seulrn Nelba Jiménez

Laura vive enamorada de un hombre millonario que no conoce hasta que es invitada a un baile, pero el destino se encarga de complicarle la . vida. Esta obra no está revisada.


Drama Todo público.

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El baile


Si no fuera por la presencia de uno de los hombres que aparecen en las revistas —no por ser actor o modelo—, Laura estaría en su cama con un libro sobre sus manos viviendo otras vidas como bien dice George R.R. Martin, en vez de hallarse en una de las fiestas privadas de la compañía donde labora.


El rumor de la presencia de Bernardo Rojas en dicha fiesta se confirmó cuando la invitación llegó a sus manos, el papel con olor a rosas la sobresaltó, escrito en letras rojas se encontraba su nombre, acompañado de las palabras: Tu presencia es indispensable.


La invitación le pareció tan irreal como el vestido entallado que usa en este momento; nada comparado con la alegría que representa usar la talla correcta, se sentía cómoda siendo femenina. Ella, una chica de mostrador en una de las tiendas más caras de la ciudad, en la fiesta privada de la compañía Pliegues Rosas, se sentía cenicienta.


¿Por qué no?, había leído tantos libros románticos dónde los protagonistas experimentan amor a primera vista, esa sensación de que sus almas se necesitan por un simple detalle, un enamoramiento por miradas que trasmiten la esencia de cada ser. Él y ella se aman desde la primera noche.


Laura se sabía astuta; el hecho de idolatrar a un completo desconocido no era por su físico, que no está por demás decir que Bernardo sobresale de la media; pero no, a Laura le apasiona lo que los periódicos dicen de él. "Un hombre con grandes ambiciones emprendió un negocio sin el apoyo de su adinerada familia en el ámbito de la moda, su visión de las prendas era grande, mágica y supo armar un excelente equipo que lo llevó a la cima del mercado. Su sensibilidad hacia quienes tienen menos que él es uno de sus muchos atributos".


Una buena cantidad de fotos aparecían en las revistas de chismes; pese a no disfrutar de esa lectura, valía la pena comprar una cuando en la portada la cara de Bernardo estaba plasmada.


Ahí, en ese inmenso salón, en medio de gente desconocida, se encuentra Laura. La esperanza de verlo, quizá de hablarle, la mantenía nerviosa. Bebía más agua de lo que su vejiga era capaz de retener, sin embargo, no quería moverse de su lugar para presenciar el momento exacto de la entrada de Bernardo.


Los minutos se consumían y cuando no pudo más corrió al baño para desfogar todo lo que sus nervios demandan. Antes de salir del baño escucha la conversación de algunas mujeres, pequeñas risitas y entonces aparece el nombre del importante hombre: «es soltero y rico; pero no hay duda de que las mujeres a sus ojos no somos como tú o yo. Son mujeres de carácter fuerte, de piernas largas y seres que su inteligencia rebasa la media, se dice que sus gustos son muy selectivos, en algún momento se hartó de chicas como nosotras».


Laura sonríe, piensa que Bernardo no es cualquier tipo; tiene la certera confianza de que sabe observar y percibe la esencia de las personas. Pues la chica en cuestión no era muy agraciada, su rostro no era despampanante, no tenía la cualidad de ojos hermosos, pertenecía a la media, no era flaca, más bien llenita, su busto le agradaba ya que se mantenían igual que ella, grandiosa. Se siente orgullosa de la persona que es, de la mujer que representa, pero sobre todo de la humanidad que hay en su corazón.


Decidida a salir de su escondite y hacer frente a esos comentarios otra voz la sacude:


«Qué importa su dinero, su fama o sus gustos; si él no es capaz de ver tu valor es mejor no perder el tiempo intentando llamar su atención».


Antes de que la dueña de dichas palabras se perdiera detrás de la puerta, Laura sale a observarla, ella estaba de acuerdo. La desconocida pasa el labial sobre su deliciosa boca, irradia feminidad por cada uno de sus poros, bella y altanera, todo lo que un hombre desearía conquistar.


Se va dejando incómodas a todas, menos a Laura.


A la mitad de la fiesta decide olvidar el motivo de su presencia en el lugar y comienza a relajarse con un poco de alcohol y comida. Se encuentra cerca de un ventanal, siente el frío viento penetrar la habitación en contraste con el calor que se desata en la pista de baile, la voz de Shakira la incita a unirse al ritual, pero no encuentra a ningún prospecto. Se levanta de puntitas mientas escanea a cada hombre, sus ojos buscan (y como bien dicen, el que busca encuentra), la penetrante mirada de un hombre la hipnotiza, sus delicados dedos ajustan su corbata oscura mientras sus pasos van en dirección de Laura.


Se traga el nudo en la garganta, sus piernas se tensan y de un sorbo se toma la bebida; intenta poner la mejor expresión seductora que conoce.


La motivación de invitar a personal destacado de la tienda y sobre todo a los administrativos de la compañía, es la competencia; aquellos que sobresalen tendrán la oportunidad de acercarse a gente importante, igual a él. Nunca imaginó que entre ese personal una mujer de mirada fuerte, aroma dulce y fingida distracción apareciera.


Recién llegado y a sabiendas que la noche apenas empieza, decide lanzarse al ataque, después de todo no le parece divertido irse sólo al hotel.


Con paso firme, Bernardo se dirige hacia la mujer de sensual cuerpo, dejando a Laura en su camino sin mirar siquiera la expresión retorcida de la chica, parece levantar una ceja, pero, su apenas intento seductor, raya lo ridículo.


A su espalda escucha el saludo cargado de erotismo, cuando le corresponde a la mujer hablar la reconoce, no necesita dar media vuelta para saber que la mujer del baño es la elegida. Recordando sus palabras, decide no correr, salir caminado de ese lugar hasta llegar al jardín y frente a la fuente dejar escapar una sarta de blasfemias.


Laura es una mujer fuerte, sensata, con diversas cualidades que no se distinguen a simple vista, pero mujer después de todo. Su momento cenicienta se desvanecía sin dar siquiera la media noche, ese hombre de revista era simplemente de revista, tan plano como el papel, tan vano como una canción pop que se olvida después de una temporada, tan simple... Tan... Sin importar los adjetivos que Laura quiere colocarle, le duele lo ocurrido.


Frente a él estaba ella y ni por mera curiosidad le regaló una mirada o una sonrisa, por lo menos: buen trabajo por ser la mejor de todas las mostradoras.


Comienza a caer en la cuenta de que no bastó una mirada para llegar al hombre que deseaba, pues él no logró reconocerla.

26 de Octubre de 2020 a las 02:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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