hunter-rand1602249263 Hunter Rand

Un mercenario que mata por oro. Se enfrasca en una misión para encontrar las reliquias de una antigua raza. Enfrentándose a muchos obstáculos y enemigos en el camino. Idolatrado por muchos, odiado por muchos más. Lo que desconoce es que una oscuridad se cierne en el mundo y que pronto despertará


Fanfiction Series/Doramas/Novelas Sólo para mayores de 18. © Reservados

#accion #341 #301 #medieval
0
2.1mil VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los domingos
tiempo de lectura
AA Compartir

Capitulo 1

https://pbs.twimg.com/media/EjhmJ6CXgAAR1G8?format=jpg&name=4096x4096


-

El norte era frio, muy frio. Se tambaleaba a medida que daba zancadas pesadas en la nieve, la ventisca era tan fuerte que el muchacho no podía mantener el equilibrio, el viento siseante le congelaron los cabellos y su piel estaba pálido, cuando daba un paso hacia adelante las gotas de sangre manchaban la nieve. No supo cuanto tiempo caminó ni que distancia recorrió, lo único que quería en este mundo era escapar de ellos.

En Oldharbor la tormenta de invierno siempre pegaba con fuerza, el muchacho lo sabía muy bien cuando escapó de la aldea. Se movía con lentitud, la nieve le llegaba a las rodillas, aunque estaba vestido para soportar las temperaturas extremas, la herida en su costado izquierdo lo volvía cada vez más lento y más pesado. Su respiración se entrecortaba, emitía nubes de vapor que salían de pesadamente de su boca. Hasta que no pudo más y, se derrumbó en la nieve.

Tosió, escupió sangre, se estremeció por el frio. Esperaba la inevitable muerte, levantó un poco la cabeza y miró hacia el bosque, frio y oscuro con sus árboles ya muertos dando un apariencia tenebrosa para el muchacho. Trató de levantarse pero sus fuerzas se le habían desvanecido, asi que decidió quedarse quieto y esperar definitivamente su muerte. Se dio media vuelta como puedo, con la vista hacia arriba, quería ver la tranquilidad del cielo antes de morir. Sus ojos se estaban desvaneciendo, una lágrima corrió por su mejilla pero se congeló rápidamente, miró la tranquilidad del cielo azul antes de cerrar los ojos.

Hora después, ya no estaba solo, alguien más se le había acercado, encapuchado y con una capa larga. Esta le persona le miró por un momento, había salido del bosque cuando vio al muchacho tirado en la nieve, lo vio antes de derrumbarse pero no se le acercó sino una hora después. Miró detenidamente al muchacho.

-

En la provincia de Blackhand

El Príncipe Edward al igual que sus comandantes tenía las mismas vestiduras militares. Edward estaba sentado en el estrado del salón, con vestidura de peto reforzado, protectores en los hombros y brazos, guanteletes, protector en el cuello, botas de cuero, pantalones negros de lana y cuero, chaqueta azul de lana doble tejido, el casco con visor cerrado estaba sobre su rodilla y su espada envainada a su lado.

https://pbs.twimg.com/media/EjhmjRzXYAA579T?format=jpg&name=medium

—Háganlo pasar. —Dijo Edward a uno de sus guardias que estaba en la entrada del salón.

Los cinco centinelas que resguardaban el estrado si tenían puestos los cascos con el visor cerrado.

El guardia asintió y extendió su mano hacia la entrada. —Puede pasar. —Dijo.

Entonces entró, no vestía de la misma vestidura que el príncipe Edward. En cambio, este hombre vestía de un peto plateado y reluciente, chaqueta de lana de doble tejido de color verde, guanteletes de hierro, una capa de lana del mismo color de su chaqueta con bordes de cuero, pantalones de cuero y lana, botas de cuero, una cota de malla debajo de su peto y chaqueta, pieles de lobo en los hombros y protectores en los hombros, tenia puesto su casco con el visor cerrado con respirados en la nariz boca, no se le veía su rostro ni sus ojos ni su cabello.

https://pbs.twimg.com/media/Ejj-2TbXYAEu7Gq?format=png&name=small

—Puede acercarse. Cazador. —Dijo el Príncipe Edward mirando fijamente al hombre.

El hombre caminó con pasos firmes hacia el centro del salón, su armadura tintineaba a medida que caminaba, sus pasos resonaban en el salón. El hombre llegó al centro y se inclinó haciendo una reverencia.

—Puede quitarse el yelmo. —Le dijo Edward.

—No me tienen permitido quitarme el yelmo ante nadie. —Le dijo el cazador, su voz hacia un eco metálico a través del respirado de su yelmo—. La ley de mi gremio no me lo permite.

—Espero que sus servicios sean tan estrictos como sus leyes. —Comentó Edward.

—Tal como mi reputación habla bien de mi. —Dijo el cazador.

Edward sonrió. Los centinelas de capas largas se miraron entre sí.

—Tambien escuché que los cazadores son orgullosos por sus hazañas. —Dijo Edward escudriñándole con la mirada.

—Solo los mejores pueden alardear sobre sus hazañas. —Dijo el cazador.

—¿Tan bueno eres? —Le preguntó Edward.

—Aun sigo con vida. —Respondió el cazador con firmeza.

—¿Sabes por qué te he mandado a llamar? —Preguntó Edward apoyando el codo en el apoyabrazos del sillón.

—Necesitan deshacerse de un Rymar. —Respondió el cazador—. Que habita en las montañas de Blackhand. Ha robado y matado a los campesinos sin piedad alguna todas las noches. Usted ya envió hombres para cazar la criatura y después de varias semanas ninguno ha regresado con la cabeza del Rymar.

—Estas en lo cierto. —Admitió el príncipe Edward—. Me urge matar a esa criatura ante que lleguen los barbaros a ella. Sé que el Rey Purpura tiene conocimiento sobre la existencia del Rymar en las montañas. Y sé que tan persuasivo es ese bárbaro. Me imaginaba que si el Rey Purpura logra dominar a la criatura eso me causaría más problemas del que ya puedo lidiar.

—Y por eso quiere que mate al Rymar antes que Strain llegue a las montañas. —Añadió el cazador.

—Exactamente eso es lo que quiero. —Dijo Edward con una sonrisa—. Y como no puedo permitirme el lujo de sacrificar a más de mis hombres. ¿Por qué no contratar a un cazador para que se encargue de la criatura?.

—Si la paga es buena. —Dijo el cazador.

—Si la paga es buena. —Repitió Edward con una sonrisa.

—¿Cree que el Rey Purpura sea capaz de controlar al Rymar una vez que se encuentre con ella? —Preguntó el cazador.

—El Rey Purpura es un hombre que no hay que subestimar. —Dijo el príncipe Edward—. Unió a los isleños de las Islas Kraken quienes se mantenían en guerra entre ellos durante cien años. Y los convenció de unirse a él para invadir este reino en menos de un mes. El Rey Purpura puede convencer incluso hasta a los mismos no-muertos de unirse a su causa.

—Entonces. —El cazador se cruzó de brazos—. Bajo las circunstancias que ameritan que el trabajo tiene que hacerse con urgencia y considerando los rumores que rodean al Rymar. Tendría que subir mis honorarios para cumplir con ese trabajo.

—¿Cuánto?

—El triple.

Edward frunció el ceño. —Si ya la demanda inicial la consideré como un honorario exagerado.

—Entonces que otro cazador haga el trabajo. —Dijo el cazador—. Y para cuando llegue entonces aquí otro cazador ya el Rey Purpura habrá encontrado y dominado al Rymar si es capaz de hacerlo por supuesto.

—Está bien. —Aceptó el príncipe Edward—. Te pagaré lo que exiges. Pero, para comprobar que mataste al Rymar, Ser Grant te acompañará con veinte de sus hombres. No dudo de tus servicios, pero tengo que ver que haya valido la pena el pago de los trescientos dragones de oro.

—No tengo ningún problema con eso. —Dijo el cazador asintiendo.

—Ser Grant. —Llamó Edward. En el lado derecho, un caballero de capa larga y yelmo cerrado dio un paso al frente—. Ser Grant es el mejor espadachín que tengo bajo mi servicio. Te será de gran utilidad.

El cazador miró a Ser Grant y éste también le miró de vuelta.

—Partiremos mañana al amanecer. —Dijo el cazador mirando al príncipe—. Nos llevará un día de trayecto a la montaña y medio día nos llevará matar a la criatura si la suerte nos favorece.

—Así será, cazador. —Dijo Edward con una sonrisa—. Te pagaré la mitad por adelantado y el resto una vez que me traigas ante mí la cabeza del Rymar.

El cazador se llevó la mano derecha a su pecho y se inclinó levemente haciendo una reverencia, luego se dio media vuelta y se marchó.

-

Al día siguiente, al salir el sol temprano en la mañana.

En las afueras del fortín. El cazador sacaba la espada que atada en la silla de su caballo. Un gran espadón de metal plateado con la empuñadura de un dragón. El cazador tomó la correa de su espada y ató la correa sobre su torso colocando la espada en su espalda. Ser Grant y sus veinte hombres se acercaron cabalgando y se pararon enfrente del cazador.

—Sin caballos. Iremos a pie. —Les dijo el cazador.

—Mis hombres estarán cansados en cuanto llégueme a la cueva del Rymar. —Dijo Ser Grant.

—Por eso ustedes no se enfrentarán con la criatura. —Dijo el cazador—. Lo haré yo. Ustedes solo estarán presentes para que comprueben que maté a la criatura. —empezó a caminar—. No interfieran, o todos morirán.

-

Tomaron un camino lodoso hasta la montaña, había llovido el día anterior, la montaña se erigía hasta tocar las nubes, pero la cueva del Rymar no estaba en la cima, sino que estaba en el pie de la montaña. El cazador iba a la cabeza del grupo, seguido de Ser Grant y sus hombres.

La mañana transcurrió y llegó la hora del mediodía y el grupo del cazador se encontraba a mitad de camino, se detuvieron un momento para hidratarse, menos el cazador que no estaba sediento como los demás.

El mediodía transcurrió hasta la puesta del sol y el grupo ya había llegado al pie de la montaña con los hombres de Ser Grant exhaustos y jadeando, menos el cazador que le parecía una caminata tranquila. Enfrente de ellos tenían la cueva, fría y oscura, el umbral era circular con estalagmitas colgando desde arriba y goteando liquido amarillo.

El cazador caminó hacia la entrada de la cueva y se detuvo en cuanto se percató que los demás hombres le seguían. El cazador se detuvo y volteó para mirarles.

—Ustedes se quedan aquí afuera. —Les dijo el cazador—. Yo entraré a solas para matar a la criatura. No quiero que nadie más me estorbe. Si no salgo hasta la mañana siguiente, es porque ya estoy muerto.

—Iremos contigo —Ser Grant se acercó—. Queremos ver con nuestros propios ojos como matas al Rymar.

—Está bien. —Dijo el cazador dándose media vuelta y caminar hasta la entrada de la cueva—. Si mueren es por su culpa y no la mía.

-

La cueva estaba oscura, pequeños rayos de la puesta del sol se proyectaban en las estalagmitas y iluminaban como pequeños focos de luz el lugar. Los pasos de los hombres resonaban en el lugar, siempre con el cazador a la cabeza. El grupo entró a un pequeño túnel, húmedo y estrecho donde caminaban hombro a hombro con las paredes, al salir del túnel doblaron hacia la izquierda y comenzaron a ascender un camino empinado.

—¿Cómo sabes dónde se encuentra el Rymar?. —Dijo en voz baja Ser Grant y aun asi el eco de su voz resonó en la cueva.

El cazador se detuvo y les pidió que guardaran silencio con señas. Ser Grant asintió.

Doblaron hacia la derecha y se adentraron en un camino poco inundado, el agua les llegaba hasta la cintura y hacían todo lo posible para hacer el mínimo ruido posible.

Luego doblaron por ultima hacia la izquierda y salieron del camino inundado hasta llegar a un claro extenso, mas grande que el salón del fortín. Enfrente de ellos había otra entrada, el interior estaba iluminado porque arriba había una apertura arriba que proyectaba el resplandor de la luz lunar. El cazador señaló el lugar y Ser Grant asintió.

El cazador retiró el espadón de su espalda y la desenvainó. Su espada brillaba con el resplandor de la luz solar, su espada parecía mágica y que proyectaba luz propia. Ser Grant miró el espadón resplandeciente y parecía maravillado por el arma.

El cazador hendió la espada y fue el primero en entrar a la cámara del Rymar. Los demás hombres tardaron un instante en seguirlo.

El cazador y los demás caminaban sigilosamente mirando a todos los alrededores con la guardia alta, caminaban lentamente para no alertar con su presencia al Rymar. El cazador pisó unos restos de huesos y estos crujieron, todos se detuvieron. El cazador miró a su alrededor y vio múltiples restos de huesos de animales y personas que yacían en todo el lugar, luego miró al frente y vio un montículo de hierba en el fondo de la cámara, supuso que era el lecho del Rymar.

Se escuchó que el cazador olfateó a través del respirado de su yelmo, luego miró a su derecha, hacia una zona parcialmente oscura en el lugar, empezó a caminar hacia esa zona, sigilosamente y en guardia. Con su espada y el resplandor de la luna iluminó levemente el lugar, dio un paso hacia atrás cuando encontró el Rymar que yacía en el suelo, muerto. La criatura era tres mas grande que un león adulto, sin pelaje solo pie y músculos, con la cabeza de un perro deforme y brazos humanoides con garras como la de un cuervo.

—Está muerto. —Dijo el cazador.

—Eso es un problema. —Dijo Ser Grant.

—¿Por qué? —Preguntó el cazador.

—Porque si estaba vivo nos ahorraría el trabajo en matarte. —Respondió Ser Grant al mismo tiempo que desenvainaba su espada.

El cazador volteó y miró que los demás hombres desenvainaban sus espadas y formaban un perímetro a su alrededor.

—¿Cabos sueltos? —Preguntó el cazador.

—Asi es. —Respondió Ser Grant apuntándole con su espada. Sus hombres se acercaban lentamente al cazador.

9 de Octubre de 2020 a las 13:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Leer el siguiente capítulo Capitulo 2

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 9 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión