soulmateskookv ᴍɪᴜ ♡

⠀⠀❝Kim Taehyung se iba a enterar que a pesar de estar jugando a ser el tigre que acorralaba a su presa, el único que terminaría devorado hasta la inconsciencia en esa caliente jaula, en realidad sería él❞. ⠀⠀ [ 🥇 ] Historia ganadora de los BTS ONE SHOTS Awards 2020, de la Zona Roja (erotismo). [ 🥇 ] Historia ganadora de los premios Cute Word 2020. [ 🥇 ] Historia ganadora de los TaeKook Awards 2021, en la categoría «Historias escondidas».


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 21 (adultos). © HISTORIA ORIGINAL Y REGISTRADA. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. No se permiten copias o adaptaciones.

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SWEAT & TEARS




Jeon Jungkook nunca se imaginó que terminaría envuelto en una tópica historia romántica erótica.


Vamos, a él ni siquiera le importaba mucho el sexo porque no tenía demasiado tiempo para pensar en ello. Y sí, cuando lo practicaba resultaba sensacional, pero no a tal nivel como para fantasear más allá de una cama o desear sentir lo mismo más de un par de veces al año.


Y sí..., leíste bien, al año.


En el aspecto superficial, Jungkook era ese hombre que protagonizaba las ficciones románticas más populares. No había cosa en el mundo que no se le diera bien y no destacase en ello; guardaba una energía constante en su cuerpo que le gustaba descargar en entrenamiento físico, proporcionándole así un cuerpo naturalmente tonificado y atractivo. Amaba los deportes de riesgos, la adrenalina de los juegos de altura; bailar, cantar y beber conformaban la pasión más intensa de su vida.


Sus facciones de aspecto cincelado eran, quizás, las más preciosas que verías alguna vez en un hombre; y no preciosas en el sentido delicado, sino más bien en el sentido salvaje. Él no tenía un patrón para vestirse, pero le encantaba el estilo todo negro con pantalones ajustados y zapatillas deportivas de aspecto salvaje; presumía su lacio cabello permanentemente azabache peinado de distintas formas resaltando varios aros y pendientes largos en sus orejas que le gustaba combinar entre el plateado y el negro.


Parecía todo un chico malo, mejor que eso, de ensueño, sacado de esas patéticas historias; y eso lo volvía caliente y popular entre las masas.


Era perfecto.


Cualquiera que viera a Jeon Jungkook, pensaría que era un semental y que toda la energía que transmitía en cada acción física que hacía, era reflejada en sus seguras múltiples e insaciables noches de pasión con cualquier maldito afortunado. El sexo era de las mejores delicias de la vida, y él podría tenerlo cuando quisiera con solo mirar a alguien por más de cinco segundos seguidos.


Pero nada más lejos de la realidad.


Si esas personas se enteraran que con solo una mamada, Jungkook podría quedar satisfecho toda una noche y no anhelar levantar a su amiguito durante muchas semanas después, se les caería el cielo y perderían la fé en todos los hombres.


A decir verdad, la vida personal de Jungkook distaba bastante de una historia romántica ficticia, por Dios, si ni siquiera podía permitirse consumar el único romance que quería; su historia más bien se basaba en el duro desarrollo que conllevaba ser una celebridad talentosa pero surgiendo desde una empresa en quiebra e incontables baches en el camino. Jungkook tampoco se consideraba un hombre perfecto ni mucho menos; las cosas que hacía y la dedicación por su apariencia eran cosas meramente suyas, para satisfacerse a sí mismo, no para conseguir las miradas de nadie.


Las relaciones románticas le daban tan igual como los encuentros sexuales. Si no fuera por esos días en los que se sentía terriblemente caliente y su mano no era suficiente para satisfacer a su furiosa polla, Jungkook nunca se interesaría por acostarse con alguien. Él ni siquiera tenía fantasías sexuales, si acaso solo guardaba un anhelo latente en lo más profundo de sus entrañas, pero nada más allá de eso. Así que podrías ser la persona más obvia del mundo, insinuártele abiertamente, seducirle en el mejor lugar para tener sexo; que Jungkook nunca captaría el mensaje o se daría cuenta de lo desesperado que le tenías.


Era por eso que esa noche se había llevado una gran sorpresa en el solitario salón del gimnasio.


Las manos que voluntariamente pretendían encargarse de los nudos musculares de su espalda producto de la reciente jornada de ejercicio, de repente lo estaban acariciando, pasando las yemas de los dedos por su piel caliente, dura y sudorosa, como si delinearan la obra de arte mejor elaborada de todos los tiempos.


Su mente enseguida había empezado a trabajar a toda velocidad y su corazón se había disparado de la misma forma; la sangre en sus venas no tardando en calentarse mucho ante el rápido bombeo, provocando que su piel irradiara más calor y más sudor, siendo adornada por un bonito color rosa en la zona superficial de su pecho, recorriendo su cuello y perdiéndose en la punta de sus orejas y los pómulos de su rostro.


Su sangre también se había acumulado en su polla rápidamente, y casi pierde el aliento cuando al bajar la mirada, se dio cuenta que la erección de su compañero también era tan notable que parecía querer saludar la suya propia con un roce a través de los pantalones de chándal.


Entonces Jungkook se había dado cuenta de toda la jugada esa noche, de cómo acababa de ser manipulado, entretenido y acorralado en su propio terreno.


Y joder, debió haberlo visto venir.


Jungkook era imbécil porque en todas las sesiones de entrenamiento que había tenido antes con su amigo, jamás lo había visto tan... sexy. Y aún así no pudo sospechar nada. El hombre lucía orgullosamente unos labios brillosos tan rojos como su cabello, los ojos delineados de un profundo color negro y maldición, su ropa deportiva era holgada como siempre, pero más de una vez esa noche Jungkook se había quedado en blanco ante las posiciones inusuales que usaba el pelirrojo y le hacían resaltar un bonito y respingón trasero que hacían las manos de Jungkook picar por apretar algo de eso.


Encima, más de una vez ese tesoro que lo tenía alucinado, había rozado accidentalmente con su entrepierna cada vez que se encontraba detrás; como si ese bonito culo y su inocente polla compartieran un puto imán.


De verdad, debió haberlo visto venir. De verdad, era un imbécil.


Aunque bueno, tampoco era su culpa. Si alguien le hubiese dicho a Jungkook que tendría la dicha de follarse a un pelirrojo Kim Taehyung, se hubiese echado a llorar por ilusionarle con un deseo tan inalcanzable.


Y ahora quería llorar de fascinación porque sin ilusiones, el momento era real y totalmente palpable.


Entonces su mente de repente había empezado a trabajar rápido provocándole pensar con intensidad lo mucho que le apetecía vengarse de la persona que tenía enfrente por haberlo envuelto en sus preciosas garras de la forma más simple posible y terminar haciéndole sentir así de esa forma.


Imbécil, y jodidamente caliente.


Jungkook estaba siendo seducido a follar en pleno gimnasio, y Kim Taehyung se iba a enterar que a pesar de estar jugando a ser el tigre que acorralaba a su presa, el único que terminaría devorado hasta la inconsciencia en esa caliente jaula, en realidad sería él.





ৎ୭





Pasaba que el sexo heterosexual tenía a Kim Taehyung al borde de la locura.


Y no de una manera positiva.


En serio, no.


Taehyung podría contar con los dedos de una sola mano la cantidad de personas con las que se había acostado a lo largo de su corta vida, y estaba seguro que no alcanzaría a llegar siquiera hasta el número cinco. Tal vez ni al cuatro. Y de todas esas experiencias, de todos modos solo atesoraba una por lo inigualable que había sido; mientras que las demás, ni siquiera podía recordar con nitidez los rostros de las que fueron sus acompañantes.


Era gracioso, en el sentido sarcástico, que justo esa experiencia sexual que le había atrapado en el calor más ardiente acariciándole con lenguas de fuego hasta dejar una cicatríz en su alma, hubiese sido la única compartida con otro hombre.


Y aunque sonara como si se hubiese dejado consumir en ese dulce infierno solo una vez, en realidad había excedido el número de veces capaz de memorizar cualquier cabecita enamorada.


Era un recuerdo lleno de mucha pasión y el más delicioso sexo.


Nadie podría culparlo porque quisiera repetir algo de ello.


Si bien a Taehyung le atraían tanto las mujeres como los hombres, había algo que ninguna mujer podía darle; al menos no sin establecer una confianza antes y estar seguro que la chica aceptaría sus gustos peculiares. Algo que estaba totalmente fuera de sus pensamientos entonces, porque a él no le apetecía estar de pareja con una mujer. Con nadie, en realidad. Él solo quería sexo de vez en cuando, sexo del bueno; no solo penetrar, correrse y ya. Por lo mismo nunca tenía interés en acostarse con alguien hasta que se sentía desesperado.


Desesperado por acariciar su cuerpo desnudo, húmedo y caliente contra otro en las mismas condiciones; de sentirse poderoso en una cama y también vulnerable en ella; de fascinar con las zonas más íntimas de su cuerpo y que también lo fascinaran; de sentirse pleno más allá de un superficial orgasmo, de sentirse consentido y amado por un ratito...


Y por muy simple que llegara a sonar, era tan difícil conseguir algo como eso. Joder sí lo era.


Por eso no lo buscaba.


Taehyung amaba follar, el problema era que él quería disfrutar de ello de forma física y emocional, alcanzar ese nivel de plenitud máxima que solo pudo experimentar con una persona.


Y él sabía que nunca iba a volver a conseguir algo como eso en alguien más, por que oh, en él no había amor más allá de esos brazos que alguna vez fueron su lugar más seguro y preciado. De ahí el que no pudiera recordar bien los rostros de las mujeres con las que casualmente había terminado enredado entre sábanas sin siquiera conocerse más allá de sus nombres por sus círculos sociales.


Ni siquiera para follar movía un solo dedo en la atracción previa; hacía mucho tiempo que él había perdido el interés de seducir a cualquier persona.


Le hacía falta el sexo, como la mierda que sí; pero no le interesaba buscar a nadie cuando un vibrador le provocaba un orgasmo millones de veces más placentero que una desconocida atorándose con su polla.


Y aquí va un secreto: lo cierto era que Taehyung amaba atorarse con pollas, muchísimo más que atorar con ella.


¿Se entiende?


Una vez que probó la sensación de ser penetrado, no había experimentado algo mejor que eso. No había nada mejor que sentir cómo le llenaban el culo hasta hacerle ver a los jodidos ángeles con el continuo roce a su punto más dulce.


La incapacidad de sentarse cómodo al día siguiente, valía totalmente la pena.


Una lástima que no pudiera tener sexo homosexual con la misma frecuencia que se le presentaban oportunidades con las mujeres. Vivir en una sociedad homofóbica, encima ser una celebridad perteneciente a un grupo musical conocido a nivel internacional y estar secretamente enamorado de uno de los miembros de dicho grupo, no era fácil.


Era bastante jodido, en realidad.


Y por una vez después de mucho tiempo, Kim Taehyung quería estar jodido de manera literal.


Por eso se había dejado llevar por la desesperación y la necesidad permanente que sentía por el otro, para llevar a cabo su plan esa noche.


Taehyung no tenía experiencias en seducir y tal vez ni lograría hacerlo bien, pero se había esforzado en ponerse bonito para su compañero de entrenamiento; incluso había tardado horas frente al espejo de su habitación hidratando toda su piel, buscando un outfit deportivo que tuviera algún detalle rojo que combinara con su cabello y el bálsamo brillante en sus labios, y Dios, hasta se había preparado y llevaba tres condones en el bolsillo derecho de sus pantalones, mientras el izquierdo lo ocupaba con un sobre de lubricante.


Y no era que Taehyung confiara en que su plan iba a funcionar; pero sí que confiaba en sí mismo, en su belleza abrumadora, y así como más de una vez se había encontrado con la mirada mal disimulada de un hombre fascinado con su persona, sabía que pulsando los botones correctos podría lograr fascinar a quién quisiera de forma deliberada.


Y supo, como un enorme alimento a su ego, que tenía a Jeon Jungkook en la palma de la mano en cuanto éste puso un pie en el gimnasio y lo vio esperándolo junto al ventanal.


Jungkook no iba a comentar nada respecto a su apariencia, por supuesto; sin embargo, sus redondos ojitos negros abiertos de par en par y la forma tan dura con la que tragó saliva al verlo, había dejado a Taehyung más satisfecho que cualquier palabra que hubiese podido soltar.


Y eso lo había animado a ser descaradamente seductor en toda la maldita noche.


Jungkook era algo así como un entrenador personal para Taehyung desde hacía un par de semanas; simple acuerdo mutuo al que habían llegado cuando el mayor comentó querer aumentar un poco la masa muscular de su cuerpo y obtener algo de los músculos que Jungkook orgullosamente presumía; y como el lindo y considerado dongsaeng que Jungkook era, no había dudado en ofrecer su ayuda para enseñarle todo lo que sabía a su bonito hyung.


Y si ambos lo hubiesen pensado con las emociones bien puestas, se habrían dado cuenta que todo el asunto era una muy mala idea si ambos iban a permanecer horas juntos, en la noche, a solas y transpirando en el gimnasio del departamento.


Como consecuencia, la tensión sexual entre ellos había terminado siendo tan explosiva que podría hacer volar las ventanas en cualquier momento si seguían conteniéndose un poquito más.


—Taehyung...


Todos los vellos de su cuerpo se habían erizado de repente ante el tono demandante que el menor emitió; no era un susurro como tal, pero Jungkook había bajado considerablemente su voz hasta sonar ronca y aterciopelada.


Era su tono sensual. Cuando cada célula de su cuerpo estaba apoderada por el calor y la excitación provocada, cuando la razón se iba volando y te volvías solo sensaciones en busca de más.


A Taehyung le golpeó en la mente tantos recuerdos que las rodillas le temblaron un poco y fue incapaz de levantar la mirada de sus propias manos que todavía continuaban en la piel desnuda del contrario. Podía ver, podía sentir, como el pecho de Jungkook subía y bajaba duramente; no rápido, pero sí inestable y profundo; como si se estuviese conteniendo por tirarse encima suyo y follarle como un jodido animal experimentando su primer celo.


Y considerando que Taehyung había ido allí preparado para todo, no tendría ningún problema si el menor no exigía explicaciones previas para poseerlo como se le viniera en gana. Es más, estaría encantado. Porque en esos momentos se estaba volviendo gelatina por los nervios, porque a pesar de que Jungkook había caído por completo en sus garras, el chico estaba esperando razones para actuar y Dios, una cosa era esperar que una situación sucediera, y otra era que realmente estuviese pasando y de una forma mucho mejor a lo esperado.


Taehyung no podía creer que en verdad tuviera a Jungkook en sus manos, literalmente, tan caliente y excitado como él mismo.


Esto de verdad está apunto de pasar... ¡Dios mío!


—Esto es tu culpa —soltó por fin, tragando toda la saliva abundante bajo su lengua—. Sólo tu culpa, Jungkookie.


El acusado en cuestión chasqueó la lengua, aún sin mover ninguna extremidad de su cuerpo a pesar de tener unas manos atrevidas encima suyo.


—Ya. Porque he sido yo la cerecita acaramelada que se ha pasado toda la noche provocando al otro con el dulce de su miel.


Taehyung apretó los labios para ocultar una sonrisa. Estaba tan alagado de haber puesto al otro así.


Sus manos se detuvieron en la nívea piel de los pectorales contrarios que poseía un leve rubor rosado. Era una zona bien definida, los músculos estaban duros por el reciente ejercicio y a Taehyung se le hacía agua la boca por el anhelo de sustituir sus manos por su lengua y saborear esa capa suave de sudoración que florecía en la piel terriblemente caliente bajo sus dedos.


Si Taehyung era una cereza acaramelada, Jungkook era ese pan acabadito de hornear, con una masa tan acendrada y apetecible que solo necesitaría ser adornada únicamente con esa cereza llena de miel para complementar su perfección.


Tomando una bocanada de aire, Taehyung trató de no desviar más el rumbo de sus pensamientos y centrarse en lo primero antes de abandonar toda su cordura y entregarse a las sensaciones que tanto anhelaba.


Entonces levantó la cabeza para conectar miradas con Jungkook de una buena vez.


Y si antes le temblaban las rodillas, ahora podrían ir llamando una ambulancia porque Taehyung estaba seguro que lo estaba atacando una taquicardia tan amenazante que en cualquier momento ni siquiera podría seguir manteniéndose en pie.


—Es tu culpa —volvió a decir, con valentía e irónicamente, en un hilo de voz—, ¿crees que yo no siento?, ¿crees que... ya no? Una cosa es venir con los demás chicos y perderme un rato viéndote hacer ejercicios por admiración; pero es algo completamente diferente que nos ejercitemos juntos a solas, que me des instrucciones, te acerques a mí, me enseñes con demostraciones, ¡y todo con el torso descubierto! Joder, Jungkook, creo que he sido bastante obvio en demostrarte que me gustas-, que me gustan mucho las pollas... En serio, mucho.


Jungkook bufó un amago de sonrisa y redujo un paso de distancia entre los dos. Ellos eran de la misma altura, así que sin esfuerzo alguno por inclinaciones de cabeza, sus respiraciones se acariciaron y Jungkook juraba que podría contar las pestañas de Taehyung si estas no fueran tan tupidas; en su lugar, se dedicó a pasear su mirada por los bonitos lunares repartidos por esas fascinantes facciones, esos labios rojizos y brillantes contrastando con los pómulos rosados y ese cabello color cereza.


Dios, Taehyung era tan bonito. ¿Y hacía cuánto tiempo que no lo miraba así de cerca?


—¿Me estás diciendo que desde hace semanas te tengo todo cachondo, hyungie?


—Eres de lo peor. —Pero Taehyung no dejaba de bajar la mirada a esos labios rosas y subirla otra vez a esos hipnotizantes ojos negros. Joder, estaba perdiéndose y de seguro debería tener cara de bobo porque Jungkook era un bombón y él un bebé que hacía muchísimo tiempo no le daban a probar un caramelo.


—No espero menos.


—¿Por qué te sientes tan poderoso de repente, mh? ¿Te recuerdo que solo puse mis manos en tu espalda desnuda y tu bulto se volvió tan notable que de seguro ya estás todo húmedo?


—Bueno —Jungkook se pasó la lengua por los dientes con descaro—, tú tocaste. Yo no tuve que mover un dedo, ¿no? Pero, ¿por qué no comprobamos qué tan al límite estamos los dos?


Dios...


Taehyung inspiró aire llenándose del aroma masculino de Jungkook mezclado con la fragancia suave que éste solía usar. De repente se sentía tan chiquito, tan indefenso y maldita sea, la mirada de Jungkook era tan salvaje, sus tupidas cejas inclinada un poco hacia abajo y el cabello negro y húmedo por encima de ellas.


Era como un depredador.


Y Taehyung felizmente perdería la vida a causa de esas manos y esa boca.


—Eres de lo peor —repitió, pero esta vez en un susurro y sin sonrisas, borracho por la tensión sexual acumulada y lo cerca que estaban de consumarla—. Estoy tan desesperado por ti, Jungkookie, solo... tómame.


Un latido pasó.


Jungkook no pretendía ir rápido, solo para seguir jugando con el autocontrol de Taehyung, pero en cuanto se inclinó un poco para rozar esos labios y amagar darle un beso, Taehyung fue quien sacó l