mavi-govoy Mavi Govoy

«Para hacer una salida espectacular, emplea un dragón» En los tiempos antiguos los dragones surcaban libres los cielos, ellos eran los señores del aire, y los minúsculos humanos los temían. Pero sucedió que un feroz hechicero los atrapó con un embrujo de dominación, los esclavizó, los convirtió en monturas voladoras. Y gracias a ellos, el pueblo de aquel hechicero conquistó gran parte del continente de la Joya. Fue una época de esplendor para sus odiados amos y de oscuridad para los dragones. Hasta que lograron escapar a través del cráter del Dragón y se refugiaron en los subterráneos mares de lava y fuego. Pero sus otrora amos no han olvidado el poder que una vez tuvieron y luchan por recuperarlo. Tanik, una alumna poco brillante en una escuela militar de élite de los ashai, se ve involucrada en el peligroso juego de sus superiores por hacerse con el poder. Dalan, un soldado nírmide, es capturado en una incursión en territorio enemigo. Ambos se enfrentan a la evidencia de que todos, en uno y otro bando, quieren utilizarlos. Pero nadie podía imaginar que el brillante plan nírmide para vencer a sus enemigos pasase por apoderarse de un dragón. Y mucho menos, que una muchacha del bando contrario fuese la designada para cabalgar sobre el Gran Dragón. Si el audaz plan fracasa, los nírmides habrán sido derrotados y tendrán que aceptar las condiciones que les impongan sus enemigos. Pero, si triunfa, se sentarán a negociar la paz como iguales.


Fantasía Épico Todo público.

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Certeza

¿Tendría que haber matado a Dalan cuando pudo hacerlo?

Habría sido tan fácil poner fin a su vida cuando estaba indefenso… incluso después, cuando superó la crisis y despertó, podría haberse librado de él, había tenido la oportunidad de matarlo. Pero no había sido capaz.

Tanik tenía una certeza: todo era culpa de Dalan. Su mundo estaba patas arriba por no haberlo matado cuando tuvo ocasión de hacerlo. Se obligó a respirar hondo. Percibió el olor del lodo seco en sus brazos y en sus manos sucias que sostenían su frente inclinada. No iba a abrir los ojos, no había nada que ver, y no quería pensar en lo que había pasado. Era preferible ocupar la mente en recordar cuantas ocasiones había tenido para deshacerse de Dalan y lamentarse por haberlas dejado pasar.

Todo era culpa de él.

–Tanik.

El sonido, seco y quedo, la sobresaltó. No era la voz distorsionada que no pertenecía a nadie. Levantó la cabeza y abrió los ojos. A su izquierda la pared había desaparecido y en su lugar Dalan ocupaba casi por entero el estrecho y alargado hueco. Se preguntó si se habría quedado dormida, porque no había oído nada que la advirtiera de que no estaba sola.

Dalan inclinó la cabeza hacia un lado, la observaba igual que ella a él. O no tan igual. Mientras que Tanik exhudaba recelo y desagrado por todos los poros de su cuerpo, él se veía convincentemente amistoso. El nímide había experimentado un cambio notable, no solo se había aseado y afeitado, también se había cortado el pelo y por fin vestía ropas adecuadas y de su talla. Destacaba como una mancha de color en aquel mundo blanco. La hinchazón de su mejilla había desaparecido, la herida del mentón apenas se notaba. Tenía la nariz larga y los labios demasiado finos para ser realmente guapo y, sin embargo, era atractivo.

Lo que no había cambiado en Dalan eran los ojos, unos ojos grises que la miraban con interés, sin miedo, sin desagrado, sin rabia.

Casi sin darse cuenta, Tanik se echó hacia atrás. Eran los mismos ojos y la misma mirada que la habían paralizado noches atrás, cuando su vida todavía no había saltado por los aires, cuando solo era una alumna nada brillante en una escuela militar, cuando ellos dos se vieron por primera vez.

5 de Octubre de 2020 a las 16:53 0 Reporte Insertar Seguir historia
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