-tania9305 Tania Zúñiga

La Villa de Ingar ha sido un lugar maldito por ya largos 500 años, Shitra una Ingar que a sido rechazada por su raza desde su nacimiento, pasara de ser la victima de su propio pueblo, a ser la verdugo de toda su gente.


Cuento Todo público.

#fantasíaoscura #Horrordramatico #iniciomaldito #VillaMalditaInskpired
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Cápitulo 1

Una aldea donde las supersticiones ganaban sobre la razón, donde no llegaba la voz de Dios, y donde el sacrificio y las maldiciones se cultivaban con precaución y constancia. Un lugar abandonado de toda razón y lógica, donde dio nacimiento a una maldición concedida y cultivada por la ignorancia de los pobladores, una maldición que ellos no sabían sería la causa de su perdición.

Los causes del pantano descendían desde tierras aisladas, tierras que conectaban a la Villa Ingar, “hogar” de Shitra, la joven perteneciente a esta villa reposaba bajo uno de los árboles qué se ubicaban en lo profundo del bosque, el silencio de ese lugar era como un cauce de la más bendita y placentera soledad.

Un pequeño ruido despertó a la joven y pálida chica.

— ¿Eh? —, de pronto la joven delgada y desnutrida abrió los ojos – ¿Qué algo viene? –, preguntó viendo a cierto lugar cubierto por la oscuridad. Pronto el sonido de las ramas resonó lejos en la negrura, siendo iluminada por antorchas que crepitaban para dar luz a su rincón de paz.


⁙⁛⁙


La noche del eclipse lunar tenia a la aldea alterada, no había habido un eclipse desde hace 500 años, ese evento era un mal augurio para los pobladores de Ingar. En la casa del jefe de la aldea estaban reunidos los líderes de cada casa, considerados sabios de esas tierras, sus caras arrugadas y demacradas daban la visión de hombres viejos. Era una costumbre de la villa que los más viejos y por cuestión de vivir más años fueran considerados hombres de vida, significado de sabiduría. Frente a ellos sentados sobre una lona de cuero estaba un joven de piel oscura, el joven Among uno de los guerreros más fuertes de la aldea, y considerado el próximo sucesor y jefe de Ingar, mantenía la cabeza baja sin mirar al patriarca actual a los ojos, una señal de respeto al jefe principal.

Among el joven de cuerpo fuerte y piel oscura, mantenía la postura rígida de un guerrero, esperando por el motivo de su llamado, aunque muy a su pesar ya sabía el porqué de su solicitud.

— La villa está perdiendo sus cultivos, la tierra esta seca y no ha habito tiempos de lluvia desde hace más de catorce lunas –. Habló Garp con voz grave, el mayor y jefe principal de la villa, a pesar de ser el de más vieja edad, mantenía la forma fuerte de un antiguo guerrero Ingar. Sus ropas grises y barba blanca no podían ocultar la cicatriz tan reveladora que traspasaba su ojo derecho.

— La sabia Mokul ha hablado, debemos ofrecer un sacrificio al Shangri –. Dijo uno de los señores de la aldea –. El hombre que habló era la mano derecha de Garp, Ivar, ese hombre de cabellos grises y largos que a pesar de los años mantenía una fuerte presencia.

Los demás testigos que estaban en el lugar se tensionaron ante la mención del Shangri. Shangri el temor de los aldeanos y el monstruo que vivía en las profundidades de las tierras donde no llegaba el sol.

Es una locura, las tierras donde habita ese demonio esta sobre las montañas rocosas, se dice que los espíritus malditos no dejan entrar a nadie y el que ha logrado entrar no ha vuelto –, mencionó una de las mujeres mayores. La mujer miró a Garp a los ojos, siendo una de las matronas y la esposa oficial de Ivar, mantenía una posición superior a cualquier otra mujer; a causa de eso Mirra poseía un orgullo más grande que cualquiera.

— Es necesario –, dijo la matriarca y esposa de Garp –. Eracly era una mujer que, a diferencia de la esposa de Ivar, Mirra; que mantenía una presencia fuerte a primera estancia esta segunda era Eracly, desprendía una fría suavidad, era como si esa calidez fuera peligrosa, un peligro similar a la cobra pantanosa–. La gente de la villa no resistirá otro año más de hambruna, sentenció con voz cándida.

Esto solo puede ser a causa de esa criatura –, acusó Ivar con desprecio.

Among, solo pudo oírlo en silencio, cada palabra de esos ancianos era como punzantes agujas que se incrustaban en su piel.

— La hambruna es a causa de estas tierras –, Among miraba a Ivar con esa voz tan segura que lo caracterizaba, estamos alejados de los demás pueblos y ciudades, además de que estas tierras ya eran áridas desde antes y ahora después de años de explotarlas es normal que esté perdiendo fuerza para el cultivo. Ya han sido más de 600 años que habitamos estas lúgubres tierras malditas, el solo hecho de estar vivos es un milagro.

— ¿Cómo puedes decir eso Among? –Garp con mirada punzante le sentenció para que callara. El viejo patriarca conocía el apego que este hombre mantenía por ese ser que no debería haber nacido –. Le permitimos vivir porque tú lo pediste hace ya más de catorce años, pensando que no viviría más de lo que una criatura nonata le era posible vivir sin leche materna. El que todavía camine por esta villa demuestra que ese monstruo debe morir.

Among silenció, pero sin perder ante la intimidación de su jefe –, siendo el próximo patriarca debes saber qué es lo mejor para los tuyos.

— Y como futuro jefe, tengo que sacrificar una vida inocente, por la cobardía de los Ingar.

— ¡Calla! ¡Ingar insolente! – reprendió Mirra – ¡Osas contradecir a nuestro señor!

— No, ¿cómo puedo hacer algo que puede acabar con mi orgullo como guerrero y lealtad a mi señor?

El patriarca pudo discernir las palabras filosas del joven y fuerte Ingar, Among era respetado por los suyos, poseía un harem de mujeres a sus pies, siempre lo consideró como el siguiente sucesor, pero aun así todavía no estaba listo para tomar esa posición.

— ¿Dices que la lealtad a tu señor es mayor, que el cariño que le tienes a esa Shitra? – Among no dijo nada solo se limitó a asentir. Con una leve sonrisa, aceptó su respuesta –, si eso es así, espero que cumplas con tus palabras, el honor de un hombre Ingar recae en sus palabras.

Los murmullos desagradables, crepitaban sin reparo dentro de la habitación.

— Sabíamos que no podíamos dejarla vivir desde que la vimos nacer –, decían.

— Asesinó a su madre desde que estaba en el vientre, ya era una mala señal desde un principio.

— Una hija sin padre, nacida de una mujer sola solo eso ya se considera herejía en nuestra villa.

— Es una niña maldita que no merece vivir.

Among miró al resto de serpientes vestidos con cuerpos humanos. Una sola mirada y los ancianos callaron. Among solo agachaba la cabeza a su señor.

— Shitra no es hija del pecado.

— ¡Ja! No me hagas reír, a ese monstruo no se le puede llamar Ingar, ni mucho menos uno de los nuestros, acaso a has visto su mirada –. Acusó Mirra.

Among le desfiló una mirada de desprecio. Mirra solo pudo verlo como un joven guerrero pasional, lleno de terquedad.

Aun así, solo pudo hacer silencio ante esa declaración, porque muy en el fondo pensaba que esas palabras tenían algo de razón… Shitra, era la niña que sería el sacrificio para el eclipse que se avecinaba, era hija de su hermana muerta. Como su único familiar, esa niña siempre estuvo bajo su supervisión, desde su nacimiento ha estado ahí para cuidarla y protegerla como se lo prometió a Ilena, pero… no pudo cumplir del todo esa promesa, cada vez que la miraba…

Among era el más que consciente de la diferencia que Shitra mantenía de los Ingar, su piel, sus ojos, todo en ella era distinto a su raza, de piel oscura y ojos negros. Shitra desde los primeros años de vida fue diferente, siempre silenciosa, he indiferente a todo lo demás, esos ojos rojos siempre le causaban escalofríos.

Era su sobrina, pero y apenas le había dirigido la palabra, sus esposas e hijos no la querían cerca, además de que había sobrevivido sola desde muy joven, no sabía cómo había sobrevivido por todos esos años con apenas lo que él le podía ofrecer, algunas veces desaparecía sola en el bosque por días o semanas, para luego volver sin un solo rasguño. Le habían permitido vivir por ser hija de su hermana, pero eso no significaba que su gente la considerara como uno de los suyos, le tenían miedo, asco, repudio.

Cerró los puños con fuerza.


⁙⁛⁙


Shitra, solo pudo ver una pequeña luz asomarse por la rendija de la ventana, su piel blanca estaba cubierta de golpes y heridas, dejando ciertas zonas rojas donde regurgitaba la sangre, sus tobillos estaban desmontados, impidiéndole caminar, sus muñecas estaban adormecidas por lo apretado de las sogas dejando que su piel se desprendiera, la soga se pegaba a la carne vivida de sus muñecas. Era demasiado doloroso y cruel lo que esos hombres y mujeres de la aldea le habían hecho, pero aun así no lloró ni se defendió, solo se dejó ser. Esa noche de luna llena iba a ser muy distinta a muchas otras, lo sabía porque era algo que los habitantes no dejaban de decir desde hacía varios días, y al parecer me necesitaban para esta noche tan rumoreada. Siendo la primera vez que esos Ingar me necesitaban no podía negarme.

Among siempre fue el único que le demostró lo más cercano al "afecto" que podía considerar. Él le decía que era alguien querido y preciado. Pero aun así al final siempre le dejaba para ir con su esposa e hijos. Y cada vez que eso sucedía Shitra pensaba “entonces no me necesitas…” Los parpados caídos de Shitra estaban por dejarse llevar por el cansancio, debilidad y sueño. Desde hace unas semanas los niños de la aldea no le habían tirado piedras, ni mirado mal, los hijos de Among eran los que más evidenciaban un desprecio indisimulado hacia ella. Ya hace dos días estaba encerrada en ese viejo cobertizo, sin recibir agua ni comida. Los días y las noches en ese lugar eran largos y fríos, eso causaba que extrañara las noches en el bosque. El tiempo que pasaba en el bosque a pesar de ser nebuloso y helado, cuando pasaba en el bosque, a pesar de que ese lugar pantanoso era conocido por ser tétrico, de cierta manera le daba más tranquilidad y calidez que esos últimos dos días de encierro y ayuno. De pronto la puerta se abrió para dejar entrar una luz tardía y abrumadora, que le hacía doler los ojos.

Un hombre corpulento y vestido con ropas de guerrero se acercó a ella, sus ojos acechantes, con un brillo sanguinario la miraron con una heladez despreciable. Detrás del sujeto venían otros dos corpulentos guerreros Ingar.

El primero se sentó de cuclillas para agarrar su barbilla amoratada, le sostuvo la barbilla con esos dedos duros y callosos; de él se podía percibir el olor a licor y tierra pantanosa.

— La Shitra monstruosa de nuestra villa, la causante de tantas desgracias –, sus ojos soltaban un brillo cubierto por una fina piel de desprecio.

— Una barbilla fina –, el hombre hablaba mientras miraba mi rostro y cuerpo con languidez – tus labios –, son una fuente del pecado –, su lengua lamió mis labios hinchados y secos –, y a excepción de tus ojos, con toda razón eres llamada Shitra –, soltó el hombre con voz burlona.

Su mirada era la de un monstruo que estaba a punto de tragarme, mi cuerpo tembló.

— Oye, no la mires a los ojos –dijo uno de los soldados.

— Ah sí, este fenómeno, me puede echar una maldición, pero como de hoy no pasa, no puedo dejar pasar esta oportunidad –, expreso el hombre apestoso, para luego levantarse y bajarse los ropajes de su cintura y dejar su entre pierna al descubierto.

— ¡¿He-Hey que estás haciendo?!– Exclamó uno de los hombres asustado por lo que estaba haciendo su compañero.

— ¿Que no vez? ¿O estas siego? Solo estoy quitando la tención de estos días, esos malditos sabios, me tienen de guardia de esta mocosa sin descanso, solo me desquito, con la causante de mi estrés.

Siendo así, el hombre agarró los cabellos negros de la joven para colocar su cara frente a su miembro, resultando que esta última no pudiera evitar gemir de dolor.

El sujeto le propinó una cachetada tan fuerte que le hizo desprender una muela.

— Una Shitra no puede sentir dolor –, bramó el hombre con frialdad, la joven solo pudo verlo con una mirada gacha y sin emoción.

— ¡Oye, que esperas! ¿Qué te desprenda la mandíbula, mocosa?

El hombre mantenía su miembro erecto sobre la boca rota de la joven.

Siendo una Shitra que no tenía el derecho a llorar ni gritar, solo pudo cumplir con su mandato, tal vez en verdad era una criatura que no debería haber nacido, como su nombre lo indicaba (Shitra significaba, sin hogar y no nacido, un sin nombre), al final puede que si estuviera maldita.

La chica solo pudo abrir la boca y dejar que el hombre hiciera lo que quisiera con ella.

En ese lugar oscuro y húmedo solo escuchó los suspiros y gemidos gustosos del Ingar–, seguidamente habló a sus compañeros que miraban la escena con deseo y placer –, luego se la dejo a ustedes.

A lo que los hombres asintieron con descaro.


⁙⁛⁙


— ¡Es una hija del demonio! La pobre Ilena, quedó embarazada, y nunca quiso decir el nombre del padre del niño, eso solo puede responder a una sola cosa. Todo lo que podemos hacer es sacrificarla al Shangri que habita en las montañas. Para así mantener otros quinientos años de paz.

Among seguía en la defensa, una defensa que ya tenía perdida era solo él, contra toda una aldea.

— Es absurdo, lo que están diciendo...

— Ya no hables más… Among, lo sabes, esa niña no puede seguir en esta villa, una hija de Morduk solo puede tener un final, es una hija del pecado…

Garp miró a Among, como si escudriñara dentro de su ser.

— Sabemos que es tu sobrina, y la hija de tu querida hermana Ilena, entendemos el lazo que tenías con tu hermana, y es por ti que le hemos permitido que viva en esta villa por estos catorce años – dijo Eracly –¿Es esa niña demonio o la vida de las personas inocentes de esta villa?

Among solo pudo agachar la cabeza, con frustración. Los mayores ya habían hablado.

El guerrero solo tenía una salida.


⁙⁛⁙


Uno de los soldados empujaba con fuerza muy dentro de ella, la joven solo estaba acostada mirando el techo. Observó como una de las arañas había creado una trampa de hilos finos, una pared casi invisible; una hermosa mariposa que venía desde el exterior quedo arredrada en su tela de araña, la pobre aleteaba tratando de salir de esa fina tela, pero entre más aleteaba más se enredaba.

— ¡Uh! - ¡Ugh! –, un gran gemido resonó cerca de su oído, solo pudo sentir como el líquido caliente ser vertía muy dentro de su ser. Una vez desprendido todo, el agitado y pesado hombre se movió para levantarse –. Estuvo demasiado bueno –, sonrío con desdén, mientras los otros estaban sentados, relajados y esperando su siguiente turno, había perdido la cuenta de cuantas veces había sido ya. El aliento y los sudores de todos estaban entremezclados y pegados sobre su piel, sus muslos dolían y sentía desgarrarse por dentro, las luces del sol ya se estaban desvaneciendo, el cielo estaba de un color rojo vivo ¿Era el eclipse lo que hacía que el cielo se tornara de ese rojo sangre?

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando escuchó alaridos de dolor y un poco de sangre caliente salpicar sobre su cara. Solo pudo ver como uno de los hombres se desplomó sobre su cuerpo. La confusión le embargó al mismo tiempo que miraba una sombra acercarse. Pudo escuchar como el filo de una espada se deslizaba fuera del cuerpo de uno de los guerreros, la carne cortada de ese hombre era como cuando los cerdos pasaban por el matadero.

— ¿Among? – Su único protector estaba de pie con un rostro irreconocible. El hombre de piel oscura y ojos negros, típicos de su raza, tenía una mirada asesina y salvaje. La sangre salpicaba su rostro. El hombre alto y robusto fue a su encuentro, una vez la enderezó, miró ese cuerpo desperfecto, de piel pálida cubierto de heridas y moretones, que no tenían cura, la mirada del soldado bajo a sus muslos notando una lluvia de fluidos de sangre cubiertos de algo más… su piel blanquecina estaba desgarrada, y los tendones de los pies estaban destrozados. Shitra sabía que todo en ella ya había perdido la vida. No podía caminar y mucho menos enderezarse. La joven solo pudo sonreír en agradecimiento por que esa persona fuera a su encuentro.

— Shitra, mi pobre Shitra…. – El hombre la abrazó de manera protectora, la sangre de su cuerpo fluía y palpitaba llena de rabia, su Shitra estaba en ese estado y todo por culpa de su misma gente. Esto no tenía perdón, Estaba lleno de furia descontrolada, la abrazó con todas sus fuerzas.

— Tío Among – murmuró Shitra –. Duele, ya no quiero sentir dolor...

— Ya no sentirás más dolor – respondió – lo prometo – vamos a salir de aquí.

¿Salir? Shitra pensó en sus esposas y sus hijos.

— Solo nosotros dos dejaremos esta villa –, Among tenía el olor de la sangre, desprendía un olor a muerte mucho más fuerte que esos tres hombres juntos.

Recordaba las noches en que el tío Among iba a su cabaña, esa cabaña que una vez fue de su madre, una madre que nunca conoció, “mi Shitra… mi Ilena”, esa era su voz susurrante cada noche que me “amaba”, su forma de amar era similar a lo que esos hombres le hicieron. Pero no sintió amor de esos hombres, ¿Cuál era la diferencia de esos soldados y el tío Among?

— No soy madre –, susurró, Sintió el abrazo de Among tensarse –, no soy mamá – dijo Shitra con pesar.

— ¿Qué dices Shitra? Claro que no eres Ilena –, le dijo con los ojos bien abiertos.

— ¿Entonces porque cada noche que me buscabas me llamabas de esa manera? – El rostro del guerrero dejó de mostrarle afecto.

De pronto su cuerpo escupió una bocanada de sangre, para desplomarse sobre los regazos de Shitra.

— ¡¿Tío Among?! – Among, tenía el rostro deformado de dolor, su frente estaba cubierta de un sudor frio, sus cabellos negros se pegaban a su cien. ¿Acaso lo habían envenenado? Pensó Among.

— ¡Maldito Garp…! – Despotricó Among con los dientes apretados. Podía sentir como el veneno fluía por su cuerpo. Intentaba recordar el momento en que eso había sucedido ¿Acaso fue el brindis que juramentó? Recordaba las palabras de Garp una vez la reunión había finalizado. “La palabra de un guerrero Ingar, es absoluta” “Lo mejor que puedes hacer es darme la seguridad que no me vas a traicionar, Among”. Dicho eso, la copa de juramentación le fue colocado frente a él y su líder. Garp le hizo brindar frente a las familias, una promesa de la lealtad absoluta.

— ¡Among…! – Las huesudas manos de Shitra temblaban mientras intentaba mover a un Among inmóvil e inconsciente.

El joven hombre, solo pudo ofrecerle una sonrisa débil.

— Lo siento mi Shitra, al parecer no pude, hacer nada por ti…. – dijo el hombre con el rostro deformado por las lágrimas -, igual que no pude hacer nada por Ilena… – Shitra solo pudo verlo batirse entre el dolor y la miseria en el suelo, y sobre sus regazos. Mirando a Among en ese estado recordaba las palabras de su tío a ella “¡si tan solo tú no hubieras nacido!”.

— Si yo no hubiera existido mamá no hubiera muerto – mencionó de pronto la joven con voz débil –Among lo escuchó, sin poder decir nada– Así el tío Among no estuviera triste y no lloraría todas las noches – No lloraría todas esas pocas noches que estaba junto a ella.

— No sabes cuánto te odié… – Confesó Among.

— Lo se… - dijo Shitra. Among le tendió una pálida sonrisa.

Shitra inclinó su rostro hasta rosar con el de Among, ambos labios se rosaron, para finalizar con un beso sangriento.

— Yo también te odio… – dijo al despegar sus labios de él lentamente –, por no amarme –. Padre…


⁙⁛⁙


No sabía cuánto tiempo había pasado, el cielo nocturno estaba teñido de rojo. Ya no podía sentir el calor de su cuerpo, el cobertizo estaba alejado de la villa, solo podía esperar a que la muerte la visitara. Contempló a un Among inmóvil y silencioso. Pronto el estruendo se hizo presente, la primera persona que apareció frente a ella fue la sabia Mokul, una anciana con semblante caído por la edad, pero ojos tan vividos llenos de conocimiento he historias y leyendas de Ingar. La mirada que la anciana Mokul le tenía a ella era de rechazo. Sus ojos observaron la escena sangrienta con detenimiento, al parecer no esperaba encontrarse nada como eso.

El escenario era perturbador, la joven Shitra estaba cubierta de sangre junto a tres hombres, y Among en su regazo.

— Lamentable… dijo la anciana –, esto es la desgracia que traes a este lugar criatura maldita. Garp estaba entrando después de ella.

— Esto no hubiera pasada si no fuera por la misma existencia pecadora – insinuó Mirra.

Shitra los fulminó con odio y dolida por sus palabras.

— ¡Yo no pedí nacer…! – Exclamó con los labios temblorosos.

— Eres solo un producto del pecado. Algo aberrante no permitido por la naturaleza – acusó Ivar.

— Terminemos con esto – Comandó Garp.

Los soldados tomaron a Shitra mientras la joven se dejaba arrastrar.

— Pronto la aldea recuperará sus cultivos, solo hay que sacar la plaga que obstruye estas tierras.

Mientras la anciana Mokul pronunciaba palabra por palabra, la joven Shitra miraba como se alejaba del cobertizo abandonado.

— Estas tierras siempre estarán malditas, mientras ustedes existan – solté.

— ¿Qué no te das cuenta? – Mirra hablaba con desprecio y sarcasmo – Solo tu presencia es veneno para estas tierras.

“No hay cura para los Inga, si no hubo cura para Among, no la habrá para nadie…” Pensó Shitra mientras caía inconsciente.


⁙⁛⁙


El Eclipse estaba en su máximo apogeo, cuando abrió los ojos, podía sentir las cadenas en manos y piel, el duro y frio suelo, y las frías estacas que se clavaban en las palmas de sus manos y pies.

— Pronto, ya no tenemos mucho tiempo. Se escucho a la anciana Mukul. Para seguidamente Garp dar el permiso.

Ya no sentía la parte bajo de su cadera, la sangre se había secado, la punta de los pies había perdido parte del tejido de la piel por el arrastre del suelo contra la tierra árida.

La luz de las antorchas iluminaba el altar en el que la tenían incrustada, la roca estaba diseñada con fisuras similares a los símbolos que representaban al monstruo de las montañas rocosas.

— Hay que prepararla para el Shangri, así que es esencial marcarla con una señal de que indique que es de su pertenencia –. Habló Mokul.

Su cabeza la sentía pesada y borrosa, no podía entender, porque todavia no había muerto. Pronto sintió algo caliente quemar la parte derecha de su costado. Un grito se hizo reverberar muy dentro de su ser. Sentía como las miradas de todos contemplaban sin pesar como la marcaban como ganado. Otra braza caliente se sintió en el costado derecho, Piernas y brazos, la sangre que salía de su cuerpo se deslizaba sobre las grietas de la roca en donde la tenían sujetada. Palabras incoherentes de Mokul señal de los ritos y plegarias eran cada vez más fuerte, una cuchilla fría y filosa se hizo sentir incrustar en la piel, la carne salía desprendida, al igual que su sangre. No tenía idea de las veces que había perdido la conciencia. Hasta que algo pesado y filoso traspasó su corazón.

Después de lo acontecido hubo como diez minutos de silencio.

— Hay que preparar su cuerpo –, dijo Mokul –, el llevarlo cerca del acantilado rocoso es parte del ultimo rito.

— ¡Ya escucharon! – Mandó Garp.

Los soldados iban a recoger el cuerpo descuartizado de Shitra, cuando vieron a este moverse.

— ¡Je-jefe! – Los soldados miraron a Garp asustados.

— ¡Que esperan! Rápido, recojan el cuerpo –, Ivar estaba fastidiado.

Pero sus palabras quedaron ahogadas al mirar el cuerpo despellejado de la joven moverse. El cuerpo crujía con cada movimiento, los huesos quebrados del cuerpo tronaban sin descanso.

— Es algo decepcionante… – Habló Shitra con voz débil. Algo que alarmó a los Ingar. La joven Shitra, con una delicada y abrumadora fuerza desprendió los brazos de las dagas que le tenían prensadas. Dejándoles un enorme hueco en las palmas de sus manos. Todo en esa escena era una imagen sangrienta y perturbadora. Shitra se deslizaba y desprendía de cada estaca, las cadenas de ambos brazos y pies fue lo único que conservó, pero eso solo tuvo un resultado más tétrico– anciana Mokul ¿Por qué me ves así? –dijo Shitra, con esos ojos rojos que brillaban causando horror en los aldeanos.

Mokul no podía creer lo que estaba viendo.

— ¡Soldados de Ingar no retrocedan! ¡Demuestren el orgullo de Ingar! – Comandó Ivar, pero esas palabras fueron inútiles, ya que todos se quedaron inmóviles para luego sentir como sus oídos y ojos sangraban. Y seguidamente caer muertos.

Las cadenas de brazos y pies resonaban entre los gritos arrolladores de todos.

— Es inútil que corran –, murmuró, sus palabras no estaban equivocadas, ya que todos cayeron al suelo muertos.

— ¡Eres solo un monstruo…! – Ivar con furia corrió directo a la sangrienta Shitra.

— ¡Ivar no! – Gritó alarmada Mokul. Pero fue demasiado tarde, Ivar solo se desprendió por partes, se convirtió en carne fina picada.

— ¡Ivar! – gritó Mirra entre quejidos lastimeros.

Los huesos de Shitra estaban recuperando su forma.

— ¿Siquiera saben lo que es el Shangri? – Preguntó –, no tienen idea de lo que es, ni lo que representa. Los Ingar solo son una raza condenada, que no merece vivir libremente. Es una pena.


⁙⁛⁙


Shitra miraba a su gente con una triste indiferencia,

— Yo solo soy una creación de sus errores...

La anciana Mokul miraba con pánico a la joven.

— ¿Este es el fin de nosotros? Después de tantos años –Garp miraba como su gente era asesinada sin piedad. “Su víctima, su verdugo”.

— ¿Voy a morir aquí? – Su esposa Eracly temblaba, con una mirada desorbitada se dirigió a su compañero – ¡No quiero morir en este maldito lugar! – Vociferó entre alaridos, la una vez su compuesta pareja estaba en un estado delirante y de pánico.

La extinción de Ingar ocurrió en ese Eclipse lunar.

Shitra observó la villa que una vez fue su hogar en un silencio sepulcral, con pies descalzos caminó sobre el mar de sangre fuera del lugar.

— ¿Esto tenía que terminar así? – Preguntó –. No puedo entender, sus ojos solo brillaron queriendo llorar.

Pero ni una lágrima salió de sus ojos –. Tranquilo, no voy a llorar, ¿Al fin y al cabo es imposible para mí el lamentar? – Sonrió débilmente.

— Está bien, creo que es hora de marchame –dijo para darle la espalda a la villa Ingar, junto a la sombra bajo sus pies.

Sombra que se agrandaba cada vez más al acercarse al Oscuro bosque, tomando cada vez más la forma de una enorme araña.

12 de Octubre de 2020 a las 12:45 1 Reporte Insertar Seguir historia
5
Fin

Conoce al autor

Tania Zúñiga Escritora apasionada, amante de la lectura, y, bibliófila en proceso📔IG: @blogueraindie

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Diana Guiland Diana Guiland
¡Genial historia! Me puso la piel de gallina en algunas partes y haces que el lector se introduzca en el escenario. Te sugiero que revises los signos de puntuación, principalmente en lo que son diálogos porque a veces no se distinguen de la narración.
October 26, 2020, 23:08
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