om-garcia1585107361 Om Garcia

No hay valor más importante en la vida del ser humano que la amistad. Una unión tan limpia, pura y desinteresada. Vanessa y Judith han sido amigas desde la secundaria, y siempre se han apoyado mutuamente. Acompañalas a vivir esta gran etapa, llena de sueños, esperanzas e inocencia. Ninguna de las dos imagina que es en este momento, en el cuál comenzarán cambios en su vida, que pueden llenarlas de alegría, pero también poner a prueba su amistad y dividirlas para siempre.


Romance No para niños menores de 13. © Indautor

#amor #mentiras #lealtad #amistad
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*De nuevo juntas*



Como todas las tardes, a la hora del receso, en la preparatoria “Herminia Valencia”: una escuela privada y de alto prestigio, todos los adolescentes, enfundados en uniformes escolares, desfilaban por todo el patio. En una banca metálica amplia, solita, estaba sentada Judith Espinoza, una joven de 15 años, cabello castaño claro, con una diadema en la cabeza; ojos negros, nariz mediana y labios pequeños; con una lonchera donde tenía fruta y otras cosas para comer. La niña estaba un poco triste. Volteaba hacia el fondo del patio, como buscando que alguien llegara. En un instante, esbozó una gran sonrisa, y corrió hasta la entrada. De un automóvil azul de modelo reciente bajó otra joven quinceañera, de cabello rubio y suelto, también uniformada, con ojos azules y labios gruesos; de rostro casi angelical. Ambas adolescentes se fundieron en un fuerte abrazo. Aquella niña era Vanessa Valtierra, su mejor amiga.


—Vane, ¡Por fin! —dijo Judith—. Creí que no ibas a venir.

—Ay, ¡Cómo crees Judi! —dijo Vanessa—. Yo te dije que iba a venir, y vine.


—Te extrañé mucho amiga. Aunque faltaste solo dos semanas a mí me parecieron siglos.

—Yo también te eché de menos. No sabes lo aburrida que he estado. Eso de enfermarse es una verdadera tortura. Pero bueno, no importa. Ya estoy bien, feliz de verte, y ansiosa de diversión.

Vanessa se había ausentado del colegio porque hacía unos días, visitando a unos familiares, se expuso a una fuerte lluvia, lo que le provocó un molesto resfriado, que le trajo síntomas como fiebre, y cuerpo cortado. Y para que no se agravara, tuvo que pasar 15 días allá, y faltar a la escuela. Por eso había perdido contacto con su amiga.


—Antes que empieces con tus "famosos planes", tienes que saber algo. Te tengo una malísima noticia —dijo Judith, dejando a Vanessa extrañada—: Resulta que has llegado en muy mal momento, porque justo hoy es el examen de Historia Universal.

—¡Qué! —contestó Vanessa—. No me digas eso, please. No entiendo ni papa de la materia y obvio, no estudié.


—Bueno, ¿Pero para qué somos las amigas? Eso se arregla muy fácilmente. Tengo una idea que no puede fallar.


Vanessa y Judith eran grandes amigas desde que cursaron juntas la secundaria. Se fueron conociendo, y dándose cuenta que tenían muchas cosas en común, comenzaron a convivir cada vez más, hasta hacerse entrañables. Prácticamente eran almas gemelas, aunque su carácter y posición social fueran diferentes. Judith era tímida, un poco callada, y tranquila; mientras que Vanessa era sociable, inquieta y le encantaba platicar. Y aunque Vanessa no era rica, tenía un nivel económico de clase media, mientras que Judith era de una clase un poco más baja.


Sonó la campana de inicio de clases otra vez, y todos los alumnos entraron a sus salones. La primera clase era Historia Universal: el famoso examen, pero Judith ya estaba preparada para apoyar en todo a su amiga. En la cuarta fila, por el centro, se sentó Judith; y justo detrás de ella Vanessa. La profesora comenzó a repartir las pruebas de preguntas y respuestas. Luego, se sentó en su escritorio, y cuando Vanessa vio que ya estaba distraída, cortó un trozo de hoja de su libreta y se lo pasó a su amiga, para que ella le anotara las respuestas de todas las preguntas. El examen estaba dividido en dos bloques, así que Judith dobló la hoja en dos partes: de un lado anotaba las respuestas del primer bloque y en el otro las del segundo, conforme se le iban ocurriendo. Pero de vez en cuando la Miss volteaba a verlas, y las chicas tenían que disimular. Hasta que una de ellas cometió un error, y fueron descubiertas. La maestra, al ver lo sospechosas que se estaban portando, decidió avanzar hacia donde estaban, y se quedó ahí por un momento. Judith no pudo alertar a Vanessa, que estaba entrada respondiendo el examen del acordeón de Judith. Entonces, sin voltear, estiró la mano para pasar la hoja, que fue tomada por la maestra, la cual reaccionó indignada:

—¡Pero vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí? —dijo la docente—. ¿Así que haciendo trampa en el examen, no?

Ambas jóvenes pusieron cara de sospechoso descubierto.

—Pero es que esto es el colmo. ¿A quién querían engañar? Les advertí claramente que no quería que copiaran en el examen. Las dos fuera del salón. ¡Están reprobadas!

La decisión de la maestra puso a ambas jóvenes preocupadas, y Vanessa se apresuró a decir:

—¡No Miss! Por fa, no nos repruebe a las dos. La culpa nada más es mía. Yo obligué a Judith a que se dejara copiar en el examen. A ella no la castigue, tiene media beca.

—No Vanessa. ¡Cállate! —replicó Judith—. La culpa la tengo yo. Yo soy quien copiaba, no le haga caso Profa.

—¡Basta ya! —gritó la profesora—. No me importa quien haya obligado a quien, las dos están castigadas. Debiste pensar en tu beca antes de portarte mal, Judith. ¡Sálganse de aquí en éste mismo momento!

Las dos jóvenes no tuvieron más remedio que obedecer, entregaron las pruebas, y salieron, en medio de las rechiflas de todo el salón.

—¡Silencio! —gritó una vez más la maestra—. Y Vanessa, la próxima vez que pienses en copiarle a tu compañera, hazlo bien, porque todas tus respuestas están volteadas.
Una vez más, el salón entero rió. Vanessa se golpeó la frente avergonzada.

—¡Me lleva! Agarré el papel al revés.

Enseguida se alejaron de la clase.


Más tarde, las jóvenes se encontraban en casa de Vanessa, específicamente en su cuarto: que estaba pintado de rosa claro, lleno de muñecos de peluche, y varias fotos de artistas famosos pegadas en la pared. Escuchaban música de moda, y comían palomitas y refresco. No parecía que estuvieran muy preocupadas por lo que momentos antes acababa de pasar.


—No sabes cómo me encanta ésta canción —dijo Judith—. Voy a subirle un poco, espero que no te enojes.


Enseguida la chica subió el volumen del aparato, y comenzó a bailar y cantar, mientras Vanessa le aplaudía.

—Estás loquísima amiga —dijo Vanessa—. Ah, por cierto, se me había olvidado. ¿Qué crees? Te traje un regalito.

Enseguida, sacó una bolsa de regalo, con papeles de colores y se la dio a Judi, quien la abrió ansiosamente.

—¿Te acuerdas de la peli romántica que vimos en el cine que tanto te gustó? —dijo Vanessa—. Pues ya salió en DVD, y tú tienes la exclusiva.

—¿En serio?, ¡Guau! —contestó Judith contentísima—. Cómo lloramos cuando vimos el final. ¡Gracias amiga!

—Pero sigue buscando. Porque aún hay más.

Judith metió su mano nuevamente, y sacó una cajita delgada negra.

—¡No, amiga no manches! —dijo Judith—. Un CD de mi grupo de pop favorito.

—Y tiene esa rola que tanto te gusta bailar. Y todavía queda una sorpresa más. —dijo Vanessa.

Por último, sacó un tubito rojo con un contorno plateado.

—¿Un lipstick? —preguntó extrañada Judith.

—Si Judi —contestó Vanessa—. Para que enseñes esos labios tan sensuales que la vida te dio. Mira, te los voy a pintar, y vas a ver lo hermosa que te vas a ver.


Enseguida, ambas jóvenes comenzaron a jugar, pintándose los labios, y repartiendo besos en el espejo, posando muy sexys. Luego sonó el teléfono celular de Vanessa. Lo sacó de su bolsa, y al ver la pantalla dijo:

—¡Es Robert!


—¡Uyuyuy! ¿Y ese quién es? —preguntó Judith.

Pero su amiga no pudo contestarle por tomar la llamada:

—¡Hola Robert! ¿Cómo estás?... ¡No! ¿En serio vas a venir?... ¡Qué buena onda!... ¡Ah, pero no vienes solo!, ¡No te preocupes, yo me encargo!, Sé de un lugar buenísimo. Te mando por mensaje la dirección. Sale Robert te quiero mil. ¡Besos!


Enseguida finalizó la llamada.

—Amiga, ¡Cuéntamelo todo! —dijo Judith con ansiedad—.

Entonces Vanessa procedió a contarle:

—Resulta, que en el tiempo que estuvimos lejos, conocí a un chavo cuerísimo, y nos hicimos novios.

—Pero va a venir, ¿Verdad? —dijo Judith—. ¿Cuándo me lo presentas?


—Hoy mismo amiga. Va a venir para irnos de antro. A propósito, viene acompañado de un primo suyo para salir los cuatro: Robert, su primo, tú y yo.

—¡Ay no Vane! Ya sabes que a mí casi no me gustan los antros. Además, anoche me desvelé viendo el maratón entero de la telenovela. Me siento muy cansada.

—¡Ay por fa Judi, no seas así! Robert me pidió especialmente, que fuera con alguien, para presentarle a su primo, no puedo quedarle mal. Ándale, hazlo por mí. ¿Sí?

Entonces Judith, no muy convencida, contestó:

—Bueno, sale. Pero sólo porque eres mi amiga. A ver si no me quedo dormida en medio de la pista.


Llegó la hora de la cita, Vanessa y Judith ya estaban a la entrada del antro, bajándose del auto de los padres de la primera. Vanessa estaba un poco pesada de maquillaje, lo que la hacía verse mayor. Traía un vestido exageradamente escotado, y diminuto, con una mezcla de colores estilo pavo real. En cambio, Judith tenía un maquillaje más discreto. Usaba una blusa de tirantes delgados, en tono amarillo pastel ceñida, pero no muy demostrativa; y una minifalda de mezclilla azul, que llegaba a sus rodillas, con cinturón, y botas en tono café claro. Caminaron hacia la entrada de aquella discoteca, llena de ruidos y luces apantallantes. Allí esperaron un momento, a que Robert, y su primo, llegaran por ellas. Después de breves minutos, llegó un automóvil lujoso en tono plata, donde se bajaron dos jóvenes de aproximadamente 20 años: uno vestía un moderno smoking negro, con playera azul claro sin cuello. Y el otro traía una camisa color ocre con bordados dorados, y un pantalón deslavado. Al advertir su llegada, Vanessa corrió hacia el joven del smoking, y se colgó de él con sus brazos.

—¡Robert, mi amor, por fin llegaste! —exclamó Vanessa.


—¡Claro preciosa! Ya habíamos quedado—dijo Robert—. A ver, déjame verte...

Entonces, Robert se hizo hacia atrás, para ver mejor a Vanessa. Luego, exclamó:

—¡Mi cielo, te ves bellísima! Aunque ese vestido está muy destapadito. Creo que no voy a poder dejarte sola ni un solo momento, porque me voy a poner muy celoso.

—¡Ay cariño, qué cosas dices! —exclamó sonriente Vanessa.


Robert tenía cabello claro, peinado de una forma muy juvenil, piel apiñonada, y ojos grises. El otro joven usaba lentes de armazón negro, sus ojos y su cabello también eran negros, y su piel era clara. Enseguida, el primo de Robert se acercó a Judith, quien lo miró, con cara de angustia. ¡El tipo se veía tan nerdazo! Lo que la pobre chica tenía que hacer con tal de no perder la amistad de Vanessa.

—¡Hola! —dijo el tipo con voz de lelo—. Tú debes ser Judith. Eres más bella de lo que imaginé.


—Gracias —dijo Judith con cortesía y desencanto.


Entonces, Vanessa procedió:

—¡Ay qué burra! No los he presentado. Judith, él es Robert, mi novio. Judith, Robert; Robert, Judith.

—¡Hola! —dijo contenta Judith—. ¡Qué guardadito se lo tenían!

—Pues ya ves —contestó sonriente Robert—. Yo voy a presentarles a mi primo, Jonás. A ti cariño, porque creó que él, y Judith, ya se conocieron.

Entonces, Jonás se acercó a Judith, y la saludó, agitando su mano una y otra vez, sin soltarla.

—¡Mucho gusto! ¡Mucho gusto!

Vanessa quiso acercarse a saludarlo, pero al ver la escena, mejor se regresó a su lugar. Judith la veía con cara de apuración, y Vanessa le hacía señas de "¡Ni modo!". Después de la presentación, los jóvenes entraron al antro, y buscaron un lugar donde sentarse.

Tiempo después, ya se encontraban charlando divertidísimos, mientras reían a la par.

—Entonces, la maestra terminó reprobándonos, y nos sacó del salón. Todos se dieron cuenta, no saben, ¡Qué oso! —decía Vanessa.

En ese momento Jonás se volteó hacia Judith y le dijo:

—¡Pero cómo, chiquita! No me digas que reprobaste Historia Universal. Me hubieras buscado. Yo podía darte unas clasecitas.


El muy lanzado intentó abrazarla, ella se hizo a un lado, y le dijo:

—¿No oyes que la que no había estudiado era Vanessa? Y no me digas chiquita.

Pero el tipo, poco caso le hizo.

Enseguida, empezaron a sonar las mejores melodías en el antro.

—¡Ay Robert! Me muero de ganas de bailar. ¿Vamos? —dijo Vanessa.

—Seguro —dijo Robert.

Ambos se levantaron de la mesa.


—¿Vamos amiga? —dijo Vanessa.

—No —dijo Judith—. Yo mejor me quedo aquí.


Sólo le bastaba ver la cara de la persona con la que tendría que bailar, para que Judith prefiriera quedarse sentada. Enseguida tuvo que aguantar la "agradable compañía" de aquél chico.


—En serio mi reina —dijo Jonás—. No hay razón para reprobar Historia. Yo soy un experto en la materia, y te puedo enseñar cuando quieras.

—¡Ya te dije que yo no iba a reprobar Historia! —contestó molesta Judith—. Esas clases mejor dáselas a Vanessa, ¡Ella es la que no sabe!

Jonás ya no dijo nada y Judith se quedó contemplando la pista. En el fondo, tenía ganas de bailar. Se estaba aburriendo. Entonces, decidió invitar a bailar a Jonás, sin darse cuenta que cometería un error.

—Bueno... —dijo Judith seria —. ¿Tú no bailas?

—No, yo no bailo —contestó Jonás—. Y tú tampoco. Cuando bailas, se sacude el cerebro, se salen todos tus conocimientos, y te vuelves tonto.

—¿Seguro que tú no has bailado? —dijo Judith casi riéndose.

Pero, como si no hubiera escuchado el comentario de Judith, Jonás continuó de necio con lo mismo:

—¡Ah claro! Eso explica el por qué reprobaste Historia. Por pasarte la vida bailando.


—Ya te dije que la que no había estudiado era Vanessa. —contestó Judith, harta de la situación.


—Mmm... me parece que las clases de Historia deben comenzar ahora mismo. La Historia Universal se llama así, porque habla del pasado en todo el mundo. Arido América, Meso América, Mesopotamia, La Edad Media, Adolfo Hitler, Mi jai Gorbachov...

Así, Jonás siguió dándole una explicación larga, y aburrida, a Judith, sobre la materia de Historia Universal.

En ese instante, Robert y Vanessa bailaban sin parar. De vez en cuando volteaban a ver la embarazosa escena de la mesa.

—Mira nada más Vane —dijo Robert—. No han pasado ni dos horas, y mi primo ya cautivó a tu amiga Judith. Mira la conversación tan amena que están sosteniendo.

—¡Ay Robert, pobre de mi amiga! —dijo Vanessa—. Se nota que la está aburriendo. ¡Cómo eres mi amor, sólo a ti se te ocurre venir con el tipo más aburrido de la historia!

Entonces Vanessa le dio un fuerte codazo a su novio, y él lanzó una gran carcajada. Los enamorados estaban cansados de tanto bailar, así que decidieron encaminarse a la mesa, donde sus amigos estaban, para descansar. Pero antes de llegar, Robert le hizo una pregunta a Vanessa:


—¿Oye Vanessa, y Judith ya sabe qué...?

—No. No sabe —dijo Vanessa—. Pero no te preocupes. Judith es mi amiga. Sabrá ser discreta.

Ya al llegar a la mesa, Vanessa dijo:

—¡Pero mira nada más qué divertidos se ven! Les ha sentado de maravilla quedarse solos, ¿Verdad?

Con un tono de aburrimiento evidente, Judith respondió:

—Me conformo con qué tú estés contenta, amiga.

—Deberíamos repetir ésta salida otro día, ¿No creen? —dijo Robert.

En ese momento, el celular de Robert comenzó a sonar:


—Permítanme un momento... ¿Bueno?

Entonces, retiró su celular de la oreja, tapó la bocina, y se puso de pie, para salir del antro.

—Perdón. ¿Eh? No me tardo.

Enseguida, salió a contestar.


Judith había quedado tan harta de Jonás, que ya ni siquiera tenía ánimos de sostener conversación con su amiga. La mesa de los chicos había quedado en total silencio. Hasta que Vanessa tomó la bandeja de los hielos, para colocar algunos a su vaso. Entonces ella preguntó:

—¿Alguien quiere hielo?


—¡Yo amiga, por fa! —dijo Judith.

Pero antes que la chica pudiera servirse, y refrescarse un poco, Jonás se levantó de golpe, y se abalanzó sobre ella, para quitarle las pinzas, y entonces dijo:

—¡Espérate chiquita! Yo te sirvo.

Pero el muy bruto no se fijó, y con el codo empujó la bebida de Judith, tirándosela encima.

—¡Aaaah! —exclamó Judith.

Por si fuera poco, el tipo se lavó las manos, culpando a Judith:

—¡Perdón! No quería mojarte, pero es que te moviste —dijo Jonás.

—¡Ay amiga! ¡Mira cómo quedaste! —dijo Vanessa—. Te recomiendo que vayas al baño a secarte. Voy a pedir que nos cambien el mantel.


—Si Vanessa. Tienes razón. —dijo Judith ya muy molesta.

Enseguida se marchó. Luego, llegó un mesero a cambiar el mantel.




Judith estaba que trinaba de coraje. Había tenido que soportar durante toda la noche al imbécil de Jonás, sus pláticas aburridas, y su torpeza para hacer las cosas, sólo por apoyar a Vanessa con su novio; y a ella parecía no importarle, casi sentía que se estaba burlando de ella. Luego de secarse en el baño estaba tan molesta. No podía volver así con los muchachos, por lo tanto, decidió salir un momento a los exteriores, para tomar un poco de aire. Se repetía a sí misma una y otra vez, para tratar de calmarse:

—¡Tranquila Judith, tranquila, serénate!


Enseguida, comenzó a escuchar una voz masculina que le resultaba conocida. Entonces, se acercó, para ver quién era:

—¡Es Robert! —dijo Judith.


El coraje que pasó, la había hecho olvidar que salió para conversar por teléfono. Una vez cerca, alcanzó a escuchar parte de aquella conversación:

—Sí mi amor —decía Robert—. Yo también hubiera querido estar contigo, pero ya ves. Me surgió una salida de emergencia. Ya sabes cómo es esto del trabajo.


Esa sola frase provocó el impacto total de Judith y pensó:

—"¡No puede ser! ¡Robert engaña a mi amiga con otra mujer!"

Pero aún le faltaba algo más por descubrir:

—Por supuesto que te amo, Roxana. Te amo desde qué te conocí. Te lo dije desde que nos convertimos en marido y mujer.

Si la primera parte de la plática había resultado impactante, la segunda la dejó prácticamente helada:

—"¡Y por si fuera poco, está casado con ella! ¡Vanessa está enamorada, de un hombre casado!"

¿Qué decisión tomará Judith? ¿Encarará a Robert para reclamarle su engaño? ¿Por lealtad hablará claro con su amiga? ¿O callará con tal de no verla sufrir?

27 de Octubre de 2020 a las 20:41 2 Reporte Insertar Seguir historia
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JYD ANDERSON JYD ANDERSON
¡Hola!, me ha gustado esta nueva historia, es muy fluida y me ha encantado el final de este capítulo, dejando expectante a los lectores, ¡Saludos!

  • Om Garcia Om Garcia
    ¡Hola! Muchas gracias. Tú comentario es muy valioso. Y si, he tratado de generar este suspenso leve para encarar un dilema que más de uno ha tenido. Sigue leyendo y te sorprenderá el camino que tomará está situación. 3 weeks ago
~

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