ginyales Gin Les

Alistair y Layla, decidieron aprovechar un fin de semana de vacaciones en Mazatlán y despejar sus mentes de la pandemia, planean ir al acuario un día después de su llegada. Lo que no se imaginan es el lugar en donde van a despertar y mucho menos lo que les depara el destino. Cuento en formato de diálogos para el reto de The Authors Cup


Acción Todo público.

#theauthorscup #TheActionDialogue
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1

—Dios… me duele el cuello.

—¿Dónde… dónde estamos, amor?

—¿Qué es este lugar, es frío y oscuro?

—No lo sé, pero también me duele el cuello como a ti.

—Espera, tienes algo rojo. Deja reviso.

—Auch, cuidado. Me duele mucho.

—Parece como si te hubiesen inyectado.

—A ver tú, parece que también te inyectaron en el cuello.

—Tss, duele. Creo que debemos pedir ayuda.

—No creo que sirva…

—¡Auxilio!

—Deja de gritar, es en vano.

—Tengo mucho miedo Alistair…

—Yo también, cariño.

—¡Ayuda!

—Tranquila, es imposible que alguien nos escuche. Esto es un contenedor y al parecer vamos en carretera.

—Lo sé pero estoy desesperada. No sé cómo es que despertamos aquí.

—Ni yo… Me siento tan impotente.

—¿A dónde crees que nos lleven?

—No sé… solo he logrado oír lo mismo que tú, sonidos de claxon, tráileres y autos. ¡Cuidado, te vas a caer!

—No me importa, alguien debe oírnos. Debo golpear más fuerte, quizás un carro pase lento y escuche.

—No lo harán, vamos rápido.

—¡Bueno, ¿pero qué diablos pasa contigo?

—No quieres que grite, que golpee, que pida ayuda. ¿Acaso es que tu tienes algo de culpa en esto?

—¿Yo? ¿qué te hace pensar que tengo que ver con que fuimos secuestrados?

—¡Oh, Dios mío! ¿Estamos secuestrados?

—¿Tú que crees? ¿Acaso te parece un picnic? ñ

—¡No!... solo tenía la esperanza que dijeras que era una broma de n mal gusto o que se yo…

—Nunca bromearía con algo así. No sé qué te hace pensar que lo haría.

—Tienes el cinismo de decir que no tienes idea de porque pensaría en eso.

—No es cinismo.

—Claro que lo es, ¿acaso no recuerdas todas las bromas que me has hecho?

—Esas bromas no se comparan en nada a esto, Layla.

—Como sea, no hay forma de salir de aquí.

—Ni siquiera tenemos la forma de saber que hora del día es.

—¡Auxilio!

—Pensé que no querías que gritáramos, Alistair…

—No jodas, me estoy comenzando a desesperar.

—Y si golpeamos al mismo tiempo quizás alguien nos escuche.

—Bueno, hagámoslo.

—¡Auxilio!

—¡Ayúdennos!

—¡Auxilio!

—¡Ayuda por favor!

—¡Ayuda!

—Es en vano…

—Quizás tengas razón.

—¿Oíste?

—Sí, el camión se detuvo.

—Sh parece que alguien viene. Ponte detrás de mí.

—Ali… están abriendo la puerta.

—Shhh…

—¡Ustedes dos, si siguen golpeando el contenedor les juro que les disparo! ¿Entendieron?

—Sí… si entendimos.

—Mas les vale que entiendan sino el rojo será la nueva decoración del lugar.

—Joder, pensé que moriríamos, Layla.

—Yo también Alistair. Tengo mucho miedo.

—Yo igual. El hombre estaba encapuchado, esa no es muy buena señal supongo.

—Al menos ahora sabemos que afuera sigue siendo de noche.

—¿Pero de que día?

—¿Como de que día? Del mismo en el que nos acostamos a dormir.

12 de noviembre…

—No sabemos cuánto tiempo habremos estado inconscientes, Layla.

—Tienes razón… pero lo que más me aterra es que nos quiere asesinar.

—Quizás sí, cariño. Oh tal vez solo pidan rescate.

—¿Pero a quién? Nuestras familias están en la bancarrota con esto de la pandemia.

—¡Mierda! Tienes razón… Mira, ahí arriba hay una escotilla no la había visto antes.

—Cierto, ¿podrás llegar a ella?

—No creo, quizás si te cargo tu puedas abrirla.

—Está bien. Solo que el hecho de que sigamos en movimiento no creo que ayude mucho.

—Bueno, amor creo que es hora de que pongas en práctica ese Yoga.

—Lo intentaré. Sostenme fuerte.

—Sube a mi pierna y de ahí a mis hombros.

—Va… a la una… a las dos… y a las… Agárrame Alistair.

—Auch, pesas…

—No te quejes, agárrame fuerte.

—Eso intento…

—¡Mierda!

—Perdón cariño, ¿te dolió?

—¿Tú que crees? Anda, ayúdame a levantar.

—¿Lo intentamos de nuevo?

—Va. Una… dos… tres…

—Anda, así jala el seguro, dale vuelta.

—¡Súbeme más!

—Eso intento…

—¡Listo! La abrí por completo.

—¡Genial!

—Empújame… Más.

—Eso es lo que intento amor…

—¡Hace frío!

—Agárrate bien, fíjate si reconoces donde estamos.

—No lo sé… parece alguna parte entre Concordia y Durango, hay muchos árboles.

—No creo que ya hayamos entrado a la sierra, no hemos sentido tantas curvas.

—Intenta subir, brinca y toma mi mano.

—Ok, deja tomo vuelo. A la una… a las dos… agárrame.

—¡Perdón! Tienes las manos muy resbalosas.

—Va de nuevo, brincaré mas alto.

—Está bien, pero toma impulso desde el final del contenedor.

—Tienes razón, una… dos… tres…

—¡Ups!

—Mierda… no podré subir. Mejor en cuanto frene intenta bajar por las puertas y huye para que pidas ayuda.

—¡Obvio no, no pienso dejarte!

—Joder…

—Alistair, parece que estamos por entrar a la sierra, vamos de subida y se ve que hay bastantes curvas. Parece que está queriendo amanecer.

—Bueno cariño, no sé qué hacer…

—Ya sé, deja reviso como son las puertas.

—Con cuidado, Layla. Te podrías resbalar en una curva.

—Lo tendré cariño…

—¿Layla?... Amor di algo… joder, como pudo abrir la puerta…

—Cariño, adelante hay una curva, van a bajar la velocidad. Ayúdame a bajar

—Ok, baja primero las piernas y así yo te amortiguo la caída

—Está bien, rápido… ¡Auch!

—Eres estupenda, amor.

—No es momento de que me beses, debemos brincar de lado izquierdo.

—¿Lista?

—Lista, ¡vamos!

—Joder… que me ha dolido.

—Ni que lo digas. A mí también. ¡Corre!

—Maldita sea, como hay plantas.

—Es montaña, claro que habrá plantas.

—¡Mierda! Se detuvieron los del tráiler… agáchate.

—Están aluzando con lampara, escondámonos detrás de esas rocas.

—Sh… escúchalos.

—¡Maldición! ¿Cómo chingados se pudieron escapar? El jefe se pondrá furioso.

—No te preocupes, ellos vendrán a nosotros cuando sepan que tenemos a sus tesoros…

—vámonos antes de que lleguen los federales.

—¿Oíste?

—Por supuesto que los oí, Alistair.

—Mira el logo que tiene impreso a un lado del contenedor.

—Logísticas Castel…

—¿Esa no es la empresa que contrató tu padre para el transporte de mercancía?

—Sí… es extraño que… mierda.

—¿Qué? ¿qué pasa?

—Tengo entendido que mi padre quedó mal con ellos, algo así como que se robaron mercancía y querían que la aseguradora pagara, pero esta no quiso pagar. Padre se molestó mucho y rompió el trato con ellos, era por más de un millón de pesos.

—Madre santa, eso podría explicar el porque nos secuestraron, pero no el porque nos llevaban a donde sea que nos llevaran.

—La cede de ellos es en el centro de México, más no sé dónde.

—¿Sabes a que se refiere con tesoros?

—¿A los gatos?

—Pues mis tesoros no son.

—Ni míos.

—Venga, ya se han ido y está amaneciendo. Pidamos un raite.

—Como hace frío…

—Ni como ayudarte, amor. Mira que nos han secuestrado en pijamas, menuda risión somos para los conductores.

—Mala suerte la de nosotros que nadie nos ha querido dar un aventón.

—Sigamos caminando, quizás nos encontramos una ranchería o uno de esos teléfonos de emergencias.

—¡Mira, allá hay uno!

—Ven, crucemos con cuidado. Estos conducen como almas que lleva el diablo. Algo así como tú.

—¡Dios guarde, Layla! Yo no conduzco así.

—¡Por supuesto que lo haces! Corre…

—Casi nos atropellan.

—Te digo que la gente conduce como loca. Solo falta que llueva, está muy nublado.

—Toma, marca tú.

—¡Hola! Aló…

—¿Qué pasa?

—No contestan.

—A ver, presta.

—Te digo que no responden, ha de estar descompuesto.

—Bueno, hola. ¡Maldita sea!

—Te dije que no respondían. Si estaba descompuesto, seguro que con ese golpe lo has terminado de fregar.

—Como sea, sigamos pidiendo raite.

—No creo que vayamos a conseguir que alguien nos lleve. A buena hora se nos ocurrió venir de vacaciones a Mazatlán.

—Bueno, era algo que teníamos planeado desde hace tiempo.

—Tienes razón, cariño.

—No sé como es que nos sacaron de nuestras camas en un hotel… ¿Cómo es que no se dieron cuenta?

—Quizás sobornaron a alguien.

—Puede ser. Mira, allá se ve una población, si bajamos por aquí cortaremos camino.

—¿Como es que no nos secuestraron con zapatos? Pican mucho las piedritas.

—No queda de otra, tenemos que cruzar. Ven, te ayudo. Agárrate de la roca.

—Creo que me espine.

—Deja te reviso, siéntate. Listo, tendremos que cuidar donde pisamos.

—Me arde. Vamos con cuidado, total ya se fueron los secuestradores y el día esta nublado.

—Dame la mano.

—Tengo hambre, Alistair. De haber sabido que hoy seríamos secuestrados hubiera cenado anoche.

—No pudimos imagi… maldición.

—¿Qué, qué pasa?

—¿Recuerdas antier cuando estábamos en la playa y un hombre nos miraba sin disimulos a cada rato?

—Cierto… Y luego en el restaurante la pareja que nos miraba muy extraño ¿recuerdas? Que pensamos que era por mi blusa fosforescente.

—¡Cierto! Nos estuvieron vigilando y nosotros no nos dimos cuenta.

—Somos demasiado inocentes a veces.

—O despistados. Mira, tendremos que cruzar ese arroyo.

—No se ve muy profundo

—Sube en mi espalda, yo te cargo.

—Con cuidado, no te vaya a lastimar. Creo que lo mejor sería que yo cruce a pie también.

—No, amor. Deja que yo te ayude el agua esta muy helada y no quiero que te enfermes.

—Bien, con cuidado.

—Auch, auch, el agua está helada. Parece como si tuviera hielo.

—Ve con cuidado amor… Mierda, mierda… está muy helada.

—Me resbalé, el fondo está muy lodoso.

—Deja te ayudo, dame la mano.

—Cuidado, no te vayas a resbalar.

—Que frío está…

—Ni como darte calor, estoy igual de helado y mojado que tú.

—Vayamos rápido a buscar ayuda, ya estamos más cerca.

—Ahí, una señora ha salido.

—¡Buenos días, señora! Disculpe.

—Buenos días, ustedes no son de por aquí… ¿qué quieren?

—Buen día, nos accidentamos y hemos estado buscando ayuda… ¿tendrá un teléfono para llamar a algún familiar?

—¿Están bien? ¿Se lastimaron mucho?

—Un poco, solo necesitamos llamar a un familiar mi esposa y yo. Luego nos iremos.

—Bien. Pasen, aquí dentro está más calientito que acá fuera.

—¡Muchas gracias, señora!

—De nada, jovencita. Dejen les traigo un par de toallas. Este es mi celular.

—Muchas gracias, solo pediremos que vengan por nosotros.

—No te preocupes muchacho, aquí pueden esperar todo lo que sea necesario.

—Llama a papá, Alistair. Ellos están más cerca de nosotros. ¿Disculpe nos puede decir en dónde estamos?

—Claro, aquí estamos en el palmito, en Sinaloa cerca del límite con Durango.

—¡Gracias! Pásame el número de tu papá o llamamos a Carlos?

—Mejor llama a Carlos, el número es… 6688567324.

—¡Hola, Carlos! Soy Alistair… Sí, aquí esta conmigo. No, es una larga historia, estamos en el palmito. Urge que nos recojan ¿pueden venir?

—Pregúntales por los gatos.

—Esta bien, sí. Aquí les estaremos esperando. Espera ¿y los gatos?

Ah ok, bien. Sí, por favor tráigannos ropa y calzado, no no acá les contamos. No se preocupen, estamos bien. Bye, gracias.

—¿Qué te dijeron?

—Están preocupados, Carlos estaba en casa de tus padres, los niños se habían quedado a dormir ahí con Natalia. Disculpe, ¿hay alguna posada aquí cerca?

—Sí, pero no es necesario pueden quedarse aquí. Yo solo tengo que ir aquí cerquita por unas cosas, les he puesto la mesa para que tomen un poco de café o té. Como gusten.

—Muchas gracias, muero de hambre.

—No hay de qué muchachita, ya viene mi hija en cuanto llegue yo me voy por las cosas.

—Gracias, señora. Es usted muy amable.

—¡Mamá, ya llegué!

—Hija, cariño pasa. Tenemos visitas.

—Buenos días, soy Amelia.

—Buenos días, soy Layla y mi esposo es Alistair.

—Mucho gusto, Amelia.

—El gusto es mío

—Ellos se accidentaron hija, estarán aquí esperando que lleguen por ellos.

—¿Y el auto?

—Este… quedó totalmente destruido. Salimos de milagro y como aún era noche estábamos desorientados.

—Ah… ya. Bueno, están en su casa. Mamá, ocupo hablarte.

—Voy, deja les paso el agua caliente. Tomen, aquí esta todo para que se hagan su café, ya vuelvo.

—Creo que no quieren que estemos aquí, somos muy sospechosos.

—Lo sé amor, pero no tenemos donde ir. No conocemos estos lugares.

—Pues no, pero podríamos esperar a Carlo en la carretera.

—Tienes razón, pero no es lo más seguro ¿qué tal si nos están buscando?

—Ojalá y no, tengo mucho miedo.

—Yo también, Layla. Pero lo mejor es tratar de mantenernos tranquilos.

—Lo intentaré, pero estoy temblando.

—Es por el frío.

—Bueno chicos, los dejo con mi hija, en un ratito vuelvo. Permiso.

—Propio, señora…

—Carmen, mi mamá se llama Carmen. ¿Ya se comunicaron con sus familiares?

—Si muchas gracias, vendrán por nosotros en unas horas.

—Bien, si gustan les podemos prestar la recamara de mi hermano para que descansen un poco. Tenemos un par de sandalias extra para que no estén descalzos y les podemos prestar ropa.

—Muchas gracias, sería de mucha ayuda. Seguimos empapados.

—¿Cómo es que se mojaron?

—Cruzamos un arroyo y resbalamos.

—Eso lo explica todo. Bueno, tomen el café, aquí hay un poco de pan dulce. Iré a preparar la recamara.

—¡Gracias!

—Como que no se ve muy convencida de que estemos aquí.

—¿Esos son disparos?

—Vengan, corran. Aquí métanse.

—¡Dios! Como es que se escuchan tan cerca.

—Estamos en una zona conflictiva de vez en cuando. Tenemos este escondite en caso de que haya algún enfrentamiento.

—¿Enfrentamiento de quién?

—De narcos

—Dios mío ¿cómo es que pueden vivir con ese miedo constante?

—Nos acostumbramos después de un tiempo. Se dice que han secuestrado a una pareja en Mazatlán… ¿ustedes no saben nada al respecto?

—Este… no, no sabemos…

—Es curioso por que se dice que los secuestrados sus fotos salen en el periódico local.

—¡Amelia, Amelia son ellos! ¡Amelia!

—Mande mamá, acá estamos. Se oían disparos. Ven, escóndete.

—Ustedes dos, los están buscando.

—¿Sabe usted quienes son los que nos buscan?

—Son encapuchados, pero tranquilos nadie sabe que están aquí. Nadie los vio llegar.

—Alistair, tengo miedo…

—Shhh tranquila.

—No se preocupen se van a ir. Solo están metiendo miedo para que salgan, pero nadie sabe que tenemos este escondite. Tranquilos. Shhh…

—Busquen en todos lados, deben estar cerca no debieron ir muy lejos. Sus huellas salen del arroyo.

—No hay nada jefe, la casa está vacía.

—Sigan a la otra, debemos encontrarlos. Los otros los buscan.

—Parece que ya se fueron, no salgan aun.

—¿Quiénes son los otros?

—Quizás otros narcos, que se yo.

—Pero si nosotros no tenemos absolutamente nada que ver con el narco.

—¿Seguros? En el periódico dice que ustedes intentaron secuestrar a la hija de uno de los capos.

—¿Nosotros? Yo creo que nos confunden.

—Puede ser, pero de que otra forma explican que los secuestraron.

—No tenemos idea, deben creernos.

—Les creemos, solo que mi hija y yo estamos preocupadas.

—Es mejor que nos quedemos aquí hasta que todo fuera se haya calmado.

—Sí, diga. Claro, aquí se los paso.

—Bueno, Carlo. Sí aquí seguimos. ¿Cómo llegaron tan rápido? Ah ok… bien. Aquí te paso a doña Carmen. Ella te va a explicar cómo llegar.

—Sí, entre por la tiendita, sí de vuelta a la derecha en la primer calle. Ajá, siga, siga todo derecho. La última casa a mano izquierda, es de color amarillo. Bien, ya salimos.

—Vengan, les ayudo a subir.

—Gracias Amelia. Que bueno que ya llegaron por nosotros Alistair.

—Dios, desacomodaron todo hija.

—No te preocupes, Amelia ya te ayudamos a limpiar. Solo deja avisar a mi cuñado.

—¡Carlos!

—Layla ¿qué diablos pasó?

—No tienes idea, nos secuestraron.

—¿Qué? No puede ser… ¿cómo es que pasó eso?

—No tenemos ni la menor idea, solo sabemos que estabamos dormidos y despertamos en un contenedor de un trailer y nos llevaba a nos se dónde.

—Hola, sí papá ya están con nosotros. ¿Qué? ¿Los vecinos de enfrente? ¿Cuándo fue eso? Dios ahora todo tiene sentido. Gracias, sí ya salimos para allá.

—¿Qué pasó cuñado?

—Los federales catearon a los vecinos de enfrente de la casa de papá, al parecer ellos eran los secuestradores de una niña hija de un capo.

—Nos confundieron…

—Al parecer, debemos irnos la avioneta está lista aquí cerca. En el camino me cuentan todo, desde anoche

—Muchas gracias, doña Carmen y Amelia. No tenemos palabras para agradecerles su ayuda.

—De nada, es un gusto poder haberles ayudado.

—Gracias, estamos en deuda.

—Solo cuiden de que nos los vuelvan a secuestrar.

—Eso no podemos prometerlo, pero estaremos encantados de que un día nos puedan visitar.

— Gracias, sería un honor para nosotras ¿verdad mamá?

— Claro que sí hija, después de todo nunca se sabe que pueda pasar mañana.

— Nos vemos.

— Adiós.

— Entonces, como es que les secuestraron y pudieron escapar.

— Es una larga historia Carlos, pero sin duda te digo que lo más sorprendente es que no tenemos la menor idea de como es que nos confundieron con ellos.

— Yo si sé como...

— ¿Cómo así

— ¿Recuerdan la fiesta de Valeria? En la que contratamos uno show músical.

— Sï, eso fue hace una semana. Como olvidarlo.

— Bueno, yo estaba recibiendo a los músicos cuando ustedes llegaron y estaban los vecinos fuera, se acercaron a saludarlos. Y hubo un hombre que en su momento creí tomaba fotos de la banda y la fiesta pero que nunca más volví a ver, incluso le dije a Rebeca que si lo había visto y me dijo que no. Ese hombre vi que les tomó fotos pero no le tomé importancia.

— Entonces así fue... ese día hasta bromeamos ella y yo de que andabamos casi igual vestidas.

— Sabes que es lo raro, que el logo delcontenedor es el mismo que el que Don Ignacio contrató para el transporte de mercancía.

— ¿En serio?, esa empresa es de ellos.

— Saben yo ya no estoy entendiendo nada.

— Menos nosotros.

— Esperen, nos vienen siguiendo. Ya estamos cerca de la pista de despegue, esperen un poco.

— Juro que no volveré a salir fuera de vacaciones.

— Ni cerca, me han quedado ganas de no volver a salir jamás.

— Suban a la avioneta rápido. ¡Arranque!

— Te dije, son los de la logistica esa. Miren el auto.

— Ya que lleguemos a casa veremos, tenemos que salir de este lugar primero.

— Solo espero que esto acabe, Alistair.

— Cariño, no sé porque me imagino que esto solo es el comienzo.



17 de Noviembre de 2020 a las 01:53 0 Reporte Insertar Seguir historia
5
Fin

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Gin Les Escritora aficionada, lectora, madre y lider de embajadores. :)

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