u16016005761601600576 Mary Galdámez

A veces la vida es demasiado dura; hasta que encuentras una verdadera razón para vivirla. Gun Atthaphan siempre ha tenido un sueño: volverse uno de los más grandes y famosos bailarines de Tailandia, sin embargo, está muy lejos de llegar a serlo. Con tan solo 15 años, y una madre drogadicta, se ve obligado a hacer lo que sea necesario para sobrevivir. Hasta que lo conoció a él. Salvado de las garras de la prostitución, Gun por fin se encuentra con lo más conocido a un hogar; sin embargo, no todo es lo que parece, y las esperanzas de poder volar y ser libre como una mariposa se van más rápido de lo que hubiera deseado. Dejándolo en la terrible decisión de elegir Lealtad…sueños o amor. OffGun BrightWin Butterfly Mary M. Galdámez Código de registro 2005164019385 Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0


Fanfiction Series/Doramas/Novelas Sólo para mayores de 18.

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Prólogo

Las recias gotas de lluvia que se estrellaban contra el suelo salpicaban sus viejas y desgastadas botas de cuero conforme aumentaba la velocidad de sus pasos, al punto de que al girarse y encontrase con la silueta de aquella Van de color negro sus pies se decidieran por correr.

Sus suaves cabellos oscuros se pegaban a su rostro debido al agua que caía sobre ellos, y cuando sentía que ya no podría más Gun Atthaphan lloró. Sus piernas gritaban en protesta al ejercicio al que estaban siendo sometidas, y sus pulmones parecían llorar ante la falta de aire, sin embargo, debía continuar. No podía parar, o todo acabaría en un abrir y cerrar de ojos.

El sonido del claxon de aquel auto provocó que la adrenalina y el miedo comenzaran a atacar su cuerpo, volviendo torpes sus pasos. Aferrándose fuertemente a su desgastada sudadera, Gun se pegó contra la pared, mordiendo sus labios cuando la puerta del auto se abrió, y aquel hombre de rasgos japoneses bajó mirando en su dirección. Rápidamente pegó su espalda contra la pared y apretó fuertemente los ojos, esperando que de alguna manera esa pesadilla terminara.

Pero no tenía tanta suerte.

El agua chapoteó sobre el suelo cuando las enormes botas militares se acercaban a las suyas y temblando Gun observó como el hombre le sonrió de oreja a oreja y rápidamente comenzaba a acorralarlo.

-Mamá…- aún a pesar de los malos recuerdos, Gun deseó tener a aquella mujer para protegerlo.

Y cuando se preparó para ser atrapado por aquel maldito hombre, el fuerte sonido de disparos le hizo abrir los ojos, completamente asustado. Dos camionetas mucho más grandes que la anterior cercaron el camino del hombre de manera que no pudiera escapar. Gun observó todo completamente asombrado, temblando como una pequeña hoja de papel cuando una de las balas atravesó el cráneo del hombre, y éste caía completamente ensangrentando frente a sus ojos.

Gun negó, sintiendo como dos grandes gotas resbalaban de sus enormes ojos cenizos y caían sobre el rostro del hombre, mezclándose con el rojo de la sangre. Aquel hombre que aún sostenía el arma entre sus manos lo miró, clavando su dura y fría mirada sobre él. Gun tembló, llorando aún más fuerte al ver como el hombre dejaba el arma sobre las manos de uno de sus guardias y lentamente comenzaba a caminar hacia él.

-Por favor… no…- las palabras quedaron en el aire, desvaneciéndose poco a poco ante el sonido de sirenas policiales que acercaban. El hombre lo miró, y tras varios minutos en completo silencio, una pequeña mueca parecida a una sonrisa se posó sobre sus carnosos labios.

-No voy a hacerte daño… lo prometo- Gun parpadeó anonadado ante lo cálida y suave que se escuchó su voz, y antes de que pudiera darse cuenta, las manos de aquel hombre se posaron sobre su boca, y su cuerpo se vio acorralado por el más grande.

Trató de gritar, sin embargo, algo muy parecido a la tela le impedía siquiera abrir la boca, y un extraño olor se filtraba por sus fosas nasales, haciendo que poco a poco se viera inmerso en una enorme y profunda oscuridad.

♪♪~ Butterfly ~♪♪

Cuando Gun volvió a abrir los ojos se encontró en un lugar completamente diferente. Las sucias y mojadas paredes habían desaparecido, siendo reemplazadas por un par de paredes color rosa pastel, y extraños cuadros adornándolas. Alarmado pegó un salto, quedando sentado sobre la enorme y comoda cama, en la que no había reparado su atención. Sorprendiéndose aún más cuando una suave y varonil risa invadió el lugar.

-Veo que has despertado- Gun reconoció inmediatamente al hombre que lo había salvado de las garras de aquellos hombres. Las imágenes de aquel hombre ensangrentado lo volvieron a llenar de miedo, poniéndolo rápidamente a la defensiva –Han pasado dos días, por un momento pensé que no despertarías- el hombre clavó sus oscuros ojos en su rostro, sin sorprenderse por el miedo que encontró en ellos.

-¿Qué hago aquí? ¿Qué quiere de mí?- lentamente y con una elegancia que Gun no había presenciado en ninguno de sus 15 años de vida, el hombre caminó hacía él, dejando una distancia prudente entre él y la cama. Gun retrocedió.

-Estabas a punto de ser tomado por traficantes de personas, y seguramente vendido a algún depravado sexual que te prostituiría día y noche…- el chiquillo de cabellos negros jadeó asustado –Y decidí salvarte- parpadeando constantemente, Gun clavó su intensa mirada en el hombre.

Era alto, mucho más alto que sus propios 1.68, y lo más fascinante, era guapo. Muy guapo. Su cabello, peinado ligeramente hacía un lado era de un color castaño como el chocolate, y brillaba ante los leves rayos solares que se filtraban por la ventana; sus labios eran un poco finos y llamativos, de un intenso color rojizo que cautivó los ojos del pequeño Gun, pero sin duda lo que más le gusto, fueron aquellos dos ojos marrones un tanto grandes. Era tailandés, pero tenía alguna descendencia europea, de eso Gun estaba seguro, lo que volvía más interesante ese par de orbes que no dejaban de mirarlo en ningún momento.

El hombre le sonrió al encontrarse con su mirada, provocando un leve sonrojo en las mejillas regordetas del mocoso pelinegro, y tan pronto un par de hoyuelos se formaron en las mejillas del hombre, Gun perdió su defensiva. Lentamente, y con cuidado de no asustar al pequeño, el hombre se acomodó a su lado, dejando cierta distancia entre ellos en la cama. Gun se mordió el labio, costumbre al verse nervioso o acorralado.

-¿Cómo te llamas?- sorprendido por la pregunta, Gun se tardó en responder.

-Atthaphan… Gun Atthaphan- el hombre le sonrió.

-Lindo nombre… como tú- esta vez el sonrojo de Gun aumentó, haciendo que mirara hacía todos lados sin saber cómo actuar.

Era lindo, él lo sabía. Las incontables veces que se había visto en el manchado y quebrado espejo de su madre se lo habían confirmado. Su cuerpo, a pesar de ser delgado mantenía el musculo y volumen suficiente en los lugares adecuados, dándole un toque delicado y femenino. Su cabello, suave y negro como la noche caía delicadamente sobre un par de ojos sonrientes de color ceniza, haciendo juego con un par de labios rosas y gruesos.

Gun sonrió, tímido y nervioso como el mocoso de 15 años que era.

-¿Cuántos años tienes?- la pregunta le sorprendió, y mordiendo su labio dudo en si decir la verdad.

-15, cumpliré 16 el próximo Octubre- un poco sorprendido por la respuesta, el hombre sonrió.

-Aún eres un bebé- a Gun no le gustó el sonido de eso. Él ya no era un bebé- por supuesto que no. La vida se había encargado de dejárselo muy en claro.

Con una madre drogadicta llorando en cada una de las esquinas de la sucia casa en donde vivían, Gun nunca había sabido lo que era disfrutar de su niñez, viéndose obligado a trabajar a muy temprana edad. Aprendiendo de esa manera a sobrevivir en ese mundo de mierda.

Poniéndose de pie, el hombre se dispuso a salir de la habitación, sin embargo, Gun lo detuvo. Tomando la camisa del hombre entre sus dedos, Gun clavó sus oscuros ojos en los marrones del hombre, apartándolos rápidamente al verse atrapado por su intensidad.

-No soy un niño- a pesar de la negativa, su voz chillona decía lo contrario, avergonzándolo un poco. El hombre sonrió, tocando delicadamente sus delgados dedos con los suyos propios.

Mirando las dos largas falanges, Gun mordió su labio y antes de que pudiera detenerse aquella pregunta fue formulada y dicha por sus labios.

-¿Cuál… es su nombre?-

-Leo… Leo Saussay- el hombre lo miró, y le regaló una pequeña sonrisa antes de salir.

Gun se quedó mirando hacía la puerta en silencio. Sonriendo cuando por fin reparó en lo que acababa de pasar.

7 años después

Las fluorescentes luces brillaban de un lado a otro por todo el lugar, y tan pronto como estas se apagaron, la música comenzó a sonar. Los gritos resonaron de emoción, y dando una profunda respiración Gun por fin salió. Su cuerpo se movió lentamente, ganándose los gritos de los miles de espectadores que se encontraban en ese conocido antro, y aunque quiso sonreír no lo logró.

Amaba bailar, y a pesar de la incomodidad del lugar su cuerpo lo hacía de una manera completamente increíble y maravillosa. Ese era su sueño, ser un gran y aclamado bailarín, pero no de un prostíbulo famoso, sin embargo, se lo debía a él. Recordando aquella culpable mirada café trató de volver a sonreír, lográndolo porque se trataba de él.

Habían pasado exactamente siete años desde que Leo lo había salvado de los traficantes de personas y lo había llevado a vivir con él, y a pesar de que no había sido lo que él esperaba, también le había dado un hogar. En la casa de uno de los más grandes traficantes de drogas en Tailandia

A Gun le había costado asimilarlo al principio, sin embargo, le debía tanto al hombre que lo única forma de pagarle era esa. Ser la sensación de uno de sus pubs. Y allí se encontraba ahora, bailando y moviendo el culo para toda esa manada de drogadictos y asquerosos hombres que se morían por su culo.

Pegando su espalda contra el frío tubo de metal, se mordió el labio y con una sensual sonrisa comenzó a descender. El grito de los hombres se intensificó, y no pudo negar la sonrisa de satisfacción al ver lo que provocaba en los hombres. Lamió sus labios de manera provocativa, y abrir y cerrar los ojos un par de veces, una cabellera castaña entre todo el barullo de gentes le hizo clavar su mirada con curiosidad, encontrándose con un hermoso y guapo rostro, que le sonrió al encontrarse con su mirada.

Gun parpadeó incontables veces, sintiendo como poco a poco un martilleo atacaba su corazón, y esta vez, no era por la adrenalina de su baile…

9 de Octubre de 2020 a las 22:08 0 Reporte Insertar Seguir historia
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