ana-se-ri1600654486 Ana Se Ri

¿Podría un gato ser cupido? ¿Podría un gato escoger la futura pareja de su dueño? Botas es su nombre y Mercy su hermosa dueña, viven en un departamento cerca de la universidad, pero cosas extrañas sucederán. ¿Por qué botas a comenzado a traer ropa de hombres? ¿Quién es la victima de su travesura? Y lo más importante ¿Podrá nacer un romance a consecuencia de un gato travieso?


Romance Todo público.

#universidad #vecino #Cat-love #humor
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Dejando el invierno atrás

Capitulo 1: Dejando el invierno atrás

— ¿Dónde están mis calcetines? — oigo un grito a lo lejos, gimo de frustración y me tapo hasta la cabeza con mi sábana de cuadritos. Esto es la tercera vez en la semana que lo escucho gritar.

— Lo recordarías si fueran ordenados — hablo para mí misma, a ciegas busco mi teléfono, y cuando lo encuentro veo la hora y son las 6:59 de la mañana. — Tan temprano y malogrando el día.

Me levanto de mi cama y arrastro mis pantuflas hasta el baño, la imagen que me muestra el espejo es deplorable, mi cabello largo un desprolijo, las ojeras notables de bajo de mis ojos, y ni mencionar la saliva seca de al lado de mis labios.

Abro el grifo y me mojo la cara para espabilarme un poco, pongo pasta dental en mi cepillo y me lavo los dientes, me siento en el inodoro, y volteo a ver hacia la puerta del baño y encuentro a mi gato Botas sentado mirándome fijamente.

— También necesito privacidad Botas — lo regaño y solo responde con un maullido.

Termino de hacer todas mis necesidades en el baño y me preparo mi desayuno, abro la nevera y saco dos huevos y una caja de leche, lo pongo encima de la encimera y abro la alacena y busco la comida de Botas, volteo a mirarlo, pero no está.

— ¡Botas tu comida! — lo llamo, pero no hay respuesta de él. — ¡Michí, michí, michí! — y la campanita que tiene en su collar comienza a sonar junto con sus maullidos y aparece en la cocina, le sirvo en su plato y este comienza a comer.

— Si me acompañas al baño, también debes de acompañarme a la cocina. — hablo mientras me preparo mis huevos fritos. — Hoy llegaré tarde, pero te dejaré sirviendo tu comida y mucha agua, de eso no te preocupes Botas. — volteo a mirarlo, pero mi gato solo me ignora mientras come.

Abro la nevera otra vez, y saco el tocino. Me estoy quedando sin comida, solo me queda un huevo y la mitad de un tomate, pero a Botas es otro caso aparte. Me sirvo la leche en un vaso y me siento a comer.

— Botas, si las personas supieran que te cuento todos mis secretos me dirían loca — me río y lo miro — Hoy tengo que ir al súper, también tengo que pasar por el correo para verificar si mamá me envió... — me detengo y me paro para poder servirle su agua. Vuelvo a sentarme y termino mi desayuno.

Entro a la ducha, me baño y salgo. — Ahora el dilema es... ¿qué me pongo Botas? — le pregunto aun sabiendo que no puede contestarme.

Me decido por unos botines y un pantalón jean, una blusa con mangas largas, el frío se siente un poco, pero es mejor prevenir que lamentar, eso siempre me dice mi madre. Me maquillo un poco, me pongo mascarilla de pestañas, sombras para mis cejas y un poquito de labial para ocultar mis labios pálidos, me hago una cola de caballo alto.

— Botas, hoy llego tarde — busco mis llaves y las pongo en mi mochila. — Ya te dejé comida suficiente para hoy — volteo a buscar algo que se me pueda olvidar, pero no recuerdo nada.

Me agacho hasta donde se encuentra Botas y le doy cariñito — Mi amor ya vuelvo ¿sí? —le doy un casto beso sobre su cabeza. — ¡Ya vuelvo! — grito antes de cerrar la puerta.

Una vez afuera del pasillo hecho llave a la puerta y me dirijo hasta el ascensor, presiono el botón para que suba, se abren las puertas e ingreso, presiono el botón del sótano, las puertas se están cerrando.

— ¡Espere, espere, no cierre las puertas! — presiono el botón para que se abra y pueda ingresar la persona que grita desesperado.

Cuando se abre las puertas, puedo apreciar a un joven más alto que yo, con piel bronceada, el cabello desordenado y ojos claros. Se nota la barba de hace tres días aproximadamente, me regala una sonrisa y le abro espacio para que pueda ingresar.

— Buenos días — hablo, pero solo en respuesta recibo un "mmm" de su parte, que me parece descortés, pero lo ignoro.

El presiona el botón que da al primer piso, eso lo hace bajar primero y yo bajo hasta el sótano, me subo a mi auto y me voy derechito hasta la universidad. Miro la hora en mi en mi reloj de mano y veo que falta treinta minutos para que inicie mi clase, así que me voy hasta la cafetería y acomodo la mochila mejor sobre mis hombros.

— ¡Mercy, por aquí! — escucho la voz de Lilian, una compañera de clases, está alzando su mano para que le pueda distinguir entre las personas, cuando la encuentro con la mirada le sonrío, baja su mano y camino hasta donde está ella.

— ¿Que tal chica? — me siento en una se las sillas y pongo mi mochila sobre mis piernas.

— Súper bien — responde Max. — Veo que estás feliz, ¿No has revisado tu WhatsApp?

Lo miro con curiosidad y muevo mi cabeza en negación, mientras busco mi teléfono, no lo encuentro en mi mochila, me toco el cuerpo tanteando donde podría estar.

— Se me ha olvidado — digo con tristeza. — ¿Que ha pasado?

— Yo le digo, yo le digo — El entusiasmo de Lilian es notable. — ¿Te acuerdas que teníamos un trabajo que presentar para este fin de semana? — me mira esperando mi respuesta, así que solo muevo mi cabeza en afirmación — Pues, si mal no recuerdo el teacher lo canceló, porque disque nos habíamos atrasado, y para recompensar esa nota íbamos a tener exposiciones grupales.

— Si lo recuerdo, ¿Que tiene que ver eso? — pregunto sin entender nada.

— Ponte los cinturones nena, pero esa exposición que es para mañana, el teacher lo acaba de cancelar hace unos cuarenta y siete minutos aproximadamente — cierra sus ojos e inclina un poco su cabeza y con su mano derecha me señala esperando alguna reacción mía.

— ¡Qué! — es lo único que sale de mis labios — ¿La cancela, así, sin más?

— No nena — dice sonriente, al parecer mi reacción le da gracia — Se ha cambiado para un examen el día de mañana.

— Es que no puede hacer eso, él debe mencionarlo mínimo tres días antes o dos, para que dé chance estudiar. — gruño con una molestia evidente. — Préstame tu teléfono, lo voy a llamar. Él no puede hacer eso, está loco.

Extiendo mi mano para que me entregue su teléfono, pero no me lo da.

— Nena, Guillermo no cancelará ese examen, tiene que subir notas este fin de mes y ya falta poco, además, ya lo han llamado y no responde, al parecer a apagado el teléfono. — habla Max en un intento fallido de calmarme.

— Es de odio — mi molestia es evidente.

Max se levanta de su asiento, mira algo en su teléfono y sonríe levemente, Lilian imita su acción y yo la de ella. Ambos nos dirigimos al salón de clases, soy la última de los tres en ingresar, el profesor aún no ha llegado. Me siento en uno de los asientos de en medio y pongo mi mochila en el piso, recostada a una pata de la carpeta.

Lilian se sienta adelante, al costado del chico con el que está saliendo y Max se queda a mi lado.
Él solo mira su teléfono y no sé qué podría estar haciendo.

— Acepto y comprendo que Botas me ignore, pero... — toco la pantalla del teléfono de Max a lo loco — A ti Max no te lo perdono.

— Mercy, no jodas — dice mirándome ceñudo.

— Si quisiera a alguien que me ignore, hubiese traído a Botas — me quejo.

— Mercy, no es necesario ser un gato para ignorarte, yo lo hago gratis — habla divertido.

— Buenos días jóvenes — La voz de la profesora calla mi respuesta.

La clase no es tan pesada, incluso la profesora en más divertida cuando hace sus clases. Se le entiende todo a la perfección, y los trabajos los hace en clases, asía amenora las tareas para la casa, pero aun así se hace pesado cuando hay que hacerlos. Las clases avanzan y me separo de Max y Lilian, ya que las dos últimas clases me toca sin ellos. Me falta un año y medio para graduarme, estudio economía en una universidad estatal. Me mudé de mi ciudad, por estudios, no lo quise hacer, pero mi madre me animó a hacerlo. Dijo que no podía estar en el nido para siempre, que un polluelo cuando madura debe de alzar sus alas y volar lejos de ahí, y eso hice.

Volé lejos del nido para explorar un nuevo mundo. Aunque no fue fácil al principio acoplarme, pero con la ayuda de Max todo fue mejor, después conocía a Lilian un año después de llegar. Ahora somos los tres mosqueteros, son los únicos amigos que tengo en la universidad y fuera de esta.

Termino todas mis clases, me voy directo al correo para ver si es que ya llegó el paquete que mamá dice que ha enviado, no podré llamar en todo el día hasta que llegue a casa y pueda dar con el teléfono. Bajo del auto y entro a la oficina de correos.

— Buenas... — miro mi reloj, para confirmar si ya era de tarde, pero el reloj marcaba las once y cincuenta y nueve. — Tardes, vengo a verificar si me ya ha llegado un paquete que me han enviado.

— Buenas tardes — me sonríe la chica detrás del vidrio — Su nombre y número de identificación, por favor. — para hacerla más corto le entrego mi tarjeta de identificación, confirma que, si hay un paquete, se va a buscarlo y cuando regresa, tiene una caja enorme arrastrando, su altura es hasta mi cadera y es muy ancha.

— Es este — menciona señalándolo, mi cara es de sorpresa, porque mi madre en ni un momento me dijo que era una caja enorme. — Por favor firme aquí, para poder hacerle la entrega.

Hago lo que me dice, y arrastrando llevo la caja hasta el estacionamiento. Miro la caja y el auto, y repito esa acción tres veces más, no sé cómo puedo meter esa cosa.
Se enciende mi foquito de inteligencia en mi cerebro y lo que hago es abrir el maletero y como lo que separaba el maletero de los asientos era el respaldar, bajo el respaldar del asiento y lo meto y veo que sobra más espacio del que pensé y cierro el maletero.

— Si me hubieses avisado que enviarías toda la casa hubiera traído un camión — hablo a la nada. — Ahora al súper y más allá.

Cuando llego al súper mercado, estaciono el auto en el estacionamiento y cojo un cochecito que estaba a la mitad cerca de uno de los carros estacionados, y con él me voy directo a la tienda de alimentos. Saco la mini lista que Lilian me hizo antes de salir de clases.

— No necesito condones — hablo en voz alta, un señor que pasa por mi lado carraspea y me doy cuenta que lo escuchó casi medio súper mercado. — Lo siento — le digo en voz bajita un poco avergonzada.

Esto de hablar en voz alta se me ha hecho una costumbre.

Voy leyendo la lista, y buscando las cosas que si utilizaré. Solo falta lo más importante, que es comida para Botas y algún bocadillo o quizás algún juguete. Toda mi concentración está en la lista que ha hecho Lillian que hay cosas innecesarias. Siento el choque de algo contra el choche de compras e inmediatamente levanto mi cabeza para ver con que o quien he chocado. Y veo la espalda de un joven, mis mejillas se calientan inmediato, ya que la vergüenza es inevitable.
Cuando este voltea para ver quien ha sido la despistada que lo ha impactado puedo ver con más claridad su rostro y me doy con la sorpresa que es el chico del elevador.

— ¿Tú? — es lo que único que sale de mis labios.

25 de Septiembre de 2020 a las 00:00 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Leer el siguiente capítulo Choque fructuoso.

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Angie  Perez Angie Perez
Hola, me está gustando la historia. Espero que actualices pronto.
October 11, 2020, 00:49

  • Ana Se Ri Ana Se Ri
    Gracias por darle la oportunidad a esta historia. November 23, 2020, 23:50
~

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