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Sinopsis: Jimin es un joven de veinticinco años que está traspasando un momento difícil a causa de una infidelidad por parte de su pareja. Con la determinación de salir adelante, intenta seguir con su vida normal, tal y como la conocía, sin embargo todo comienza a cambiar cuando conoce a un bonito chico que hurgará poco a poco en su interior, revolviendo sus sentimientos por completo. Esta obra está registrada en Safe Creative con identificador: 2009105300587, lo que declara mi autoría y reconocimiento de todos los derechos de la obra, además de la prueba irrefutable si tuviera que emprender acciones legales contra plagio, uso ilícito, falsa atribución de autoría o similares. © HISTORIA ORIGINAL PROHIBIDA COPIA Y ADAPTACIÓN. -Contenido adulto -Lenguaje vulgar -Jungkook activo


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

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001.

Jimin se miró al espejo sintiendo lástima de sí mismo. Tenía unas oscuras ojeras marcadas debajo de los ojos y se veía desaliñado. Había oído a mucha gente decir que cuando careces de las suficientes horas de sueño, ésto se refleja en tu piel y te hace lucir mal aspecto. Concluyó bajo la obviedad que no se trataba de una mentira.

Definitivamente no quería ir a trabajar. No quería encontrarse frente a la persona directamente culpable de su cara descompuesta. Dejando de lado su sentimiento de malestar, y por mucho que su cuerpo se encontrase reticente a cumplir sus órdenes, Jimin se dio una ducha de agua fría con la intención de despejarse aunque fuera minimamente, se puso la ropa que había escogido para ese día (la cual consistía en una básica camisa blanca y pantalones negros, ni muy ajustados ni muy sueltos), y bajó a la cocina a prepararse su imperdonable café mañanero.

Listo para salir a trabajar, cerró con llave su apartamento y una vez se encontró de cara con el espejo del ascensor, no pudo evitar volverse a echar un ojo en éste y pensar para sí mismo que a sus veinticinco años de edad no debería de tener esa cara de amargura; pero allí estaba, con un rostro que lo único que transmitía, y con bastante transparencia, eran sus ganas de rodar hasta su cama de nuevo y no salir de ella en una semana entera como mínimo, por lo menos hasta que sus apocalipsis internos hubiesen amainado.

Suspirando, una vez ya en la calle subió a su coche y se dirigió a su lugar de trabajo, el cual consistía en una pequeña oficina dedicada al diseño e impresión 3D, todavía joven pero con proyectos sólidos y un futuro que parecía próspero para su tranquilidad, a la cual había tenido la suerte de poder acceder tras su periodo de prácticas en la universidad, en el que había podido ser instruido por los que serían sus futuros compañeros de trabajo.

El pequeño equipo (el cual hasta hace poco estaba realmente unido) se componía de seis personas incluyendo a Jimin; Namjoon era el líder del equipo, uno de los fundadores de la pequeña empresa junto con Jin, los cuales eran amigos y compañeros desde segundo de carrera de la universidad, y aunque discutían más que respiraban, siempre se acababan complementando a la perfección y sacando los problemas adelante. Mientras que era Namjoon quien tenía el don de los negocios y sociabilidad, Jin era el que mantenía la mente fría y contrarrestaba los a veces incontrolables nervios de su compañero. Aunque Jimin nunca lo pudo confirmar, siempre pensó que entre los dos chicos ocurría algo más que una simple amistad basada en el amor-odio. Por otra parte, Rosé, aunque parecía una inocente chica, dulce y cariñosa, quizá a veces algo despistada, era una trabajadora implacable. Tenía un aura que Jimin admiraba en demasía. Era capaz de crear de la nada un ambiente conciliador en los momentos críticos para el equipo, cuando empezaban a aparecer pequeñas grietas que amenazaban con romper el equilibrio y tranquilidad de sus compañeros ante cualquier adversidad. Jisoo por otra parte era más bien lo contrario a Rosé; con una actitud distante, se autodeclaraba como una persona fría a la cual costaba acercarse. A pesar de su forma de ser, era aceptada como una más en el equipo porque, si por algo se caracterizaban todos los que estaban allí, era por saber hacer bien su trabajo, y ella no era la excepción. Y por último, pero no menos importante, estaba Jackson. El origen de todos los problemas de Jimin desde el sábado anterior. Todo había sido tan repentino que Jimin no sabía ni cómo iba a reaccionar ni qué cara iba a poner cuando se encontrara con él ese mismo lunes, así que al final optó por la mejor opción que pudo encontrar de manera objetiva y práctica: ignorarle.

Entró por la puerta con una pequeña sonrisa simulando confianza, y una normal apariencia esbozando su típico "nos días" para que el resto le oyeran. Cuando entró por la puerta todos se encontraban ya en sus respectivos sitios. Había llegado cinco minutos tarde, pero como supuso nadie le dijo nada, ya que siempre era una persona puntual y jamás había dado ningún tipo de complicación en cuanto a horarios se refiere.

A Jimin no le pasó desapercibida la cara de cachorro abandonado que, aunque no había mirado directamente, sabía que Jackson le estaba poniendo. <<Que se joda>>, fue todo el pensamiento que Jimin estuvo dispuesto a dedicarle.

—¿Por qué tienes cara de reina del drama?— un café apareció repentinamente encima de su mesilla, salpicando unas cuantas gotitas sobre la superficie. Jimin chascó la lengua y miró a Rosé. Ya habían pasado de las diez y media, hora a la que normalmente Jimin dedicaba unos pequeños minutos a un breve descanso y el que sería su segundo café de la mañana.

—Gracias. —Ignorando la pregunta, Jimin volvió a enfocarse en la pantalla de su ordenador.

Rosé enarcó una ceja.

—¿No piensas contestarme?

—No.

Aunque le habló más huraño de lo que le hubiera gustado sonar, siguió manejando el ratón del ordenador sin volverse a mirar a su compañera. Ésta, sin dejarse intimidar por el tono de voz tosco de Jimin, puso una mano sobre su hombro para que éste le mirase, y cuando así lo hizo le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora. A Jimin le encantaba Rosé. Realmente sabía qué hacer para tranquilizarle, era una persona capaz de medir hasta qué punto podía presionar a una persona para no hacerla sentir incómoda (cualidad que Jimin en serio admiraba), y más que una compañera de trabajo, la consideraba también una buena amiga con la que podía compartir todo tipo de pensamientos, lo cual Jimin sabía agradecido, era un sentimiento recíproco.

—Lo siento —fue capaz de murmurar Jimin al final.

Aceptando la muda invitación de su compañera, el chico cogió su café y se puso de pie para ir junto a ella a la pequeña salita de descanso con la que contaba la oficina, y una vez allí comenzó a hablar:

—Jackson y yo ya no estamos juntos.

Por la mirada que le dedicó la rubia, sabía que esa no era una noticia que se esperara.

Wow — Soltó como si fuera lo único que pudiera articular en ese momento, mientras abría mucho sus ojitos marrones.

—¿Qué ha pasado? Quiero decir, ha sido difícil no darse cuenta de que ni siquiera le has dedicado una mísera mirada en todo lo que va de mañana, y que él no ha parado de mirarte en todo el maldito rato, pero sinceramente pensaba que se trataría de alguna de vuestras frecuentes y estúpidas discusiones sin fundamento y que no suelen durar más de veinticuatro horas.

Ante el comentario Jimin rodó los ojos y suspiró.

—Esta vez es en serio. El muy hijo de puta me los ha puesto. Me los ha puesto bien puestos. ¿Y sabes con quién?

Rosé le miró algo asustada, temiendo conocer la respuesta.

—Sí. Tu querida amiga Jennie lo ha conseguido por fin —dijo, poniendo demasiado énfasis en la palabra <<querida>>.

La rubia abrió la boca para decir algo pero no encontró las palabras, así que sólo dirigió su vista al suelo.

—Ella no me ha dicho nada — contestó por fin con tono lastímero.

—Pasó este sábado. Imagino que ha encontrado una mísera migaja de decencia dentro de sí misma para no salir corriendo a contárselo a todos sus amiguitos.

—Lo siento Jimin, de verdad, yo...

Jimin rio amargamente. La conversación estaba empezando a dejar caer poco a poco la máscara de indiferencia que había decidido ponerse por la mañana.

—Tú no eres la que tiene que disculparse Rosé. Jackson ya lo ha intentado, pero por supuesto lo he mandado a la mismísima mierda.

—¿Cómo te has enterado?

—Jackson mismo me lo dijo. Le pareció que la mejor forma era llamarme borracho a las tres de la madrugada después de habérsela tirado para confesármelo y quitarse de encima su mierda de culpabilidad. Pues que le follen. Le colgué sin decirle nada, y enserio espero que por lo menos el polvo mereciera la pena porque no pienso volver a hablarle en lo que me queda de vida.

Los ojos de Jimin empezaron a nublarse y a brillar por las lágrimas acumuladas. Rosé simplemente le abrazó, y el chico lo agradeció en silencio. Sabía que Jimin era una persona orgullosa a la que no le gustaba verse en ese tipo de situaciones, pero en ese momento lo necesitaba. Por mucho que por fuera Jimin no quisiera reconocerlo, a cualquier persona le dolería terminar una relación de tres años de esa manera con su pareja.

Sin dejar espacio para más conversación, la puerta de la salita se abrió de repente dejando ver a un sorprendido Jin que se quedo parado sin atreverse a terminar de cruzar la entrada ante la escena. Jimin y Rosé se separaron de inmediato un poco incómodos por lo comprometido de la situación.

—¿Pasa algo?

Jimin terminó de limpiarse con el dorso de sus manos la comisura de los ojos, un poco girado tratando en vano de ocultar al joven su rostro, para murmurar un tembloroso "nada" a modo de respuesta que por supuesto Jin no se creyó, pero que pensó que era mejor obviar. No le gustó ver a Jimin de esa manera, pero desde su siempre objetivo punto de vista, quizás ese no era el mejor momento para intentar hablar con él, y si la situación así lo requería, le preguntaría más adelante, así que entró en la pequeña habitación para tomarse un merecido café mientras Jimin y Rosé (los cuales probablemente ya habían excedido en demasía su tiempo de descanso), decidieron volver a sus respectivos puestos de trabajo. Con una débil sonrisa cómplice, ambos se separaron para sentarse en sus sillas y continuar con el trabajo dejado a medias.

El día avanzó sin mucha más repercusión, entre miradas suplicantes provenientes de Jackson y actitudes frías y desinteresadas bien conseguidas por parte de Jimin.

Cuando por fin se dio por terminada la jornada laboral, Jimin empezó a recoger sus cosas a la par que Jisoo y Rosé, las cuales también habían dado por finalizado su horario de trabajo. A veces tanto Jimin como el resto de sus compañeros, se quedaban en la oficina haciendo horas extra para terminar proyectos pendientes, <<pero hoy no será ese día>>, se dijo el chico, únicamente con el pensamiento en su cabeza de correr hasta la cama y no salir de ella hasta la mañana siguiente. La semana iba a ser muy larga.

Mientras estaba esperando en la puerta de la oficina con Jisoo a que Rosé terminará de meter quién sabe qué en su enorme bolso azul cielo, casi no se percató de que tenía a Jackson a su lado.

—Jimin...

23 de Octubre de 2020 a las 21:25 0 Reporte Insertar Seguir historia
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