jennysanjuanita Jenny Sanjuanita

Lo que debí decirte hace mucho tiempo está escrito en cartas ahora.


Drama No para niños menores de 13.

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Carta I

Cristian:


Si las personas y cosas que llegan a nuestra vida a hacernos daño vinieran con aviso previo, tú hubieras portado cientos de ellos. ¿Y sabes qué? Hubiera ignorado cada uno de ellos, quizá los hubiera quemado y dejado que las cenizas de aquellos papeles volaran con el viento fingiendo que nunca los llevaste puestos. ¿Después de nuestra historia lo seguiría haciendo? Por supuesto, no tengas duda de ello.

No me preocupo por ti desde hace un par de años, pero aún me gusta fantasear con lo que ha sido de tu vida. Me pregunto si sigues cometiendo las mismas torpezas, si sigues teniendo los mismos sueños y objetivos, si sigues siendo tú. Al acostarme en la cama, deletreo tu nombre en mi cabeza con lentitud y me pregunto si has dañado a alguien más o si, con suerte, he sido la última.

Por si te lo preguntas, si de pronto fantaseas con lo que fue de mí después de ti, te lo diré. Fuiste la razón más grande por la que aprendí a quererme. No te mentiré, aun me cuesta trabajo, me veo al espejo y siento tus palabras impregnadas en la piel, como si fuera ayer el día en que decidiste gritar para mí. Sigo luchando para lograrlo completamente, de lo contrario la historia se repetirá y no puedo permitirlo; llorar incluso en sueños fue tan desgastante, estuve a punto de perderme. Respecto a lo que conociste… continúo escribiendo, cosa que es obvia dado a que te escribo esta carta. Continúo bailando y regañando a las personas que deciden observarme cuando claramente se los he prohibido. La vergüenza persiste como mi notable cualidad. De vez en cuando sigo tropezando sin razón, así que considero que sigo siendo yo, pero de cierta manera diferente desde que te fuiste.

Lo que me llevó a escribir esta carta fue la última vez que te vi. No tenía que estar ahí, a esa hora era imposible encontrarme, pero como había decidido descansar un poco me senté en una de las bancas de la universidad, salía de mis clases de inglés. Siendo sincera no estaba tan cansada, me pude obligar a continuar caminando, pero no lo hice porque había algo que me hacía creer que aquel cansancio imaginario era real e incontrolable. Lo más sorprendente es que después de minutos desapareció sin dejar rastros, como si nunca hubiera existido. Me reí por lo patética y exagerada que me había comportado. Sí, por si también te lo preguntabas, lo sigo siendo.

Me levanté y caminé apresuradamente, castigándome por alimentar mis estúpidos caprichos y perder el camión en el proceso, tanto que por poco casi no logró visualizarte. Estarás de acuerdo en que el tiempo que nos vimos apenas duró dos segundos.

Dos miserables segundos bastaron para despertar tantos recuerdos. Aparté la vista y seguí caminando. Las memorias revivieron y después de un minuto decidí regresar la mirada. Seguiste caminando y te observé hasta que no pude hacerlo más.

Ahí me pregunté cómo fue posible que había llegado a eso, a no poder sostenerte la mirada por un poco más de dos segundos cuando en el pasado no dejaba de mirarte, haciendo suposiciones de lo que pasaba por tu mente, y en ocasiones, cuestionándome que tanto valor necesitaría reunir para un día llegar a besarte.

Esos dos miserables segundos bastaron para que en mi cabeza renaciera el día en que te conocí. Se había convertido en mi día favorito. En este momento con seguridad puedo confesar que no forma más parte de ellos. Ahora entre mis días favoritos forma parte aquel día en el que aparte la vista y mientras caminabas te odie a cada segundo, reconociendo que siempre fuiste el causante de mi sufrimiento y no yo como había creído por tanto tiempo.

Vestía una bufanda de colores y un suéter morado que se ajustaba a mi cuerpo. Amaba usarlo, que me crecieran los pechos me quito el gusto. Como aún era plana en ese momento nadie me presto atención, de lo contrario todas las miradas hubieran estado fijas en mí. Recuerdo verte entrar al salón, estaba consciente de que eras alguien nuevo, aun así, no te presté atención, aunque tu sudadera naranja era muy llamativa. A partir de ahí, aquel color se convirtió en tu identificación.

Daniela fue la primera en hablarte, gracias a ello siempre le guardaras un cariño incondicional. Sigo memorizando el momento en el que me confesaste que siempre la querrías por eso. Le tuve envidia, yo no tuve interés en hablarte porque soy mala socializando, pero Daniela sabía cómo tratar a la gente. Escuchar tu confesión me hizo odiarme un poco.

A los pocos minutos me pidió que la acompañara a hablar contigo, cosa que me pareció sumamente rara. Como dije, Daniela sabía cómo tratar a la gente, ella podía sacarte miles de temas de conversación, no necesitaba de mi ayuda, pero por alguna razón me quería ahí contigo. A la primera acepté. Te salude, me saludaste, Daniela nos presentó.

“Beatriz, él es Cristian, Cristian, ella es Beatriz”.

No dije nada más, tú tampoco lo hiciste, y Daniela decidió no parar de hablar. Minutos después pide que nos tomemos una foto. Sin objeción sonreímos. La foto fue tomada y no hay más recuerdo, sólo quedó grabado en mí el pensamiento de que debía agregarte a Facebook; sabía que Daniela publicaría aquella foto y te etiquetaría. Cuando lo hizo, entré a tu perfil sin pensarlo. Vi todas tus fotos. Pensé que eras alguien como yo, torpe. No me equivoqué.

Dude en enviarte la solicitud de amistad. Tenía miedo porque eras alguien nuevo. Dudaba en si lo correcto era hablarte o ignorarte. Luego pensé en Daniela y en su increíble habilidad para socializar. Hice de lado todas mis inseguridades y la envíe. Asustada esperé a que la aceptarás. Cuando lo hiciste me armé de valor para hablarte. Fue un hola cargado de mucho valentía y miedo.

Conocerte fue inesperado y lindo, al menos al principio. Tener con quien mensajear todos los días fue… para mí era sobrevalorado, desde ti no lo fue más. Me gustaba llamarte amigo y me gustaba aún más que tú me consideradas igual. Así que no lo negaré, tu amistad fue una de las cosas más lindas que me pudo suceder.

Pero también una de las más destructivas.


Beatriz.

20 de Octubre de 2020 a las 00:07 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará…

Conoce al autor

Jenny Sanjuanita ¡Hola, un placer conocerte! Soy una pequeña escritora mexicana de 18 años. Sino estoy escribiendo, estoy actuando, bailando o maquillándome. Siempre me hallarás como JennySanjuanita. Me despido no sin antes decirte que siempre será un honor tenerte como lector.

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