gregrivers L. Gregorio Torre Rivero

El poeta encarnado en un ave sobrevuela los campos y el mar. Desde la altura observa las ciudades que simbolizan la decadencia, la maldad y la estupidez humana. Y descubre que nada podrá salvarnos, Salvo la mano de Dios.


Poesía Todo público.

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Mane, tecel, fares


Si sobre las colinas multiformes

teñidas de azul lunar,

sobre los campos varados

pintados de geotrópicas espigas

en un atardecer cárdeno

de vides en rojo pámpano.


Si sobre el inmenso mar

y las islas espumosas

alumbradas por el lejano fanal

de la luna omnipresente,

pudiera posarse

en vuelo grácil y leve

mi alma de gorrión asustado,

purificada ya en el crisol,

desposeída y descarnada

mirando desde la altura

el pecio de este cuerpo,

de los apetitos ayuna

y de los deseos desentendida.


Si sobre el sucio humo

de los tejados

de las urbes horrísonas,

el estrepito de las fábricas,

el veneno de los automóviles

que ha corrompido el aire, el agua

y el futuro de nuestra simiente,

aleteara la sombra

de un ángel exterminador

extendiendo sus poderosos brazos

desde la salida del sol

hasta el ocaso

y una mano misteriosa

pintara de rojo “mane, tecel, fares”, sobre las alcobas

de los malvados y sus reinos,

aún habría perdón y esperanza,

sino para nosotros

acaso para nuestra descendencia.

9 de Octubre de 2020 a las 22:43 0 Reporte Insertar Seguir historia
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