khbaker K.H Baker

Inka, Inko y Katze (los increíbles protagonistas de la página Inkspired), derriban las barreras del aburrimiento y el tedio para hacer frente una gran aventura. Sumérgete con nuestros protagonistas en una historia llena de aventuras y sueños.


Infantil Todo público.

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Capítulo 1

En la habitación flotaba un suave aroma de lilas, la temperatura de los radiadores hacía agradable la estancia y un hilo musical amenizaba las largas horas de trabajo que debían pasar encerrados en el estudio. Las estanterías estaban llenos de libros a los que, dos veces por semana, Inka e Inko les limpiaban el polvo para evitar que esto los estropease; si había algo que deseaban preservar era la integridad de aquellos objetos tan preciados que eran capaces de trasladar a otros mundos, otros universos, con tan solo pasar sus páginas.

Inka bostezó y se desperezó, llevaban horas con los ojos clavados en sus tabletas gráficas y en la pila de documentos que debían rellenar para preservar el éxito del trabajo en el que llevaban esforzándose durante años. Tras pasarse las manos por el rostro, Inka echó hacia atrás la silla en un intento de separarse de la mesa, antes de llevar la mirada hacia Inko, quien todavía sigue trabajando sin inmutarse.

—Llevamos horas trabajando más de tres horas sin descanso, ¿no crees que deberíamos tomarnos un tiempo para nosotros? —preguntó Inka antes de echarse hacia delante para apoyar los brazos sobre la mesa y, seguidamente, la cabeza sobre sus propios brazos.

Al escucharla, Inko alzó la mirada en su dirección y se colocó bien las gafas antes de negar con la cabeza y volver a sumergirse en la profundidad de la pantalla iluminada de su tableta gráfica.

—Todavía no podemos, Inka, ya sabes que debemos acabar este proyecto para todos aquellos futuros escritores —dijo mientras trazaba una línea, antes de bostezar y alzar la mirada hacia su compañera, que se había quedado callada—. Nos necesitan y no podemos defraudarles.

Inka sabía que su compañero tenía razón, ellos trabajaban con el fin de hacer el trabajo más fácil y accesible a los futuros escritores que pululaban por el mundo y tenían la suerte de encontrarse con aquella plataforma que con tanto mimo y esfuerzo habían creado, sin embargo, su respuesta fue hinchar los carrillos cual niña pequeña y echarse de nuevo hacia atrás en la silla mientras se cruzaba de brazos, antes de mirar a su compañero con una ligera sonrisa.

—¡Solo serán unos minutos! Venga, podemos hacer algo divertido, tal vez encontrar nuevas formas de motivar a nuestros queridos escritores y, quien sabe, quizá incluso podamos crear una nueva gaceta que les entretenga y les sirva como distracción cuando se vean demasiado sobrepasados con tanta escritura —explicó Inka con diversión antes de levantarse de su silla y rodear la silla en la que Inko estaba sentado, para después masajear sus hombros—. Ya sabes que, a veces, la distracción es un recurso esencial que permite oxigenar nuestro cerebro.

Inko miró a su compañera de soslayo, todo lo que ella decía parecían excusas para no seguir trabajando, sin embargo, cada argumento que explicaba era verosímil y, al mismo tiempo, muy necesario para no acabar extasiado con tantas pilas de trabajo pues, a parte de tener que optimizar la plataforma en la que no dejaban de trabajar para estimular la creatividad de los escritores, también solían trabajar en pequeñas gacetas en los que plasmaban como si fuese un cómic todas sus hazañas.

—¿Eso lo dices por nosotros? —se cuestionó Inko, antes de echarse un poco hacia atrás en la silla, relativamente atraído por las ideas de su compañera.

—Tal vez... —respondió ella con una sonrisa inocente en su rostro. Inka era una experta en persuadir a su compañero, no solo por sus irrefutables argumentos, sino también por aquella sonrisa inocente la cual esbozaba cual niña pequeña y que invitaba a abandonarse a la diversión. Ella siempre se había caracterizado por albergar un corazón bondadoso y puro, y aunque Inko también era igual que ella en ese aspecto, él era un poco más serio a veces y era incapaz de competir con el espíritu infantil de Inka, quien era capaz de alegrar el día incluso a la persona más triste del mundo.

—Está bien, pero tan solo unos minutos, después debemos volver al trabajo —acabó cediendo Inko, frotándose después el rostro antes de esbozar una amplia sonrisa. Un parte de él deseaba seguir trabajando pero no podía negar que un descanso no les vendría nada mal, tal vez podrían leer un poco, tomar chocolate caliente para paliar el frío que hacía en el exterior o, incluso, jugar a algún juego de mesa que consiguiese sacarles unas sonrisas y despejarles la mente.

Inka dejó escapar una suave risa mientras alzaba las manos contenta por la decisión de su compañero, pues su espíritu infantil había conseguido lo que deseaba y, con gran dicha, rodeó la mesa antes de cruzar el estudio para acabar sentándose en uno de los sillones que solían ocupar en sus momentos de lectura, justo al lado de uno de los radiadores.

Sus pies reposaban sobre una gran alfombra de pelo largo, que le daba un aspecto nórdico al pequeño rincón de lectura en el que tanto gozaban. Antes de comenzar a pensar en qué plan podría proponerle a su compañero, Inka se cruzó de piernas y se recostó hacia uno de los lados del sillón y miró a Inko con una amplia sonrisa que a él le hizo fruncir el ceño y dudar de sus intenciones.

—¿Qué pasa? —preguntó Inko con los brazos cruzados, después de levantarse de la silla para poder ocupar su lugar cerca de Inka.

—Es que... Bueno, quería esperar un poco pero no puedo, ¡tengo una sorpresa para ti! —dijo Inka al cabo de unos segundos de incertidumbre. —¿Una sorpresa? ¿Qué clase de sorpresa? —preguntó Inko. No es que él desconfiase de su compañera, sin embargo, viniendo de ella podría ser cualquier cosa.

Con una sonrisa traviesa en el rostro, Inka hizo una mueca divertida que consiguió aumentar los nervios de Inko pues, en ocasiones, la vitalidad y las ganas de sorprender de su compañera superaba sus propias expectativas y lograba causarle un nerviosismo incipiente que no sabría si, en aquellos momentos, con todo aquel cansancio recorriendo su cuerpo, podría soportar.

7 de Noviembre de 2020 a las 16:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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