daavidr David Ramírez

Cuántos años han pasado. El trabajo y los estudios casi que son cosas que puedo ver en el calendario y tú, mejor amiga, por desgracia también perteneces a esos papeles. Igualmente quiero darte esta carta, agradecerte por tu valor, e incitarte a acordarte cuando estabas más llena de cuadernos que de libretas.


No-ficción Todo público.

#guerra #amor #carta #toxico #colombia
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Cuídate mucho. Te quiero más que a nada.

¡Hola! ¿Cómo estás? Espero que de lo mejor. Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos por última vez. Ya hace como un año que no volvemos a pasar juntos por la cafetería; ojalá poder retomar esa rutina lo antes posible, aunque sé que no se va a hacer realidad. Pero bueno, soñar no cuesta nada.


¿Cómo te ha ido por allá? He visto en noticias que muy bien. Es una pena que la guerra azotara a las personas de esa comunidad, pero es reconfortante que por personas como tú se esté saliendo adelante: esos muchachos tienen que reincorporarse cuanto antes, así que espero que te sientas super bien contigo misma cuando vayas a dormir, porque te lo mereces.

Imagínate que había batallado mucho para escribirte esto. Como que sí quería decirte algo, pero no sabía cómo. Qué palabras usar, cómo introducir el tema… no sé. Sentía que la carta tenía que tener un mensaje profundo de mi parte, pero ese tema no podía profundizar más en mis ideas, así que decidí escribirte de una buena vez.


Es una locura ver cuánto has crecido como persona. Me enorgullece saber que esa depresión que tuviste ya es cosa del pasado: ahora podemos hacer bromas con momentos que no nos dejaban tan bien parados por allá cuando nos íbamos de fiesta esos viernes en la noche. Seguro que ahora tienes más cosas de las que avergonzarte, pero tienes más resistencia para poder reírte de ellas.


Aun me acuerdo de esos regañitos que te daba. Tú hablando de cómo todos te dejaban plantados, y yo diciéndote “tóxica” cada dos por tres (bastante tóxico por mi parte, por cierto). Cuántas veces te habré aconsejado en esos caminos de bus que duraban hora y media, pensando que esas relaciones amorosas fallidas iban a ser lo más impactante que nos fuera a pasar en la vida.


Me serviste como consejo, y ese consejo me sirvió como excusa para extrañarte. Era maravilloso verlo, pero era horrible experimentarlo. Me consumía por dentro el ver que tú decías que todo el mundo era tóxico, al tiempo que le negabas la oportunidad (no sólo de una relación amorosa) a gente sana mentalmente, resultándote como salió: relaciones muy adictivas pero peligrosas.


Lo gracioso es que yo hice lo mismo. De ti no tengo ninguna prueba, pero yo tengo ríos y ríos de tinta que le escribí a aquellas personas filosas que trituraban mi corazón cada cierto tiempo. Al final, terminé comprendiéndote cuando me comprendí, finalizando en que no te volví a regañar nunca más por esas cosas.


Es que no sé qué pretendía. Intentar que una persona no esté con otras es como intentar hacer dieta viviendo encima de un McDonald’s. Muy bonito y todo, pero no estás atacando donde es. Y qué más adictivo que el sabor de unos buenos labios cuando uno tiene hambre, ¿cierto?


El mejor momento era vernos colapsando por esas crisis. Eran eventos más importantes que una guerra mundial o una pandemia. Era el apocalipsis, era el acabose. La cumbre de la miserableza y unos pisitos más por arriba, nosotros. Le poníamos más cuidado a cuántos mensajes nos llegaban al día que a llegar a fin de mes; era maravilloso. Millones de veces me encontré con la situación de leerte mis textos para encontrarme con que te identificabas a la perfección: ahorita me cuesta creer que yo te regañaba. Era el típico estereotipo de profesor de Educación Física, ese gordito que nos forzaba a todos a correr (y que se enojaba si no lo hacíamos).


A pesar de todo siento que nos salvamos de muchas cosas con esa guía tan escueta que nos instruíamos a nosotros mismos. Supongo que como el primer objetivo siempre fue ayudarnos, nos esforzábamos tanto en eso que nos salía de vez en cuando una buena idea para calmarnos: todo para desecharla una semana después viendo que “no era tan divertido”. Nos sentíamos bohemios y maravillosos, como unos prodigios que nadie entiende. Y eres muy inteligente, pero pocas cosas son más tontas que la soberbia, creando así una ironía más grande que toda la melancolía que nos acompañaba.


Fue muy rico hablar contigo, así sólo fuera en esta carta. Ojalá vernos pronto y poder recorrer esas calles por las que lloramos tanto; esta vez con un cafecito en las manos, en vez de pañuelos. Sigue así con tu trabajo, que es simplemente sublime (y probablemente más filantrópico de lo que haga el 90% de la población), que por gente como tú es que este país no se tira del edificio.


Por mi parte esperaré tu respuesta, y esperaré tus risas (muy fáciles de descifrar porque escribes como hablas). Esperemos que esa sea una buena justificación para oírnos en vivo y en directo, que ando frustrado de escribirte cartas cuando puedo llamar a personas al otro lado del mundo mientras te escribo.


Cuídate mucho. Te quiero más que a nada.

4 de Octubre de 2020 a las 00:00 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

David Ramírez Me fascinan los relatos cortos, las mini novelas y los poemas (más que todo de romance). Si tu eres así de apasionado, cómo estaría de bien que te pasaras por mis textos. Por último, procura reseñar mis textos contándome qué te parecieron: no sabes como me sentaría de bien leerte. Publico relatos algunos domingos para ver si así se pasa mejor la semana.

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Francisco Rivera Francisco Rivera
Intimista y reconstructor de momentos inasible pero que se conservan en alma, mente, corazón y letras; este ejemplo de una manera epistolar, es gratificante pese al mundo desgratificante que se cierne sobre todo el planeta. Muy buen esfuerzo de encontrar hondo sentido en aquello que puede parecer supérfluo, pero que no lo es, pues la vida se compone de eso, precisamente, de lo que escribes. Adelante con más historias, chico; y, si me respondes, no dejes de emplear la conversación tuteándonos -aunque generacionalmente nos separe la zanja de edades, pero no de las letras, que nunca cuentan tiempo, edades, etapas...Un saludo cordial. ¡Y, vaya que si lo he disfrutado...!
September 03, 2021, 16:53
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