Cuento corto
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Escondidas

Cuando tenía 10 años solía jugar con mi madre y mi hermana a las escondidas, nos ocultábamos en algún rincón y cuando alguno de los tres estaba distraído salíamos sorpresivamente y nos pegamos un susto de muerte, era muy divertido, recuerdo que ese era el pan de todos los días en mi casa. Mi padre siempre nos regañaba y decía que un buen día alguien se uniría a nuestro juego, no él por supuesto, y nos quitaría la mala costumbre de asustarnos entre sí. Nadie le prestaba atención. Hasta ese día.


***

—Me van a matar, me van a matar, me van a matar. —Alzo la muñeca y veo la hora por quinta vez en mi reloj. 5 minutos para que comience la misa. Acelero el paso.

De todos los domingos tenía que ser precisamente ese domingo cuando el padre de Ramón regresara sorpresivamente de su viaje de trabajo con una montaña de regalos, ¡incluso para mí! Ni loco saldría de la casa de mi mejor amigo sin antes comerme hasta el último dulce que me dieran, pero gracias a eso ahora me encuentro en un apuro.

Algunas personas dicen que si usamos todo el potencial de nuestro cerebro podemos hacer cosas increíble, bueno, en este momento estoy determinado a intentarlo, pues sin los poderes de flash no creo que pueda llegar a mi casa, cambiarme de ropa e irme con mi familia a la iglesia. Mi padre me arrancaría la cabeza si falto a misa.

Doblo la última esquina casi sin aliento y diviso mi casa. Suelto un suspiro de alivio. Las luces están encendidas lo que significa que aun no se han marchado. Corro sin perder más tiempo.

—¡Ya llegue!, todavía estamos a tiempo. —Cierro la puerta de un portazo sin querer—. Me cambio súper rápido y nos vamos. —Me detengo en el tercer escalón de la escalera ¿Por qué no me responden?

—Ok se que están molestos pero tampoco es para que me ignoren.

Desciendo la escalera y entro en la cocina.

—¿Mamá? ¿Papá? —No hay nadie. Salgo y reviso la sala y el cuarto de lavandería pero es lo mismo.

Me dirijo otra vez hacia las escaleras y de pronto comprendo más o menos lo que sucede. Sonrió.

—No me lo creo ¡¿Cómo le hicieron para que papá jugara también eh?! —Muevo la cabeza de un lado a otro—. ¡¿Si saben que vamos a llegar tarde a la iglesia no?! —Nadie me responde. Sonrió maliciosamente. Ok, si quieren jugar, jugaremos.

Subo las escaleras de dos en dos y comienzo a buscar en las habitaciones. Abro todas las puertas, reviso en todas partes, incluso me aseguro de mirar debajo de la cama, pero es inútil, no los veo. Me coloco las manos en la cadera y regreso al pasillo algo pensativo. La luz comienza a parpadear.

—Ok gusano, si estás haciendo eso para asustarme te digo desde ya que no lo vas a lograr.

Uno de los bombillos se apaga y una parte del pasillo queda oscura. Observo la hora. La misa ya lleva 10 minutos de haber comenzado. La luz de otro bombillo comienza a titilar hasta que finalmente se apaga, la oscuridad poco a poco se va acercando a mí. Mi corazón comienza a acelerarse.

—O-ok ya fue suficiente no es gracioso salgan, vamos retrasados. —El bombillo a mi lado amenaza con apagarse y dejarme sumido en completa oscuridad. Por el rabillo del ojo observo una sombra desplazarse de una de las habitaciones a otra rápidamente.

Ahora mi corazón golpea fuertemente contra mi pecho. Me paralizo y comienzo a sudar frío. De repente me doy cuenta que estoy completamente solo, mi familia se ha ido sin mí a la iglesia.

Fue horroroso darme la vuelta y volver sobre mis pasos para salir de la casa. En todo momento sentí una presencia pegada a mi espalda.

Esa noche y otras más durante una semana, estuve durmiendo en casa de Ramón. Incluso ahora después de tantos años se me hace difícil pisar aquella casa sin sentir que alguien me observa.

29 de Octubre de 2020 a las 11:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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© Esel Queen Escritora Amante del genero Romance-Erótico-Fantasía-Omegaverse. Estudiante de la vida.

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