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La vida de Danielle Mulyo debe de ser perfecta, tiene que ser una buena hija, una buena estudiante, una buena amiga y una chica feliz, pero ella no está hecha para ser perfecta y al parecer para ser feliz tampoco porque hay alguien que no se lo permite por más que lo intente, alguien que la ha perseguido desde siempre y que esta obsesionado con ella.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13. © Todos los derechos reservados

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Childhood (1)

—Terminamos —la nana de los Mulyo se alejaba lentamente para observar con una amplia sonrisa a las hijas de la familia.

Haley y Danielle Mulyo no eran gemelas idénticas, pero el hecho de que habían nacido el mismo día llamaba la atención; esa era la razón por la cual sus padres las presumían en cualquier evento al que eran invitados y se aseguraban de que toda la ropa que usaran fuera idéntica. Ese día en especial era muy importante, sus clientes más importantes querían discutir acerca de un largo y tedioso caso en el que habían estado trabajando por meses y querían terminar de una vez por todas.

— ¡Nana! ¡¿Podrías bajar un momento por favor?! ¡Necesitamos tu ayuda! —gritaba la madre de las niñas desde el piso de abajo.

— ¡Sí señora! —Le contestó mientras intentaba arreglar pequeños detalles de la ropa y el cabello antes de irse—. Su madre las llamara en un momento así que prepárense, no hagan nada que pueda arruinarles la ropa —menciono viendo a ambas con seriedad.

Ellas asintieron con la cabeza; Su nana les sonrió amablemente y después salió de la habitación para atender a la señora Mulyo. Al dejar a las mellizas solas, Haley dirigió la mirada a su hermana de una manera incómoda.

—Escúchame —intento verse amenazante con su manera de hablar y le tomo los hombros para verla de frente—. No quiero que digas una sola palabra cuando estemos en la cena ¿entiendes? Si lo haces, prometo que te haré algo muy malo —dijo severamente asegurándose de que comprendiera cada palabra que le decía.

—Pero… ¿Por qué no?, mamá dice que no le gusta que estemos calladas en las fiestas, lo sabes, ella va a enojarse —replicó Danielle bastante confundida.

—Porque nadie quiere escucharte, mamá también dice que si no tienes nada que decir no lo hagas, ¿No crees que será mejor que me escuchen a mí? —

—Pero, necesito hablar más, ella me castigo porque dice que no hablo lo suficiente.

Haley la soltó con un leve empujón en los hombros para después subirse sobre la cama y tomar un vaso de jugo que estaba sobre una repisa.

—Si dices que no, voy a manchar el vestido, y decir que fuiste tú —dijo con una expresión indiferente queriendo asustarla.

—No, espera.

— ¿Quieres que te castiguen por más tiempo?

—No.

— ¿Entonces?

—Está bien, no te preocupes, no voy a decir nada te lo prometo —aseguro realmente asustada, sabía que era capaz de hacer eso y más.

Haley volvió a sonreír y después de dejar todo en su lugar, bajo de la cama con una mirada más amigable.

—Está bien, es una promesa, ya lo dijiste.

— ¡Niñas!

Su madre las llamó interrumpiendo su conversación, dejándolas más preocupadas por sorprenderla que por otra cosa.


*


—Pero que bonitas se ven —mencionaba la señora Mulyo totalmente fascinada al ver a sus hijas bajar las escaleras—. ¿Ya están listas?, Recuerden que tienen que ser agradables todo el tiempo ¿De acuerdo? —dirigió su frase especialmente a Danielle quien acostumbraba a ni siquiera sonreír en las fiestas a las que eran invitados.

—Solo intenta ser amable, es lindo cuando sonríes, la gente es más amable cuando tú eres amable.

Su padre se agachó para estar a su altura, le acaricio la cabeza y logro hacerla sonreír. Después de que el señor Mulyo se levantara y empezará a preocuparse más por la salida; Haley aprovechó para mirarla de la misma manera amenazante de antes provocando que su sonrisa se desvaneciera de nuevo.

Cuando todos subieron al auto y estaban preparados para irse la mamá de las mellizas no dejaba de repetir todo lo que debían y no debían hacer durante la cena.

—Recuerden niñas, al llegar saluden a todos amablemente, no digan malas palabras o cosas que puedan malinterpretarse, no suban los codos sobre la mesa, no coman demasiado rápido, pongan la servilleta sobre sus piernas, límpiense la boca con la servilleta y no con la ropa…

—Simplemente intenten cuidar sus modales concluyo el señor Mulyo tranquilamente.

—Exacto.

*


Las puertas de la casa de la familia Hart se abrieron en cuanto el señor Mulyo aviso por el comunicador que se trataba de su familia; La residencia era bastante grande en comparación con la casa de los Mulyo, y con simplemente apreciar el jardín, las niñas ya estaban bastante impresionadas.

Al bajar del auto inmediatamente uno de los mayordomos se acercó a atenderlos, todos y todo estaba perfectamente ordenado y preparado para recibir visitas.

—Deben de ser los Mulyo, buenas noches, sean bienvenidos a la casa Hart, estoy a sus órdenes, por favor acompáñenme los señores los están esperando —saludo elegantemente.

El mayordomo los guio hasta dentro de la casa pasando por la gran fuente de la entrada, algunas estatuas y varios autos caros que habían comprado recientemente; al entrar a la casa ya se oían las sigilosas voces de los anfitriones que venían desde el comedor. El mayordomo toco una de las grandes puertas de madera que dejaban ver la mesa dónde se sentarían a cenar, llamando así la atención de los anfitriones.

— ¡Hola! Bienvenidos, siéntense por favor… ¡Ethan! —decía la señora Hart con gran entusiasmo y una copa de vino en la mano, su actitud había impresionado a las niñas, había pasado de parecer enojada e impaciente a alguien completamente despreocupada—. ¿Ellas son tus hijas?, ¿Cuántos años tienen estas lindas criaturas? —preguntó agachándose levemente para observarlas mejor.

—Ambas tienen 6 años, son mellizas.

— ¿Mellizas?, eso es raro nunca había conocido a alguien así, buenas noches señoritas— menciono el señor Hart con una sonrisa estrechando las manos de ambas.

El sonido de unos pasos en las escaleras interrumpió la breve plática que habían tenido, Ethan, el hijo único de los Hart estaba bajando las escaleras tediosamente, no le gustaban para nada esas cenas de negocios siempre eran tan aburridas y largas.

—Con que ese es el pequeño Ethan, es muy guapo ¿Qué edad tiene? —inquirió la señora Mulyo fingiendo su interés.

—Oh, tiene 7 años —respondió su madre haciendo una breve pausa para empezar a hablar con su hijo—. Ethan, te presento a Danielle y a Haley, ambas son hijas de los abogados de mamá y papá, ¿Crees poder jugar con ellas para que no se aburran?

—Sí, claro —contestó después de tragar saliva. En cuanto vio a Danielle su molestia había desaparecido por completo, sentía que era la niña más bonita que había visto en su vida, era como si estuviera flechado por ella—. Hola señoritas, gusto en conocerlas —menciono carismáticamente tomando la mano de Danielle para darle un beso.

Ella se puso totalmente roja nunca se había acercado tanto a un niño así. Haley estaba empezando a molestarse, pero decidió pasarlo por alto porque su madre no dejaba de observar todo lo que hacían.

—Y ¿Quieren sentarse a cenar ya o…? —preguntó la señora Hart observando su mesa puesta.

—Oh por supuesto, ustedes ya deben de tener hambre —contestó la señora Mulyo amablemente.


*


En cuanto se sentaron a comer, todos en la mesa empezaron a hablar, todos a excepción de Danielle quien para no romper su promesa no había dicho ni una sola palabra.

—Y, dime Dani ¿Puedo llamarte así? ¿Por qué no hablas? Parece que todos queremos escucharte, no seas tímida estás en confianza.

La señora Hart se había interesado en ella al notar lo ansioso que estaba Ethan por escucharla hablar.

—Oh, lo siento señora, no quería…

Inmediatamente después de decir esas pocas palabras sintió un extremo calor en sus piernas; Haley había tirado sigilosamente la sopa caliente sobre ella en venganza por su rota promesa. Su cara se transformó e inevitablemente comenzó a llorar, alterando a su mamá e inquietando a todos en la mesa.

—No se preocupen, yo me encargo de esto, la traeré de vuelta en menos de 5 minutos.

La nana intervino acercándose rápidamente para evitar que la señora Mulyo se enojara más. La llevó de la mano fuera del comedor mientras la consolaba y acariciaba su cabeza, y su madre solo le hizo señas para que regresaran lo antes posible.

—Por dios, pobrecita eso debió de dolerle mucho.

—Lo sé, la sopa estaba muy caliente.

Mientras los adultos hablaban sobre lo mucho que pudo haberle dolido, Ethan miraba las enormes puertas de madera, preocupado y con ganas de verla de nuevo.

—Ethan —menciono su mamá después de suspirar haciendo que su hijo le quitara la mirada de encima al pasillo—. Porque no ayudas a Danielle en su pequeño problema —dijo sonriendo.

—Sí —respondió firmemente bajando de la silla para ir a ayudar.


*


Señora Mulyo: Dani tiene que regresar sola al comedor, no quiero pasar más vergüenza.

Nana: De acuerdo señora, la enviaré cuanto antes.

La nana le respondió el mensaje a la señora Mulyo antes de terminar de ponerle el vestido a Danielle.

—Es de otro color, pero se te ve muy bien —decía acabando de ponerle otro vestido y unos parches para quemaduras en las piernas.

—Nana, me arden mis piernas —menciono Danielle con una que otra lágrima en su cara.

—Lo sé, pero si dejas de pensar en eso te prometo que no dolerá más, además las niñas bonitas no lloran —volvió a sonreírle y empezó a pensar en que decirle para que se distrajera del dolor—. Por cierto, ¿estoy loca? O note que ese muchachito no dejaba de verte.

Logro hacerla sonreír de nuevo y empezando a sonrojarla, parecía que a ella también le gustaba.

— ¿En serio lo estaba haciendo? —preguntó de mejor humor.

—Sí, yo lo vi creo que le gustas.

—No te creo, estás mintiendo.

—Créelo o no, yo solo te estoy diciendo lo que vi; pero también creo que es hora de que regreses a la mesa o tu mamá va a enojarse mucho —aseguró levantándose para ordenar todo de nuevo.

— ¿Puedes acompañarme? —Inquirió con nerviosismo.

—Lo haría si pudiera, pero tu mamá me dijo que regresaras sola.

— ¿Por qué?

—No estoy muy segura, pero te aseguro que será más fácil disculparte con ella si haces lo que dice.

—Está bien —suspiró largamente.

Ella se despidió de su nana, fue hasta las escaleras y con mucho cuidado para no lastimarse más las bajo mientras se preparaba para recibir el regaño de su mamá. Envuelta en sus pensamientos resbalo accidentalmente con la alfombra haciendo que cayera al suelo y que sus lágrimas volvieran a surgir.

— ¿Estás bien? —pregunto Ethan estrechándole su mano.

Ella volteo hacia arriba y se encontró con un preocupado Ethan queriendo ayudarla.

—No lo sé —respondió limpiándose las lágrimas con su manga.

—No llores; las niñas bonitas no lloran… pero tus ojos son muy bonitos mojados y creo que eres linda sin importar nada ¿Quieres sentarte junto a mí en el comedor? Quiero estar cerca de ti.

—Sí, bueno, gracias.

Danielle le sonrió tímidamente y después tomo su mano para regresar junto con él al comedor.

Al entrar en este los adultos ya habían empezado a hablar de cosas que ninguno de los niños entendía y Haley estaba muerta del aburrimiento.

—Si todo sale como lo planeamos en el juicio, no habrá ni rastro de cualquier acusación, también nos encargaremos de que la información del caso desaparezca —menciono el señor Mulyo siendo esta la única ocasión en que sus hijas lo veían tan serio.


*


10 años después

Los ojos de Danielle se abrieron al escuchar su despertador, su hermana ya se había levantado y su voz se escuchaba por toda la casa como todas las mañanas. Al levantarse de la cama y ver su uniforme y su mochila acomodados sobre la silla de su escritorio, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.


Era su primer día en Aimer una de las escuelas más prestigiosas de la ciudad donde no era nada fácil entrar. Sus padres se habían decidido en las vacaciones cambiarla de escuela para tener mejores relaciones. Pero a diferencia de sus padres y su hermana, Danielle no estaba tan entusiasmada, cambiarse de escuela significaba tener que pasar toda la semana con Ethan y Haley, y eso le causaba ansiedad.

Aun nerviosa y preocupada, se arregló para bajar a desayunar como todas las mañanas.

—Mamá, mis raíces se están viendo otra vez, ¿Puedo ir a retocarlas después de la escuela? —decía Haley viendo su cabello con ayuda de su celular mientras esperaba a que le sirvieran el desayuno.

—Hola —menciono Danielle desanimada sentándose en el comedor.

Minutos después de sentarse le llegó un mensaje de Ethan quien insistentemente le había estado mandando mensajes desde hace unas horas.

Ethan: ¿Dónde estás?

Ethan: Acabo de salir de mi casa ¿quieres que pase por ti?

Ethan: Contéstame.

Ella bajo su celular con un suspiro y lo ignoro por completo.

—Claro cariño, le diré a Alister que te lleve al salón cuando pase por ti —respondió su mamá viendo su celular y tomando de su tasa de café—. ¿Ya está listo el desayuno nana? Las niñas tienen que irse temprano—dijo impaciente—. Y tú, ¿Por qué tardaste tanto en bajar? —inquirió dejando de ver su celular para ver Danielle.

—Lo siento, no vi la hora —respondió fingiendo una sonrisa.

— ¿Segura que es eso?

Su padre se unió a la conversación un poco preocupado.

La nana puso el desayuno de todos en la mesa distrayéndolos de la plática.

—Bueno en realidad…

—No lo hagas —interrumpió su mamá de una manera que parecía amenazante. —Ya no quiero escuchar que no quieres ir, estoy harta de escucharlo todo el tiempo, la decisión está hecha y ya no podemos hacer nada, lo siento —dijo molesta poniéndole crema a su café.

—No entiendo cuál es tu problema, saldrás graduada de Aimer, te pueden aceptar en cualquier universidad, además la gente es diferente el ambiente es diferente, tendrías que ser muy tonta como para no querer ir —menciono Haley suspirando al final y regresando su mirada a su celular como su madre lo había hecho.

Danielle volvió a suspirar, el problema no era la escuela, era la gente.

—Oye ¿No crees que ya deberíamos irnos? No quiero llegar tarde el primer día.

—Pero ni siquiera hemos desayunado.

Haley se levantó dejando su plato de lado y tomo el brazo de su hermana fuertemente.

—Dije vámonos.

Hizo que se levantara incómodamente de su silla.

—Está bien, ya voy —respondió tomando su mochila para ponerla sobre su hombro.

*


—Maldita sea —Ethan abrió la puerta de su auto, estaba enojado por no recibir respuesta de Danielle—. Solo es una estúpida llamada Danielle, lo único que tienes que hacer es contestar —murmuro antes de intentar volver a llamarla.

Él espero en la línea por varios segundos sentado frente al volante hasta que escucho esa frase que le decía que ella había vuelto a rechazar su llamada. Apago su celular y bajo del auto pasando la mano por su cabello con cierta frustración.

Cerró la puerta para después cerrar el auto por completo, se puso la mochila sobre los hombros y salió del estacionamiento para entrar a la escuela.


*


—Escúchame, no quiero que me hables o que estés cerca de mí a menos de que lo necesite, ¿de acuerdo? — Decía Haley caminando junto con Danielle a la escuela, que en realidad estaba bastante cerca de su casa.

—De acuerdo—replico volteando los ojos resignada.


*


— ¿Alguien sabe si entraron nuevos este año? —preguntó James sacando de su casillero el saco del uniforme para ponérselo y no causar problemas con los maestros.

—Ningún becado entró eso es seguro —respondió Mark cruzado de brazos junto a él.

—Es mejor que no entre nadie, todos los nuevos terminan colapsando a mitad de año.

Aaron se unió a la conversación observando todos sus trabajos incompletos dentro de su casillero.

—Van a entrar unas hermanas, son mellizas —dijo Ethan revisando su celular impacientemente.

— ¿Mellizas? —preguntó James con una sonrisa muy sospechosa.

—Ni siquiera lo pienses, hablo en serio, si tocas a Danielle olvídate de toda la mierda que hago por ti —aseguró seriamente bajando su celular.

—Es broma, cálmate.

—Entonces las conoces bien.

Mark observó a Ethan sonriendo, se le hacía divertido que asustara a James.

—Sí, son las hijas de los abogados de mis padres.

— ¿Ellas? —preguntó Aaron viendo entrar caras nuevas a la escuela.

—Sí, son ellas —menciono Ethan sonriendo finalmente satisfecho.

*

Las hermanas llegaron a Aimer, era inmenso, parecía un palacio, cumplía con todas las expectativas de Haley quien estaba muy emocionada.

"No mires, no te acerques, no hables... solo intenta no hacer nada" Se decía Danielle a sí misma queriendo regresar a su casa.

*

Disclaimer: Muchas de las ideas expresadas en esta novela son algo controversiales, eso no significa que personalmente opine eso, simplemente es la forma de pensar del personaje.

Hola, muchas gracias por leer esto, debo de aclarar que el español es mi segundo idioma, entonces si hay algún error por favor no me peguen :(


Fuentes:

Portada

Uniforme

23 de Octubre de 2020 a las 13:43 0 Reporte Insertar Seguir historia
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