karyan2 Nicolas ferrer

Un grupo de chicos no tienen idea de lo que esta pasando, solo saben que se encuentran en una situación de vida y muerte donde el mínimo error los llevaría a la muerte... Debian descubrir que pasaba y quien era aquel que presionaba el botón que acababa con sus vidas


Drama Sólo para mayores de 18.

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El asesino

El asesino observaba desde su posición a los pobres y patéticos chicos que se encontraban abajo, en la sala de muerte. El asesino sentía una extraña sensación de temor y excitación revueltas con un poco de culpa y tristeza, toda aquella situación era mucho mas grande que el, ni siquiera sabia donde estaba o que pasaba realmente, pero eso era lo que mas lo excitaba, de alguna forma, había sido elegido por alguien o algo, elegido para dejar caer su martillo sobre aquellos que se lo merecían, aquellos que el sabia debían perecer...


Los chicos se encontraban en una situación desesperada, eso el asesino lo sabia muy bien, incluso a pesar de lo hermoso que le parecía esa situación, si el estuviera en la posición de esos chicos, definitivamente también estaría asustado de muerte. Eran siete chicos, jóvenes adolescentes lo que se encontraban en la sala de muerte, parados uno al lado de otro formando un circulo... O bueno, antes eran diez, pero los tres restantes yacían muertos en el suelo, totalmente inertes, los muy idiotas habían decidido no escuchar las advertencias del Asesino.


—No deben moverse o si no, morirán —Les había dicho el asesino cordialmente al inicio de todo, hace ya varias horas o tal vez días, el asesino ya no recordaba.


Los pobres no entendieron que esas eran las únicas reglas que debían seguir y en vez de escucharlo, trataron de correr y el Asesino tuvo que presionar el botón que los hizo dormir para siempre, tal vez fuera porque no les había explicado muy bien la situación, tal vez debió de haber explicado de que trataba todo, pero el realmente apenas sabia algo... Además de que nadie lo obligaba a hacerlo, claro que le habían dicho que debía seguir las reglas, pero nadie le dijo que se las debía a contar a aquellos chicos y así lo prefería, no creía que ellos debieran tener una salvación, ellos debían ser castigados por sus pecados, el era el juez y aprovecharía al máximo su posición.


En frente del Asesino, justo al lado de su mano derecha, sobre la mesa había un botón rojo de gran tamaño, el botón estaba pegado y era imposible moverlo de su sitio. Aquel botón era misteriosamente atractivo, cada vez que lo veía el Asesino, era como si desprendiera un aura que lo atraía, era como si el botón le dijera que lo presionara, le suplicaba que lo hiciera... Y el asesino lo hizo, aunque nadie se movió y nadie le falto el respeto, aunque ninguno de esos chicos hubiera hecho algo, el asesino lo presiono y una de las chicas, una afroamericana de gran tamaño, con ropa deportiva y que lloraba como una niña cayo al piso después de recibir un golpe que la hizo tambalear y acto seguido la llorona murió sin pronunciar ninguna palabra o gritar de dolor, sus ojos simplemente se cerraron...


El asesino grito de felicidad, aquella sensación de poder era sublime, podía matar a todo el que quisiera y nadie podría hacer nada al respecto, solo con presionar el botón podría acabar con todas las cortas vidas de esos patéticos chicos... Podía realmente hacerlo, pero prefirió no hacerlo de una vez, quería disfrutar el momento, quería que la tortura de esos adolescentes durara mucho tiempo, quería que lloraran, que sufrieran, que se volvieran locos y comenzaran a gritar de terror y cuando ya no pudiera estar mas tiempo conscientes, cuando sus cuerpo y sus mentes no resistieran mas, el los mataría a todos.


El asesino conocía muy bien a esos adolescentes, los conocía a todos y cada uno de ellos, pero de alguna forma que no llegaba a entender, se le hacia imposible recordar los nombres de ninguno de ellos. Sabia quien era el chico alto, de pelo amarillo y chaleco de cuero, recordaba como siempre lo molestaba y se burlaba de el, pero era incapaz de recordar su nombre. Pasaba lo mismo con la chica afroamericana de grandes sarcillos y ropa elegante que siempre se burlaba de el por ser tan feo, o la chica bajita, pelo claro y de mirada nerviosa que siempre que se acercaba a el, gritaba nerviosa y salía corriendo como si fuera alguna clase de monstruo, El asesino recordaba muy claramente a todos, pero sus nombres habían desaparecido de su mente, tal vez como una forma de auto-hipnosis que se aplico a si mismo, tal vez para poder matarlos mas fácilmente, después de todo, el humano era una criatura hipócrita que prefería ignorar las consecuencias de sus actos... Pero no creía que esa fuera la razón...


Y el asesino trato de recordar su propio nombre... Pero no pudo, no pudo recordar su nombre, ni su apellido. Trato de recordar como era su apariencia, pero solo era capaz de formar una figura sin ningún rasgo... Entonces se dio cuenta que ni siquiera recordaba a sus padres, ni siquiera sabia si tenia padres, no recordaba donde había nacido o vivido, cual era su escuela, si tenia amigos o conocidos... Lo único que era capaz de recordar era todas esas veces en las que esos chicos lo habían molestado o le habían hecho la vida imposible, era como si todo su ser fuera simplemente odio hacia aquellas personas... Y al asesino no le importaba, mejor para el, todo lo que quería era matar...


El chico de pelo amarillo lloraba como si fuera una niña, la afroamericana apretaba sus puños, la chica pequeña se rodeaba la cabeza con sus brazos, el chico de pelo negro y pecas miraba el suelo sin hacer nada, el gordo de pelo rojizo lloraba silenciosamente entre gemidos y desvaríos, la chica de tatuajes golpeaba el piso repetidamente con su pie izquierdo. Todos estaban nerviosos, aterrados y confusos, no tenían idea de que hacían allí y la poca información que el Asesino les contaba no ayudaba mucho.


—Deberán pagar por sus pecados —Fue lo único que les dijo el Asesino.


Al menos debía hacerles entender porque estaban allí, era mejor para el matarlos mientras trataban de entender esa única pista que les había dado, así podrían creer que tenían alguna esperanza de salvarse, tal vez creyendo que eso era alguna clase de juego de terror en el que si resolvían el acertijo sobrevivirían... Y así podría hacerlos sufrir mas cuando descubrieran que no había escapatoria, que todo eso era un juego, pero uno exclusivo para el Asesino, donde ellos son simples piezas de un tablero. Un juego donde el Asesino podía hacer pagar a todos ellos por sus pecados...


—¿Quién eres? —pregunto inesperadamente y de repente el chico de pelo negro.


El chico levanto la mirada y parecía que de alguna forma era capaz de ver al Asesino, a pesar de que debía ser imposible, el asesino sentía como si realmente lo estuviera observando...


Un escalofrió le recorrió la espalda al recordar el nombre de ese chico... Su nombre era Brandom y el Asesino lo odiaba...


2 de Octubre de 2020 a las 15:55 0 Reporte Insertar Seguir historia
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