posthumano Posthumano

¡Empieza el año escolar en la prestigiosa escuela femenina de brujería Carlín! Aunque todo comienza a complicarse incluso antes de que comiencen las clases...


Drama Todo público.

#thedramaking #thedramaqueen #drama #theauthorscup
10
1.0mil VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

1. La escuela de brujería Carlin

La exclusiva escuela femenina de brujería de Carlín había sido fundada en el año 2053, en la alegre ciudad de Cassiria. La fundadora fue la talentosa maga Melinda Forte y recibió el nombre de escuela de magia Forte. No obstante, un año después la directiva decidió cambiarle el nombre de “escuela de magia” por “escuela de brujería”. A Melinda Forte esto le sentó como un tiro en el pecho y discutió a gritos en contra del cambio, aunque al final fue inútil.

Al ver la batalla perdida, Melinda decidió abandonar la dirección de la escuela y, por si esto no fuera una señal evidente de lo descontenta que estaba, le lanzó al edificio una bola de fuego. Aunque más tarde, declararía que fue un “pequeño error de cálculo”. La directiva eligió a Frederica Fuenteseca como directora y, en un intento de distanciarse de Melinda, decidieron cambiarle el nombre a la escuela de brujería de “Forte” a “Carlín”. Y así fue cómo se creó la escuela de brujería Carlín.

El edificio de la escuela de brujería estaba situado en el centro de la ciudad de Carissia, estaba rodada por una muralla en cuyo interior la naturaleza nacía con la forma de un bosque tranquilo. En el centro de dicho bosque se encontraba el edificio de la escuela: tenía planta rectangular, dos pisos y una fachada cubierta por hiedras que daban flores.

Esta historia inicia el día 7 de septiembre de 2057, el día que comenzaban las clases. El aula 1º-A era un hervidero de risas y cuchicheos, las estudiantes estaban excitadas ante el comienzo del curso y todavía más porque aquel era su primer año.

Las edades de las estudiantes giraban en torno a los 18 años, ya que antes de entrar en la escuela de brujería todas tuvieron que pasar por la educación obligatoria. Allí también se enseñaba magia, pues en menor o mayor medida todo el mundo podía utilizarla. Pero ciertamente eran clases bastante sencillas y sería en las escuelas de magia o brujería donde se recibiría una educación más profunda.

Otro detalle de importancia, las estudiantes brujas llevaban puestos uniformes que consistían en unos sombreros en punta morados, una chaqueta de uniforme con la insignia de la escuela (que era el dibujo de una calabaza) del mismo color, una falda roja que llegaba por encima de las rodillas y unos largos calcetines a rayas negras y blancas.

Antes había dicho que todas las alumnas estaban excitadas ante el comienzo del curso, pero eso no es enteramente cierto respeto a dos de ellas. La primera es Berenguela: ella es una muchacha de extrema seriedad, con una mirada de búho, nariz afilada y unos largos cabellos negros que los llevaba perfectamente lisos.

—Dulce, ¿quieres hacer el favor de despertarte? Ni siquiera ha comenzado la clase y ya estás durmiendo… —le dijo a una estudiante que está a su lado.

Dulce era lo contrario a Berenguela, pues mientras en esta todo era parecía ser recto y ordenado, en Dulce predominaban las formas redondas. Ya fuera en su cara, sus voluminosos pechos y las anchas caderas. Todo en ella da una sensación cálida de blandura.

—¿Eh? ¿Dónde estamos, Bere? —preguntó Dulce, frotándose los ojos y mirando a su alrededor como si fuera la primera vez que veía aquel lugar.

—¿Cómo te has podido olvidar? Estamos en clase, ¿acaso no hay nada que te puedas tomar en serio? —dice Berenguela, clavando su mirada de búho en Dulce.

—He, he… estás muy mona cuando te cabreas —le dijo Doce, con una sonrisa boba en la cara. Quizás lo que más llame la atención de ella es la inocencia que se respira en su cara, parece la cara de una niña que se niega a crecer.

—Serás idiota… —dice Berenguela, cerrando los ojos y exhibiendo una pequeña sonrisa. Entre ellas dos se respira una amistad profunda, de esas que se sustentan en la confianza y el cariño

En la primera fila, nos vamos a encontrar con el caso contrario. En ella, se sentaba Adela Saavedra: una bruja que pertenecía a una larga dinastía de brujas que contaban con una gran afinidad a la magia.

Adela había sido un prodigio incluso dentro de dicha familia, pues había comenzado a dominar la magia casi desde que aprendió a caminar. Ella era rubia y de ojos azules, con una belleza simétrica que no resultaba nada cálida. Observaba con sus ojos fríos a Dulce y una sonrisa de desprecio se marcó en su cara.

—Leonora, mira a ese bruja estúpida… aunque quizás sea mejor llamarla vaca. ¿No te parece un poco deforme con ese pecho tan grande que tiene? Personalmente, a mí me da asco —dijo Adela, ella ya pensaba en mil maneras de torturar a Dulce. Lo primero que pensaba hacer era que se quedara completamente marginada y conseguir las demás chicas la llamasen con un bonito mote, puede que vaca o puede que otra cosa.

Leonora la mira con desaprobación, ella era una chica de pelo negro, de pelo corto que rodeaba su rostro como si le estuviera dando un abrazo. Tenía los ojos ligeramente achinados, piel morena y una boca en la que se notaba la tristeza.

—No seas cruel… —susurró, casi como si no quisiera que Adela la escuchara.

Pero ella sí que la escuchó y la miró con frialdad.

—¿Oh? ¿Acaso prefieres que sea cruel contigo, Leonora? —le preguntó, con una voz que parecía hecha de témpanos.

—No, Adela… lo siento… —dijo bajando la mirada y por el brillo de sus ojos da la sensación de que estaba a punto de echarse a llorar.

Al cabo de unos minutos, entró en la clase la profesora que parecía tener unos treinta años, tenía el pelo rizado y una boca colgada en una sonrisa pequeña. Ella vestía también de uniforme, aunque al contrario que el de las alumnas, el suyo contaba con mayor detalle y era de color claro. Se colocó delante de su escritorio y dijo con una voz clara:

—Bienvenidos a la escuela Carlín de brujería. Antes de nada, quería felicitaros por haber conseguido entrar, ¡eso quiere decir que tenéis talento!

—¿Talento? Esa solo tiene talento para ser mugida, aunque no creo que sea ni la mitad de lista que una vaca —murmuró Adela, lanzándole una congelada mirada a Dulce, que permanecía mirando a la profesora con una sonrisa apacible en la cara.

La profesora continúo hablando:

—Yo soy vuestra tutora, Náyade, y antes de nada quería comentaros algo importante: tenéis que elegir a vuestra delegada de clase. Y cuanto más rápido mejor, así que mañana por la tarde tendremos las elecciones. Lo perfecto sería que solo hubiera una voluntaria, así ya arreglaríamos rápido, ¿alguna voluntaria, chicas? —preguntó Náyade.

Inmediatamente, Adela levantó la mano:

—¡Yo me presento voluntaria, profesora! Y creo que no habrá nadie mejor que yo para liderar esta clase. Soy Adela Saavedra, posiblemente hayas oído hablar de mi familia. Mi padre es un importante hombre de negocios de la ciudad y tiene tres restaurantes, cuatro discotecas y… Oh, pero no quiero aburriros con la lista de negocios que tiene mi padre tanto en la ciudad de Cassiria como en el resto del Páramo Verde.

—Está bien… —dijo Náyade, mirando raro a Adela —. ¿Hay alguien más que quiera presentarse?

Berenguela se levantó del asiento

—Profesora, yo presento mi candidatura como representante de la clase. Mi familia no es de importancia, espero que no sea un prerrequisito para presentarse. Mi nombre es Berenguela.

—Plebeya… —murmuró Adela, mirando con desprecio a Berenguela.

Náyade asintió con la cabeza, apuntando en un papel el nombre de la chica de los ojos de búho.

—Está bien, dos voluntarias. ¿Alguien más? —La pregunta fue acompañada de un suspiro triste, porque el que hubiera dos candidatas significaba que sería necesario hacer las elecciones y eso era más trabajo.

—Yo también me presento, parece divertido —dijo una voz bastante segura de sí misma, de una estudiante que se sentaba en la última fila —. Mi nombre es Corona y a mí me importan un pedo las familias importantes y también las niñas de papá.

Ella es de pelo corto, teñido de rosa, y en vez de chaqueta llevaba puesta una chupa de cuero y calzaba unas botas pesadas que las tenía apoyadas sobre su mesa. Además, estaba fumándose un cigarrillo como si en vez de en una clase estuviera en la terraza de un bar.

—Oye, que aquí no se puede fumar —le dijo Náyade.

—Oh, perdona profe —dijo Corona apagando el cigarro en la pared.

—En fin… Tres voluntarias… ¿Alguien más quiere presentarse? —peguntó Náyade.

Dulce levanta la mano.

—Yo también quiero, seño. Mi nombre es Dulce.

—Vale, pero no me vuelvas a llamar seño —le contestó Náyade, apuntando su nombre en el papel.

La sonrisa de Adela se hizo grande al escuchar esto.

—¿Sabes una cosa, Leonora? Creo que la vida me sonríe, ¿te puedes creer que esa bruja estúpida se ha puesto en mi camino? Antes pensaba en ir suave con ella, pero ahora quiero destruirla. Esa vaca lamentará haberse metido en mi camino.


19 de Octubre de 2020 a las 19:45 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Leer el siguiente capítulo 2. Corona

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 4 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión