nv_scuderi N.V. Scuderi

Un hombre compra un juguete de Saturno, planeta colonizado por la Tierra, para su hija. ¿Pero los saturnianos tienen los mismos gustos que los terrícolas? Cuento basado en el microrrelato "Juguetes", de Martín Girona Link del autor: https://getinkspired.com/es/u/martin-girona1583791253/


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#ElSecretoDelWendigo #humanidad #zombie #cuento #monstruo #espacio
Cuento corto
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Arenas de hielo

Todos hablan de lo cliché de una historia, de una escena, de uno o más personajes, pero nadie o muy pocos hablan de lo que realmente importa.

Luego de la última pandemia registrada en el siglo XXI (no la del SARS-CoV-2, sino otra enfermedad que le robó el protagonismo en el 2120), sobrevivieron sólo los humanos genéticamente más fuertes, tanto que fueron capaces de adaptarse rápido a los ambientes hostiles de otros planetas colonizados por los terrícolas.

Saturno era uno de estos conquistados con armas de fuego y rayos láser, pues estuvo habitado como lo estuvo América antes de llamarse así. El clima era bastante húmedo, frío y con constantes tormentas diez veces mayores que los de la Tierra; pero, en lo social, actualmente muy tranquilo y sumiso. La tasa de crímenes era baja comparando con Marte, por ejemplo, y a las criaturas salvajes las alojaban en reservas naturales.

Gracias a los vuelos interplanetarios express, podíamos hacer viajes sin temor a las diferencias de tiempo; Saturno tarda casi treinta años en girar alrededor del Sol. Iba allí con mi familia de vacaciones, visitábamos emblemáticos sitios y esquiábamos en las montañas de sus característicos anillos que, además, proporcionaban magníficos paisajes del cielo. Tomé muchas fotografías de los escasos rayos solares siendo fragmentados en diferentes tonalidades del rojo al amarillo durante los atardeceres, lo mismo sucedía con los también coloridos haces de luz provenientes de los tantos satélites que nos acompañaban a la noche.

La última excursión que hicimos fue a las dunas ecuatoriales de Titán, el satélite principal, poblado por saturnianos y terrícolas; obviamente la superficie seguía siendo de «arenas» de hielo, erosionada por lluvias de metano y las mareas de viento impulsadas por la fuerza gravitacional de Saturno. En ese sitio nos cruzamos con un vendedor ambulante que nos ofreció unos muñecos con formas de animales del planeta, resguardados por bolsas de plástico transparente.

No los encontré para nada adorables. De donde yo venía, un perrito o un gatito inofensivo eran atractivos para un público infantil; para los saturnianos, lo era una especie de cucaracha celeste con garras y colmillos que descuartizaba todo a su paso por diversión.

Estuve por declinar sin ser capaz de ocultar mi repulsión por estas costumbres incivilizadas que aún conservaban en ciertas regiones, pero a mi hija de diez años sí la cautivaron estos muñecos y me insistió hasta el cansancio. Le compré un «animalito» hecho de una combinación de goma y tela con, lo que había supuesto, espuma dura y picada en su interior.

—No me gusta, ¡es muy feo! —opinó mi esposa en voz alta y con menos intención que yo de fingir nuestra visión terráquea frente al vendedor, quien parecía ser un mestizo. Tenía rasgos humanos como las extremidades y la boca; sin embargo, su piel era también de un azul glacial y sus ojos eran demasiado grandes y sin más color que un blanco tan brillante como el del anillo más grueso que rodeaba su planeta.

El viento imparable comenzó a soplar repentina y bruscamente. Antes de que fuera imposible distinguir nada, el vendedor replicó con apatía, en lenguaje humano y con pésimo acento, que no había que temer por los juguetes de su patria, ya que serían sencillos muñecos de trapo y no de acción, lejos de su ambiente natural.

Quise preguntar a qué se refirió, pero lo perdimos entre las arenas de hielo que se alzaron como una barrera entre nosotros y por los cuales buscamos refugio en el hotel cercano a las dunas. Fue muy difícil desprendernos de estas partículas que no se derritieron a pesar del calor de los cuerpos normales.

A la semana, ya de regreso a nuestro hogar, mi esposa y yo estábamos bebiendo vino a la luz de las velas de la sala para celebrar un nuevo aniversario y tras darle las buenas noches a nuestra hija, Ro, cuyos pasitos bajando presurosamente las escaleras indicaron que debíamos quitarnos ya las manos de encima.

—¡Miren! Hay algo dentro del insecto —comentó entusiasmada trayendo consigo el muñeco saturniano.

Todavía molestos por la interrupción, encendimos las luces eléctricas y argumentamos directamente que lo que le llamó la atención era simple espuma picada, producto que resulta haber cualquier planeta. Ro frunció el ceño e infló sus cachetes.

—¡No! ¡Miren! —reclamó.

—¿Y tu pijama? Sigues con ropa de calle —señaló su madre—. Vete a dormir, no es hora de jugar y menos con esa cosa asquerosa que ni siquiera la sacaste de su empaque hasta ahora.

Ro no la escuchó, sino que presionó el estómago del muñeco con toda la energía que sus manitos y su orgullo le confirieron.

—Si lo rompes, no te compraré otro de Saturno, sino uno de Mercurio y hasta para ti será feo —le advertí sin éxito tampoco.

El muñeco estalló con el mismo ruido de un globo, seguido por un zumbido horrible y por un silencio que marcó el inicio de las desgracias.

No era espuma lo que contenía el juguete. Unas bolitas gelatinosas y negras azuladas salieron expulsadas como canicas, revotando en cada rincón y destrozando con la brutalidad de una bala cada objeto frágil en su camino. Cubriendo a la niña con nuestras espaldas, corrimos hacia la salida, pero unas cuantas lograron meterse en los orificios de la cabeza de mi esposa en un descuido.

El primer ataque terminó no supimos cómo ni cuándo precisamente, sólo nos preocupó socorrerla. Mientras la colocaba en el sofá, le ordené a Ro llamar a Emergencias desde mi celular. Su madre, desmayada, se tornaba pálida y gélida, su pulso se desaceleraba velozmente y sus labios se teñían de azul.

Nuestra hija lloraba asustada y aferrada a mi cintura, pero apenas me acordé de que la tenía ahí. Sabía que debía apartarla, no consentir que presencie a su madre fallecer y a su padre volverse loco, pero mis músculos no obedecían. Al cabo de unos minutos que los percibí eternos, cuando creí que la muerte nos separó a tan pocos años de estar casados, arrastré a Ro hacia la cocina y nos consolamos con un abrazo empapado de más lágrimas... hasta que escuchamos el gruñido de una fiera.

Espantados, nos volteamos a ver el cadáver siendo controlado por una naturaleza de otro mundo y que reemplazó el color verde de los bellos ojos de nuestra mujer por un blanco hostil que me recordó a...

No hubo tiempo para pensar ni procurar comprender científicamente las causas ni entrar en razón con un muerto viviente, aun si fuese mi esposa. Mi cerebro cerró para siempre el instinto de marido y potenció al máximo el instinto paterno. Cargué en brazos a Ro y eludimos una brutal embestida de la fiera justo a tiempo, lo que la hizo tropezar con la mesa de la cocina. Esos segundos fueron de gran provecho para encerrarnos en el sótano bajo llave, donde tenía herramientas con las que daría batalla si el monstruo echaba la puerta antes que llegara la ayuda.

—¡Papi, tengo miedo! —chilló mi hija, sus ojitos estaban irritados por el llanto. Mis manos temblaban, pero hice cuanto pude por mantenerla contra mi pecho asegurándole que todo terminaría bien.

Sí, es una escena cliché de personajes siendo atacados por el zombie de un ser amado, repetida miles de veces en la ficción... No obstante, lo que a mí me importaba era cómo diablos escapar, sobre eso nadie comentaba para así ponerlo en práctica. ¿Debía ser yo quien matara a mi esposa? ¿Forzar una salida en el sótano y dejarla vagar por el barrio hasta ser reducida por la policía o los militares si era necesario? ¿Contactar con las instituciones públicas de Saturno para denunciar a quienes diseñaban juguetes mortales...?

Mis dedos sintieron algo extraño. Partículas de hielo, increíblemente intactas, estaban aún adheridas a la tela del vestido de Ro. Recién entonces noté que ella tenía puesta la misma prenda que en la excursión a las dunas de Titán.

Finalmente deduje lo que aquel vendedor intentó decirnos: la batería de esta clase de muñecos eran las arenas de hielo, su mecanismo «entretenido» se activaba en su ambiente. De lo contrario, serían unos comunes como los de la Tierra.

La puerta estaba cediendo a los arañazos y patadas de mi esposa, Ro me zarandeaba rogando auxilio y yo, aturdido y olvidándome del peligro contra mi voluntad, solamente concluí que comprar juguetes extraterrestres, en especial los de Saturno, es una pésima idea.

21 de Septiembre de 2020 a las 22:06 15 Reporte Insertar Seguir historia
9
Fin

Conoce al autor

N.V. Scuderi Licenciada en Comunicación Audiovisual, pero el amor a las historias a través de la literatura es más fuerte.

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Martin Girona Martin Girona
Tremenda! Me transportaste a mis años de lector de ciencia ficción y me dejas con ganas de leer más de ese universo tan rico que construiste! De un micro que era poco más que una broma para una animación, creaste una historia genial que combina con excelencia la ciencia ficción y el terror, desde la perspectiva de una familia con personajes y sentimientos muy bien construidos. Felicitaciones!
September 23, 2020, 17:55

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Muchas gracias, Martín! Qué bueno que te gustó, tu micro fue de gran inspiración 🤗 En verdad, quizás vengan más historias de otros mundos después de ésta, todo es posible jajaja September 23, 2020, 19:50
Is Bel Is Bel
¡Muy original! Suelo evitar la ciencia ficción pero tu relato me ha encantado. Muy bien escrito. Me encantaría leer esta historia en versión larga, creo que podría dar mucho de si.
September 23, 2020, 16:42

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Muchas gracias, Bel! 🤗 ¿Quién sabe? Quizás vengan otras desventuras en otros planetas después de este cuento jajaja September 23, 2020, 19:45
Andrés D. Andrés D.
Está genial la historia, Nat. Me encanta esa incursión en la ciencia ficción y en los viajes interplanetarios. Es también muy interesante la cuestión de la adaptación humana y lo que pasó con el virus del 2120. Y el final irónico me pareció un guiño también muy lindo del estilo de Martín, muy buen detalle! Te dejo también algunas observaciones de redacción y ortografía #porque_neurótico, y espero te sirvan: los errores son mínimos, faltas de comas ("El primer ataqué terminó, no supimos..."), palabras en singular cuando debían ser en plural ("...con constantes tormentas -plural- diez veces mayores*"), otras conjugadas en tiempos mixtos ("¿debía ser yo quien matara* a mi esposa?") , y detallitos menores que a todos se nos escapan. Otra cuestión es en relación a ciertos datos, como que los anillos de Saturno sean sólidos y tengan montañas (al menos así se lee por acá), ahora que, si las montañas son de Titán, entonces eso sí es más congruente. En fin, Nat, adoro el cuento porque literalmente te saliste del planeta a explorar nuevos horizontes. Un saludote! :D
September 22, 2020, 16:25

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Graciaaas, Andrés! Y también por los detalles que se me escaparon, fue la adrenalina, ya los corrijo jajaja 🤦🏻‍♀️ Eso sí, de hecho que al borde del anillo B de Saturno encontraron unas "montañas" de hielo, de lo que están compuestos los anillos hasta donde se sabe y hasta donde alcancé a investigar, así que usé este pequeño dato como el de que en Titán de verdad hay dunas, también hechas de hielo. Resultó interesante lo que hay por allí En fin, ¡muchas gracias por pasar a leer! 🥰 September 22, 2020, 18:28
  • Andrés D. Andrés D.
    Todo un gusto leerte, Nat, y todos andábamos a las carreras por el reto jajaja Sobre el dato, vale, entonces igual me interesa investigarlo. Muchas gracias por decirme. Nos seguimos leyendo, Nat :D September 22, 2020, 18:31
Fred Trespalacios Fred Trespalacios
Te daría el premio Nebula!! 😁😁😁 muy bien redactado y muy diseñada. Se te da muy bien la ciencia ficción
September 22, 2020, 05:33

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    Igual quiero el premio, conseguílo jajaja ¡Graciaaas, Fred! ✨🥺 September 22, 2020, 18:18
Rowena Draugr Rowena Draugr
Muy bueno! Este tipo de genero siempre representa un desafío y supiste llevarlo muy bien! la reflexión final fue un toque sardónico genial!
September 22, 2020, 01:20

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Graciaaaas, Rowena! La verdad es que sí, fue un desafío, pero se pudo jajaja 🤗 September 22, 2020, 18:17
Luca Domina Luca Domina
Genial, Nat!!! Te pasaste XD Ciencia ficción y horror, una terrorífica combinación! Muy bueno!!
September 22, 2020, 00:26

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    ¡Graciaaas, Luca! Scifi horror se suma a mi lista de géneros ahora 🤣🙌🏻 September 22, 2020, 18:14
Jancev Jancev
¡Cristo, Nat! y yo pensando que encontrarían una solución. Es increíble como lograste llevar el género a pesar de no ser lo que he leído de ti, pero te quedó estupendo, tiene tu sello por todos lados ¡Me ha encantado!
September 21, 2020, 23:07

  • N.V. Scuderi N.V. Scuderi
    No fui yo, fue Patricia (?) jajaja ¡Muchas gracias, Jan! Me alegra que les haya gustado y sorprenderles ✨✨ September 22, 2020, 18:13
~