robercaballero Roberto Caballero Cubero

Veinte personas parten hacia esa ciudad sin límites, la utopía White Cloud. White Cloud es ese lugar, donde las almas que no descansan en paz luchan por conseguirlo. La gente que se embarca en este viaje recuerda lo indispensable de su vida, y sólo tienen esa amarga sensación qué no les deja en ningún momento. Los jueces son los que determinan si el alma de la gente permanecerá atrapada, o podrá salir de ese cautiverio libre. La lucha en este lugar ha dejado de tener sentido, pero rara vez hay gente que quiere afrontar su realidad, quizás una persona por cada millón. El tren está a punto de llegar, y lo que es un juego para los dioses, se puede convertir en una tortura para las almas de los mortales.


Fantasía Fantasía oscura No para niños menores de 13. © © Roberto Caballero Cubero, 2020

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Prólogo

Prólogo

La vida siempre ha sido un misterio para los vivos, pero hay una cosa clara dentro de toda esta nube de polvo; las promesas como fuente de esperanza propia y ajena.

A partir de estas palabras construimos todo lo que tenemos, a veces lloramos por no conseguir lo que queremos, otras reímos por conseguir un pequeño objetivo dentro de nuestro límite y viceversa.

El problema llega cuando no las podemos cumplir a lo largo de nuestra vida.

La gente de nuestro alrededor llora nuestra muerte, pero nosotros reímos dentro de la oscuridad sabiendo que no tenemos ninguna carga pendiente. La única incógnita es el juicio que nos espera después de nuestros actos.

Cada cierto tiempo reúno a un grupo limitado de personas, y mi misión es llevarlos a la ciudad-utopía de White Cloud. En este lugar no existe ninguna distinción, la edad no importa, ya que niños y adultos prometen cosas por igual, que antes de su muerte no pueden cumplir; estas promesas no son necesariamente hacia otra gente.

No tendrán recuerdos excepto los indispensables, así el juicio podrá ser más justo.

El viaje comenzará pronto, esta ronda es muy interesante porque viene cargado de dolor, lágrimas, amor, odio, codicia, lujuria, y mucho más. Los jueces no tienen ninguna motivación, no sienten nada porque su función es ser ajenos a todo, sólo esperan que White Cloud sea un lugar suficientemente feliz para absorber las almas de sus visitantes, y estás se queden ahí en un cautiverio libre. Ya hay diecinueve personas, y ahí viene el número veinte.

Aún se está resistiendo, pero sabe que no podrá salir de ahí. Su cuerpo está completamente destrozado, pero no tiene ningún rasguño externo; no respira, pero no porque no pueda, el motivo es que su cuerpo ha dejado de luchar.

El agua de su alrededor se está tiñendo de ese color rojizo que demuestra que su mente se ha destruido, por lo tanto, el único camino que le queda a la sangre es huir de su cuerpo.

Su pelo azabache se está humedeciendo, y su nariz está a punto de tocar el agua.

Los párpados ocultan sus ojos azules, pero no porque el alma haya abandonado su cuerpo, la razón de esto es que él lo sabe.

Su promesa lo ha abandonado, esto no es lo común, pero su alma llenará de satisfacción a los jueces, que sin dudarlo harán todo lo posible para que White Cloud sea su descanso eterno.

Ahí está su última respiración.

Sois lo más importante, os quiero.

Lo decía mirando a una foto manchada de ese líquido viscoso, que surgía de la mezcla entre las lágrimas, huyendo de la soledad de su cuerpo, y de la sangre.

La luz de William Kerr se ha apagado.

Su promesa se ha ido hacía White Cloud con él.

Su realidad se ha hundido en el agua, que está turbia por sus fluidos.

Se despertará y no sabrá nada.

Él pensará que está en un viaje solitario para descansar un tiempo. Tendrá todos los lujos en su mano. Sirvientes que sólo le escucharán. Todos los placeres que él desee.

No sé si William será una excepción, pero nadie ha luchado por su realidad. La gente que viene a White Cloud nunca quiere salir, porque saben que su vida sólo ha sido dolor, aunque siempre hay alguien que acepta ese dolor. Por cada millón de personas, quizás una o dos, luchan por volver al lugar de dónde provienen.

Ya están todos en el tren.

Un tren que vaga por un túnel eterno. No sé sabe exactamente si su recorrido es lineal o circular. No hace ningún ruido, y tampoco emite ningún tipo de humo. El único sonido que se puede escuchar es la respiración calmada de los pasajeros, quizás alguna tos involuntaria para sentir que su voz y su oído siguen funcionando.

Aunque, ahí está la primera pregunta que me han hecho en mucho tiempo. Y tenía que ser él, William Kerr.

Perdone, ¿Dónde vamos?

En el tren se empieza a escuchar muchos murmullos. Todo comienza, y puede ser que los jueces rompan su calma pronto.

Vamos al lugar que habéis deseado siempre dijo un revisor.

¿Cómo se llama? contestó William.

White Cloud.

26 de Octubre de 2020 a las 16:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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