minamurray7 Mina Murray

Boruto es un chico de 18 años que vive un amor imposible de concretar. Ama profundamente a su padre, Naruto, y sufre los prejuicios de una sociedad que si llegase a descubrir esos prohibitivos sentimientos los castigaría de la peor manera. En su desesperacion por viivir ese incestuoso amor aunque más no sea una vez intentará pasar todo límite. ¿Tendrá la fuerza necesaria para soportar la oscuridad de una relacion condenada por los principios de la sociedad?


LGBT+ Sólo para mayores de 18.

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TE AMO

"No tenemos que esperar toda la noche para saber si realmente esto es amor...puedo sentirte en mi sangre. Solo quiero que nos amemos, vivir como si se nos agotara el tiempo. No tengo ningún tipo de vergüenza de lo que siento, solo falta que te liberes tú". Cerré con fuerza la puerta de su consultorio produciendo un ruido seco al hacerlo, ví cómo la secretaría se sobresaltó a causa de ello y caminé atravesando rápidamente toda la sala de espera donde más de uno me mirón con mala cara pero yo simplemente les ignoré. Solo me importa irme, ya no quería pasar un minuto más aquí. Si hay algo horrible en esta vida es el hecho de tener que asistir a un innecesario lugar por mera obligación de tus padres. En mi caso, de mi padre. Su nombre es Naruto Uzumaki y para mí absoluta desgracia estoy perdida e irremediablemente enamorado de él desde hace años. Claro, como todo niño inocente, al principio no sabía que se trataba de amor ya que más bien lo relacionaba con un fuerte sentimiento de admiración o algo parecido. Pero a eso de los 13 años, cuando tuve aquel peculiar sueño donde lo besaba y él me correspondía de una manera tan sublime que de solo recordarlo se me eriza cada poro de la piel, comprendí que era más que eso. Fue cuando dejé de verlo como un padre y empecé a mirarlo como un hombre que me gustaba demasiado. Más bien que amaba mucho (y aún lo hago para mí desgracia) Si, él es la única persona que me ha interesado desde que empecé a involucrarme en temas amorosos, nadie ha logrado llamar realmente mi atención. Solo él. Solo lo quiero a él. Y como todo un idiota un día se me corrió confesarle mis sentimientos. Cómo era de esperarse al principio se sorprendió, recuerdo que se puso tan blanco como un papel, y luego entró en una especie de negación donde solo me repetía que me estaba confundiendo, que yo no podía sentir en serio esas cosas por él. Pero yo le aseguraba a más no poder que efectivamente lo amaba. Y cuando cayó en la cuenta que yo efectivamente comprendía la diferencia entre amor y fascinación o admiración se enojó conmigo. Como si yo fuese el culpable, como si lo hiciera a propósito, como si tuviese la culpa de amarlo y pudiese ordenar a mi corazón qué sentir y por quién. Me obligó a asistir a terapia desde entonces. Ja, es un idiota por creer que eso puede cambiar las cosas. Sin embargo lo entiendo. Poniéndome en su lugar sé lo difícil que debe ser que tu propio hijo te confiese su amor. Tal vez yo me hubiera puesto de la misma manera. Debe ser problemático. En fin, lo cierto es que desde entonces nuestra supuestamente "inquebrantable" relación de padre e hijo, donde nos divertíamos y compartíamos tantos momentos juntos se había ido al demonio en el momento en que decidí decirle que lo amaba. Maldigo ese día con toda mi alma. Y a pesar de ya haber pasado unos cuantos años desde aquella confesión, apenas nos hablamos con suerte nos miramos y el tiempo que pasamos juntos es sumamente limitado. Todo cambió entre nosotros. Ambos cambiamos, yo ya no sonrío cuando está él presente ni tampoco me esfuerzo por comportarme como un buen hijo. No me interesa fingir que nada pasa, no me sale hacerlo. Por ende, ante el enojo y la frustración que me da todo esto simplemente lo trato mal, le gritó o lo ignoro. Me da bronca que mi amor por él sea algo incorrecto, y es así que él termina pagando por toda esa culpa y enojo que siento. Juro que no soy así, de hecho con el resto de las personas me muestro muy alegre y lleno de vida pero con mi padre es todo lo contrario. Es como si me transformara en alguien totalmente distinto, no puedo evitarlo. Quizás se mi madre aún estuviese viva las cosas serían muy diferentes. O tal vez no, no lo sé. Al principio, mi padre decía que mi confusión con respecto a mis sentimientos se debía a lo afectado que debió haberme dejado su muerte tras haber sufrido aquel accidente automovilístico cuando yo tal solo tenía 9 años. Pero no, yo podía asegurar que ella no tenía nada que ver en esto. Ya había pasado bastante tiempo desde su fallecimiento y a pesar de que aún me duele su ausencia y la extrañe demasiado, al momento de decirle a mi padre cuanto lo amaba yo ya había superado aquel tema de mi madre, al menos no había sufrido ningún trauma psicológico en particular para ser un niño que se había quedado sin su mamá. Comprendí que esas cosas pasan, que nadie la culpa de lo sucedido más que el destino mismo y que debía aprender a vivir con ello. Siempre dijeron que era un niño más inteligente que lo normal, supongo que a eso se debió mi actitud. Así que no podía tratarse de eso, es algo de lo que mi padre intentaba convencerse para justificar que su hijo lejos estaba de ser normal. En fin, al parecer ni los años ni ningún terapeuta va a cambiar lo que siento por él. Lo siento pero es así. Y lo tengo más que asumido, seguramente viviré siendo soltero toda mi vida, al menos hoy en día lo siento así, porque mal que me pese él no me va a mirar con otros ojos. Para él soy su hijo y ya, sin discusiones ni excepciones. Así que sí, mi vida amorosa es y será un asco. Cuando finalmente salí del edificio donde me atiendo desde hace años, reconocí el auto de mi padre estacionado justo al frente. Esperándome como acostumbraba a hacer cada vez que pasaba a buscarme. Generalmente luego de salir de terapia de la escuela, suelo regresar a casa solo, pero hay excepciones como la de hoy en las que parece que se le olvida que nos llevamos terriblemente mal y pasa por mí. Intuyo que su generosidad y atención se debe a que mañana es mi cumpleaños número 18 y quiere hacer "buena letra" conmigo. Algo así como una tregua momentánea para, una vez pasado ese día, volver a nuestra rutina de la "ley del hielo" donde ni siquiera parecemos ser familiares por la distancia que hay entre nosotros. Suspiré a la vez que me pasaba la mano por la cabeza y luego me acomodé la mochila sobre el hombro para finalmente caminar hasta su auto. Ahora tengo todo un viaje incómodo que soportar hasta llegar a casa. De pronto sentí la enorme necesidad de tomar un cigarrillo y fumar pero sé muy bien qué a mi padre no le gusta que lo haga y la verdad lo que menos quiero ahora es tener que lidiar con una discusión. - Hola hijo - me saludó una vez que tomé siento a su lado tras apoyar entre mis pies - ¿Cómo te ha ido hoy? - Hola - tomé el cinturón de seguridad y me lo coloqué, sin mirarlo un solo momento desde que ingresé al auto - Pues bien, que se yo... Mierda. En verdad es muy difícil fingir que no me emocionaba tenerlo tan cerca, compartiendo un mismo espacio conmigo, embriagandome con su dulce aroma natural, sin poder mirarle a los ojos y decirle lo mucho que me gustaba y deseaba perderme en su turquesina mirada. Realmente es terrible y muy...muy desesperante. - ¿Está todo bien? - inquirió queriendo sonar como un padre preocupado, aunque yo bien sabía que estaba tratando de esforzarse para charlar conmigo por lo de hacer una excepción por ésta vez - Si - respondí tajante rodando los ojos y acomodandome mejor el asiento - Pero vámonos de una vez por todas, estoy cansado. - Claro - musitó. Podía sentir su mirada sobre mí pero me rehúsaba a mirarlo, sé cuánto adoro sus ojos y lo débil que soy frente a ellos. Lo menor es esquivar cualquier contacto visual, solo así puedo mantener mi fachada de chico enojado para evitar que note cuanto me muero de amor por él. Durante el trayecto a casa no emitimos palabra alguna. Silencio total. Nuestra relación se mantuvo como acostumbrabamos, fría y distante. Y duele, por supuesto que duele. Créanme que me parte el alma que estemos así. Pero ¿Qué puedo hacer? No puedo comportarme como si fuera su hijo (aunque biológicamente lo sea) y si únicamente me queda actuar de ésta forma considerando que no puedo tener su amor... De pronto escucho que suspira con pesadez mientras mantiene la mirada fija en el camino. Lo miró disimuladamente de soslayo, pienso en lo que podría estar pasando por su mente, tal vez esté pensando en algún suceso que haya ocurrido en su trabajo y luego me centro en su hermoso perfil, el cual conocia muy bien. Mi papá es tan perfecto, tan armónico, todo él se me hace increíblemente maravilloso. Y si bien ya lo había visto miles de veces, cada vez que su atractivo me atrapa es como si volviera a descubrirlo...es una locura total. ¡Lo amo tanto! Tardamos alrededor de media hora en llegar, aunque a mí me pareció un siglo. Cuando ingresamos a casa, me dirigí hacia las escaleras que estaban situadas justo frente a la puerta de entrada de forma automática, y me fuí en silencio hasta mi habitación. Tras cerrar la puerta caminé hasta la cama dejando caer mi mochila al suelo y me lance boca abajo sobre el colchón. Abracé la almohada y ahogué un gemido de tristeza en ella, me sentía especialmente mal en el día de hoy. No sé si se debía al hecho de haber tenido una sesión bastante emotiva con mi terapeuta (justamente hablamos de las relaciones amorosas y demás) o por la revolución interna que me genera el cumplir la mayoría de edad el día de mañana. No lo sé, en mi cabeza tengo muchas preguntas, dudas e inquietudes existenciales y realmente no sé cómo sobrellevarlas. Creo que estoy desbordado por todo esto. Me hace sentir solo de cierta forma, aunque sepa que tengo mi grupo de amigos que me apoyan en lo que sea (claro que ninguno está al tanto del incestuoso amor hacia mi progenitor). Me acomodé de costado y me hice bolita abrazándome a mis rodillas, realmente quería llorar. Podía sentir mis ojos humedecidos, queriendo liberar toda esa angustia atorada en mi garganta, quemándome por dentro. Tal vez debería hacerle caso a.mi psicólogo y comenzar a fijarme de una vez por todas en algunos de mis compañeros o compañeras como Sarasa quién es mi mejor amiga desde la infancia. Ella es una linda chica aunque su carácter la convierte en alguien realmente odiosa, una sabelotodo y una engreída, no sé no me convence mucho. Además hay un factor, no poco importante, y es que ella parece que está enamorada platónicamente de mi padre (y aunque nunca lo diga de frente, es muy obvio) ¡Vaya coincidencia de mierda! Eso es lo que más me hace enfadar cuando estoy con ella, porque se pasa hablándome de él y de lo genial que es. O sea...me repite lo que yo claramente sé. Continuando por otro lado está Mituski, mi mejor amigo a quien siempre califiqué como un chico misterioso y atractivo. Y siendo sincero es el único que logró captar mi atención lo suficiente como para creer que por un momento había dejado de sentir cosas por mi tonto padre. Pero con el correr de los días me di cuenta que solo fue un interés pasajero y que al único que deseo tener es al viejo. Admito que besarme con Mitsuki fue algo muy lindo pero al momento de hacerlo solo pensaba que eran los labios de mi padre los que saboreaba. Fue en ese momento cuando me di cuenta que no debía seguir involucrandome con él de esa manera, no era justo para Mitsuki. Si él se llamaba a enamorar solo estaría dañandolo . Y sé perfectamente lo que es sufrir por amor, no quiero que un amigo pase por eso. Luego está Shikadai, otro amigo muy querido de la infancia el cual me parece interesante e inteligente además de lindo. Pero hay un problema, él está enamorado secretamente de alguien más. Su corazón tiene dueño y no quiero interferir en eso solo deseo que él y quien sea al que ame puedan estar juntos algún día. Me desvivo diciendole a Shikadai que se anime a confesar su amor a quien ocupa su corazón pero es muy vergonzoso y tilda al amor como algo fastidioso. Por lo tanto aún lo deja pendiente. Fruncí el ceño y me abrace más a mis piernas. Me obligue a poner mi mente en blanco un momento, seguramente necesitaba dormir un poco, eso es todo. Solo un momento de paz en mi descontrolada vida me vendría de maravilla. Necesito olvidarme de todo unos minutos...por favor, un poco de paz. Un par de golpes en la puerta de mi habitación me hicieron abrir los ojos devolviéndome repentinamente a la realidad. Me había quedado dormido, enseguida pude sentir que la puerta se abrió a mi espalda a pesar de no haber dado permiso a nadie para pasar, sabiendo que se trataba de mi padre ya que solo vivimos él y yo en la casa. Escucho sus pasos acercándose hacia mi cama y aprieto los párpados fingiendo dormir. - Boruto - musitó con voz serena avisandome que estaba a pocos pasos de mí - Voy a pedir comida para la cena, olvidé ir de compras - continuó aunque no supiera si le escuchaba o no - ¿Hay algo que quieras en particular? Permanecí en silencio, no deseaba responderle. De todas formas no tenia hambre o más bien no quería compartir la cena con él. Lo bueno es que la mayor parte de la semana mi padre llega tan tarde a casa a causa de sus largas horas de trabajo que yo ya cené y demás, zafando así de tener que verle la cara en ese momento de encuentro "familiar" donde se suelen compartir anécdotas del día. Pero al parecer hoy no correría la misma suerte. - Hijo - Insistió "maldita palabra" - ¿Me oís? - lo odio, por alguna razón se dió cuenta de que no estaba dormido. Debo ser un pésimo actor o quizas me conoce tan bien que sabe cuándo estoy fingiendo - Pide lo que quieras, me dá igual - solté al final con fastidio soltando mis piernas para abrazar mi almohada y ocultar mi rostro allí, quería tapar mi ansiedad por tenerlo en mi habitación. - Bien - susurró. Y creí que se iría pero enseguida sentí un peso a mi lado dándome a entender que se había sentado al borde de la cama. Mi corazón comenzó a latir a mil, mi respiración se volvió un tanto errática y mi cuerpo se estremeció al caer en la cuenta de que él estaba a unos cuántos centímetros de mí aunque no pudiera verle. - Oye dime ¿Pensaste que te gustaría recibir para tu cumpleaños? - preguntó con alegría pero para mí no era real sino fingida mientras ponía una mano sobre mi cintura haciendome estremecer al instante. "Solo quiero un beso tuyo papá". Pensé. Al parecer solo deseo lo que no puedo tener. - No lo sé, cualquier cosa estará bien. De todas formas no hace falta que me des nada - respondí entonces removiendome un poco, queriendo que quitase su mano de mi cintura pero no solo no lo hizo sino que empezó a moverla un poco como si intentase darme una especie de masajes. Eso logró estremecerme aún más.. "Dios, si supieras lo que me haces papá". Pensé con cierta desesperación. - Por favor Boruto, intentemos mejorar nuestra relación - tengo muy en claro que no se refiere al tipo de relación que deseo tener con él. - Solo dime qué tengo que hacer para que volvamos a tratarnos como antes. Sabes que te quiero demasiado y no me gusta tener que soportar ésta muralla que existe entre nosotros. - soltó aquello tomándome por los hombros para girarme y así poder verme directamente a los ojos - Habla conmigo...por favor...por favor... Entonces tras reincorporarme llevé mi vista hacia mi padre sintiendo el peso de su mirada cuando sus turquesinos ojos se encontraron con los míos traspasandome con gran intensidad. Dios mío, muero por él. Pero no puedo hablarle, no puedo decirle todo lo que estoy pensando ya que sé cómo va a reaccionar. Ya lo he visto antes, cuando me confesé la primera vez hace cinco años atrás ¿Por qué sería distinto ésta vez? - Intenta ser sincero conmigo, arreglemos toda esta situación - volvió a hablar mirándome esperanzado. De verdad parecía querer solucionar todo. Y yo solo tenía una cosa para decir (o hacer) ante su reclamo de sinceridad. Entonces temeroso me acomodé cerca suyo sentandome sobre mis talones, tocándole el costado de su cadera con mis rodillas y me fuí acercándo más a él con el fin de acortar la distancia entre nuestros labios, sus ojos aún fijos en los míos y su respiración comenzando a agitarse con cada centímetro que desaparecía entre nosotros. Y entonces - Espera Boruto - jadeó ansioso poniendo sus manos sobre mi pecho para evitar que siguiera acercandome. Fue ahí cuando lo supe una vez más. Comfirmé lo que supuse que pasaria, me estaba rechazando. Y dolía tanto como aquella vez... Mis ojos se humedecieron y comencé a llorar, era más de lo que podía soportar. Las emociones a flor de piel, demasiado remordimiento y miedo repentino. Aún así moría por probar sus labios, aunque sea una vez en la vida, de todas formas su negativa ya la tenía ¿Qué más podía perder? Además no puedo apartarme ahora que lo tengo tan cerca. Así que tras juntar valor lo tome de las mineras para apartarlas de mi pecho y a su vez jalarlo más hacia mí pero aún sin tocar sus labios. - ¿Quieres que sea sincero contigo? - un breve silencio se formó pero enseguida con lágrimas deslizándose por mis mejillas confesé nuevamente - Te amo papá Él abrió los ojos ante la sorpresa tras entender el sentido de ese "te amo" quedando en total mutismo sin poder emitir palabra alguna. Aunque sí estaba hablándome de cierta manera, por su mirada repleta de frustración me reafirmaba que entre nosotros no va a haber nada jamás y eso volvía a partir mi corazón en dos. Pero esta vez no me quedaría sin arreglarlo todo. Así que lo tomé del rostro y sin pensarlo posé mis labios sobre los suyos, un delicado roce y todo mi mundo se desestabilizó por completo. Y sorpresivamente por la forma en que él presionó un poco más su boca contra la mía sin mostrar signos de querer alejarse de mí, supe que muy en el fondo mi padre comenzaba a dudar de sí mismo por primera vez en su vida.

22 de Octubre de 2020 a las 23:05 0 Reporte Insertar Seguir historia
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