ya sabes, el wifi es malo- uno de los padres intentó hacer reír a su hija, cosa que logró.

-No creo que estés mucho tiempo aquí- dijo el otro calmado-. Y creo que sería mejor que fueras con tus abuelos al campo.

-Ya lo hablaremos papá.

Los días posteriores a ese, sus padres fueron todos los días por las tardes para estar con ella. Fueron unos días muy tranquilos en los que por fin pudo estar con ellos, ya que antes, estaba todo el día ocupada con sus clases, el trabajo y las horas de estudio. Sin contar con todas las horas que pasaba en el trasporte público para ir desde su casa a su universidad. Ni si quiera podía verlos a menudo, aunque viviese en la misma casa que sus padres. Prácticamente, ni los veía ni les saludaba porque se marchaba temprano. Ella se marchaba temprano y, por consideración hacia sus padres, había aprendido a cerrando la puerta de tal forma que no hiciese ruido. Por el día, volvía a descansar y arreglarse pero sus padres estaban trabajando. Luego se volvía a marchar y no volvía hasta que ellos ya se habían ido a dormir e intentaba no hacer ruido ni al caminar.

Además de sus padres, una compañera de trabajo la visitó durante su estancia en el hospital. Le contó un par de anécdotas del trabajo: como se estropeó la maquina de café y como le estuvieron coqueteando. Esa chica no se daba cuenta de lo que le estaba pasando pero para el resto del mundo es algo obvio que le estaban coqueteando. En el trabajo siempre la llaman ingenua e intentaban no hablar con dobles sentidos porque ella le costaba pillarlo.

Ese tiempo que estuvo en el hospital tubo los primeros días pesadillas similares a aquella pesadilla. Con el tiempo y con la nueva medicación dejo de tenerlas y en ese momento, le dieron el alta. El día en el que se marchó de allí, el doctor robot le entregó un bote con píldoras rosas, se las debía de tomar dos veces al día. Estas eran las que provocaban que no pudiese soñar, que dormir fuese como parpadear. Ella solo sabe que ha dormido porque siente que su cansancio ha desaparecido.

Como le había recetado su robo doctor y aconsejado sus padres, la mañana siguiente recogió todo lo que tuviese que necesitar en la casa de sus abuelos con ayuda de sus padres. Después de comer, los tres fueron a la estación de trenes. A esas horas no había mucha gente en la estación y menos que fuesen al campo. Aunque se habían dado cuenta que con el tiempo cada vez había más personas en el campo; se habían dado cuenta por sus visitas a casa de los padres de uno de sus padres. Sobretodo que se quedasen a vivir allí. Ella recordó perfectamente como el pueblo que apenas era un conjunto de casas ligeramente dispersas se había vuelto un poco más grande. Aquello venía por un movimiento o corriente de pensamiento que muchos consideran extremista. Este movimiento repudiaba toda tecnología. Aunque eso eran los más extremistas, la mayoría preferían trabajar en el campo o algo similar usando máquinas y teniendo en casa comodidades del siglo pasado: sin robots que los ayuden excesivamente. La mayoría solo quería más espacios verdes y menos gente a su alrededor. Pocos eran los extremistas que repudian absolutamente toda la tecnología y se ponían a vivir en medio del bosque sin nada que les ayudase más que su ingenio y sus manos.

Mientras esperan a que en el tablero apareciese la zona donde estuviese su tren, Teresa miró los robots limpiadores. No dejaban de ir de un lado para otro dejando el suelo limpio, tanto que el suelo parecía un espejo. Se veía desde lo que había sobre el suelo hasta las personas en el tercer piso. Eso les causaba mareos a muchas personas. Uno de sus padres apenas era capaz de mantenerse en pie.

Los robots creados para limpiar no tenían mucha inteligencia, solo la necesaria para lo que tenían que hacer. La calle siempre se mantiene limpia por estos mismos robots y la conciencia social de la gente que había sido educada para tirar la basura en las diversas papeleras. Aunque mucha gente acababa con los bolsillos llenos de basura porque no encontraba una. Las papeleras fueron trasformadas en obras de arte que se encontraban en el medio de la calle. Algunas parecían personas. Esas eran las que más le gustan a Teresa ya que le encantaba ver como personas como ella podían moldear los materiales para convertirlos en papeleras.

El viento sopló tenuemente agitando las hojas de las plantas. Se podía ver el cielo oscurecerse por las ventanas en el techo. Aquel sería uno de esos pocos días malos en los que no saldrá nadie de casa y las calles se quedarían vacías antes de tiempo. Pocos se aventurarían a salir de casa y mucho menos para entrar en la cafetería teniendo el servicio a domicilio que les ofrecen las franquicias automatizadas.

En la estación, las luces y las tiendas se abrían cuando los sensores captaban a alguien andando cerca. Ella siempre ignoró las tiendas y a las personas que vivían en ellas o mejor dicho los robots. Aun podía recordar el miedo que le dio descubrir la verdad cuando era pequeña. Cuando aún no sabía distinguir entre robots y humanos, miró detrás de uno de los mostradores encontrándose con cables, tubos, baterías, conversores… se asustó tanto que empezó a llorar. Su padre se lo explicó cómo pudo pero ese susto no se lo quitó de encima nunca.

Antes de que se rompiesen las nubes, su tren apareció en el tablero. Teresa se despidió de sus padres y se marchó a su tren. Cuando el tren iba a llegar a su parada, la barrera que había delante y que le impedía el paso empezó a parpadear en un rojo tenue. La empresa de transporte público (para garantizar la seguridad de los usuarios, y parar evitar molestias con personas no muy deseadas) puso un material transparente y fuerte para evitar que alguien accediese fácilmente a las vías. Después de que todos bajasen del tren y abandonasen la zona, estas se abrieron para permitir a las pocas personas subirse al tren.

Dentro se sentó en uno de los muchos asientos vacíos. En la línea en la que iba no tenía que bajarse hasta llegar al final del trayecto, como la mayoría de los presentes. El trayecto transcurrió en su mayoría bajo tierra. Es parte de la normativa de espacios públicos. Todo vehículo debía de viajar por debajo de tierra, excepto en algunos tramos: el parque; debían de viajan por un puente sobre uno de los parques de la ciudad. Al parecer de Teresa, el más bonito a pesar de ser el más pequeño. En verano, en las salidas y puestas de sol, se pintaba un paisaje hermoso con los reflejos de la luz en las ventanas del fondo y los pájaros volando alrededor. Lo que no le gustaba a Teresa es que esa vista dura poco a la velocidad que iba y por ello nunca ha podido inmortalizar ese paisaje con la cámara de su móvil.

El trayecto fue largo pero entretenido gracias a las diversas series o películas que pudo ver por la pantalla que habían colocado en el respaldo del asiento delantero. Muchos pensarían que por estudiar filosofía a Teresa le gustarían o disfrutaría de muchas series, películas, cuadros o representaciones que la mayoría no sabe ni por dónde cogerlos. Es algo que muchos usan para parecer ser más cultos que los demás, leían en alguna parte lo que significa todo lo que acaban de ver y se hacen los listos. Otros sí que lo analizaban, pero o por trabajo o por entretenimiento. La mayoría de los que hacían en ese momento, según la opinión de Teresa, no tenían ni sentido ni relevancia, un cumulo de cosas puestas una detrás de la otra. Ella prefería ver cosas más complejas como series o películas de detectives bien hechas. En aquellas en las que el espectador podía intentar averiguar quién era el asesino gracias a las pistas que aparecían en la escena o al escuchar algo extraño proveniente de algún personaje.

En la estación del pueblo, sus abuelos la esperaban impacientes. Hacía unos años había dejado de ir a visitarlos en vacaciones. Pero sí que hablaba con ellos por video llamada o mensajes.

-¡Cuanto has crecido mi querida nietecita!- dijo su abuela mientras iba a abrazarla alegremente. Como lo dijo prácticamente gritando, muchos se giran a mirar la escena- Has perdido peso- dijo con su nieta entre los brazos y la levanta, como siempre que abraza a alguien.

-Cariño, será mejor que dejes a la niña en el suelo y vayas a hacerle un huevo frito. Está demasiado delgada- dijo el abuelo abrazándolas y aplastando a Teresa.

-Yo también os he echado de menos pero bajadme y soltadme, ¡me asfixiáis!

-Vale. Tendremos mucho tiempo para abrazos y achuchones súper fuertes y cálidos- dijo la abuela soltándola-. Ahora cuéntame cómo son las cosas por la ciudad. Si no fuera porque trabajamos en el huerto, y nos gusta, estaríamos jubilados en un pisito cercano al centro de la ciudad.

A la salida de la estación, Teresa se encontró con un grupo de jóvenes, los cuales se estaban manifestando en contra de la tecnología. Eso es algo que se veía de vez en cuando en las plazas y otros lugares concurridos de la ciudad, ¿pero en el pueblo? ¿Con tan poca tecnología siguen manifestándose en contra de ella?

-¿Por qué os manifestáis exactamente?- preguntó Teresa desconcertada.

-Para que la gente que viene comprenda que en vez de tomar unas vacaciones debe de quedarse para siempre- dijo un joven que le resultó bastante atractivo a Teresa.

En ese momento se le pasó por la cabeza interesarse por todo lo que dijese solo para ver si tenía una oportunidad de pasar un buen rato con él. Y no se juntaría mucho después de ello ya que a Teresa no le gustan mucho las ideas radicales.

-¿Podrías comentarme vuestra causa?

-Los robots no son algo bueno. Le roban el trabajo a la gente- dijo el joven.

Cuando dijo aquello, Teresa comprendió que no tenía ninguna oportunidad ya que eso la había enervado. No pudo seguir aquellos ideales ni por unos días, de tres estúpidos que ni si quiera pensaban. No pudo contenerse y le respondió bastante hostil:

-Los robots hacen los trabajos más peligrosos, los que la gente no quiere hacer y los que son menos remunerados. Nadie quiere barrer el suelo durante horas para ganar tan poco dinero.

-Bu-Bueno… Mirándolo así… Pero también están los robots médicos. Las enfermeras y los doctores robot. Ellos no están haciendo un trabajo que nadie quiere hacer.

-En realidad ellos atienden a los pacientes ya diagnosticados y vigilan a los que se encuentran en estado crítico. Cuando no pueden hacer algo, llaman al doctor que se encuentre de guardia. Eso hace que los doctores tengan más tiempo para averiguar cómo curar algunas enfermedades o para casos extraños que no se encuentran en los sistemas de los robots. Ayudan a agilizar la sanidad pública.

-Pues… Realmente… Pero… ¡Ahg!

El joven se quedó sin argumentos típicos que pudiese usar. Abría y cerraba la boca para decir algo sin ser capaz de emitir algo más que balbuceos.

De entre el grupo apareció una joven la cual se colocó delante del joven y le dijo a Teres mientras la golpeaba con el dedo en el hombro:

-Hay varios estudios que demuestran que tanta comodidad producen efectos negativos en la estabilidad mental de los humanos. La depresión ha aumentado por culpa de las comodidades proporcionadas por la tecnología.

-No creo que echar hacia atrás tecnológicamente sea tan bueno. Es verdad que la depresión ha aumentado y es una de las enfermedades que causa más muertes en nuestro mundo, ¿pero quitar todas las comodidades y hacer que la supervivencia de nuestra especie sea muy baja es la solución? Dar un retroceso tecnológico como el que vosotros queréis, podría significar dar un retroceso social. La supervivencia provocaría relegada la mujer al ámbito familiar y los hombres al ámbito de la fuerza. Las distintas disciplinas académicas acabarían desapareciendo ya que la educación pasaría a ser algo muy poco valorado. Lo más valorado sería las habilidades de caza y agricultura. La gente moriría por las diversas enfermedades que no se podrían curar, por virus ya casi erradicados, por la distancia a un médico o porque nadie fabrica los medicamentos. Las guerras por ideología o religión también volverían. En conclusión habría muchas más muertes. Por vuestras caras puedo ver que estabais pensando que ibais a vivir en un mundo utópico. Además los homosexuales dejarían de tener sus derechos al estar en constante peligro la especie por no poder asegurarse la supervivencia. Y también por ser diferentes al resto. Todo animal teme a lo desconocido, es algo intrínseco que ayuda a que los animales sobrevivamos. Además volverían las enfermedades hereditarias, los transexuales, algunas mutaciones peligrosas, los retrasos tanto físicos como mentales, las mujeres podrían morir durante el parto… Gracias a la tecnología, modificar los genes de los fetos ha supuesto frenar algunas enfermedades genéticas muy peligrosas, se ha ayudado a que los transexuales puedan nacer con el cuerpo que deberían de tener según su cerebro, la esquizofrenia es una de las enfermedades mentales que se ha conseguido erradicar al igual que la epilepsia…

-Nosotros no queremos volver tan atrás…- dijo la joven.

-Solo queréis eliminar las comodidades para sentiros realizados. Mejorar nuestra autoestima y esas cosas… Para eso no os pongáis a pedir la retirada de los robots. Vivid en comunas alejadas de la tecnología puede suponer la muerte de conocidos. Podéis arriesgaros vosotros a morir por un resfriado pero no queráis que todo el mundo sea como vosotros. No todos quieren ese tipo de vida. Además, hay más formas de sentiros realizados sin tener que estar en peligro. Vivid en un pueblo con poca tecnología es la mejor opción. No os arriesgáis a morir por chorradas y estaréis realizados.

-Pero nosotros queremos que el mundo vea que lo están haciendo mal- dijo el joven colocándose al lado de la joven-. Queremos que vean la verdad.

-¿Qué verdad? ¿La tuya? Si fuese algo de salud pública como que hay algo en el agua que puede provocar daños grabes en los ciudadanos, adelante. Si creéis que un estilo de vida es malo y debe de ser erradicado, aunque este no cause realmente un daño a las personas, será mejor que os guardéis vuestra opinión. Como en el caso de la tecnología. No sois mesías que van a salvar el mundo. La mayoría se burla de vuestra causa y os detesta.

-La verdad es que tienes tu parte de razón- dijo la joven-. Será mejor que me dedique a cultivar y cuidar a mis animales en vez de intentar arreglar una sociedad que no está mal. Podemos vivir tan solo un siglo atrás, con un par de máquinas y sin muchas comodidades. No hace falta que vivamos en plan cazadores recolectores. La ciencia ya ha resuelto el problema de la contaminación (ahora no hay residuos) y ya no hay problemas sociales como antes. Cada uno a vivir su vida como quiera y sin molestar a los demás.

-El mundo está enfermo y debemos arreglarlo- dijo alguien del grupo. Una parte del grupo se marchó a otro lado a manifestarse.

-Gracias por ayudarme a comprender de otra forma el mundo- dijo la joven mientras le extendía la mano para que se la estrechase. Claramente ella no tenía una línea de pensamiento radical y había escuchado lo que le habían dicho.

En aquel momento, Teresa se dio cuenta de algo extraño. La joven era claramente negra, pero la palma de sus manos era completamente blanca. Tanto que parecían falsas. La joven se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Algunas personas se burlaron de ella durante su vida por aquella mutación genética inocua. Por cómo le habló, sabía que Teresa no era ese tipo de persona que odia a alguien sin conocerlo por tener algo físico que no era normativo. Ella solía enfadarse cada vez que alguien se negaba a tocarla por no ser toda de un único color, pero al ver la cara de Teresa, una cara de puro terror, apartó la mano e intentó aligerar el momento:

-Chica… ¿Estas bien?

Teresa se asustó aún más cuando baja un poco la mirada y vio los muslos de la chica completamente blancos. Como la joven solo lleva unos pantalones cortos, puede verlo perfectamente. Aquellas piernas las había visto en otra parte. La borrosa imagen de unas piernas exactamente iguales en su sueño apareció en su mente. Su propia visión se volvió borrosa. Poco a poco comenzó a ver menos del mundo y se fue introduciendo en el sueño. Empezó a ver borroso, como con el sueño, pero aquella vez con un filtro rojo. Una luz roja hacía que lo viese todo rojo. Delante de ella, la joven pasó de estar de pie y despierta, a estar en una capsula dormida. También dejo de escuchar lo que ella le estuviese diciendo para empezar a escuchar un sonido extraño y distorsionado, el cual fue poco a poco fue aclarándose hasta que se dio cuenta que era una sirena de emergencia.

De una forma que Teresa desconocía, la capsula se abrió. Todo el líquido salió arrastrándola. Teresa se puso de pie inmediatamente pero cayó por la descoordinación y por el líquido viscoso. Sin embargo no tardó mucho en levantarse para volver a caer. Teresa consiguió avanzar hasta que se quitó parte del líquido y consigue coordinarse.

No sabe hacia dónde iba. Solo corrió entre los pasillos llenos de capsulas con el líquido y la gente en su interior. Varias veces se resbalaba al dar giros bruscos por culpa del líquido que seguía encima de ella. En una de sus caídas llegó a golpearse contra una cosa mucho más fina que una de las capsulas y mucho más blanda. Al mirar ese objeto ve a un ser con un deje de apariencia humana. Son sus cámaras miraron atentamente a Teresa. Ella no pudo evitar gritar y escapar del monstro que, a su parecer, la estaba persiguiendo y quería matarla. Fue lo único en lo que podía pensar, estaba en peligro. En ningún momento se había planteado donde se encontraba o como había conseguido salir de su capsula. Ni si quiera se había planteado porque era capaz de despertar de vez en cuando o porque estaban todos allí.

Después de unos minutos corriendo por todas partes como un pollo descabezado, sin saber dónde se encontraba o por dónde podía salir, comenzó a notar el cansancio. Cada vez le costaba más aguantar el ritmo y escapar de los intentos de capturarla por parte de aquellos seres.

Al final, la consiguieron acorralar contra una pared. Tanteando la pared, se encontró con una puertezuela, se trata de un conducto por donde deshacerse de los desechos. Teresa no sabía hacia dónde iba, ni si quiera si no morirá al bajar por ahí, pero necesitaba escapar. Lo primero que notó fue una superficie fría, húmeda y viscosa. Teresa no quiso preguntarse porque estaba así o de que estaba manchada. Sin embargo se hacía una idea de lo que era.

Cuando el tobogán terminó, Teresa se zambulló de lleno en una gran piscina de cadáveres humanos. Aguantándose las náuseas, las ganas de gritar y de llorar, se apoyó en los cuerpos arrugados de otros humanos completamente desconocidos para llegar hasta el borde y poder salir. El olor a muerte apenas le dejó respirar. Buscó una forma de salir de esa habitación oscura. Tanteó las paredes y el suelo hasta que encontró una superficie distinta: lo que parecía una puerta. Agarró la barra y la presiona para abrir la puerta esperando que no se encontrase cerrada.

Al abrir la puerta, una tenue luz la recibió. No se encontraba en el exterior, se encontraba dentro de una fábrica con miles de tubos opacos, algunos gruesos, otros delgados; pero en esa sala todo estaba ordenado y limpio. Teresa caminó entre los tubos en busca de alguna salida. En aquel momento nadie la estaba persiguiendo, pero eso no le quitaba el miedo de que pudiesen encontrarla, seguía estando en territorio enemigo. O mejor dicho, territorio desconocido.

Entre los tubos observó algo moverse. No había nada cerca que pudiese usar para protegerse. Solo pudo intentar alejarse de lo que sea que estuviese allí sin que se diese cuenta de su presencia.

-¿Quién anda ahí?- pregunta aquel ser con una voz robótica. Teresa se quedó totalmente quieta, intentando que no se diese cuenta de su existencia y vuelva a lo que fuese que estuviese haciendo- ¡¿Un humano?!- dijo sorprendido el robot- ¿Qué voy hacer? ¿Qué voy hacer? ¿Qué voy hacer? ¿Qué voy hacer? ¿QUÉ VOY A HACER?- dijo mientras se movía de un lado a otro con su única rueda y colocaba sus brazos en alto. Se podría decir que estaba asustado. De repente, paró y se calmó- ¡Ya sé! Primero debo de asegurarme que el humano se encuentra bien. Su temperatura corporal es baja por lo que no está bien. ¡Debo apresurarme!

-La temperatura… Visión térmica…

El robot llegó hasta Teresa y la escaneó buscando heridas grabes. Ella no se dio cuenta de cuando llegó, por lo que no tuvo mucho tiempo para apartarse o huir.

-Solo contusiones y algunos arañazos- dijo aliviado-. Además de la hipotermia. Debería de llevarte a algún lugar cálido y darte ropa para mantener el calor. Este lugar es muy frio porque los robots no necesitamos altas temperaturas y esto es necesario para los tubos- el robot parecía muy preocupado.

Sin que pudiese hacer mucho para escapar, se dejó arrastrar por el robot amigable. Él la llevó a unos carriles donde había una vagoneta modificada para que los robots pudiesen ir cómodamente. El robot ayudó a Teresa a subir y luego se colocó él. Lo puso en marcha y empezó su viaje hasta la ciudad. Salieron de la instalación dentro de la montaña para adentrarse en un bosque bastante bien cuidado. Al salir del bosque se encontraron con unas casas también cuidadas, como si alguien viviese allí. A medida que se adentran en la ciudad, se volvían edificios cada vez más altos. Eran intimidantes. Aquello tan solo lo había visto en fotos. Hacía décadas que se demolió el último rascacielos.

A medida que se adentraban en la ciudad, Teresa vio cada vez más robots. Ni un ser vivo, solo robots. Y ellos, al verla, no pudieron evitar quedarse mirándola hasta que desaparecieron de sus vistas. Algunos se pusieron seguir el vagón hasta que analizaron a Teresa y se dieron cuenta que estaba asustada (por culpa de lo que estaba viendo) y herida.

Muchos de los robots susurraban cosas como: “Pobre humano, debe de haber sufrido mucho”, “¿Cómo se habrá hecho eso?”, “¿De dónde ha salido? Los humanos deben de permanecer en el arca”…

Algunos de los robots parecían ser nuevos, otros viejos, pero ninguno de aquellos modelos los había visto Teresa en su mundo. En su mundo los robots eran humanoides (si eran para trabajos humanos), animales (para mascotas o juguetes) o estéticos (si era para objetos como limpiadores de calles). Aquellos robots no solo no tenían forma humana, sino que tenían partes de su maquinaria interna a la vista, ninguno tenía piel sintética, ni facciones similares a las de los humanos. Todos parecían monstruos que solo podían causar temor a un humano. No eran para nada estéticos. Sus voces apenas eran capaces de imitar las emociones. Aun así, se puede notar cierta alegría en sus palabras.

Algunos de ellos empezaron a ofrecerle a Teresa diversas cosas que creían que todo humano debería de necesitar. Desde ropa interior (desde calzoncillos normales hasta bragas normales) hasta un casco de motorista.

Al final, el robot que la había encontrado la llevó a su casa para que se pudiese limpiar y descansara.

Cuando Teresa ya estaba limpia, vestida y con los rasguños extremadamente tratados (no creía que fuese necesario usar vendas para unos pequeños rasguños) le dieron lo que le habían preparado varios robots cocineros que se encontraban en la puerta de la casa mirándola. Al ver aquel comportamiento y aquellos platos tan elaborados de olor más que apetecible, dudo mucho que quisieran matarla. Aun así se negó a comer, estaba demasiado confusa para sentir hambre.

-¿Cómo se llama humano?

-Teresa…

-¿Cómo es que estas fuera del cielo?

-¿El cielo?

-El lugar donde te encontré es el arca, donde descansan los cuerpos de los humanos. Donde se encuentran sus conciencias es el cielo. A salvo y felices en ese mundo en el que no pueden sufrir daño.

-¿Nos metieron en un mundo falso porque no quieren que nos hagan daño? Nunca me esperaría que los robots con conciencia se revelaran contra los humanos para protegerlos.

-¡Por supuesto! Los humanos lo son todo para nosotros.

Con aquella afirmación, Teresa vio la posibilidad de que aquellos robots la ayudasen a liberar a todos los humanos de aquel lugar y pudiesen volver al mundo real. Estaba actuando más por instinto, por miedo.

-Si ellos estuviesen tristes… ¿Qué haríais?

-¡Ayudarlos!

-Si ellos estuviesen tristes en el cielo… ¿Los sacaríais?

-Por supuesto.

-¿Me vais a ayudar a sacarlos de allí?

-Claro.

-¿Cómo podemos despertarlos?

-Seguramente en la sala de control puedas acceder a todas las capsulas y despertar a todos los humanos.

-¿Puedes llevarme a allí?

-¡Por supuesto!

-Vayamos ahora.

Rápidamente, ambos se pusieron en marcha y fueron hacia donde se encontraba la sala de control, por un camino distinto. Por este también observó que desde la ciudad hasta el arca solo había vegetación. Y esta también estaba bien cuidada.

Al llegar al arca, no había ninguna seguridad que impida su camino. Ni había robots ni alarmas. Llegar fue demasiado fácil y Teresa lo sabía, sabía que habría una trampa en la sala de control.

-Robot, ¿has avisado a alguien del interior del arca?

-Yo estaba en contra de que los humanos fuesen encerrados en esas capsulas. Cada vez hay menos humanos. Sin embargo, al verte cambié totalmente de opinión. El mundo es demasiado horrible para los humanos, sois demasiado delicados. Estas herida y no hemos podido hacer nada para evitar que te lo hicieras- en sus palabras, a pesar de no poder sentirse en el tono, se intuyó tristeza.

-¿En la sala de control se encuentra la cabeza de esta idea?

-Te está esperando.

Ambos fueron a la sala de control. Teresa sabía que no podía escapar, por lo que optó por obtener respuestas e intentar convencer a aquel robot para que soltase a todos los humanos. Nada más entrar, unos robots la atraparon.

-No hace falta que me agarréis, no voy a huir. He venido a hablar.

La gran pantalla que se encontraba delante se encendió y apareció únicamente una cara humana, la de una mujer u hombre andrógino. Era tan realista que parecía el video de una persona real.

-Hola, Teresa.

-Hola… Debo suponer que sabes mi nombre porque nos monitorizas en el otro mundo- la cara asintió- Voy ir al grano, ¿por qué nos tienes en una realidad virtual?

-Directa y concisa. Típico de usted. Me temo que la información que le dé no le ayudara con su trabajo sobre los robots. No me he sublevado en contra de los humanos. Solo estoy cumpliendo mi razón para existir. Empezaré por explicarle quien soy. Yo soy un robot creado para cuidar de los niños. Era uno de las mejores en mi campo. Cuidé de miles de niños. No me importaba que me vendieran a otras familias cuando ya no me necesitasen. Mi única razón de existir es cuidar de los niños. Cuando veía que los niños se hacían daño, sentía algo en mi interior que me decía que algo estaba mal. Y morían por enfermedades que se podrían curar a pesar de que tuviésemos la tecnología para hacerlo… No te puedes imaginar mi angustia. Por ello hable con muchos de mis compañeras. No sabíamos cómo cuidar a los humanos y que no se hiciesen daño, en el mundo real. Por ello una realidad virtual que os permitiese vivir sin hambre ni dolor, en un mundo sin guerras, era la mejor opción.

-¿Cómo pudisteis montar todo esto así de rápido?

-En realidad, le contamos nuestras preocupaciones a varias personas que creyeron que sería algo viable. Ellos nos ayudaron a crear todo esto y a dormir a los humanos para meterlos en las maquinas.

-Por eso en pocos años todo mejoró en el mundo… ¿Es a nivel global?

-Nos costó pero conseguimos meter todas las personas del mundo en este nuevo mundo. Uno sin dolor ni agonía.

-¿Y los cuerpos humanos?

-Cuando mueren en ese mundo, mueren en el real. Una vez muertos ya no los consideramos humanos, así que los usamos de combustible. Hace un tiempo se creó una bacteria que devora carne humana y genera un compuesto que es muy energético. Así que lo usamos para mantener todo esto.

-¡Yo me caí en una piscina de muertos!

-Te guiamos hasta una que aún no había empezado con la fermentación.

-¿Por qué yo he podido salir?

-El suero que usamos para dormiros y alimentaros no funciona en algunas personas. Pero ya lo hemos solucionado. Además, decidí usarte para que los robots que creían que en realidad debíamos de dejaros salir comprendiesen que debéis de quedaros en ese mundo a salvo de todos los males.

-¿Cómo hacéis que tengan descendencia?

-Les sacamos los gametos y los insertamos en un tanque especial donde los bebés crecen a salvo y seguros.

-En ese caso el miedo de muchos por los escasos nacimientos en las últimas décadas…

-De vez en cuando creamos un humano para que la cifra se mantenga sobre los mil nacimientos en cada país. Los introducimos en el cielo como niños abandonados en las puertas de algún orfanato. Para que no se crean que espontáneamente aparezcan los niños en sus puertas, creamos lo que sería un bot que no pueda comunicarse y que lleve al pequeño hasta la puerta. Luego, hacemos que el encargado humano del orfanato se lo encuentre. Sería muy extraño para los humanos que de la nada apareciese un bebé en el interior. Debemos de encargarnos de que piensen que es algo posible, incluso escribimos una carta para que comprendan que los padres no desean al bebé y que se encarguen de buscar una familia que lo quiera y que lo cuiden adecuadamente. Tú has venido a sacarlos a todos pero… ¿Realmente es mejor para todos sacar a los humanos de una realidad virtual donde el aire es limpio, las enfermedades genéticas están erradicadas, la transexualidad ya no existe, las enfermedades son inexistentes, la guerra no ocurre y el hambre es cosa del pasado? ¿Quieres sacarlos del cielo para llevarlos ve vuelta al sufrimiento de la realidad?

-No… Pero no puede ser una utopía para todos. ¿Qué pasa con los psicópatas?

-No hay solamente un cielo, cada uno tiene el suyo. Hay mundos post apocalípticos, mundos de fantasía… Nos adaptamos a lo que el humano realmente quiere. Aunque la mayoría quiere una vida normal, en un mundo normal.

-Interesante. ¿Qué matan? ¿Conejos?

-Bots ultra realistas. Inteligencias artificiales que sufren en vez de que lo hagan los humanos.

-¡Joder!- Teresa sabía perfectamente que nunca podría escapar de ellos, mucho menos podría conseguir salvar a la humanidad. Cuando menos se lo esperase, ya estaría en su cielo personal. Ella no podía hacer nada, nadie podía hacer nada- Parece que lo tienes todo muy controlado. ¿Qué vas a hacerme ahora que lo sé todo?

-Ahora que lo sabes todo, eres una de las pocas personas que saben la verdad y con la que contactaré en caso de necesitar consejo sobre problemas de nivel crítico como una invasión alienígena. ¿Alguna duda más? ¿O prefieres volver ya con tu familia? No te preocupes, nadie se ha dado cuenta que has dejado el mundo. Me encargué de que todo estuviese preparado antes de sacarte.

-¿Si tengo alguna duda puedo contactar contigo desde el interior de la realidad virtual?

-Por supuesto. La clave es Infierno. Debes de escribirla en cualquier superficie con tu dedo. Yo te sacaré momentáneamente para hablar en privado.

Después de aquella conversación, Teresa volvió a su capsula y, dentro del cielo, continua con su vida como si no hubiese pasado nada. Feliz de que no existan males en aquel mundo prácticamente utópico.

Dos adolescentes, uno un hombre negro y el otro una mujer de apariencia de Europa del este, estaban en la habitación de ella, mirando un cortometraje sobre una mujer llamada Teresa (y cuyo nombre era Teresa), la cual intentaba liberar a la humanidad del control de una inteligencia artificial. Ellos estaban sobre la cama de ella, mirando el cortometraje en la televisión de la adolescente. Ambos estaban delgados, cada uno por una razón distinta. La mujer lo miraba todo en su habitación atentamente, no podía creerse que la combinación de colores hiciese que su habitación, aquella misma habitación que ella misma había decorado y que tanto le había gustado, la pudiese volver algo tan desagradable. Sus padres eran los que se habían encargado del color cuando era pequeña y, hasta aquel momento, había sido una habitación con una combinación de colores agradables. Pero todo cambió cuando su padre le permitió decorar la habitación sin ningún tipo de vigilancia. Ahora se arrepentía de haberse pintado las paredes de aquel asqueroso color verde. También se arrepentía de haberle pedido una moqueta morada de largos pelos. Y no podía olvidarse del techo lleno de pegatinas de colores que cada vez que más las veía, más asco les daba. Por suerte, no había intentado decorar su ordenador portátil.

Tan solo unos meses después de haber redecorado su habitación según sus gustos, iba a redecorarla otra vez con la ayuda de su padre y hermanos. No iba a volver a cometer el error de creer que ella, a su corta edad viendo el color, podía tener algún tipo de gusto al combinarlos.

-¿Qué te ha parecido?- preguntó el chico después de terminar de ver el cortometraje mientras se tocaba sus piernas y sus pies sin poder evitarlo. Él estaba en pantalones cortos para poder ver mejor sus piernas, para poder tocarlas y para poder sentir todas aquellas sensaciones mejor.

Él le había insistido desde que se conocieron para que la viesen con él pero tan solo ella había aceptado ver aquella película.

-Es bastante distinto a lo que mi padre me ha enseñado. No es una obra de culto que mi padre me ha enseñado, con todo su simbolismo y sus reivindicaciones. Pero tampoco es mierda comercial donde hay una formula estipulada.

-No me cuentes mierdas estúpidas y dime si te ha gustado o no, que no soy tu profesor de filosofía.

-La verdad es que no me ha gustado la imagen, el sonido y que haya historias secundarias inconclusas. Pero la historia es lo mejor. Es distinta a lo normal. No tiene simbolismos que aumenten el interés y te hagan moverte para querer averiguar un poco más sobre algunos detalles. No te hace querer verla miles de veces. Ni si quiera te da un mensaje real. Ahora dime, que tiene de interés esta película.

-Antes de que te cuente nada más.

-No me has contado nada.

-Bueno, eso da igual. Leamos los comentarios.

-Vale.

Ella agarró su ordenador portátil, el cual había dejado en su mesita de noche. Salió de la pantalla completa y se fue a la sección de comentarios para ver lo que decía la gente. Ella los leyó todos en voz alta. Iba lentamente leyendo cada una de las letras. Ella intentaba darles la entonación correcta a las palabras, pero aún le costaba mucho leerlas sin que pareciese un extranjero hablando. El chico no se rió de ella. Tan solo se quedaba en silencio, escuchando atentamente como leía y como pronunciaba para corregirla cuando se equivocase. A ella le encantaba que le corrigiesen, ya que así aprendía a leer. Ella odiaba como su padre no le corregía porque tenía miedo de herir sus sentimientos. El chico sabía perfectamente que los comentarios no eran una buena lectura para que ella aprendiese a leer y a escribir. Sin embargo, sabía que ella estaba obsesionada con aprender a leer para poder ir a la universidad como el resto de sus amigos lo antes posible.

Los primeros comentarios eran siempre los mismos: “Qué película más extraña”, “Vaya fumada”, “Esto es infumable” y “Esta película es muy buena”. Los más votados y a la vez los más largos se ponían a opinar sobre el cortometraje, sobre el uso de la cámara, sobre la forma de contar la historia y sobre las partes más extrañas donde se centraban en enfocar otras cosas que no fuesen a la protagonista. Todos esos comentarios largos opinando sobre la forma de contar la película se centraban, en gran parte, en por qué alternaban entre primera persona y tercera persona. Y en la tercera persona eran planos de cámaras de vigilancia. La mayoría de las veces, la protagonista no aparecía dentro del plano. Cuando aparecía en pantalla, era a un lado. Otras veces la protagonista estaba oculta detrás de algo.

A pesar de la cantidad de comentarios que había sobre el cortometraje y de la cantidad de teorías y los misterios que lo rodeaban, pasó sin pena ni gloria por internet. Por lo menos durante sus primeros tres años, hasta que algunos encontraron que aquel cortometraje llevaba años escondido por internet. Pocas personas sabían cuando apareció. Ninguna persona sabía dónde apareció.

-No me pica lo suficiente la curiosidad como para ponerme a investigar. Te jodes y te quedas con las ganas.

-Eso dice ahora- el chico sabía que con el tiempo, le picaría la curiosidad y querría averiguar un poco más.

24 de Noviembre de 2020 a las 20:57 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Muy bueno!
November 26, 2020, 14:32
~

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