ginyales Gin Les lotusvowmoon Kimberly García

Dos hombres en busca de un tesoro perdido, un Dragón que lo impedirá.


Fantasía Medieval Todo público.

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Gwenaël

Cuenta la leyenda que hace más de doscientos años hubo un mago poderoso que creo una preciosa armadura para el gran Rey de Gran Bretaña. Dicha armadura estaba compuesta por los más poderosos metales y magia lo cual la hacía invaluable para quien la poseyera ya que le dotaba de fuerza, coraje, sensatez, poder y la incapacidad de morir si la llevaban puesta.

El Rey Casius al haber extendido demasiado sus años de vida después de no quitarse la armadura por un largo tiempo, se volvió un hombre cruel y ruin.

La gloria que una vez caracterizó a su reino se esfumó tal cual la espuma en el mar. El mago Rowley enojado por lo que llegó a sus oídos conjuró un Golem con las tierras maldecidas por los duendes en Escocia para que atacará a Casius y le quitase la armadura.

Casius molesto por lo que hizo Rowley “El Mago de hierro” como muchos le llamaban, le mandó matar, sin embargo no lo logró y solo hizo que se enfureciera más contra él. El Golem una vez que llegó a su destino asesinó a Casius y le quitó la armadura que tanto amaba haciendo que envejeciese al instante convirtiéndose en nada más que cenizas

Rowley dispuesto a que eso no volviera a suceder tomó la armadura y cabalgando en su caballo negro como la más oscura noche, ocultó la armadura de todos cuantos querían poseerla y la llevó a tierras lejanas que luego de mil años aún no se sabe a ciencia cierta en donde la escondió.

Muchos dicen que “El Mago de Hierro” la llevó a las regiones altas de los vikingos esperando que nadie la encontrase jamás, otros aseguran que él dejó una serie de pistas para que el corazón más puro y leal la encontrase, y mucho otros más cuentan que Rowley hechizó de nuevo la armadura para que quien la encontrase, en el momento que su corazón dejara de ser puro o leal este perdiera su latido y así muriera.

Quizás todo parezca un sueño y en realidad dicha armadura no existiera, sin embargo se han hecho cruzadas de hombres en su búsqueda. Está de más decir que han sido en vano, hasta hoy.

Todo pintaba una mañana normal, el nuevo rey de Gran Bretaña estaba empecinado en encontrar dicho tesoro por lo que envió un nuevo ejército a buscarlo, en dicho ejercito iba yo Gwenaël. Partimos directo a lo que hoy se conoce como Islandia con la intención de ahí subir a tierras altas.

Sin embargo, los britanos no éramos los únicos que la buscaban, los españoles, los romanos, los chinos y los vikingos también lo hacían. La única ventaja que teníamos era que creíamos en las pistas que nos habían dicho que existían, por eso siguiéndolas es que llegamos a donde nadie más había llegado, la cueva de los mártires.

Así le pusieron, era una cueva llena de cadáveres que al parecer habían sido martirizados antes de morir. El hedor que salía de ahí era parecido a cientos de litros de sangre, vísceras y cuerpos mutilados. A pesar de que solo eran esqueletos, el olor se había impregnado en el aire.

Yo era un caballero de las casas más pobres y sin ningún título o renombre que ansiaba conocer el mundo y el hecho de estar encerrado en esa pestilencia hacía que mis sueños se evaporaran junto al olor, por ello salí de la cueva para buscar aire limpio. Recostándome en la ladera de la montaña admiré el hermoso paisaje que tenía ante mis ojos mientras todos dentro comían y bebían resguardándose de no ser vistos por algún enemigo. Yo había decidido alejarme para pensar en la leyenda y las señales que decían existían.

Mientras admiraba la belleza natural que se alzaba ante mis ojos recordaba las palabras de mi abuela Malina que me contaba para dormir, cuando me cantaba todas las canciones que relataban la leyenda; y aunque nunca creí en ellas en este momento, pensé que si de ser ciertas, me gustaría que fuera yo quien encontrara la armadura.

Y así, en memoria de todos los recuerdos es que inducido por la paz y el sueño, quedé dormido a la intemperie sin que nadie vigilase mis sueños.

Sabía que estaba soñando, es como si hubiera pasado largo tiempo haciéndolo y no podía parar de soñar con los canticos ancestrales y las palabras de mi abuela viniendo a mí como si de una maldición se tratase. Fueron ellos, los sueños inquietos los que provocando una gran adrenalina me despertaron de golpe. Con mis ojos fijos en la única estrella que brillaba frente a mí sobre un monte, captó mi atención y recordando aquella frase que decía:

Cinco mil hombres la buscaron

y a nadie encontraron,

en lo alto de la copa

y en lo bajo del lago.

El monte en la oscuridad parecía un gran copa de árbol, lo único que faltaba es que debajo de aquel montecillo sin chiste hubiera un lago. Levantándome emocionado corrí entre los árboles, nadie me seguía, ya todos dormían dentro de la cueva.

Cuando estaba cerca, la luna iluminó una pequeña entrada junto a una roca. Si estuviera desde otra perspectiva nunca la hubiese visto, es como si la hubieran intentado esconder. Parándome frente a aquella grieta vislumbré un hermoso lago a los pies del monte. No había forma de salir de ahí si no es nadando o llegando por detrás, tal como yo lo hice.

El sonido agitado de alguien captó mi atención atención y supe que no estaba solo. Entré por aquella grieta y lo que vieron mis ojos me dejaron atónito.

Una gran cueva fortificada era lo que había dentro del monte, es como si este solo fuera un caparazón que la protegiese. De sus muros corría el agua cristalina que bañaba el suelo y todo en aquel lugar, supe que era cosa de magia ya que el agua no caía verticalmente, si no que salía del centro del techo y se abría por todos los muros como si de una cascada invertida se tratase.

Oro y piedras preciosas yacían amontonados a las orillas y al fondo sobre una gran roca la armadura de Rawley.

Corriendo hacía ella con la intensión de poseerla no me di cuenta de mi nuevo acompañante que al verme también ahí, se asombró.

—¡No deberías estar aquí! —gritó un hombre con acento romano.

—¿Quién diablos eres y cómo llegaste aquí? —inquirí sorprendido.

—Soy Dante, del ejercito romano —respondió a la defensiva— Y el cómo llegué, supongo que al igual que tú, guiado por la estrella.

Saber que era romano me hizo sentir un escalofrío, ellos eran conocidos por ser crueles con sus oponentes. No debía perder la ventaja que ya tenía, así que corrí hasta la armadura con la intención de tomarla. Alcanzando la espada de esta la blandí con la intención de defenderme pero esta se cayó de mi mano como si pesara demasiado y al intentar levantarla el peso de nuevo hizo que esta se cayese. Ambos nos miramos sorprendidos, uno por que no podía sostenerla y el otro porque pensó que moriría bajo el metal de esta.

Dante sacó de su cinturón una pequeña espada que más que usarla para defenderse, la usaba para practicar, era un arma de práctica. Levanté mi daga dispuesto a matar a Dante, corrí hacía él pero este me esquivó golpeándome en la espalda y haciendo que yo cayera de bruces contra el suelo. Me levanté dispuesto a darle lucha y una vez más Dante me esquivó, pero esta vez yo estaba preparado y me deslicé al suelo extendiendo mi pierna para hacerme caer. Dante brincó y extendió su espada intentando cortar mi estómago, pero detuve el arma con mi daga logrando que Dante retrocediera.

El romano percibió un gran luchador en mi por lo que se lanzó cuerpo a cuerpo no sin antes arrojar su arma a un lado. Bien pude aprovecharme de eso pero no era mi estilo, si me ganaba esa armadura lo haría honestamente, así que, también lancé mi daga al piso haciendo que esta resonara fuertemente. Respondiendo a la lucha golpeé al romano cuantas veces pude, caíamos sobre las joyas y nos levantábamos para seguir peleando, incluso ambos usamos los tesoros para golpear al otro. El romano era un hueso duro de roer, era claro que no se dejaría vencer fácilmente, así que le tiraba ganchos al hígado con la intención de que retrocediera y me diera un respiro. Luego de un golpe en el estómago este cayó al suelo y yo corrí para tomar la armadura.

Tomé la coraza en mis manos haciendo que suelo rugiera bajo mis pies, el monte comenzó a temblar y la grieta que una vez era pequeña se fue expandiendo. Dante corrió hacía mí y yo me puse la coraza esperando que él atacase pero no lo hizo. Se quedó a mi lado admirando lo mismo que yo, lo que una vez fue techo hoy se alzaba sobre nosotros soltando tierra y rocas sobre nuestras cabezas. Dante tomó el casco para cubrirse, lo que miraban nuestros ojos no daba lugar para dudas, un gran dragón se levantaba en los cielos, el suelo seguía resquebrajándose, abriéndose totalmente y dejando ver la lava que emanaba aquel que pensé era un insignificante monte, el agua dejó de correr y las joyas y tesoros fueron deshechos en la ardiente lava.

Lo que una vez fue una cueva en este momento ya no existe, ahora solo es una mazmorra volcánica en donde nuestros pies yacen en la orilla de lo poco que queda de suelo. El dragón volaba alto como tomando fuerza, como si se estirase luego de estar tanto tiempo dormido y nosotros… lo hemos despertado.

—No hay forma de salir de aquí —dice Dante junto a mí.

—No la hay —confirme mientras miraba al dragón y tomaba la espada. Esta vez no era pesada, era ligera.

—Toma. —La extendí a Dante quien la tomó con firmeza—. Debemos unir fuerzas si queremos vencer al dragón y salir con vida de este lugar.

—Tienes razón —confirmó mis palabras y comenzó a ponerse las protecciones de las piernas, pies y el calzado.

Yo tomé las mancuernas y me las puse rápido y tomé la daga, me venía mejor que una espada. Dante levantó el escudo y yo tome la última pieza, una jabalina. Muy extraña ciertamente como parte de una armadura de Rey. El dragón extendió sus alas y se abalanzó contra nosotros expidiendo fuego de su boca y haciendo rugidos qué bien se podrían oír del otro lado del mar. Dante nos cubrió con el escudo haciendo que el fuego no nos hiciera daño, la armadura brilló fuertemente pero no se calentó; eran los poderes que el mago le había atribuido y que por ello era tan valiosa.

El dragón volvió alzar su vuelo y rugía como si llamase a otros, el volcán comenzó a temblar con más fuerza y eso solamente podía significar qué iba a erupcionar.

Tenía dos opciones escalar las rocas dejando la armadura y salvando mi vida pero, dejando a Dante atrás como postre para el dragón, o bien luchar ambos y tratar de salir con vida de ese horrible lugar. El romano me miró como si leyese mis pensamientos y negó con la cabeza, por un momento dude pero después me di cuenta de que esta no era la persona en la que me quería convertir Malina siempre dijo que debíamos ayudar a nuestros prójimos no esperando nada a cambio porque si esperábamos algo a cambio, nuestra ayuda perdía su valor.

Nuevamente aquella bestia se acercó a nosotros con la intención de aniquilarnos con fuego, pero esta vez estábamos preparados. Dante nos cubrió con el escudo y yo lancé la jabalina esperando que ésta le diera en el costado y le dañara profundamente, de manera que no nos siguiera y pudiéramos escalar y escapar de ahí.

La jabalina no entró del todo en su costado pero la hirió lo suficiente como para que cayera del dolor. Dante y yo corrimos a la orilla y uno al otro nos ayudamos para subir el muro de piedra. El dragón al darse cuenta de que escapábamos se lanzó contra nosotros, Dante me estaba ayudando a subir cuando el fuego fue lanzado en mi dirección. En ese momento tuve miedo de no volver a ver a mi abuela, a mi familia y mis amigos.

El destino me tenía preparado este final y yo debía aceptarlo, pero no hoy.

Lancé mi daga y ésta dio justo en el ojo del dragón atravesando su cuenca y dañándole gravemente. Creí que ya había sido convertido en polvo y ceniza pero no fue así, el escudo de Dante me cubría, él se había lanzado para protegernos. El dragón cayó siendo consumido por la lava y un gran estruendo sacudió el monte, sabíamos que eran hora de irnos.

El romano y yo escalamos nuevamente no sin antes echar una última mirada a la grandeza que una vez hubo en ese lugar, el guardián de la armadura yacía dormido con el fuego, ahora era tiempo de que la armadura desapareciera nuevamente. En la cumbre del monte me quité la coraza y las mancuernas lanzándolas a la lava viendo cómo estas eran tragadas por lo ardiente de ella. Dante me imitó, podía ver la confusión en sus ojos pero era necesario. Ya una vez se presenció la decadencia de un rey a causa de la armadura, no volvería a ver la decadencia de un mundo solo por la gloria pasajera.

11 de Noviembre de 2020 a las 06:43 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Kate Kate
Muy buena!
November 19, 2020, 17:30
Esteban Martens Esteban Martens
Interesante!
November 15, 2020, 18:11
~

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