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El cuadrado jardín

¿Por qué hacer una carta?

¿Por qué no te lo dije?


Inglaterra, Gran Bretaña. 1710

Retornamos a la Edad Media, enviar cartas es algo ordinario.

Soy hija legítima de un venerado Ministro de Gran Bretaña y de una Condesa de Inglaterra. Después de la Guerra Civil Inglesa, y posterior a la unificación de Escocia con Inglaterra, que estuvo bajo la gerencia de la reina Ana la cual estableció un Acta de Unión que haría desaparecer a los reinos de Inglaterra y Escocia instaurando el Reino de Gran Bretaña. A lo que Escocia acepto en el año 1707. Han transcurrido 3 años desde que la paz y mi familia hemos vuelto a estas tierras, y de lo cual me encuentro extremadamente bienhadada.

Tú eres el 3er hijo de un Embajador español, que se encuentran en un viaje de negocios acompañando a su viejo padre en Gran Bretaña, y aprendiendo de finanzas por un difuso e indefinido tiempo. Aun no conoces mi existencia en esta aventura, pero yo ya lo hice fue en el futuro.

Redacto en el escritorio de papa, porque hoy es un día lluvioso de noviembre para salir a caminar por el sendero. Llevo puesto un vestido rojo de la época con un corsé que deja ver una gran figura femenina juvenil. La lluvia se apacigua y las ventanas empiezan a empaparse de vapor. De pronto la manija de la puerta da un giro de 180 grados y se abre por completo. Tu silueta aparece, traes puesto un traje de la época con un sombrero que cubre la parte superior de tu cabeza, el cabello lo llevas más largo, te queda por los hombros no puedo negar que te ves guapísimo. Levantas tu cara y miras a todos lados, tu mirada cesa cuando nuestros ojos se encuentran. Tus ojos oscuros siguen teniendo ese brillo. Dejas de mirarme y volteas hacia la puerta, tomas la manija y la atraes hacia ti. Tienes la intención de irte, pero cuando estas apunto de hacerlo te detienes, te tomas tu tiempo, parece que estás pensando terminas de hacerlo y te marchas.

Yo me levanto del escritorio y me recuesto en la pared con vista a la ventana, y sigo allí pensando en lo que acababa de pasar. La manija volvió a moverse y la puerta se abrió de un golpe. Eras tú de nuevo. Estabas diferente esta vez, tus ojos estaban muy abiertos, tu respiración entre cortada y sudabas abundantemente. Una gota de sudor y una lágrima se juntan en tu blanda mejilla. Te detienes a unos metros de mí y me sigues mirando. Sales del trance en el que al parecer estabas y te acercas cada vez más hasta que te quedas a solo centímetros de mi cuerpo. Para mi opinión aun sigues confundido. Tú me sigues mirando hasta el punto en el que me asustas, levantas tus manos y las colocas en los parietales de tú cráneo, cada mano en su lado correspondiente. Realizas un movimiento lateral con tu cabeza como si estuvieras negando algo.

Ahora si escuche tu voz, es grave:

- ¿Te conozco? – me preguntas. Yo no respondo, te me acercas más, ya puedo escuchar tu respiración. Tomas con tus manos mis mejillas que estaban frías, levantas mi cara hacia ti para que nuestros ojos se vuelvan a encontrar y besas suavemente mi frente. Alguien entra.

- ¡Dios mío¡– era mi madre. Ella camina rápidamente hacia nosotros y nos separa. Me da la orden de encerarme en mi aposento y no salir de allí. Me dirijo a la puerta y volteo a verte tú me miras. Mi madre toma de mi brazo y me tira hacia ella.

Pasaron varias semanas y desde ese día no he tenido ningún conocimiento de tu paradero, pero hoy ha llegado una invitación por parte de tu familia. El día de mañana habrá una fiesta en honor a tu cumpleaños, y toda mi familia está invitada. Anhelo con muchas ganas el mañana para así poder verte.

Hoy asistiré a tu cumpleaños, y quiero utilizar un vestido extravagante quiero ser la más hermosa para así llamar fácilmente tu atención.

Busque y rebusque entre mi vestimenta más elegante que tenía, pero todo carecía de belleza esa tarde. Luego recordé el regalo adelantado que papa me dio para mis 18, el vestido de mis sueños que lo usaría para mi fiesta, pero hoy es más importante.

Llame a Ginebra para que me ayudara a buscar la caja donde permanecía guardado mi preciado vestido. Lo encontramos y le pedí que me fuese a preparar la tina de baño, no demoro en volver. El vestido costo mucho, fue confeccionado en Francia por un gran diseñador de la época. Su estructura está formada por tela de terciopelo y satén, y en la parte posterior lleva un pliegue de caja suelto llamado “pliegues Watteau”. Cautivador para estos tiempos.

Lo saque de la caja blanca en la que estaba, el vestido lucia divino aún mantenía su brillo y resplandor nato. Fui a tomar el baño, después me arregle, y posterior a eso nos marchamos con dirección a tu fiesta.

Llegamos todo estaba hermoso. La mesa disponía al invitado un grandioso pan, buen vino y frutas frescas.

Tú por otra parte estabas hablando con una distinguida dama. Cuando me vistes me ignoraste por completo y yo que pensé que todo sería diferente. Solo hablabas y bailabas con las jovencitas de la fiesta menos conmigo, te disponías a reír satisfactoriamente notando mi presencia. Nuestras miradas se encontraban en cada rincón del salón y tú solo volteabas negándote a seguir con este deseo. Musite en voz baja:

- Que arrogancia la de él, mejor me marcho – camine hacia mis padres que estaban dialogando con tu padre.

- Ella es mi querida hija, Abril Foster. – papa me presento ante tu padre, realice una reverencia.

- Es un gusto, Señor – respondí.

- El gusto es mío jovencita – tu padre tenía una voz elegante y grave como la tuya, eso hizo que pensara en ti y en aquel instante recordé porque estaba allí.

- Padre, ¿puedo hablar un momento contigo? Entenderé si no. – le pregunte a mi padre el asintió y pedimos permiso, caminamos un poco para alejarnos y le conté a papa que quería marcharme. El no comento nada al principio parecía un poco dudoso, pero luego dijo que me llevara el carruaje y que le pidiera al conductor que volviera por ellos.

Me dirigía a la puerta cuando de repente alguien detrás de mí toma mi antebrazo por la silueta de la sombra pude deducir que era un hombre alto y flacucho.

- ¡Espera! – el sujeto me volteo hacia él.

- Disculpa ¿te conozco? – me aleje un poco de él aunque su aroma me era familiar no podía tener ese tipo de contacto con cualquier persona que se me hiciera familiar.

- Soy yo – respondió mientras levantaba y bajaba sus cejas una después de la otra por varios segundos.

- ¡NOAH! – solté un grito. Lo abrace tan fuerte que me pidió que lo soltara.

- ¿Quieres bailar? – me preguntas tomando mi mano en la tuya con una sonrisa pintoresca en tu rostro. No respondí pero mis ojos lo hicieron. Me llevaste al centro de la pista (este momento me hizo recordar la graduación de primaria cuando bailamos en medio de la pista y nos dimos cuenta de que seriamos almas afines) todos nos observaron incluidos mis padres. Noah se detuvo en frente de mí y tomo mi cintura y mi mano la unió con la de él. Empezamos a bailar con una ligereza y elegancia que cautivamos hasta la más mínima atención de ti querido amor Ansel. Me miraste por primera vez en la noche tus ojos emanaban un brillo que me lograba alumbrar y cada resplandor despertaba mis ganas de besarte. Después de observarnos mutuamente decides voltearte y dirigirte a la jovencita más elegante para bailar con ella. Te posaste muy cerca de nosotros y empezaste con una reverencia. Luego tomaste de su mano y de su fina y delicada cintura. Sus pasos estaban muy bien coordinados parecían llevarse muy bien.

- ¿Cómo se llama? – Noah se acercó a mi oído y lo susurro.

- Ansel – respondí en voz muy baja pues podía notar su presencia detrás de mí.

La chica con la que bailaba Ansel tropezó con Noah. El me soltó como reacción al accidente suscitado para así poder atrapar a la damisela que casi caí vergonzosamente en el gran salón del baile.

- Lo siento – se disculpó la señorita.

- Descuida – Noah le monstro una gran sonrisa.

Salimos al jardín de la casa, no muchas personas nos vieron pasar por los pasillos. Todo era tranquilidad no había luna, pero resplandecían pocas estrellas en las oscura bóveda nocturna. Recorrimos el cuadrado jardín más de diez veces observando las constelaciones y poniéndonos al tanto de todo. Noah se sorprendía con cada cosa que le contaba había cambiado mucho entonces con respecto a mi pasado.

- ¡TIENES NOVIO! – grito emocionado y sorprendido a la vez.

- Digamos que es algo así pues siempre peleamos y nuestra relación se ha basado más en discusiones, desacuerdos e intolerancia que en paz. Pero aun así lo amo.

- Masoquista es mi querida amiga.

- No lo sé, solo sé que me enamoro de el con cada discusión con cada segundo que pasamos lejos eso es fascinante, aunque duela me gusta.

- Lo acabas de confirmar eres una obsesiva masoquista, pero si te hace feliz deberías seguir peleando con él y por él.

- Esta vez ocurrió algo diferente y malo, las dudas en mi mente sobrepasan a las que sentí la primera vez que nos peleamos estas son causas injustificadas que van en mi contra y no favorecen, mi posición. Me temo que nunca vuelva a mí.

- ¿Eres capaz de todo por él?

- Todo tienen un límite, pero él no es un todo. Es él. Es él sin límites.

- Así que si eres capaz de todo por él.

Asentí.

18 de Octubre de 2020 a las 21:52 0 Reporte Insertar Seguir historia
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