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Para mantener a su padre hospitalizado, Dorian necesitaba mucho dinero; o un milagro. Incapaz de mantener sus trabajos de medio tiempo y su propia vida al corriente, deposita su última esperanza en la boleta de participación para la copa Among US. Sin ser consciente que algo oscuro y peligroso gira entorno a ella. Dorian se verá envuelto en un círculo de mentiras y su vía se escape es desconfiar de todos, a excepción de Corey. Quién de forma voluntaria lo sigue a todas partes. Portada ilustrada por @strawmarii_arts


LGBT+ Todo público.

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Capítulo 1

La mañana en la que Dorian tomaría aquella importante decisión, despertó en un ambiente invernal poco regular. Durante la noche, fuertes vientos deslizaron grandes nubarrones que tiñeron de color gris todo el cielo, mientras que las hojas de las palmeras eran azotadas de un lado a otro produciendo un sonido similar a espadas.

Dorian terminó de cerrar su apartamento y se subió lo más que pudo la cremallera del suéter, maldiciendo su mala suerte por no ir más abrigado apenas la brisa abrazó la poca calidez que emitía su delgado cuerpo. Al no poder darse el lujo de perder más tiempo, se encorvó y empezó a caminar hacia la parada de autobuses.


Cada año había días inesperados con mañanas como esas, que prometían nubes grises y lluvia a cántaros por largas horas. En su vecindario, quienes se quedaban abrigados fuera de sus casas sentados si hacer gran cosa; salvo ver pasar a la gente, se quejaban del viento. Sin pensar que en verano tenían cerveza y se quejaban del calor.


‘’Solo será por hoy, tal vez hasta mañana’’ —Pensó Dorian, caminando con prisa para tomar los primeros lugares en la fila. — ‘’Luego volverá a hacer un calor terrible como siempre’’—Revisó su cartera, sopesando cuánto dinero llevaba y si se podía permitir al menos un café caliente. La respuesta fue positiva, al menos por ese día de la semana.


Dorian iba por la vida con los centavos contados. Las circunstancias lo habían privado de los ingredientes necesarios para llevar una vida alegre, sin pensar demasiado en que sería de él en un futuro cercano. Un terrible accidente laboral había separado a su padre del mundo exterior, trayendo como consecuencia su propia madurez de golpe. Sus amigos de la universidad habían tomado diferentes caminos, durante un tiempo intentaron incluirlo en las fiestas o reuniones en general; sin embargo, estas invitaciones dejaron de llegar muy pronto.


Las facturas médicas seguían acumulándose y no podía simplemente dejar que su padre muriera por ello. Así que se armó de diversos trabajos temporales para ir pagando y a su vez, llevar el alimento para los dos. Su madre se había ido al exterior por trabajo y siete años después aún no regresaba, habían perdido el contacto con ella al segundo año.


Tal vez había asumido muchas responsabilidades, pero Dorian no se quejaba por ello. En realidad, pensaba que de no haberlo hecho, el camino de las drogas y el alcohol era una opción bastante viable. No obstante las cosas se habían desarrollado muy diferentes, también lo ayudaba tener tanta determinación.


Al momento de abordar, escogió un puesto cerca de la ventana solo para despejar sus pensamientos. Se puso los audífonos y durante hora y media de camino, se entretuvo escuchando un álbum musical de coldplay, también contando cuantos locales de comida había en la avenida. Al menos era mejor que centrar su atención en las miradas que recibía su cabello. Bueno mierda, su cabello era hermoso y rosado. Hacía tiempo había dejado de importarle los comentarios de las personas por intentar según ellos: ser único y diferente. La verdad sea dicha que era su maldito color favorito y se había comprado tantos tintes pudiera aplicarse en dos años seguidos. No se arrepentía de nada.


Al llegar al hospital fue recibido por Laura y la lluvia torrencial; que por los cinco minutos que le tomó caminar hasta la entrada, lo empapó como si de estar una hora completa bajo esta se tratara. La mujer se había convertido en su amiga y tras conocer la historia de su vida cotidiana, se había encargado de la atención de su padre por cuenta propia. Era muy amable y servicial, aunque como hoy, estaba dispuesta a ofrecer regaños a diestra y siniestra.


—¡Mírate! ¡Estás temblando como una hoja por todos los cielos! —. Espetaba al aire como si tuviese la culpa de que él corriera tan mal.

—Estoy bien, enserio—. Intentó hablar Dorian, en vano.


—Vamos a la sala de descanso para que te cambies con algo, te vas a resfriar —. Determinó sin derecho a réplicas.


Dorian solo suspiró para sus adentros, ya que de hacerlo visible una sarta de palabras iba a caerle como otro golpe de agua. A veces parecía más su hijo que un amigo. Laura no lo sabía, pero que se preocupara por él significaba mucho. Extrañaba a su madre sí, pero esa doctora se había ganado mucho más que la mujer que lo trajo al mundo hacía veinte años.


—¿Cómo está papá? —. Preguntó al tiempo que se sacaba el suéter y se vestía con uno tejido que Laura había sacado de no sabía qué lugar —Le he traído desayuno.


—Oh, ese viejo es muy fuerte. Ya terminó su transfusión de hoy. Un buen desayuno le vendría perfecto ahorita —. Hablaba ella mientras le alcanzaba un pantalón de tela como de enfermero. Parecía un payaso: pantalón celeste, suéter amarillo y su cabello rosado. Las risas entre ambos en ese momento no faltaron.


—Me veo ridículo, es tu culpa —. Se quejaba Dorian entre risas.


—Amigo lo siento, es lo que encontré. Pronto tu ropa estará seca, he pedido que la lleven a una lavandería aquí cerca —. Explicó la doctora.


Ambos salieron rumbo a la habitación de su padre. Hablando de trivialidades acerca del hospital, pues así como Laura ha escuchado a Dorian en sus momentos más frágiles, el chico también hacía lo mismo por ella cada vez que podía. Era gracioso saber cómo apostaba con nadie en especial sobre si tal médico al final salía con cual enfermera. Según la doctora su radar era bastante bueno, lástima que no era consciente de como la miraban ciertos hombres dentro del gremio.


—Hey viejo gruñón ¡luces muy bien! —. Saludó Laura al entrar. Dorian se abstuvo de reír por el seudónimo.


—Hola papá, te traje desayuno —. Saludó el chico de cabello rosa, su padre bufó por el atuendo, no lo culpaba ya que también se daba risa.


—Bueno mierda, solo falta música de calipso aquí y estamos listos para el carnaval este año —. Se burló el hombre entre carcajadas. —Gracias hijo. ¿Qué tal el día? —. Preguntó una vez se calmó.


—Bien, puedo ver que te va mejor que a mí —. Se rió ligeramente mientras sacaba los tuppers del desayuno.


A Dorian le gustaba al menos tener un día libre en su horario tan agotador para pasarlo con su padre, escuchar las anécdotas ocurrentes sobre algo tan trivial: como una enfermera sacándole sangre o cambiando su suero intravenoso. Al menos le relajaba saber que no era tan mala su estadía. Quizá su padre estuviera exagerando a propósito para no preocuparlo, él tampoco lo estaba haciendo por razones obvias.


No es como si necesitara saber que había perdido su tercer trabajo de medio tiempo por no poder mantenerse al día. Además mucho temía que el segundo iba por el mismo camino y necesitaba hacer algo; sería genial encontrarse en la calle un maletín con dinero por muy descabellado que sonara, aunque un milagro tampoco le vendría mal en su situación.


—¿Estás bien Doro? Te he perdido de la conversación por un momento —. Señaló su padre con un gesto de preocupación que Dorian se apresuró por borrar.


—No es nada, no puedo quedarme mucho tiempo. Debo ir al trabajo —. Respondió rascándose la nunca nervioso.


—¿Pero no es tu día libre? —. Preguntó. Si su padre se notaba triste, no lo demostró por mucho tiempo.


—Ya, pero es una entrevista importante —. Mintió. Su padre lo pensó por un instante y lo dejó pasar esta vez, Laura no se interpuso tampoco en la conversación pues estaba más centrada en revisar el historial del padre del chico que otra cosa.


—Espero que te salga bien, ve a cambiarte si tienes tiempo —. Dijo el hombre apuntando su raro conjunto. Dorian asintió y tras despedirse salió de la habitación. Tendría que ir de nuevo a casa para tener una cita con los clasificados dentro del periódico, esperaba encontrar una vacante pronto.

Laura sabía que Dorian estaba mintiendo cuándo hablaba de ir al trabajo, por lo que le interceptó fuera en la sala de espera. Aquel chico se parecía a su propio hijo, quién se había ido a California a estudiar una especialización en su área de estudios. Quizá por eso su sentimiento materno floreció al conocerlo mejor. Eran un buen chico y le preocupaba que se estuviera exigiendo demasiado.


—No es ninguna entrevista ¿cierto? —. Le preguntó, indicándole que se sentara.


Mentirle a aquella mujer era algo imposible para Dorian. Podría jurar que al ocultar algo, construía altos muros frente a él para que fuera imposible que alguien notara cuan terrible se sentía. Pero Laura era excepcional para derribarlos, era eso o que simplemente era muy malo guardando sus expresiones.


—Eres muy malo mintiendo, enserio —. Recalcó ella con una sonrisa ladina.


‘’Vale, es lo segundo’’ —. Pensó Dorian.


—Me han echado de uno, tengo que reemplazarlo. Pensaba que hoy podría ser un día para buscar vacante, pero parece que no —. Respondió sin muchas ganas de inventarse una excusa.


Afuera seguía lloviendo y él lucía muy poco presentable para una entrevista. Era solo fantástico. Dorian metió la cabeza entre sus manos en un gesto que lo hacía parecer de casi sesenta y no un chico de apenas veinte años. Laura se recargó en la silla viendo a la nada, solo acompañándolo en su pesar, cosa que agradecía. Nada que dijera podría hacerlo sentir mejor o peor pues había tocado fondo en los dos lados.


—Deberías vender tus botes de pintura para el cabello —. Dijo con tranquilidad la doctora, Dorian la miró estupefacto. —Vale, vale. No te enfades niño rosa —. Se burló. El ambiente ahora estaba más relajado. —Vas a encontrar algo, ya verás, solo no te exijas demasiado ¿ok? Te dejo, voy a hacer la siguiente guardia. Cuando tenga tu ropa te la haré llegar así que por lo pronto no te muevas de aquí.


Ambos se despidieron, Dorian se quedó en la salita de espera mirando a la nada por un largo tiempo. Hasta que le trajeron su ropa y procedió a cambiarse en el baño del hospital. La ropa prestada la dejó con la recepcionista. Ahí algo captó su atención: no se trataba de la mujer tras el mostrador con una expresión extraña. De hecho era la propaganda de la copa Among US que pasaban por el pequeño televisor detrás de ella.


La copa Among US no era una simple recompensa. Cientos de miles de personas alrededor del mundo, esperaban con ansias una oportunidad para participar. Ganar significaba demostrar cuan valiente eras; también funcionaba como pase directo a una vida acomodada dentro de tantas carencias socioeconómicas actuales.


El método de selección consistía en un sorteo al azar; cada año, un grupo de agentes especiales izaba una bandera roja en la acrópolis de la ciudad. Quienes lograban costear el precio de la entrada, disfrutaban el show en primera fila, los que no; debían conformarse con verlo por la televisión. Muchos crecían con la esperanza de algún día convertirse en tripulantes de algunas de las tres naves nodrizas más importantes del espacio; otros como Dorian, no tanto.


Sin embargo, en tiempos desesperados, cualquiera era capaz de tomar medidas desesperadas. La idea de ir al espacio era tan emocionante como escabrosa. Pero si eso era una señal, iba a tomarla como su último recurso. Si ganaba esa copa, no tendría que preocuparse por la salud de su padre en un largo tiempo, además era una puerta abierta a todas las oportunidades que pudiese imaginar. Podría escucharse presuntuoso y hasta codicioso, pero por su padre valía la pena intentarlo todo.


Dorian se fue esa mañana del hospital con el pensamiento más claro y una determinación brutal. Quería participar en el juego; por lo que se permitió desviar su camino hacia un cyber-café. Una vez ahí, compró algo económico solo para gastar un poco más en el internet. Sus dedos se movían rápido por el teclado, fue muy sencillo encontrar la boleta de participación y llenarla.


‘’Bueno, le doy enviar y listo’’ —. Se dijo para sí mismo antes de hacer el click final. Soltó el aire que sin saberlo había estado conteniendo y miró de nuevo la pantalla. Se había postulado para ir al espacio, bueno mierda, sus expectativas para puestos de trabajo habían escalado muy alto, literalmente hablando. —‘’Espero que al menos funcione’’ —. No era la mejor forma de darse ánimos, pero lo intentaba. Su problema fue subestimarlo demasiado. Si bien todo se resumía a la suerte, pensaba que su probabilidad ni siquiera se acercaba a sus expectativas; pues ¿De uno entre cientos de miles? Era aterrador.



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El final del mes llegó pronto y con ello el gran sorteo, Dorian no había podido dormir el día anterior por culpa de la ansiedad que sentía. Recalentó unas cuantas sobras de la cena y se sentó frente al televisor para no perderse nada de la trasmisión. La gran acrópolis resplandecía con sus áreas verdes en perfecto cuidado y cuya intrincada arquitectura futurista, resaltaba lo desarrollado que poco a poco iba convirtiéndose el mundo en general.


Dorian sintonizó el canal que le habían indicado en la solicitud, este enseguida enfocó como un helicóptero aterrizaba en el lugar. Causando estragos en el sonido por unos cuantos minutos. Del vehículo bajaron los personajes más importantes de la copa Among US, según el presentador se trataban de nada más y nada menos que el presidente de Innersloth y los fabricantes de las naves nodrizas más importantes del mundo; Junto a sus guardaespaldas se tomaron un momento para las fotografías correspondientes fuera de la casona. Dorian en ese momento se preguntó cómo sería la vida de aquellas personas.


Enseguida se trasladaron dentro de la acrópolis, lucía semejante a una asamblea gubernamental; con la única diferencia que en medio del sitio, una gran esfera holográfica ocupaba gran parte del espacio. Todos tomaron asientos alrededor, indicando que el sorteo empezaría en breve. La pantalla entonces se cortó y el logo de Innersloth apareció en medio, dando paso a un pequeño mensaje reflexivo sobre lo importante que eran las naves y quiénes se convertirían en los próximos tripulantes.


‘’Nada mal, pero vamos demonios, solo quiero saber si fui seleccionado’’—. Pensó el de cabellos rosados rodando los ojos con fastidio. Cuando las imágenes volvieron a estar en la asamblea, agradeció al cielo que por lo menos hubiese sido corto.


La gran esfera se convirtió en un mapamundi con demasiados puntos que resaltaban, cada uno simbolizaba una solicitud. Cuando el color se tornaba rojo de manera aleatoria, el perfil de alguien desconocido era expuesto junto a sus datos básicos. Simulando más bien; desde la perspectiva de Dorian, como si fueran los más buscados del mundo por cometer algún delito grave.


Ocho personas habían sido escogidas ya, por lo que Dorian comenzó a perder las esperanzas y apagó el aparato con un sentimiento de derrota que lo mantuvo pensativo por mucho tiempo. Molesto consigo mismo por haber creído que podía participar en algo tan importante, decidió salir a trabajar como de costumbre.


El chico llegó al pequeño supermercado que quedaba cerca de donde vivía, la caminata le sirvió para dos cosas: la primera, para notar como la gente lo veía más de lo habitual; creyendo que algo estaba mal con su pantalón, se cercioró que su bragueta no estuviera abajo. Y lo último, para casi caerse de la silla cuando el gerente de su trabajo lo felicitó efusivo por alguna razón.


—¿Por qué la enhorabuena? No entiendo —. Le dijo, con una expresión interrogante en su rostro.


—No puede ser que ni tú mismo lo sepas—. Se burló su jefe, Dorian seguía sin entender una mierda de lo que pasaba. El hombre se dio cuenta que su ignorancia era real, por lo que le enseñó la trasmisión del sorteo de nuevo.


‘’Quedé’’ —. Pensó demasiado asombrado como para dar crédito a lo que veía en la pantalla.


—Mierda… —. Dijo en voz alta el chico, alternando su vista entre el aparato y el hombre que seguía sonriendo. Lo más seguro fuera por la audiencia que generaría tener a un futuro tripulante entre sus trabajadores. —Me rendí cuando llegó al octavo y apagué el televisor, no puedo creerlo —. La sonrisa comenzó a formarse en su rostro.


Dorian estaba casi llorando de alegría a medida que cumplía con sus deberes como empleado de aquel supermercado. ¡Estaba dentro! Aún no podía entenderlo, pero no podía equivocarse aquella grabación siendo de la más alta tecnología ¿verdad? Sus dudas fueron inevitables dado que no había visto la trasmisión completa por su cuenta. No es que no confiara en su jefe, sino que debía estar seguro.


Su jefe lo despachó más temprano de su horario habitual, con la finalidad que se preparara psicológicamente con la idea de irse al espacio. No fue tan necesario a decir verdad; pues al llegar a su residencia, una camioneta negra blindada esperaba fuera junto a algunas personas que, a juzgar por sus uniformes militares, provenían de Innersloth. Fue en el momento que dijeron su nombre, que Dorian comprendió que el gerente no había estado gastándole una broma pesada.


—¿Es usted Dorian? —. Le preguntó uno de los uniformados. Dorian asintió, no creía que negarse teniendo su ficha en la mano fuera conveniente. —Ahora es un tripulante y debe venir con nosotros, asegure su vivienda para poder proceder con el protocolo.


El cuerpo del chico trabajó en automático, entrando en su casa para asegurarse que la cocina no explotara en su ausencia o que el televisor no se quemara; de pronto estaba muy nervioso. Pensó que podría despedirse de su padre y Laura si lo pedía; suponiendo que ya sabrían la noticia. Pero aquellos hombres no parecían disponer de algún tipo de consideración sin embargo.


Hizo de tripas corazón y se encaminó dentro de la camioneta. Solo con ver las expresiones estoicas de sus nuevos acompañantes los guardias, Dorian comenzaba a arrepentirse de su decisión y era obvio. Es decir, él solo era un individuo común con problemas de dinero comunes; nunca había hecho nada descabellado en toda su vida hasta ahora.


—¿Nervioso amigo? —. Le comentó el mismo hombre que había hablado con él en un principio. Dorian asintió. —Es normal, pero estarás seguro. Solo debes cumplir con tu deber y las cosas buenas vendrán por añadidura —. Aseguró el militar con una sonrisa que infundió un sentimiento de seguridad dentro de sí mismo. Tenía razón, trabajaría para el gobierno después de todo ¿Qué podría salir mal?

20 de Octubre de 2020 a las 13:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
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