jonysanchez_x Jonathan Sanchez

La curiosidad de Azariel hizo que se adentrara al mar Antártico, para descubrir una anormalidad que atormentaba el lugar. Nunca esperó encontrarse con IO, aquella bestia mitológica cuyo destino parece estar ligado con el suyo.


Aventura Todo público. © Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Azariel Kai Noria

Tengo la costumbre de ir con mi chalupa a los lugares más recónditos del mar, lugares del que ningún ser humano podría tolerar. No es que lo hiciera por interés ajeno o por la economía del pueblo, más bien era algo personal.


Mi anhelo de pequeño era caminar sobre los glaciares y poder corretear junto a los pingüinos y espantar a los petreles, lo que me llevó a entrenar durante años para poder tolerar el intenso frío de la Antártida.


Soy un mero pescador, reconocido fortuitamente por ser un beodo sobrante. Así es como me definen en la cantina, lugar que visitaba regularmente con la intención de dar a conocer las historias de cada una de mis aventuras.


Mi familia, por herencia, convivió durante años en la región sur del continente americano. Para ser específico, me localizo en Argentina, Tierra del Fuego. Teníamos un hogar en Ushuaia, una bella casa de dos pisos ubicada a pocos kilómetros del puerto central.


Desde allí, junto a mi padre «que era un gran pescador» solíamos ir a las pescas deportivas en busca de truchas. No siempre conseguimos las victorias, pero si aprendimos una nueva estrategia de pesca. Sin embargo, aquel trabajo parecía ser parte de mi naturaleza. De alguna y extraña manera, sentía que si encaraba ese destino, podría encontrarme con algo que marcaría mi vida.


Cuando cumplí mis 18 años de edad, tuve la gran oportunidad de participar en un turismo hacia la Antártida. Trabajé duro mucho tiempo para ahorrar una cantidad suficiente de dinero, con el cual pude pagar aquel viaje. Incluso me dediqué a estudiar una carrera que me permitiera, al menos, tener una pequeña estancia en aquel continente.


Soy consciente de que en ese lugar no se puede establecer una comunidad. El congelamiento de la superficie del agua impide la búsqueda de alimentos provenientes del mar, además, es un gran desierto frío donde sólo algunos líquidos y raros musgos viven en las rocas. Podría decirse, que no hay recursos como los que hay en las costas de Argentina.


En fin, un día en particular «en plena temporada invernal, con 50 años de edad» decidí navegar cerca de aquel continente, con la intención de admirar aquella maravilla y poder escribir alguna poesía.


Aunque no soy el mejor escritor del mundo, mis palabras no se manifestaron en ningún momento, debido a que no podía dejar de mirar, algo que sobresalía a lo lejos de un glaciar.


Era la primera vez que veía un carámbano sobresaliendo de una masa de hielo, el cual parecía navegar al compás de la corriente del mar. Intente dibujar un pequeño mapa personal, con indicaciones, tal como lo haría un pirata en busca de su tesoro. En cuanto termine de mapear la locación de esta anormalidad, me di cuenta que por detrás de mí, había un ave diferente a lo que se acostumbra ver en el continente antártico.


Si bien su forma y composición se asimilaba a un petrel, este tenía algo diferente al resto. Sus alas parecían ser de hielo, con un plumaje cristalino capaz de reflejar la luz del sol. Su pico era carmesí, como si recientemente hubiera cazado a su presa y de ella se habría alimentado. Y a la hora de cantar, su melodía se tornaba extraña, su canto no parecía ser de este mundo.


Mi mente parecía estar trastornada, no tenía la capacidad de pensar como una persona normal. «Lo cual inconscientemente, llegué a tomarla como mi hada, una bella compañía en este inhóspito lugar. Su nombre era Breena, reina de las tierras de maga»


Ella lo era todo para mi, incluso llegué a considerarla parte importante en cada uno de mis viajes. En cada pesca, en cada lugar al que visitaba, ella estaba a mi lado. Su compañía, hacía que todo lo que yo veía se volviera totalmente mágico.


Una tarde «después de pescar» decidí darme un pequeño descanso en la cantina. Allí solía reunirse un par de amigos, a los que les gustaba oír mis anécdotas. En cuanto llegué, acercaron un asiento para mí y me invitaron para desembuchar la historia del día.


Comencé repitiendo la misma anécdota de siempre, es decir, la misma historia de Breena y el Carámbano. Esperando de alguna manera, que al menos uno de ellos, sea buen amigo y me acompañe al viaje, para que no sea el único testigo de aquello que me perturbaba.


A fin de cuentas pasaron los años, entendí que en el pueblo me consideraban el demente del barrio. Mis historias nunca fueron tomadas en serio, incluso cuando hablaba de Breena, ella siempre posaba en la proa de mi humilde chalupa. Para no quedar como el loco, siempre les enseñaba donde se ubicaba, pero todos negaban y soltaban una carcajada exagerada.


Sinceramente no podía creer que fuera el único ser, capaz de ver aquel ángel. Pero no le tomé demasiada importancia al asunto, realmente estaba seguro de que ella existía y con ello me conformaba.


Decidido, tome mis bienes; mis ropas invernales; un buen surtido de alimentos no perecederos; mi libro donde hago acotaciones sobre mis viajes; el mapa que había dibujado un par de años atrás, para viajar a lo que hace tanto tiempo deseaba hacer. Dejando atrás mi linaje; mis herencias; los que decían ser amigos y todo aquello que me distraía de mi objetivo, me dirigí en busca de aquel carámbano que tanto deseaba saber de qué trataba.


Breena posaba en la punta de mi bandera, ubicada en la popa de mi chalupa. Entonaba sus mejores cánticos, para dejarme llevar al universo del que ella pertenecía.


El mar mecía como cuna, mientras soñaba despierto creyendo que sería el niño al que dormirían. Avanzaba sin descansar; sin almorzar; tarareando el canto del piélago. Ella solo miraba a través de mis ojos, veía el lugar al que quería llegar. Guiándome con el mapa que dibujé, alcance a ver el Glaciar Buenos Aires. Sorpresivamente, el carámbano era más grande de lo que recordaba.


A medida que me acercaba, Breena aleteaba, cantando cada vez con más intensidad. Su vigor era creciente, la agudeza del canto se volvía insoportable. Fue tanto que hasta me retorcí de dolor, queriendo tapar mis oídos. Repentinamente, caí en un sueño profundo.


Mi cuerpo estaba inerte «expuesto al frío, mojado por el mar» y mi corazón estaba por partir, cuando desde el más allá, escuchó nuevamente el canto de la paz.


Breena, en el sueño profundo, aparece frente a mi en su forma original. En cuanto me puse de pie, ella decidió hablar.


—Azariel, no deberías rendirte a esta altura del partido— exclamó. —Has viajado desde muy lejos para dejarte caer por la tempestad del invierno— Suspiró. Su mirada gira en torno a un blanco pasivo, envolviendo el bello sonido en un silencio eterno.


—¿Qué esperas de mí? Solo soy un viejo que es repudiado desde la cuna, si te soy realmente sincero, no me vendría mal descansar— Declaré, recostando mi cadáver en el suelo que el propio mar dibujaba.


—Si lo que dices, es lo que realmente deseas, lo tendrás. Pero no estoy aquí para llevarte al limbo, te he acompañado durante todos tus viajes, para que encuentres lo que buscas en tus pensamientos, y se que quieres conocerla— Manifestó de manera segura y muy tranquila, como si realmente supiera a quien quiero ver.


—¿Conocerla? No entiendo a qué te refieres, yo solo quería escaparme de la incertidumbre, viajar hasta encontrar el silencio, la misma paz que estoy sintiendo ahora mismo. ¿Por qué y a quién debería conocer?— Expliqué mientras me ponía de pie en cada palabra que recitaba en su presencia.


—El primer día en el que ella te vio, su corazón empezó a palpitar, volvía a la vida. Azariel, tú le devolviste la vida. Algo dentro de ti hizo que sintieras este amor eterno hacia el invierno, este lugar en específico, tiene un destino guardado para ti. Posiblemente ella pueda darte esa paz que tanto buscas, pero antes debes mirarla a los ojos, y tratar de entenderla— Declaró firmemente, mirando al carámbano que se encontraba a una cierta distancia cercana.


—¿Eso es ella? ¿Ella es la causante de todos mis delirios?— Señalando al carámbano. —Breena, necesito que me des un nombre, te lo pido por favor, o al menos ten piedad de este vejestorio, e ilumíname con tu saber— Exclamé arrodillándome, sabiendo de antemano como terminaria mi vida si continúo adelante.


—Ella es Io— Dijo mientras sonreía. —La gran bestia, una reencarnación del pasado preservada por Dios, como un ámbar inestimable—


—¿Y que se supone que debo hacer? ¿Como se yo, que podré comunicarme con ella?— Pregunté con certeza y motivación, armandome de valor para finalmente concluir con lo que se supone que es mi destino.


—No soy el reparo de tus preguntas, pero sí te haré ver, lo que ella antes fue— Declaró mientras tomaba mis manos y las acercaba a mis ojos con el objetivo de taparlos, dejándome ver una visión de algo del que nunca creí ser testigo.


En la visión donde ella elevaba mi estado espiritual, podía ver como mi cuerpo físico se encontraba en mi chalupa, recostado y acurrucado en su centro, cubierto de todas las telas que traje. Resultaba no solo ser mi ángel de la guarda, si no también mi guía.


En cuanto más ascendemos, su cuerpo toma la forma de un ave mítico inmenso, la cual se dejó montar por mi estado espiritual. Viajamos entre la historia de mi pueblo y las memorias del universo, todo un sin fin de recuerdos olvidados por las generaciones continuas.


Sus alas dejaron de agitarse, tomaron descanso en un pueblo ubicado en Grecia, donde podíamos ver a un grupo de mujeres hermosas, vestidas acorde a su época.


Las mujeres recorrían varios puestos de comerciantes textiles, mientras un grupo de guardias caminaban por detrás como si fuesen sus guardaespaldas. Parecen ser las hijas de algún rey, o simplemente podría decir, que la princesa paseaba junto a sus damas de compañía.


Todo a nuestro alrededor se componía de casas hechas con argamasa, una gran variedad de tiendas y un puerto donde se encontraba un barco mercante.


Las mujeres al acercarse al barco, observaron desde el exterior diferentes utensilios y joyas agradables para su gusto. En cuanto a los guardias, termine por perderlos de vista. Buscaba de manera alerta, como si al encontrarlos, pudiera avisarles de la ubicación de su encargo.


Breena tomó mi mano y la apretó como si no sintiera dolor, pero entendí que incluso ella podía llegar a sentir una emoción. Vire mi perspectiva en dirección a donde sus ojos clavaban con ira, pude ver como el grupo de mujeres eran raptadas por los fenicios.


De allí, Breena alzó vuelo nuevamente en su forma magistral, para llevarme a donde se encontraba el rey. Entonces escuche la historia de "La Guerra de Troya", todo comenzó con un secuestro, uno tras otro. La princesa de la cual fui testigo de su rapto, se trataba de Io.


—El espíritu de Io sigue pleno gracias a Dios, Azariel— Confesó, mientras se dirigía al punto de partida. —Su muerte por manos de los fenicios, fue la causa de su reencarnación. Ese carámbano es un cascarón para mantener su fuerza vital, es de suma importancia que siga congelado— Finalizó mientras descendía.


—¿Por qué razón su alma yace congelada? ¿Con qué objetivo fue transformada en eso?— Pregunté en busca de respuestas, a lo cual ella respondió.


—Luego del rapto, Io fue sacrificada por los fenicios buscando respuestas divinas. Querían que cada uno de sus pecados sean perdonados tal como fue el sacrificio de Miguel, pero debido a su ignorancia, Dios terminó por castigarlos, tomando el sacrificio de ella y convirtiéndola en una bestia capaz de devorar al pueblo entero, para extirpar el daño que causaban a los pueblos aledaños.— Exclamó pasivamente, entendiendo que solo soy un humano que busca respuestas.


—Las creaciones del soberano, nacen con el libre albedrío. Io no era ninguna excepción, esto provocó que ella desarrollara un odio profundo a la raza humana, queriendo acabar con todo lo suponía ser su enemigo. Dios, al ver esto, tomó cuentas en el asunto, decidió conservarla en estos años dentro de ese carámbano— Continuó explicando.


—¿En estos años?— Pregunté sorprendido, comprendiendo que años atrás, estuvo despierta.


—Cada 50 años, Io es tentada por la buena voluntad de un hombre, cuyo apetito siempre predomina con el palpitar de un corazón bondadoso. Tú has dedicado la mayor parte de tu vida, en mantener en orden el ciclo de este lugar. La dedicación y pasión que le ponías a este objetivo, provocó que ella prestara atención a tu palpitar. Además, ya era tiempo de que despertara— Dijo preocupada, temiendo que no pudiera entenderlo.


—Entonces dices, y asumo, que, en parte ¿Soy un Elegido?— Exprese titubeando.


—Azariel, mi tiempo aquí culmina, el próximo como tú, acaba de nacer y allí debo estar. El resto depende de ti, tú tienes que elegir qué hacer con ella— Finalizó mientras abría vuelo, dirigiéndose al norte.


Breena dejó muchas preguntas sin respuestas, sin embargo, estaba en el lugar donde las encontraría. Y tal como ella dijo, no debía rendirme tan fácil sin antes descubrir que sucede aquí.


En cuanto desperté, tal como me había visto en la visión, me puse de pie y me dirigí hacia el glaciar donde se ubicaba el carámbano.


Apenas llegue, prepare un campamento y tome la decisión que cambiaría mi vida, o que incluso acabaría con ella.


—No puedo quitarme de la cabeza, el simple hecho de que esto no sería la primera vez que pasa. Me reconforta saber al menos que no fui el único ser humano en experimentar algo de tal magnitud, mucho más el saber que todo es proveniente de algo divino «dejando por sentado que existe un creador, pero lamentablemente no tengo maneras de comprobarlo». Si soy sincero, siento demasiada curiosidad en saber quién será el próximo. Hasta ahora, la única que lo sabrá, es Breena. —pensé en voz alta. —En fin, es hora de encaminarse hacia lo que tanto espera Io y descubrir el porqué de todo esto. —dictamine.


Aparqué mi chalupa a la orilla del glaciar, con una estaca y una basta cuerda de cuero hecha a mano. Levante el campamento, enterré la fogata que había armado antes de partir. Me abrigue de una manera exagerada, para evitar que mi cuerpo se congele antes de llegar.


En ningún momento me percate, de la tensa niebla de mi alrededor. Mi mente solo estaba enfocada en ver la bestia, en hacer lo que Breena me aconsejo. El viento empezó a resoplar intensamente, en la dirección contraria del carámbano.


Firme y decidido, paso tras paso, en contra del viento, me acercaba a ella. Sabía muy bien hacia donde dirigirme, por más que la niebla no me permitiera ver. Avance y avance, encontrándome con estructuras de rocas antiguas y de color rojizas. La nieve cada vez era más pesada, me costaba avanzar si no levantaba el paso.


Rodeado de una intensa niebla, mientras el viento resoplaba con toda su fuerza, comenzó lo turbio de esa tarde. Todo el suelo firme de este glaciar comenzaba a temblar, desprendiéndose del continente, alejándose hacia la nada misma. Las estructuras comenzaban a decaer, derrumbándose una tras otras, dejando grietas en el hielo y dando paso al flujo del mar.


El hielo que permaneció congelado durante milenios, comenzó a derretirse «volviendo a ser agua» tal como lo fue hace millones de años. Mi corazón no dejaba de palpitar con gran intensidad, debido a que al descongelarse, me dejaría a merced del mar. Flotaría como una tabla, en aguas a temperaturas bajo cero.


Moriría de hipotermia, pero algo dentro de mi decía que aún debía esperar, que no debía temer, así que aguante


Mientras era testigo de cómo se derretía el hielo, la niebla era cada vez más espesa, el viento zumbaba cada vez más fuerte y un aturdidor sonido se hizo presente. «Rayo»


El cielo torno a un color gris oscuro, el mar crecía y sus oleadas eran fuertes. Lo poco que quedaba del glaciar temblaba, como si por debajo algo lo empujara. Todo era similar a una tormenta de mar, donde un simple barco no podría estar.


En plena desesperación, busque la manera de llamar la atención de la bestia. Aun no sabia si era ella, siquiera se como es. Trate de imaginarlo, pero no era fácil de hacerlo en esta tempestad.


El carámbano donde lo había visto la ultima vez, no estaba. El cascarón ya estaba roto y desde el fondo del mar oía como la bestia cantaba.


En un estado de desesperación «debido a que el glaciar donde yo me ubicaba, estaba a punto de desaparecer» grité, alcé mi voz con todas mis fuerzas, exigiendo la presencia de ella.


—¡Iiiiioooooo!— Entoné con mi voz grave, provocando así que termine tosiendo por el gran esfuerzo y exigencia. —¿¡Pretendes que muera de esta manera, sin antes conocerte!?— Continúe a duras penas, mientras a mi alrededor, el mar danzaba con violencia; la niebla más densa y el viento resoplaba sin cesar.


Espere un buen tiempo para que se muestre y nada. Perdí la fe, creí que al final terminaría de la peor manera, sin siquiera conocer el porqué de mi sacrificio.


Ya no hay glaciar donde pueda flotar, evitar congelarme por el mar o incluso ahogarme, así que decidí dejarme llevar. Realmente estaba cansado de soportar esta tempestad, quería volver al silencio, al mismo lugar donde Breena me hizo pasear.


Mi cuerpo empezó a mojarse, mi piel casi vieja se arrugaba por el frío. Levanté mis brazos, me dejé caer en la profundidad del piélago. Caía lentamente a lo profundo, podía sentir como el agua quemaba mis extremidades, mis fuerzas poco a poco desaparecía, lo poco que quedaba de mi moría.


—Me rindo, ya no quiero seguir. Io, permíteme descansar— Pensé antes de cerrar los ojos, mientras el mar se apropiaba de mi cuerpo.


Estaba a punto de fallecer, cuando algo me empujó con tanta fuerza expulsándome del mar, logrando que flote durante unos minutos en el aire. Abrí los ojos, bajé la mirada lo más rápido que pude. Allí, flotando en las aguas, estaba ella.


¡Era Io! Su rostro; su cuerpo; sus brazos; todo eso que alcance a ver, era aterrador. Creía que las sirenas no existían, si fuese caso contrario, creía que serían seres míticos sumamente hermosas. Pero nada de eso se aplicaba a lo que ella era, una gran bestia del mar.


Su rostro era como el de una mujer moribunda; pálida; con sus ojos negros y su extenso cabello con similitud a una aleta dorsal. Su boca era inmensa, comparada a la de un tiburón, con los dientes incluidos. Su cuerpo era semitransparente, se llegaban a ver algunos que otros órganos vitales que la mantenían con vida. En su pecho estaba su corazón, el cual brillaba de un color anaranjado. Sus brazos eran extensos, al igual que sus tres dedos recubiertos con la piel que le ayudaba a nadar. Su cola estaba compuesta por varios aguijones similares a los de una raya, los cuales usaba como látigos. Su canto, especialmente su canto, era diferente a como lo cuentan, pero la sensación que provocaba al oírla era la misma que la de Breena.


Fue en ese preciso momento, en el que recordé lo que la reina de las tierras de maga me aconsejo. Tenía que escucharla, tal como lo hice con mi ángel. Así que sin perder segundos de vida, me deje caer nuevamente desde el cielo, para escuchar el canto de Io y entrar otra vez a una visión.


Vi mi vida entera pasar frente a mis ojos, e incluso vi la vida de otra persona que se encontraba en la misma circunstancia. Esta visión no solo me mostraría la razón del porque Io me deseaba, sino también a quien más devoró en su pasado. Era un cazador, un formidable cazador, que buscaba nada más y nada menos que a Io.


¿Quién es? No lo sé. ¿Por qué lo vi? Tal vez porque cumplió. ¿Y que se supone que deba cumplir? Entregar su vida a cambio de tiempo. ¿También se sacrificó? Tenía que hacerlo.


¿Por qué? Porque Io moriría, si no existiese, la naturaleza tampoco. Ella era la reencarnación de la Princesa, su alma se combinó con la Tierra. Si su corazón se detiene, el planeta también.


Abrí los ojos, dejándome caer con mucha paz, sabiendo que seré una leyenda. Aunque nadie escuche mi historia, sabré que también cumplí. No hago esto por el planeta, ni mucho menos por el futuro, lo hago por ella, porque debe vivir.


«La gran bestia salta del mar, acercándose al pescador, tomándolo con sus garras para partirlo en dos. Los gritos de Azariel, nunca fueron escuchados. La historia de Io, permanecerá secreta, hasta encontrar al próximo que decida condenar a la Tierra»


(Fin)


Información de registro

Identificador 2012126192284

Fecha de registro 12-dic-2020 6:36 UTC

LicenciaCreative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

12 de Diciembre de 2020 a las 16:29 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Angie  Perez Angie Perez
Hermoso, me encantó. Me dejaste con la curiosidad, pero disfruté mucho del cuento.
March 05, 2021, 01:22

  • Jonathan Sanchez Jonathan Sanchez
    <3 Estas cordialmente invitada a leer el próximo capitulo cuando gustes <3 Me encanta que te encante :D March 05, 2021, 01:36
Leónidas G. Leónidas G.
La narrativa y las descripciones son excelentes. Excelente comienzo 👍
February 27, 2021, 20:24

  • Jonathan Sanchez Jonathan Sanchez
    Gracias por tu comentario, y me alegra que la narrativa y las descripciones sean atrapantes. <3 Además muchísimas gracias por tu reseña <3 February 27, 2021, 21:06
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