makeitcantabile Lian Yun

"Breen ¿Sabes qué es eso que nos hace humanos al final? Aunque lo neguemos y seamos testarudos al respecto todos queremos amar y ser amados. Somos seres humanos, pero nuestro ser no es "un ser" si no hay nada que reafirme nuestra existencia. Somos lo que somos porque estamos rodeados de otras personas." "¿Eso crees? Un monstruo como yo hace mucho que olvidó cosas como el amor y el reconocimiento. No las necesita. Es por eso que ya no puedes decir que soy un ser humano, no queda nada de ello en mí" "Pero aún así me has conservado a tu lado todo este tiempo ¿Será que quizás te estas enamorando de mi?" "No tengo alma ¿Cómo podría amarte? Finlay."


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El nuevo sirviente del demonio.


"Breen ¿aún eres humano?"

"Estoy muerto hace mucho ¿Cómo podría serlo?"

__________________________


Los ojos del monstruo reflejaron el atardecer. Ahí, de pie frente al mar, se encontraba en completa soledad, ni siquiera un alma se atrevería a acercarse. Una sonrisa fría escapó de su boca, mientras un antiguo recuerdo invadía su memoria.


En ese recuerdo, un niño alargado y flacucho estaba sentado en unas rocas. Los ojos de ese niño no reflejaban nada, brillaban junto al atardecer. Esos ojos que nunca antes habían visto el mar, por un minuto olvidaron todo el dolor, olvidaron el hambre y se quedaron ahí, suspendidos en la luz rojiza y anaranjada de ese cielo que lentamente se apagaba y se cubría en el manto de la noche. Esos dos luceros brillaron junto al resto de las estrellas por la eternidad y junto a ellas se apagaron para siempre en el amanecer.


Ese niño, que aún era dueño de una larga senda del destino, había sido la primera persona que había asesinado. Lo había destruido hasta hacerlo polvo, hasta no dejar ningún rastro de él sobre la faz de la tierra. La sonrisa del monstruo se ensanchó.


Conforme avanzaba por la orilla del mar el cielo se oscurecía y sentía sus poderes crecer más y más. Un monstruo como ese , despiadado, deshonesto, desleal, extremadamente vengativo y dispuesto a cualquier cosa, era realmente la peor escoria con la que alguien pudiera cruzarse.


Y probablemente si ese alguien tenía la desdicha de cruzarse en su camino tampoco saldría con vida.


Caminó sin prisa hasta llegar al final de esa playa y se recostó en la arena cerrando los ojos. Así, con los ojos cerrados parecía que estaba dormido y soñando cosas agradables. Casi no se veía tan terrorífico. Casi.


Pero los monstruos no podían soñar y cuando dormían era más como una eterna caída en el infierno, todo era negro y descolorido. No había nada, sólo los recuerdos atormentadores de los actos horrorosos que habían cometido. Soltó un suspiro de frustración y abrió los ojos sentándose. Sin embargo, esa noche estaba de un humor particularmente bueno.


Cuando finalmente llegó la hora, se puso de pie. sus ropas negras flamearon ante el viento marino, un cinturón plateado sujetaba su túnica exterior. Su rostro era anguloso, una nariz alta y delgada, una boca que constantemente estaba torcida, ya fuera en una sonrisa burlona, en un gesto de desdén o en los vestigios de la ira y unos ojos oscuros y vivaces, enmarcaban un rostro mortalmente pálido que sería hermoso si no fuera por su expresión.


Había crueldad infinita en esa cara, no había siquiera una gota de compasión.


Se dirigió hacia una pequeña cueva de piedra que se abría paso en la orilla de la playa. Dentro, un par de seres le hicieron una reverencia que ignoró completamente y se fue directamente hacia su objetivo.


Dentro de una celda muy pequeña había un hombre. O podría decirse lo que quedaba de un hombre. Había sido destruído casi hasta los pedazos pero aún así habían tenido sumo cuidado de no quitarle la vida. Respiraba trabajosamente y apenas pudo levantar la vista cuando vio esas botas negras aproximarse hacia él con lentitud.


–Pero mírate, qué guapo te estás poniendo. Por si querías saber la herida que me hiciste en el brazo está sanando bien, así que no es necesario alarmarse.– El monstruo tomó asiento en una roca cercana al ser. Mientras recogía una larga espada del suelo y la acariciaba entre sus dedos mirándola con intensidad.


–Eres... una bestia, no deberías existir– la débil voz del hombro resonó en la cueva mientras levantaba su cabeza. Sólo ese débil movimiento hizo salir grandes cantidades de su sangre que se deslizaron con lentitud a través de sus ropas, las cuales, originalmente eran blancas, pero ahora se sumergían en la desgracia de la sangre y el barro a la que habían sido sometidas.


–¿Ah sí? – dijo con deleite, su sonrisa de volvió aún más dulce –No te muevas tanto, por supuesto que no queremos que nuestro invitado vaya sufrir algún percance como la muerte ¿no? – La punta de su espada se afirmó contra la línea de su cuello dejando un alargado corte. Cuando vió que ese hombre intentó abalanzarse sobre la espada tratando que ésta le atravesara el cuello la retiró rápidamente.


–No tan rápido querido cazador, aún no respondes mi pregunta más importante ¿quién te envió? – Al ver que el hombre no emitía respuesta soltó un suspiro y se puso de pie, poniendo su dedo índice y medio sobre la frente de su prisionero. Inmediatamente su cuerpo sintió como se estaba quemando y destrozando por dentro, sus gritos eran desgarradores. El control mental que podía ejercer esa bestia era realmente aplastante –¿Me vas a decir? – susurró cerca de su oído.

Toda la voluntad de ese hombre parecía haber sido quebrantada hasta lo más profundo, en su rostro se habían extinguido todos los rastros de la vida y parecía no haber esperanza alguna.


–El palacio estrellado... el palacio estrellado me envió– susurró y su cuerpo se derrumbó sobre la fría piedra, muerto.

Los ojos de aquel ser brillaron con un resplandor rojo, mientras su sonrisa se ensanchaba. Por fin, después de tanto tiempo había descubierto el nombre de su enemigo.


Estaba exultante cuando salió de aquella cueva y le dió a sus sirvientes la orden de "encargarse del resto". Como su humor era bastante bueno y la noche aún era joven colgándose una capa negra sobre los hombros se dirigió hasta un pueblo cercano.

Sin embargo, era de noche y lo único que quedaba abierto en ese miserable pueblo era un viejo bar. Dentro, toda clase de ebrios se sujetaban a sus botellas, mujeres, mesas lo que tuvieran por el frente. Soltó un suspiro de resignación y se sentó en la barra pidiendo una botella de licor fuerte. Con la botella en la mano y el vaso en la otra fue bebiendo con lentitud. Había mucho ruido en aquel lugar pero no le significaba mayor problema, hoy estaba celebrando.


Sin embargo, dentro de todo ese ruido una risa resonaba vigorosamente.

–¡TRAIGANME A CUALQUIER DEMONIO MALDITO Y LO HARÉ PURÉ! –

El demonio enarcó una ceja y se dio la vuelta. Bueno, si alguien quería ser asesinado esa noche no es que tuviera mayores objeciones, tampoco le molestaba tener que asesinar a todos los humanos de ese mugroso lugar. Los cazaría cuales ratas y los aplastaría uno por uno. Casi podía imaginarse el placer de escuchar sus gritos pidiendo piedad.


No obstante, lo que se encontró estaba bastante fuera de lo esperado: Si había una palabra en la tierra para describir a ese chico definitivamente era "estúpido". Estaba parado sobre la mesa con las mejillas encendidas por el alcohol mientras sujetaba una botella en una mano y en la otra sujetaba una enclenque rama que movía como una espada, un látigo o algún tipo de arma. Sin duda no tenía técnica alguna.

La gente en el pueblo solía hacer bromas de él.


Finlay el loco. Se decía que había perdido los cabales después de que su padre un famoso y rico gobernador había salido a luchar y no había vuelto más.

Ahora mismo las personas en el bar lo miraban con una gama de expresiones que iban desde la risa hasta un seco desprecio que era la expresión del demonio en ese instante. Sin embargo, un enérgico guardián que iba acompañado de un grupo de jóvenes le empujó la pierna haciéndolo caer.


–Ya cállate de una vez lunático– gritó. Dentro del lugar todos se quedaron en silencio y luego suavemente florecieron algunas risas. Pero lo que nadie se esperaba es que el lunático se pusiera de pie y le diera un golpe seco en la cara al tipo que lo había hecho caer. La sangre y un par de dientes volaron automáticamente de la cara del chico y la gente del bar prendió animando la pelea. El demonio en la barra soltó una sonrisa, ¡No esperaba tener un ambiente tan agradable! Todo se adecuaba a su gusto. Continuó bebiendo despreocupadamente mientras escuchaba los golpes sordos.

En algún punto de la pelea el dueño del bar y sus hijos habían sacado a todos los revoltosos del lugar y los habían lanzado a la calle. El ambiente volvió a su usual alegría mientras el demonio terminaba su botella, lanzaba un par de monedas de oro sobre la mesa y se marchaba.


Lo primero que escuchó al salir a la calle fueron los gritos de ese grupo de jóvenes.

–¡Hijo de puta! ¡Maldito lunático! ¡Enfermo! ¿Acaso crees que porque tu padre era el gobernador eres intocable? Te voy a enseñar un poco lo que es ser realmente intocable– Cada palabra iba acompañada de varios golpes. Ese grupo de fornidos humanos sin duda le estaba dando buena golpiza al valiente guerrero mata demonios que había estado alardeando en el bar.


El monstruo los miró con una mezcla entre desinterés y altanería

–Malditos humanos– susurró entre dientes, dándose la vuelta para marcharse a su casa.

–¡Ey tú! – gritó el mismo chico que había perdido un par de dientes hace unos minutos escupiendo un buen montón de sangre. El demonio enarcó las cejas y se dio la vuelta sonriente.

–¿Sí?

–No eres de por aquí ¿Qué haces aquí? – sin duda quería decir algo más pero un fuerte viento corrió e hizo volar la capa que cubría la cabeza del ser. El rostro del tipo se congeló automáticamente – ¡Su puta mierda es el demonio del monte negro! – dijo palideciendo automáticamente, hizo el ademán de correr pero la bestia ya lo había agarrado de las ropas y con suave movimiento le había quebrado el cuello.


Su grito había alertado al resto que se debatieron medio segundo entre ir a ayudar a su amigo y escapar. Lo intentaron, sin duda, pero el demonio se lanzó sobre ellos como una incontrolable marea, no los hizo sufrir, sólo por esta noche se sentía increíblemente benévolo.

En menos de un minuto habían 5 cuerpos sobre la tierra y un humano malherido que se sentó con sorpresa y se limpió la sangre de la nariz con su sucia manga.


–Bueno sin duda a eso le llamo tomar medidas drásticas...– dijo mirando a los tipos muertos a su alrededor y luego poniéndose de pie para hacerse una leve reverencia – Le agradezco mucho señor haber sido mi gentil salvador. Tengo una deuda eterna con usted. Si hay alguna forma de pagarle...


–No es necesario – respondió secamente el demonio y abrió un portal. No era necesario añadir que no lo hizo precisamente "por salvarlo". El humano miró el portal unos segundos y antes de que el demonio cruzara lo sujetó por la capa. El monstruo lo miró con sorpresa, sin duda ese tipo debía estar loco.


–Señor, déjeme acompañarlo. Encontraré una forma de compensarlo, aunque sea sirviéndole por un tiempo. Permítamelo para aliviar mi conciencia –dijo pomposamente. Estaba claramente muy ebrio, apenas notaba que su brazo sangraba profusamente. El demonio lo miró mordazmente mientras alcanzaba el portal.


–Cómo sea –dijo en la misma voz fría y plana. Sin duda, esta era la primera vez en toda su existencia que alguien lo seguía voluntariamente y ya que parecía tan dispuesto a servirle no podría negarse, por lo menos habría alguien dentro de su palacio que no quería matarlo y le servía sólo porque quería.


Aunque tampoco podía confiar en él. Por eso, apenas llegaron lo llevó hacia los calabozos, el humano miraba alrededor confundido.

–¿Acaso quieres que limpie esto? – claramente ya se había olvidado de todos sus finísimos modales, del "señor" y de todas sus excéntricas palabras.


–Te quiero tener cómo mi prisionero ¿qué te parece? – dijo con una escalofriante sonrisa mientras abría la puerta de una celda. Estaba listo para una reacción exagerada y para matarlo apenas lo hiciera. Pero sin duda no estaba listo para verlo encogerse de hombros y entrar en el lugar voluntariamente sentándose en la incómoda cama.


El demonio entró desconcertado detrás de él.


–Bueno, al menos es más acogedor que volver a mi casa vacía y además aquí entra un aire frío por las murallas, le da un aire de frescura– dijo sonriente mientras se cruzaba de piernas y usaba la sábana para parar el sangrado de su brazo.


–¿En serio no te vas a oponer?

–Bueno soy un hombre de palabra ¿Qué crees? No eres de aquí ¿no es verdad? Eso es bueno, la gente aquí me llama, estúpido, estúpido y nadie se digna a tomarme en serio. Por fin alguien podrá escucharme con un poco de imparcialidad. – El monstruo frente a él enarcó una ceja mientras tomaba asiento en una roca cercana.


–Pues resulta que yo creo que puedo ir y destruir a todos esos malditos demonios ¿no me crees? Pues llévame ahora mismo con uno –los ojos del demonio flamearon en un brillo rojo, sin embargo, después de mirar un poco al ebrio humano que tenía delante decidió que no valía la pena ensuciar ese calabozo. Soltó una fría risa.


–¿Así que puedes destruirlos a todos sin excepciones? Debes ser un humano realmente fuerte– dijo burlesco.


–No me confías en mí ¿no es así? – dijo mirándolo con los ojos entrecerrados y acercándose para hablarle al oído – Pues resulta que sí, te diré un secreto, incluso tengo un arma mágica– dijo con una tonta sonrisa.


–¿En serio? ¿Y qué arma sería esa?


–Pues la tengo justo aquí...– dijo comenzando a rebuscar en sus ropas. Su rostro palideció –Mierda ¿dónde está?


El demonio soltó un largo suspiro, casi le había creído.


–Ah, es un idiota.


El rostro del chico se nubló, arrugó su frente intensamente y se paró frente a él para mirarlo a los ojos. A esas alturas un humano común corriente ya habría escapado dando alaridos. Pero Finn no era un humano corriente, así que moviendo su dedo frente a él, como un padre regaña a un niño dijo:

–No es cortés llamar a alguien que acabas de conocer idiota ¿no te lo enseñaron tus padres?


–No tuve padres– respondió el demonio con desdén. La boca del chico frente a él cayó, sin embargo se recompuso rápidamente.


–Bueno pues, te lo enseño ahora. Normalmente la gente se llama la una a la otra por su nombre. Mi nombre es Finlay, pero puedes decirme Finn ¿cuál es tu nombre? – dijo extendiendo su mano. El monstruo frente a él lo miró como decidiendo entre hacerlo pedazos o aplaudirlo por su valentía. Finalmente extendió su fría y blanca mano y apretó la contraria.


–Mi nombre es Brent.

27 de Septiembre de 2020 a las 04:45 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Andréss Navas Andréss Navas
¡Hola!, quería decirte que tienes buen manejo de la puntuación, ortografía y gramática, ¡además de que la historia pinta muy bien! Verificada desde ahora, no pares de escribir.

~

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