jessicabaspr Jessica Basper

Las hermandades en crisis perdieron una valiosa fuente de conocimientos, la Ereshkigal. El Alkaizer; gobernador de Helvegen, se enfrentará a la muerte y junto a su hijo; Alexandros Ferrer, el próximo heredero del Imperio, lucha contra una visión que solo muestra destrucción en su avance.


Ciencia ficción Todo público.

#intriga #político #ciencia-ficción
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CAPÍTULO 1

Hazel. 04.08 – 19 014


Alexandros recordaba las pocas veces que había soñado, parecía jamás hacerlo. Cuando cerraba los ojos todo era negro hasta el amanecer, pero era el quinto día que despertaba con la frente perlada de sudor y el cuerpo temblando de miedo incontrolable. Siempre la misma visión; no quedaba nada del Imperio que su padre había construido y el palacio, su hogar, ardía en llamas. Parecía que todas las decisiones que había tomado, en un futuro, cobraron vida y estaban preparadas para juzgarlo.

—¿Puedo encender la luz? —preguntó una voz grave.

—Todavía no, Maestro —respondió Alexandros—. Quiero ir más profundo.

—¿Recuerdas la última vez que sonreíste? —El Maestro comenzó a indagar dentro de su mente.

Era de día en ese momento de su memoria. Alexandros no tenía más de doce años, sus padres estaban sentados en sillas de madera, la mesa estaba llena de comida y el sol estaba sobre ellos. Un hombre de cabellos negros lo cargaba sobre sus hombros, corriendo a toda prisa; su abuelo y él, jugaban andando por el césped, y las risas lunáticas ascendían hacia el cielo despejado.

—¿Qué día era? —preguntó el Maestro.

—El día de mi cumpleaños —respondió Alexandros—. También era el quinto centenario del abuelo, me lo dijeron así para rememorarlo. Solo sé que mi abuelo tenía quinientos años y parecía tan joven como mi padre; siempre me pareció extraño, pero nunca pregunté por qué.

—¿Eras feliz? —inquirió el Maestro.

El tiempo aceleró rápido y en un parpadeo estaban dentro del palacio. Los invitados sonreían y no paraban de divertirse, en las mesas abundaban postres, carnes y botellas de aguamiel. Alexandros también festejaba, pero al mirar hacia el trono de su abuelo lo encontró vacío. Alexandros no sentía el movimiento de su cuerpo, pero subía las escaleras y avanzaba hacia un largo pasillo, llegando a una habitación. La puerta estaba abierta, una fuerza invisible ejercía presión sobre su pecho, comprimiendo su corazón y helando su sangre. Escuchó llantos, golpes y gritos, Alexandros dio un paso al frente buscando una respuesta y la encontró.

—Mi padre se encerraba cada vez más tiempo en su despacho y mi madre no dejaba de enviar guardias a todas partes que iba —dijo Alexandros—. Jamás volví a dormir solo, pero tampoco pude volver hacerlo. Ese día vi a mi abuelo morir.

—¿Qué te produce verlo de nuevo? —preguntó el Maestro.

—Temor —respondió Alexandros—. A mi abuelo lo amaba como a mi padre, pero el verlo ahora no me transmite la misma seguridad que antes. Es como si tratara de decirme algo, pero al final se ahoga con sus propias palabras.

—¿Adónde te lleva ese recuerdo? —El Maestro interrogó.

La gravedad era diferente en ese rincón de su pensamiento, el calor era asfixiante y el aire quemaba su piel. Un enorme muro de fuego se levantaba sobre él, no encontraba a su padre ni a su madre. Solo él y su sombra, crecía insidiosa desde sus pies, fundida entre las llamas; no podía ver más allá de las puertas ardientes del palacio, pero sentía la sombra lo observaba de regreso, dándole forma a la oscuridad.

—Allí termina —respondió Alexandros—. Mis sueños son muy confusos, no recuerdo más.

El Maestro hizo un chasquido con los dedos y encendió la luz. Alexandros estaba acostado en el diván, abrió los ojos y casi de inmediato interpuso su mano contra el brillo de la bombilla, proyectando una sombra sobre sus ojos.

—Estás muy acostumbrado a la oscuridad —reconoció el Maestro—. Hoy es la ceremonia, ¿no es cierto?

—Sí… —susurró Alexandros.

—Tienes que descansar, no puedes unirte en matrimonio con los ojos cansados —dijo el Maestro, en un tono lacónico—. Buscaré unas pastillas y te dejaré unas gotas para reducir el enrojecimiento de tus ojos.

El Maestro tenía al frente diferentes proyecciones traslúcidas que mostraban la actividad cerebral de Alexandros. A su izquierda, un marco relumbraba reaccionando a la voz de Alexandros, grabando la reunión por escrito, palabra por palabra, al captar el sonido.

—Creo que debería ir a entrenar, Maestro Seth —recordaba Alexandros.

—Vamos —insistió Seth—, al anochecer dejarás de ser solo un heredero a convertirte en un Príncipe Mercante. Todos estarán ocupados con los preparativos, tendrás tiempo para entrenar todos los días, pero un momento como este solo ocurre una vez.

Alexandros solo guardó silencio. El Maestro apagó las proyecciones, guardándolas en la palma de su mano y salió de la habitación; buscando entre los cajones de su escritorio los medicamentos. El Maestro cogió una lámina metálica, con cavidades cuadradas divididas en ocho envases y un frasco pequeño. Cerró el cajón y entró de nuevo a la habitación conjunta a su laboratorio, presionando el envase de plástico para liberar una delgada y aplanada pastilla, que se adhería a la yema del dedo.

—¿Es el mismo tratamiento? —preguntó Alexandros.

—Esto sí te hará dormir —se acercó el Maestro.

—Me dijo lo mismo el día anterior —replicó Alexandros.

—Porque no quería intentar con algo más fuerte —reconoció el Maestro—. Las drogas para provocar el sueño son adictivas. Al principio te ayudan a dormir, pero su continuo consumo disminuirá sus efectos, llegando a necesitar cantidades más grandes y generarás dependencia, pero si no duermes, tu cerebro también sufrirá por la falta de sueño.

—Está bien, la tomo —dijo Alexandros, en un tono convencido.

El dedo de Alexandros se acercó al del Maestro, la pastilla se adhirió a su dedo y la puso sobre su lengua. Poco a poco se disolvía, no necesitaba beber agua, el sabor era gélido como una menta concentrada. En pocos minutos, su cuerpo se relajó y sus párpados se cerraron.

Seth contemplaba a Alexandros, con el rostro serio. Apagó las luces y salió de la habitación. Frotaba sus dedos, cerca de sus labios, levantó la vista y se encontró con su reflejo en las ventanas de su estantería. Trató de enderezar su cuerpo, pero igual podía ver la joroba que se había agravado con el paso de los años, su barba era profusa, blanca y disimulaba su mandíbula torcida, sus cabellos de igual color caían sobre sus hombros. Solo sus ojos púrpuras resaltaban en su pálido semblante, como dos uvas en lo profundo de sus cuencas, pero solo llamaba la atención a la creciente protuberancia en su frente hacia el ojo izquierdo.

No pudo evitar pensar en la belleza de la juventud, en los cuidadosos métodos que han llevado a escoger el rostro de los líderes que gobiernan desde los muros del palacio. Seth agitó la cabeza, disgustado. No quería distraer su mente con vanidades, tenía que enfocar su atención y no distraerse por mirarse en el espejo. Las respuestas que buscaba no las encontraría allí.

—Ya los tratamientos están funcionando en él —dijo Seth—. Su cuerpo ha comenzado a transformar el veneno y expandir su consciencia. Solo es cuestión de…

Seth detuvo el movimiento de sus manos sobre el escritorio, estuvo cerca de abrir los exámenes para estudiarlos una vez más, pero no lo hizo. La puerta de su laboratorio se abrió, el Maestro sintió una presencia conocida.

—Maestro Seth —escuchó la voz, suave y grave, llamándolo desde la espalda.

—Tiene mucho tiempo que no me visita —dijo el Maestro, todavía sin girarse a verla—. ¿A qué debo el honor, Dama Nadya?

—No es necesaria tanta formalidad —respondió Nadya—. Buscaba a mi hijo, no lo encontré en su habitación.

—Curioso que me pida no sea formal. —Seth se levantó y abrió la puerta de su despensa. —Desde que vivo en este palacio, nunca me ha llamado por mi nombre sin anteponer la palabra: «Maestro».

—Es difícil deshacerse de las costumbres cuando las conviertes en un hábito —reconoció Nadya.

—¿Pretende romperlas ahora? —Seth entrecerró los ojos y cerró la mano. —¡Aquí estás! —espetó—, me disculpa si pregunto demasiado, pero sabrá que soy muy curioso y más cuando se trata de rutinas. Siempre hay un motivo detrás de todo para cambiar las cosas.

Seth se apoyó en su escritorio, sostuvo en su mano una pipa de caño alargado y boquilla negra, sujetó con su mano libre un frasco de esencias y las vertió en el hornillo, luego alternó del frasco a un encendedor y levantando el seguro, liberó una llama calentando la superficie inferior de la pipa, hirviendo las esencias.

—Creí que se sentiría más cómodo en este ambiente más privado llamarme por mi nombre —dijo Nadya—. Eres un miembro más de nuestra familia y un maestro en sus artes. ¿Qué fuma?

—Cenizas de Fenhrir —respondió Seth—, ¿quiere?

—Oh, no —Nadya agitó la cabeza, de modo negativo—, hace mucho mi esposo y yo dejamos de fumar.

—Bueno, si no los mata el cigarro lo hará el estrés de este Imperio. —Seth dejó el encendedor sobre el escritorio y aspiró profuso de la boquilla, retuvo el humo unos segundos y exhaló una densa humareda. —Alexandros está durmiendo en la habitación. Podría despertarlo, pero no lo recomiendo. El muchacho está exhausto.

—Lo creo —asintió Nadya.

La mujer se acercó al umbral de la puerta de la habitación y vio la silueta boca arriba de su hijo sobre el diván. Podía escuchar su respiración profunda y percibió como su cuerpo demandaba descanso también, la tentación de bostezar estaba en ella y los celos sobre el plácido sueño de Alexandros la hizo no quedarse más tiempo para verlo dormir.

—¿Encontró qué le quita el sueño? —preguntó Nadya.

—Todavía no —respondió Seth—. Parece ser una serie de pesadillas, recuerdos de su niñez que lo llevan a la muerte de su abuelo. La frecuencia de estos sueños tiene algo relacionado con la ceremonia, no debe ser fácil estar a un paso de convertirte en Alkaizer.

—Él está preparado para gobernar —dijo Nadya—, le enseñé todo lo que sé y su prometida conoce muy bien sobre relaciones exteriores. Hacen buena pareja.

—Igual que el Alkaizer y usted —señaló Seth, de un modo que resultaba irónico.

—Dígame, Seth —se acercó Nadya—, ¿alguna vez te has enamorado?

Seth se había percatado que, en cuestión de minutos, Nadya había entablado una conversación. Tan irrelevante como fuera la misma para ambos, cada pregunta seguía hacia una dirección, pero el hombre no sabía dónde apuntaba, estaba ciego en un camino que solo ella conocía y comenzó a sentirse vulnerable.

—El amor me distrajo por mucho tiempo de mis deberes —dijo Seth—, no tuve tanta suerte, pero sí… en mi juventud hubo una mujer en particular.

—¿Cómo se llamaba? —preguntó Nadya, con ojos curiosos.

—Minerva —contestó—, aunque fue un amor pasajero. Pronto me di cuenta que jamás llamaría su atención y tampoco soy de los hombres que pueden amar. ¿Usted sigue enamorada del Alkaizer?

Hubo silencio, Nadya sonrió, y Seth encontró como ponerse del otro lado de la conversación, ya no se sentía tan frágil y la mujer frente a él no lucía tan fuerte ahora. Aunque el objetivo de su comunicación seguía sin ser claro.

—Sí —dijo Nadya—, hemos pasado por tiempos mejores, por supuesto. Pero sigo viéndolo de la misma forma como hace veinte años atrás.

—Creo que duró mucho tiempo en silencio para pensar en esa respuesta. —Seth volvió a inhalar, el laboratorio se iba llenando de humo. —¿Ocurrió algo?

—Mi esposo tiene una enorme responsabilidad sobre sus hombros y no son tiempos tranquilos para el Imperio —contestó Nadya—, hemos estado separados en espacio, pero nunca tan unidos en pensamiento. Ahora nos preocupa más Alexandros, sabemos que ha estudiado su caso casi toda su vida.

Seth ya podía ver con claridad hacia donde se dirigía, los pasos de Nadya fueron muy cuidadosos, sin hacer preguntas sobre qué perseguía, pero esperando respuestas. Seth expresó tranquilidad en su rostro, pero no la suficiente para no transformarla en un exceso de confianza.

—Todavía no ha demostrado habilidades superiores, es como cualquier hombre —dijo Seth—. No podríamos decir lo mismo del Alkaizer, pero son talentos que se desarrollan con los años. Todavía es muy joven.

—No lo pongo en duda —admitió Nadya—, pero no será suficiente para convencer a la hermandad.

—¿Qué quiere decir? —inquirió Seth.

—Todos los Príncipes Mercantes son talentosos, a su modo —prosiguió Nadya—. Los Ferrer no estábamos incluidos en el mapa genético de la hermandad, pero Barbatos llegó a convertirse en Alkaizer. Jamás enseñó cuál era su talento, ni siquiera en batalla, pero tenía algo que interesó a la hermandad.

—Pudieron equivocarse —reconoció Seth—: en las ciencias siempre hay un margen de error.

—Eso es correcto —reafirmó Nadya—. La hermandad no es perfecta, pero nunca se equivoca. Sería catastrófico, no solo para nosotras, también para el mismo Imperio. Alexandros ha demostrado muchas fortalezas, pero si no pasa esta prueba, me temo que no habrá un heredero.

Seth se sintió acorralado, controló el temblor en sus manos, pero no hizo más que trasladarse a sus labios y dentadura. Invocó a la calma en su mente, pero nada acudía para tranquilizarlo.

—No estará pensando sacrificar a su único hijo, ¿cierto? —Seth sonrió. —No, perdóname la pregunta, es un absurdo…

—No, no lo es —aseveró Nadya—. Si Alexandros no demuestra resultados de su cadena genética, me temo que no habrá otra alternativa: será abortado.

—¡Es solo un crío! —Seth espetó. —El Alkaizer no puede aprobar esto.

—Como dije antes —rehiló Nadya—, el Alkaizer tiene muchas responsabilidades que competen al Imperio. La hermandad no es una de ellas.

—Necesito más tiempo —pidió Seth, casi implorándole.

—Hoy es la ceremonia —sonrió Nadya—, no puede retrasarse más.

­—¡Es su hijo!

—No será el único. Comprenda, Maestro Seth, lo estaré esperando. —Nadya se acercó a la puerta del laboratorio, pero antes de retirarse, volvió su cuerpo hacia Seth. —Cuando Alexandros despierte, envíelo a mi cámara.

—Sí, mi dama —Seth asintió con la cabeza.

La mujer ya no estaba en su laboratorio. Seth se acercó a la habitación y observó a Alexandros dormir. ¿Habrá escuchado su conversación? No. Jamás había visto a Alexandros tan tranquilo. Seth comprendía las palabras de la mujer y eran ciertas, toda su vida se había preparado para un propósito. Al regresar a su escritorio, dejó la pipa a un costado y, elevando los dedos desde la superficie, encendió una proyección tridimensional del cerebro de Alexandros y contempló los resultados, lleno de dudas y desesperación. Había progresado, pero no sería suficiente. Es muy tarde, pensó Seth. Esta misma noche, la cabeza de los Ferrer estará en mis manos.

17 de Octubre de 2020 a las 01:18 7 Reporte Insertar Seguir historia
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ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Gracias de nuevo por la portada.
ASHLEYCOLT 777 ASHLEYCOLT 777
Excelente, gran comienzo de esta historia que promete y mucho, me gusta como relatas los detalles, y describes todo con gran detalle, ojalá y yo pudiera hacerlo de igual modo, la guardare en mi biblioteca, gracias por publicarlo.
Mitri Dateskov Mitri Dateskov
Bueno, finalmente he podido leerlo y comentar algo al respecto. Te diré que encuentro sorprendente este comienzo in media res, en el que se te arroja al asunto directamente y tienes que intentar reconstruir la información con lo que puedas encontrar en el texto. Es sorprendente porque normalmente eso se hace de mala manera generando frustración, pero en este caso logras que se mantenga el interés. No se si era tu intención que quedase muy místico el asunto de la Irkalla y la dama que es a la vez la madre del Alkaizer Alexandros, pero es lo que ha ocurrido. Toda la ejecución de diálogos hace sonar la historia como si estuviesen hablando de conceptos muy metafísicos más que de realidades, es una sensación que no se muy bien como definir; diría que parece como si existiese algo más, algo sobrenatural, que los personajes conocen pero no se atreven a discutir si no es con muchas elipsis y rodeos. Los personajes se hallan muy bien definidos en sus personalidades, pese a que en algunos casos han dicho pocas palabras y en otros han hablado profusamente. Creo que está muy claro que la casa Hadzagel va a causar problemas, otra vez; la intriga es como lo harán, pero por el momento el futuro no pinta bien para Alexandros si su propia madre conspira contra el... Esperaré a ver más para poder dar una opinión más detallada, pero por el momento tengo curiosidad por ver como evoluciona la historia y que más hace gente como Alexandros.
Daniel Casanova Daniel Casanova
¡Excelente trabajo! Una ejecución magnífica de diálogos y personajes que hacen de esta historia algo completamente memorable. Es importante destacar como te esfuerzas y logras imprimir una escena que nos da un vistazo a lo que se va a venir. Estaré siguiendo muy de cerca tu trabajo, porque simplemente me encanta. ¡Sigue así! <3
Daniel Casanova Daniel Casanova
¡Excelente trabajo! Una ejecución magnífica de diálogos y personajes que hacen de esta historia algo completamente memorable. Es importante destacar como te esfuerzas y logras imprimir una escena que nos da un vistazo a lo que se va a venir. Estaré siguiendo muy de cerca tu trabajo, porque simplemente me encanta. ¡Sigue así! <3
Oscar Fernandez Oscar Fernandez
Me ha gustado mucho el inicio de esta gran historia. Tengo que decir de primeras, que mis dieces por la alucinante narración y escritura que tienes, todo está supercuidado, muy profesional, como si hubiera salido directamente de una editorial. En cuanto a la trama, me gusta la premisa y los conceptos que manejas son muy llamativos, se nota que va a ver mucho salseo en el futuro. Los personajes están muy bien construidos, ya que desde el primer momento, son muy carismáticos, como Seth, que en las líneas que tiene ya tiene una personalidad bien marcada y ya es mi personaje fav y todo. Seguiré leyendo tu novela para ver qué tal avanza. ¡Gran trabajo! ¡Sigue así! x)
October 17, 2020, 13:51

  • Jessica Basper Jessica Basper
    ¡Muchísimas gracias! Por compartir tanto amor por la historia y personajes que también amo. No sabía que responder al principio, pero agradezco tanto el apoyo y que quieras seguir esta aventura. No me considero a mi misma una escritora profesional, pero sí he leído mucho y traté de estudiar hasta donde pude sobre edición, pero sé que hay muchos escritores mejores que yo y lo que he aprendido se lo agradezco a mi mentor, Daniel Casanova. ¡Jajaja!, sí, admito que habrá muchísimo salseo... ;) Seth, de hecho, es mi personaje favorito. Tiene un genio terrible, pero sé que todavía hay mucho que debo explorar y descubrir en él. ¡Gracias, otra vez! Prometo seguir actualizando. October 19, 2020, 06:03
~

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