gnmultidimensiones Gastón Medina

Un grupo de jovenes hacen nacer un mundo sin limites donde son libres de hacer lo que quieran, pero su libertad se ve interrumpida por conflictos belicos entre las mismas personas y ademas de todo, con extraterrestres. Una aventura sin precedentes para mantener la paz en el mundo Power Car. Historia Registrada en Safe Creative, por lo tanto queda prohibida toda reproducción parcial o total de la obra, sin consentimiento del autor. Todos los derechos reservados. Codigo: 1906191205622 Primera mitad del libro corregida por Jenifer N. Luna/ [email protected] Última Correccion ortográfica hecha por: @Tattoo_Queen_HD de @EditorialGaleAlfaro Libro 2: NEW POWER CAR Extras: POWER CAR - Histories La Defensora Del Nuevo Mundo Gitana Partes en total: 5 partes Capitulos en Total: 45 caps Estado: Concluido Comenzo: 11-Dic-2016 Finalizo: 28-Oct-2017


Ciencia ficción No para niños menores de 13. © Safe Creative

#guerrasespaciales #autosvoladores #viajeseneltiempo
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1- Los Comienzos Del Genius Ballester

En lo profundo del universo desconocido, un objeto metálico en forma de triángulo, anaranjado y demacrado por una especie de óxido alberga a un ser misterioso, el cual espera pacíficamente una respuesta de su leal ayudante, pero en vez de una transmisión de audio recibe en su computador central un extraño video.

—¿De qué se trata? ―dice.

El video muestra como el ayudante que envió es asesinado de un disparo, en manos de un hombre que aparece de forma borrosa y oscura. El ayudante envía a detalle la ubicación del planeta, la ciudad y la fecha.

—Él es el elegido ―afirma—. No hay duda alguna...

Muere y los detalles aparecen. El misterioso ser mira la pantalla con intriga y lee en voz alta:

—Alfa... Galaxia ¿Vía Láctea?, Sistema Solar, Planeta Tierra. Muy bien "elegido", hora de visitarte.

Es domingo, 11 de marzo de 2007. En los tranquilos suburbios de Mar Del Plata, en el barrio Constitución, un chico despierta bien temprano pese a ser su último día de vacaciones. Su nombre es Gustavo, tiene quince años y como todo adolescente está deseoso de ser libre y no depender de sus padres. Va rápido al baño y se pone su ropa, jeans, campera y remera negra, se ve al espejo un momento para acomodarse su pelo negro y ligeramente largo. Busca entre el desorden de la habitación que comparte con su hermana el mp3 y pone su mejor música de rock para salir en una pequeña moto, llevando una mochila cargada de papeles.

En una fábrica abandonada del otro lado de la ciudad, su hermano Luciano mira a la calle, junto con un grupo de amigos. Ni una señal de Gustavo.

―¿Dónde carajo esta ese? ―dice enojado.

Se saca la gorra roja y se acomoda el pelo castaño y crespo. Cuando camina de nuevo a la calle escucha el ruido de la moto. Su hermano aparece doblando la esquina. El ruido molesto de la moto se siente hasta dos cuadras.

―¡Apaga eso, che! ―grita su hermano.

Gustavo lo hace y se baja para saludar a todos. Por último, a su hermano le tira la gorra con un simple golpe en la visera hacia arriba.

―¿Qué haces tan temprano, boludo? ―le pregunta a Luciano.

―No quise esperar, ¿no te das cuenta de lo que hicimos?

―Sí, no puedo creer que ya casi esté listo... Nuestro nuevo mundo.

La enorme puerta de la fábrica se abre, los chicos se asoman a ver y para sorpresa de muchos no encuentran absolutamente nada. Gustavo camina hacia el interior y grita.

―Rogelio, ¿dónde estás?

―¡Acá estoy! ―responde, sin mostrarse.

―¿Dónde?

Como si fuese un fantasma, aparece delante de él y le da el susto de su vida. Sonriendo de oreja a oreja, Rogelio responde:

―¡Acá, te dije!

Los chicos, tan asombrados como Gustavo, retroceden mientras Rogelio avanza hacia ellos.

―Tranquilos amigos, soy feo ya sé, pero tampoco es para que se asusten así.

Se agarra del cabello y completamente emocionado, continúa hablando.

―Nicolás, mi gran amigo de la infancia, siempre tuvo esa facilidad para la ciencia. Así investigó, investigó e investigó hasta crear, con mi ayuda, el primer sistema de invisibilidad. Se ve bueno, ¿no?

―Es increíble ―dice Gustavo.

Al lado de Rogelio aparece Nicolás, un chico de la misma altura, castaño y con sus característicos anteojos. Ambos reciben un gran aplauso por el invento.

―Guarden sus aplausos para lo que les voy a mostrar ahora ―dice Rogelio.

―Seguimos al pie de la letra, cada parte que nos mostró Gustavo, hasta que por fin lo diseñamos, por supuesto, con la tecnología actual. Estuvo difícil, pero resulto.

Nicolás da un paso al frente y con dos controles del tamaño de una tarjeta, presiona el botón de la esquina de arriba a la izquierda, entonces un pequeño parlante susurra diciendo: invisibilidad desactivada.

En ese momento, ante la mirada de todos los chicos, dos vehículos aparecen de la nada. Similares a los modernos autos Lamborghini, uno presenta un color negro, con franjas azules en el centro y costado del mismo. Por otro lado, el vehículo de la izquierda tiene un color rojo con llamas naranjas y amarillas en sus laterales.

―¿Para quiénes son? —se acerca Gustavo y pregunta.

―Estos modelos son para Luciano y para vos, por tener la idea de crear el nuevo mundo.

―Gracias, che ―dice.

Se abrazan fuerte, pero luego le pregunta algo más.

―¿Y los demás?

―Que bueno que preguntaste. Nicolás se tomó la libertad de armar las máquinas que van a hacer las construcciones, tanto de los autos, como de los edificios. Obvio, no vamos a poder solos, necesitamos la ayuda de todos para levantar las torres.

―Tenía que repasar mucho la mecánica de esas constructoras ―dice Nicolás―. Que bueno que me salió bien.

―Nico pudo hacer varios autos más, pero están sin pintar y no tienen las terminaciones, como el acceso al control y la invisibilidad programable. Pero pueden hacer lo esencial...

―Arrancar —completa Gustavo.

―Volar... ―lo corrige Rogelio.

Todos quedan impresionados, tomando como una broma lo que dijo Rogelio, pero cambian la cara al ver que, con los controles, presionando el botón de arriba en el centro, el auto activa un sistema de flotación. Turbinas de altísima potencia desde cada punta del auto se disparan con enorme presión hacia el suelo.

―A esto de llamo el "Modo remolque" ―dice Rogelio―. Con esto, empujar el auto va a ser muy fácil.

Todos corren a verlo más de cerca, contentos con el gran invento. Gustavo no puede evitar preguntar más acerca de eso.

—¿Cómo hacemos con la invisibilidad para verlos nosotros nada más, sin tener que sacar la cinta?

—Buena pregunta, Gus. Síganme —dice Nicolás.

Llegan a una sala enorme, donde Gustavo entra con Luciano y unos amigos. Comienzan a chocarse con algunas cosas invisibles y Rogelio les hace una seña con la palma.

—Hasta ahí no más —advierte—. Este tipo de invisibilidad puede verse gracias a esta cámara especial, que nuestro amigo Claudio diseñó para nosotros. Una foto y van a poder ver todo. Está en los planos del sobre. ¿No te acordás, Gustavo?

—Es que no vi bien esa parte —responde entre risas.

—Ok, les voy a pedir que salgan de nuevo y acomódense en grupos. Claudio les va a sacar la foto, así van a poder verlo todo.

Gustavo, Luciano y los demás se acomodan. Buscan bancos e incluso se suben al auto para salir en la misma foto. Claudio, un joven rapado y con bata de laboratorio, se acerca a tomar la foto. El flash libera una reacción en el cerebro que hace posible amplificar la visión hasta el punto en el que pueden ver en carne propia los objetos que permanecen invisibles.

—¡Es increíble! —exclama Luciano.

—Te pasaste con este invento, Claudio. Es mejor que todos los proyectos que te mostré cuando te di el sobre.

—Quiero usar el auto —pide Luciano—. Donde jugamos una carrera.

—¡Me había olvidado de decirles! —dice Rogelio—. Según los planos, tenemos que crear un nuevo mundo. Gustavo ya me había hablado de esto, y teníamos dos opciones: escondernos bajo tierra, pero con un auto que vuela o pasamos a la mejor opción, crear una ciudad flotante.

—¡¿QUÉ?! —gritan todos.

—Sé que parece imposible y muy loco, pero va a funcionar chicos. Hicimos muchos experimentos en estos últimos días. Nicolás hizo un par de modelos para los estadios, siguió la estructura de la ciudad tal como se detalla en el plano. Con el mismo sistema de invisibilidad, la ciudad va a permanecer sin ser vista por nadie en Mar Del Plata. Según lo que me dijo Gustavo, el plan es armar una nube tan densa como una real, pero que a la vez mantenga en pie los edificios que se van a construir. Se va a esconder a un kilómetro de la playa, directamente al frente de la Avenida Constitución, elevada unos dos kilómetros sobre el nivel del mar. No va a cambiar de forma ni a evaporarse tranquilos.

—¿En serio va a funcionar? Suena imposible —dice Luciano.

—Va a funcionar —dice Gustavo—. El plano lo dice todo.

—Lo único que falta es sacar los autos a andar. ¿Cómo se van a llamar? —pregunta Rogelio.

Todos se quedan atentos a lo que diga Gustavo. Él mira el sobre con una marca en la esquina superior que dice "PC". Los observa a todos y ve el automóvil.

—Se va a llamar Power Car.

—Me gusta —dice Luciano.

—Es muy buena —dice Rogelio—. ¡Ese va a ser su nombre a partir de ahora!

Gustavo entra y arranca por primera vez su nuevo vehículo. Rogelio se sube en el lado del acompañante. El tablero muestra muchos comandos aparte del aire acondicionado y los predeterminados que lleva cualquier auto. Luciano sale rápido junto con Nicolás y su hermano lo sigue apurado. Una vez en la calle, ambos aceleran y pasan cada semáforo en rojo, con mucha suerte de no ser embestidos. Gustavo le pregunta a Rogelio sin perder de vista el camino.

—¿Querés decirme como volamos?

—Arriba del aire acondicionado te muestran los botones de cambio.

Gustavo mira las opciones: modo aéreo, modo terrestre, modo marino, modo submarino. Aprieta el primer botón y nota que la velocidad aumenta a 250km/h. El hecho de no tener rozamiento con el asfalto, el volante cambia de forma tal que puede moverlo desde su eje hacia donde quiera. Luciano mira como el auto lentamente se eleva por sobre los semáforos. Emocionado busca en el tablero y al encontrar el botón lo oprime.

Comienza a levantar vuelo, Nicolás y él gritan de adrenalina como si estuviesen en un parque de diversiones, hace el volante hacia abajo y el auto despega hacia el cielo. En el camino se acomoda la gorra y trata de mantener equilibrado el vehículo.

—Centra el volante para que se enderece -dice Nicolás.

—Bueno —responde Luciano—. Dijeron que podían crear una nube que soporte a la ciudad.

—Cierto. En un frasco tengo el químico listo, solo necesito de agua azucarada para hacer la reacción y fortalecerse. Lo único que tenemos que buscar es una buena nube cargada y antes de tirar el químico agregarle eso.

Llegando a la zona objetivo, encuentran la nube de una fuerte tormenta a dos kilómetros sobre el nivel del mar.

—¡Es perfecto! —dice Nicolás.

Se posan sobre aquella tormenta. Nicolás mezcla un poco de la fórmula de invisibilidad y detrás de ella el azúcar líquido. Mezcla y queda uniforme. Luciano agarra el compuesto y dice.

—¡¿Qué hago?!

—Tira el frasco a la nube —indica Nicolás, con toda confianza.

—Pero no tiene caso. Va a pasar de largo, boludo.

—No tanto. Con cualquier molécula de agua que toque, va a reaccionar. Confía.

Luciano abre la ventanilla. El viente fuerte entra a la cabina y tira el recipiente con energía. Se decepciona al ver que atraviesa la nube, pero luego el objeto vuelve a emerger en la misma como si estuviese recostado en un colchón de agua. El químico empieza a dispersarse por toda la nube, hasta no dejar nada más que un suelo firme de treinta kilómetros cuadrados y aun suspendido. Gustavo asombrado ve como la gente en tierra no se da cuenta de que esa nube se está formando en frente de ellos, lo cual le da mucha felicidad.

Vuelven a la fábrica a buscar a los demás. Suben hasta ocupar todo el espacio de ambos autos, los llevan a su nuevo hogar, ansiosos. Al cabo de un rato aterrizan en la base y salen corriendo con ganas hasta donde llega el horizonte, se tiran de panza al sueño artificial, como cuando se arrojan a la cama.

Al cabo de un par de horas se reúnen en el centro de la base blanca y vacía.

—Por fin, después de tanto soñar, tenemos nuestro mundo —dice Gustavo.

—Decidamos quien va a ser el presidente —dice uno de los chicos.

—Que sea Gustavo —dice Luciano.

—No. No me gusta la política. Yo voto por Rogelio, es buen candidato.

Todos aplauden a favor y Rogelio saluda a Gustavo por haberle dado esa responsabilidad. Por último, Nicolás trae la mejor de las sorpresas: coloca en el centro de la nube, en un pequeño pozo, una máquina de forma rectangular y con una gran pantalla arriba.

Gustavo lo ve y se acerca a preguntar.

—¿Qué es eso, Nico?

—A esto lo llamo "Areatempo". Lo encontré en mi casa guardado en un cofre y desde que lo tengo lo he usado para aprovechar el tiempo en mis estudios. La función es alterar el tiempo en determinados parámetros de área. Ahora ajusto los números, veamos... es 11 de marzo de 2007. Área en kilómetros cuadrados que cubre el total de la nube y el tiempo en relación al resto del mundo.

Todos se acercan a ver como Nicolás presiona un botón digital arriba en la pantalla. La máquina se activa y despliega una red semitransparente de color blanca que cubre la superficie de la nube y una altura de un kilómetro, aproximadamente. La pantalla muestra todo el resultado; en la futura ciudad de Power Car, el transcurso de un día será de una hora en la Tierra. Si en el mismo pasa un día, serán veinticuatro días en Power Car.

—Ahora en Mar del Plata todo va a pasar más lento desde nuestro punto de vista, eso nos da un buen tiempo para construir —afirmo.

—¿Qué esperamos, entonces? —dice Rogelio—. De ahora en adelante, vamos a comenzar con la construcción de la gran ciudad de Power Car. Luciano, voy a necesitar que me prestes tu auto para traer los materiales.

—Dale, yo me manejo con Gustavo.

Pasan las horas en Mar Del Plata. La ciudad empieza a construirse a las cuatro de la tarde hora de la Tierra. Luego de cuatro días de haber ayudado, llega el momento en el que algunos chicos deben volver a la ciudad. Luciano se sube al lado del acompañante y una vez que Gustavo termina de saludar a todos se mete al auto.

—Volvamos a casa, che. Se nos hizo un poco tarde.

El auto despega y ni bien sale del campo del areatempo todo fluye normal a su alrededor. Los autos, aviones, las personas, incluso el reloj, que ya marcaba las ocho de la noche. Preparando una buena excusa aterriza frente a su casa. Muy emocionado por todo lo que está viviendo, entra con una gran sonrisa y cubre a Luciano, quien aprovecha y pasa por atrás de él muy rápido hacia su habitación.

—Hola má, hola pá. Salí con unos amigos del cole y Luciano a boludear por ahí.

José y Ana, padres ejemplares y muy estrictos, los esperan sentados en el sillón y con una mirada muy seria. Su madre se levanta y se acerca enojada.

—Pero son las ocho —dice.

—¿Que tiene? ¿Un chico de quince o dieciséis no puede salir con sus amigos?

El padre se levanta del sillón y responde.

—No a esta hora.

La tensión se siente en la sala.

—¡Ya van a ver los dos! ¡Por fin voy a ser libre de ustedes! Tarde o temprano. —Sube las escaleras y se encierra en la habitación.

Al caer la medianoche, la alarma suena y Gustavo la pausa tan rápido como puede. Se levanta y mientras se viste a oscuras, lo despierta a su hermano, quien salta de la cama con suma emoción. Ambos bajan las escaleras muy lento, con los bolsos armados, abren la puerta principal sin hacer ruido y salen corriendo. En la calle, Gustavo presiona el botón del centro del control que detecta la nave, al igual que la ubicación, se enciende traza la ruta y sale desde unos arbustos hasta estacionar frente a ellos con las puertas abiertas.

Se suben, actIván el modo vuelo y despegan hacia la ciudad en construcción.

—¿Cómo es que el auto puede…?

—No sé, no sé cómo es que puede hacer todo eso —responde Gustavo.

—¿Cuánto tiempo pasó en Power Car?

—Desde que empezamos a construir, ocho días.

—¿Ocho días? ¡Qué rápido!

Cuando llegan a las bases de la ciudad, ya pasaron cinco minutos, o sea dos horas más. Ni bien entran en el areatempo, todo se adapta a su favor.

—Tenemos que volver a Mar del Plata a las cinco de la mañana para no despertar sospechas, así que tenemos cinco días para ayudar.

Mientras vuelan, observan todo. Los edificios de forma cilíndrica se construyen demasiado rápido. Se terminaron cinco con la ayuda de las máquinas especiales que diseño Nicolás.

—Encima nos dieron un par de departamentos —anuncia Luciano—. Con el número de nuestro auto.

Ambos festejan y aceleran hacia el edificio. En la cima hay un pent-house con una cochera interna en el que Gustavo estaciona perfectamente. Cuando abren la puerta encuentran una gran sala vacía. Boquiabiertos con la inmensidad de la casa, miran la placa al lado de la puerta corrediza que indica el número del auto de Gustavo.

—Increíble —dice—. ¡Es mi casa!

Luciano se fija en su papel y dice.

—Yo tengo otra de estas casas, pero en el edificio de la otra calle... ¡Buenísimo!

—Nos vemos Luciano, voy a ayudar en la construcción.

—Dale, en la noche nos juntamos para comer.

Se abrazan y se meten al ascensor.

Muchos de los futuros ciudadanos colaboran en el desarrollo de la construcción rápida. Manejan las enormes máquinas que pueden terminar un piso en cuestión de horas, así la ciudad evoluciona cada vez más. Un camión aterriza y trae toneladas de material de varios lugares del país, con el que las máquinas se preparan casi al instante, las hace fluir a través de un esqueleto conectado a las mismas y por una reacción de calor intensa, la hacen secar en cuestión de horas dejando la estructura semi preparada.

Al pasar esos cinco días, muchos edificios ya se encuentran listos. Gustavo y Luciano nuevamente se toman por los hombros y miran las maravillas que ayudaron a levantar.

Se preparan para volver a Mar del Plata, sabiendo que para cuando ellos regresen, Power Car va a estar terminada. Pero antes de irse van a la plaza central, que es un centro vacío entre tantas estructuras. Rogelio los llama a todos por altavoz.

—Amigos, ciudadanos, es tiempo de que vuelvan a casa los que aún viven con sus padres. Mañana pasen por Avenida Independencia 1640. Para entrar al centro de registro, pregunten por Claudio y los van a guiar a su oficina, donde él mismo les va a entregar la tarjeta de identificación. Hoy 12 de marzo de 2007 declaro la inauguración de Power Car.

Todos aplauden, gritan y festejan la apertura de ese nuevo mundo.

Al día siguiente se despierta en su casa nuevamente. Cuando ve la hora salta de espanto. Es la una de la tarde. Se viste rápido se higieniza y se va corriendo mientras grita:

—¡Cómo carajo me quede dormido!

Corre hacia el auto, lo enciende y despega hacia el centro. En un minuto llega a las Avenidas Independencia y Luro. Aterriza cerca de un estacionamiento, baja y corre hasta llegar al Centro de Registro, no ve a nadie haciendo fila. Entra y sin preguntar ve a Claudio sentado por ahí mientras toma un descanso.

—¡Gustavo, llegaste tarde!

—Si, no me hagas acordar, ¿viste a Luciano?

—Rogelio le dio el auto y se fue a Power Car.

Entran a un cuarto blanco y lleno de objetos con la insignia de la ciudad "PC", una silla y la cámara especial apuntando a la misma.

—Acá tengo tu tarjeta lista.

—¿Qué numero de ciudadano soy?

—Número de ciudadano y Placa del vehículo 335

—¿Es el primer auto fabricado y tiene el numero 335? —se ríe—. No importa, me gusta. Gracias, che.

—Una vez que pongas la tarjeta en este estuche, te vas a hacer invisible, no transparente. Así que tené cuidado cuando salgas.

—Gracias, nos vemos Claudio.

Sale de ahí ya invisible, se sube al auto sin ser visto y despega rumbo a la futurística ciudad, muy emocionado por las nuevas aventuras que va a vivir con sus amigos. En la ciudad todo está en orden. La gente camina por las calles con tranquilidad. Los jóvenes que tienen problemas familiares son contactados por chicos de Power Car, que en el más absoluto secreto les dan una moneda especial con la cual le hacen saber a Claudio porque motivo están ahí. Les dan una tarjeta y un hogar en Power Car, un lugar en donde hay paz y libertad.

Esa misma tarde a las cuatro, hora de Power Car, empieza en los estadios el torneo de carreras. El que espera en la meta organiza a los competidores. Gustavo no pierde la oportunidad e ingresa a la competencia. Su auto no tiene un alías que lo identifique y nadie logra reconocerlo. El estadio elíptico está llenándose de gente que hasta hace poco no eran más de doscientos.

El anunciante lo hace formar con señas. Al fondo de los demás vehículos, se encuentra con un amigo de la infancia al que se sorprende gratamente de encontrar.

—¡Matías!

—¡Hola, Gustavo! Pasó mucho tiempo.

Gustavo mira el auto de color azul y observa su alias Genius.

—Se ve que en la última carrera con tu rival Miguel no saliste bien.

—Ey, eso paso hace dos meses —aclara Gustavo.

—Yo puedo enseñarte a ganar. Solo mira bien la carrera, aprovecha el momento.

—Dale amigo, demuestrame.

—¡Muy bien!

El anunciante los presenta ante el público hasta llegar al mejor.

—Amigos, voy a presentarles al mejor piloto que vimos competir en las preliminares. Un aplauso muy grande para Matías, alías ¡Genius! —Todos aplauden y gritan con euforia—. ¡Que inicie el conteo! 3... 2... 1... ¡ignición!

Los propulsores despegan los vehículos a toda velocidad. En primer lugar, Genius a 600km/h, lo sigue Luciano a 510km/h, apodado Ave Fénix y por ultimo Gustavo a 380km/h. Aun así, logra ver los movimientos que hace Matías para mantenerse al frente sin errores. Con eso aprende a sobrepasar a sus contrincantes, sale del fondo y acelera cada vez más. Llega al tercer lugar, justo detrás de su hermano. De repente aparece un auto, apodado El Hacha, que se coloca de costado, despliega una hoja oxidada de hierro que cubre el largo del vehículo y corta por debajo el auto de Matías, frente a Gustavo y Luciano. El sistema de vuelo se destroza y el auto cae en picada hasta estrellarse en el suelo de arena. El Hacha escapa y Gustavo, lleno rabia, quiere seguirlo, pero se preocupa más por asistir a su amigo. Desciende el auto y mientras está a flote abre y corre a abrir la puerta rota de Genius. Ahí lo encuentra, herido de gravedad. Matías mira a Gustavo y sonríe.

—Jugó un poco sucio —dice.

—Él no era de la carrera, salió de la nada, Mati.

—Quiero darte un regalo Gustavo, te lo iba a dar ni bien te viera, te va a servir para defenderte.

—¿Qué es? ¿Por qué?

—En el baúl hay una caja, alguien me dijo que tenía que dártela. Búscalo, dale.

La ambulancia llega a asistirlo. Lo suben a una camilla flotante y lo meten en la camioneta. Antes de desaparecer de la vista de Gustavo, le sonríe y levanta su pulgar.

—Que te recuperes amigo —susurra.

Aturdido ante la situación abre el baúl y encuentra una caja que tiene escrito arriba Ballester. Lo sube al auto y despega hacia su casa. Después de un momento difícil, al entrar al estacionamiento de su departamento, reflexiona sobre lo ocurrido un tanto agitado. Al abrir la caja ve una ballesta, lo cual toma como armamento principal del auto. Al pasar las horas piensa un momento en que parte del vehículo colocarla. Mira bien y decide instalarlo en el techo.

Al día siguiente va al taller donde empieza a hacer las placas del auto. Revisa los circuitos del computador y los comandos para activar el arma. Hace los ajustes finales y empieza a pensar en el nombre que va a tener el vehículo. Se acuerda de su amigo y de la caja que le regalo, así logra su alias definitivo. A partir de ese momento se va a llamar Genius Ballester.

En uno de los talleres de la ciudad empieza a hacer las placas que van acopladas al auto, las coloca detrás y en los costados. Una vez en el departamento ve el calendario que tiene otra carrera en la tarde, se viste y despega al estadio, con una mentalidad diferente, más seria y serena. De nuevo, se forma en la línea de salida. El anunciante, un poco asustado, hace el conteo. Despegan acelerando a todo dar. Es la segunda ronda del torneo y esta vez el que lidera es Luciano, acelerando a 700km/h. El Genius Ballester va segundo a 550km/h. Gustavo ve a los alrededores sin perder de vista el vuelo. Una llamada suena en el computador. Presiona el botón de la pantalla.

—Che, te veo en la tele. Soy Matías.

—Que bueno escucharte amigo, me tenías preocupado.

—Vas muy bien, seguí que vas a ganar.

—Gracias, che, pero que pasa si El Hacha…

—Tranquilo Gustavo —le interrumpe—. Ya va a aparecer, concéntrate en la carrera.

En ese instante, entra El Hacha con su nave y su navaja preparada. Así como como hizo con Matías, corta el Ave Fénix y escapa a toda velocidad, dejando a Gustavo con mucha rabia. Sin pensar en nadie más que en su hermano, acelera a fondo y en picada para lograr ponerse debajo de la destruida nave. Despacio, descienden en la arena. Una vez en el suelo, el auto cae totalmente abollado. Gustavo sale y abre su puerta. Lo encuentra sano y salvo, solo que muy asustado, casi en shock.

—Hermanito, ¿estás bien? —dice Gustavo.

—Sí... así termino las carreras ahora.

—La próxima ronda, dejame estar al frente, lo voy a matar.

—Hay que pensar en un buen plan.

—¡Voy a hacerle frente! Ese estúpido va a morir.

En la tele aparece el primer noticiero, en el que una chica un tanto nerviosa hace su primer reportaje anunciando las noticias.

—Buenas tardes, estas son las noticias Power Car. La policía de la ciudad rastreó la zona en busca del homicida apodado El Hacha. Al revisar cada departamento y por medio de las tarjetas de identificación encontraron su casa. Luego de detonar la entrada, sin dar con su paradero, encontraron algunos datos de él. Su nombre real es Diego. Unas fuentes aseguran que durante su instancia en Power Car compitió en unas cuantas carreras en las preliminares, perdiendo en cada una. Esto parece ser una venganza en tratar de matar a los que salen en primer lugar en estas rondas.

Gustavo entra completamente cansado a su casa y prepara todo para el día siguiente donde va a enfrentar la ronda final. Duerme pensando en algún plan para detener a El Hacha sin salir perjudicado en el intento. Pasadas las horas, se abren las cortinas y la luz del sol entra en la habitación. Gustavo se levanta y se prepara para la carrera. Despega hacia el estadio, mentalizado en todo. Sin decir nada se coloca en la posición de salida.

El anunciador, mirándolo con cara de miedo absoluto por lo que puede llegar a pasar, hace el conteo y al final toca la bocina. Aceleran a fondo, todos bastante parejos y sin que nadie se rebase entre sí. Nadie se atreve a cambiar su posición actual. El Genius Ballester toma la delantera a propósito y comienza a ver a sus alrededores, Genius y Ave Fénix van detrás de él.

—¡Vamos imbécil! ¡Vení! —grita Gustavo.

El Hacha ingresa al estadio, pasa a cada uno de los que compiten, antes de llegar al primer puesto. Quita del camino a Matías y Luciano, dejando solo a Gustavo. Cuando va a cortar su vehículo, Gustavo gira la nave. Queda en la misma posición de El Hacha y se aferra al techo con un arnés que preparó cuidadosamente. Diego nivela y despega para salir del estadio, con el Genius Ballester enganchado. Saca la cabeza por la ventanilla. El viento golpea el cabello medio largo en su rostro y con un hacha corta el soporte del arnés liberándose al instante.

Gustavo no lo soporta más. Molesto, al igual que su enemigo, comienza a chocar su auto contra el otro. Diego empuja al Genius Ballester hacia los edificios y trata de zafarse, pero no lo logra. Roza el edificio y rompe las ventanas por accidente. Deja todo destrozado. Hace fuerza con el volante y la propulsión hasta poder salir del encierro, regresa y lo choca a toda velocidad sin preocuparse por el vehículo. El Hacha cae sin nivelarse hasta estrellarse en un shopping. Gustavo retoma el rumbo y va en picada para aplastarlo, pero Diego sube e intenta perderlo de vista. Genius Ballester lo persigue a fondo hasta golpear con fuerza su parachoques. El modo vuelo de El Hacha falla, desciende y se estrella en la terraza. Gustavo baja del vehículo, desengancha la ballesta y va preparado a enfrentar su enemigo, quien sale herido de la nave. Lo mira fijo y con rabia.

—Por fin decidiste hacerme frente.

—¿Qué? ¡¿Por qué?! ¿Quién sos?

— Ya lo vas a saber. Después de matarte voy a destruirlos a todos, Gustavo.

Gustavo lo apunta y repite la pregunta.

—¿Quién sos?

—Tu miedo más grande.

Saca un arma muy extraña y dispara. Con algo de suerte, Gustavo lo esquiva y contraataca rápido con su ballesta. Lanza una flecha directo a su pecho. Asombrado como el mismo, Diego se hace para atrás mientras le sonríe, tropieza por el barandal y cae. Gustavo se queda congelado sin reconocer que ganó la pelea, pero algo lo inquieta. Cuando se asoma al borde no logra ver a Diego sobre el suelo nuboso.

Intranquilo, regresa al estadio. Muchos lo observan y aplauden el gran logro de haber vencido al El Hacha. El anunciador sale a ver quien regresa con vida y aclama.

—¡El Genius Ballester! ¡Fuerte el aplauso, amigos!

Gustavo sale abre la puerta en pleno vuelo y con su brazo levantado saluda a todo el estadio que lo ovaciona y admiran su valentía.

20 de Octubre de 2020 a las 07:07 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Gabriel Mazzaro Gabriel Mazzaro
Genial comienzo!

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