daniellrose98 Daniell Rose98

Ziran es la ciudad perdida, desechado con su madre a muy temprana edad, su final era morir a manos de la banda de los lobos negros, hasta que apareció su hermano Sebastián; proponiéndole suplantarlo con su futuro prometido. Nada lo previno de la atracción que sentiría por Dante Royal, se embarcará en la manipulación en cada decisión, el fuego cruzado entre los tres clanes de la Ciudad y el desprecio del hombre que del que se enamoró. Tendrá que elegir entre su libertad o luchar contra la misma muerte por seguir con vida. Alguien morirá en el proceso ¿Quién será? La historia de dos hermanos trazando su futuro por el camino de la sangre y las balas.


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Capitulo 1

Vivir es tu decisión, juega todas tus cartas o muere en el intento

La calle estaba ocupada por trabajadoras sexuales, una en cada esquina, esperando a su próximo cliente. La desesperación se apoderaba de su ser, necesitaba una víctima para tomar el dinero que llevara; a veces se preguntaba cómo fuera sido la vida, si su padre no lo hubiera expulsado de la casa con su madre. Disfrutaría de las riquezas y lujos que una vida llena de comodidades. Ahora 13 años después, estaba en el hueco del infierno, rodeado de asesinos, violadores y ladrones, ¡si ladrones! hombres y mujeres desesperados por conseguir dinero de manera fácil y gastarlo en su próxima dosis.

Ziran, se consideraba la pequeña excepción en este caso, robaba por su madre, para lograr comprarle sus medicamentos y pagar sus deudas; la vida en la ciudad perdida no era tan fácil para los más desvalidos y pobres, olvidados por la mano de Dios. Había tratado de conseguir un trabajo decente y lograr entrar a la escuela nocturna, sin embargo siempre pasaba algo que cambiaba su rumbo, para mal o bien había aprendido a camuflarse entre la multitud y pasar a ser imperceptible, solo robaba a las personas que traían dinero en cantidad.

Su madre después de ser expulsada, no aceptó fácilmente que ya no era rica y decidió sumergirse en grandes deudas por una dosis y sobrellevar el dolor de haberlo perdido todo; creció siendo un niño sin amor, recibiendo los maltratos y golpes de ella. Se dio de cuenta desde muy temprano, que debía defenderse solo, nadie lo haría por él. Se volví rebelde, aprendió a ser invisible y comportarse como los chicos de la calle, atrás quedó el niño inocente que fue educado con su hermano gemelo, para ser un ilustre prócer de su familia. Ahora solo estaban los pedazos de un pasado, que nunca logró ser; al principio fue difícil separarse de su hermano Sebastián.

Ahora decir su nombre sonaba raro entre sus labios, en todos estos años, no había hablado con él; la separación fue horrible, recordó como estaba en el portón de puerta de la casa, con la mano de su madre, llevándolo a la salida, lloro y grito llamando a su hermano, sintió que una pequeña parte de su alma hubiera sido cortada, éramos dos flores identificas, nuestra conexión era singular, nos orgullecíamos por el ser mejor equipo y los mejores hermanos. Pero esa noche me di de cuenta que algo había cambiado en Sebastián, él no respondió a ninguno de mis llamados, solo se quedó parado al lado de nuestro padre, mientras el mayordomo sacaba las pertenencias de nuestra madre, su rostro reflejaba la misma forma de ser de nuestro progenitor. Había días en que se sentía tan cansado de vivir, que la única forma que podía desahogarse era teniendo sexo con desconocidos, dominar a alguien más le transmitía paz y control, después todo se sentía sin sabor ni color.

Ziran dirigió su mirada, a la esquina de la calle, sentía que algo estaba por pasar; varias personas se adentraron en las casas, escapando de un peligro inminente. Fue tarde para darse cuenta que alguien estaba detrás de él; una mano se presionó en su boca y otra en sus brazos inmovilizándolo y tirándolo al piso, con el desconocido encima suyo.

― ¡Eres difícil de rastrear, pequeña sanguijuela! ―susurro, el desconocido al oído de Ziran.

Ziran se retorcía y trataba de liberarse. Lanzando patadas al hombre encima suyo, pero el peso de este sobrepasaba su fuerza.

― ¿Sabes porque estoy aquí?

― ¡No tengo ni la puta idea porque estás aquí!

―No he cruzado ningún territorio sin autorización, esta zona es neutral ―replicó, Ziran con rabia.

―Te crees muy listo sanguijuela, estoy aquí para reclamar el pago de la semana, por la deuda que contrajo tu madre con mi jefe, estás retrasado y tú sabes, que le pasa a las personas que no pagan su deuda a tiempo ―el desconocido se levantó de encima de Ziran, mientras varios hombres se acercaban y lo arrastraban para que se arrodillara.

Arrodillado de frente, se dio de cuenta que estaba rodeado por la banda del Lobo negro, conocidos por ser hombres sanguinarios, sin remordimiento de matar a cualquier persona; controlaban la mayor parte del mercado negro y su jefe era un hijo de la gran chingada, que podía desaparecerte con solo tronar sus dedos; no podía entender cómo su madre logró conseguir que le otorgaran un préstamo. Ahora estaba aquí a punto de perder su vida por la estupidez de esa mujer.

― ¡Yo no tengo nada en este momento!, el jueves tendré algo de dinero para abonar a la deuda de mi madre, ella está enferma, todo el dinero que he podido conseguir lo utilizo para sus medicamentos ―respondió, Ziran mientras en su rostro transmitía una mezcla de sentimientos de rabia, tristeza y desesperación.

El desconocido se reía fuertemente, mientras se sostenía de uno de sus compañeros, como si lo que había dicho Ziran le hubiera hecho gracia, éste se acercó y lo agarró del cuello, lo miro directamente diciendo ―Parece, que ya no tienes que preocuparte por cuidar del esqueleto que llamas madre ―una sonrisa diabólica adorno el rostro del desconocido.

Ziran, sintió como su cuerpo se tensaba al comprender las palabras, su madre había muerto, no sintió ni alivio ni dolor al saber la respuesta, desde hacía años no sentía nada por aquella mujer, seguía a su lado porque ella le dio la vida y era su deber cuidarla hasta su último respiro. Ahora ella se había ido y la deuda que está había acumulado, caí en su cabeza; sintió tanto odio en su ser que sin pensarlo levantó su cabeza contra el desconocido y lo golpeó, tirándolo al suelo, la sangre res curia por su nariz.

― ¡Idiota, desearás estar muerto! ―dijo, el desconocido limpiándose la sangre que escurría por su nariz, después dio la orden a sus compañeros para que lo golpearan.

Patadas y golpes arremetieron en su contra, todo su cuerpo se sintió como si un carro hubiera pasado encima de él, no sentía que el aire entrara a su cuerpo, había sangre corriendo por todo su rostro y la desorientación nublo su mente, estaba por desmayarse del dolor, hasta que los golpes pararon.

―¡ya no lo golpeen más!, necesitamos que viva para que pague la deuda de su madre muerta, para que quede claro, nosotros no la matamos, ella estaba muerta cuando llegamos a su casa; ahora que estamos claros tienes hasta el jueves para pagar tu deuda o vendré y sacare cada pedazo de tus órganos para venderlos ― dijo, el desconocido.

Ziran, observó cómo los hombres se marchaban, quedando nuevamente solo tirado en el suelo, lentamente se levantó y sintió dolor por todo su cuerpo, tocó la cortada en su rostro y con su camisa prosiguió a limpiarse; por primera vez lloro lleno de desesperación. Muchos pensamientos corrían por su mente, no podría volver al lugar donde vivía con su madre, no tendría dinero para pagar un funeral, tendría que dejar que las autoridades la encontrarán y terminará en una tumba sin nombre, se sentía culpable por dejar que se mancillara así su cuerpo, pero no tenía ninguna salida, tenía que conseguir el dinero para los lobos negros, si no era seguro que moriría horriblemente.

Sentía que la poca esperanza que le quedaba del mundo se estuviera apagando, su sueño de graduarse y convertirse en docente se fueron esfumando; se recrimino por pensar que una persona como él, podría soñar con salir de la ciudad perdida y llevar una vida decente. El timbre de su celular llamó su atención, en la pantalla aparecía un número desconocido.

― Habla Ziran ¿Quién es? ―Contestó, a la persona del otro lado de la línea.

― ¡Hola Ziran, tanto tiempo sin escuchar tu voz!, soy Sebastián tu hermano ―Ziran, se quedó mudo, ¿Cómo era posible que su hermano lo estuviera llamando?, ¿cómo había conseguido su número y precisamente ahora?

―Así que ¿no me vas a preguntar cómo estoy? o ¿cómo esta nuestro padre Ziran? , creí que tendrías mejores modales ―le regaño Sebastián con una voz sin sentimiento alguno.

― ¿Qué quieres Sebastián? ¿No, creó que me llames solo para saludarme? ―sarcásticamente le respondió Ziran, transmitiendo toda su rabia en su voz.

―Hermanito no me hagas reír, eso es muy cierto, siempre fuiste el más listo de los dos, pero ahora parece que necesito de tu ayuda y tú de la mía ―presumidamente, le respondió Sebastián.

―Yo no necesito nada tuyo y tú ¿Qué necesitarías de mí? ―Ziran tenía ganas de cortar la llamada, suficientes problemas tenía para sumar a su hermano.

―Bueno, escuche de uno de los perros de mi padre que tienes una gran deuda a tu nombre, no te gustaría salir de ella.

―Sabes, que si pudiera salir de esa deuda lo haría, le vendería mi alma al mismo diablo solo por ser libre.

―Estas de suerte, yo seré el diablo al que le venderás tu alma; necesito de tu ayuda para un asunto urgente, que necesito solucionar y tú eres el doble perfecto para hacerlo.

Ziran, reflexionó por un momento lo que su hermano le estaba planteando, lo más probable era que no era un asunto limpio sino peligroso, a lo largo de los años conoció la verdad detrás de la fortuna de su padre, este era un antiguo mafioso que camufló todo sus negocios sucios como respetables, era muy conocido en el medio y ahora su hermano había realizado una asociación con uno de los hombres más importantes de la ciudad, aunque nadie sabía quién era el hombre.

Tomando su decisión pregunto ― ¿Qué tengo que hacer? ―Ziran sintió como aquellas cuatro palabras lo condenarían; quería saldar la deuda y salir vivo. Ahora parecía que tendría que arriesgar su vida por su hermano; una fuerte carcajada sonó a través de línea, escuchó las instrucciones del lugar y la hora para encontrarse al día siguiente.

Colgando la llamada Ziran, se levantó del suelo lentamente, exhalo un gran suspiro y letárgicamente camino, a través de la noche para curar sus heridas con un conocido que le debía un favor.

En su mente solo estaba el pensamiento que vivirá sin importa nada, saldría del pozo y llegaría a la luz, jugaría cada una de sus cartas, aunque tuviera que hacer trampa saldría victorioso, por el momento había perdido una batalla pero él ganaría la guerra.

28 de Septiembre de 2020 a las 15:49 0 Reporte Insertar Seguir historia
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