nataliadiaz1995 Natalia Diaz

Desde muy joven le han intentado implantar la idea de que algún día debe ser la esposa perfecta: complaciente, sacrificada y sobre todas las cosas; sumisa. Al pasar del tiempo, su familia, la ha intentado transformar en alguien completamente diferente; le han intentado implantar sus conceptos errados, sus valores torcidos y hasta la han obligado a ser mujer sin importar que naciera varón. La vida de Sophie esta a punto de dar un gran giro; su familia arregló casarla con un hombre de una familia pudiente, para poder lucrarse del arreglo ellos, sin importarle la opinión ni los sentimientos de su "hija". Un compromiso a ciegas, muchos secretos y mentiras prometen hacer la vida de Sophie un caos. Sin importar los tropiezos que le ha presentado la vida y cuán dificultoso le ha sido todo; Sophie seguirá luchando para algún recibir esa libertad que tanto anhela. En su lucha y en su camino descubrirá la triste realidad universal, de que la felicidad de unos esta sobre el sufrimiento de otros. Sin nadie en quien confiar y saliendo de un infierno y entrando a otro, cada día perdiendo las esperanzas de escapar de eso demonio que la persigue: ¿Qué futuro le puede esperar? ¿En quién podrá confiar ahora, si su propia familia la han vendido por unas monedas? ¿Podrá Sophie encontrar la felicidad que tanto anhela su corazón?


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He vivido la mayor parte de mi vida encerrado; como un ave enjaulado, donde la única manera de liberarme de las cadenas, es encontrando al hombre indicado. A través de mi familia ha permanecido la creencia de que el verdadero amor no es elegido por un ciego, o por un loco enamorado, que en la belleza no está el amor, si no en el rango y los beneficios que ambas familias puedan obtener a base de esa unión.







Toda mi vida he sido obligado a servirles, el vínculo de sangre no ha sido de importancia para nadie en mi familia. Siempre he sido tratado como un cero a la izquierda. Me atrevería a decir que como un sirviente más de la casa.







Unos meses antes de que se decidiera mi matrimonio a ciegas, es cuando he sido obligado a convertirme en la mejor “esposa” y “mujer”, aún sin serlo. Para la desgracia de mis padres, nací hombre, y han querido ocultar ese “error” a base de vestidos, labiales, uñas postizas, tratamientos para el cabello para mantenerlo largo, castaño y ondulado. He sido sometido a varios tratamientos hormonales y no he tenido forma de evitarlo. Jamás imaginé ver mi cuerpo convertido en el de una mujer, y más aún teniendo mis genitales de nacimiento. Ya no puedo andar sin camisa, porque los implantes que en mi cuerpo se encuentran, me harían lucir como una “mujer” desvergonzada. Verme en el espejo me hace sentir incómodo conmigo mismo. Ya no crecen esos vellos que en mi barba o en todo mi cuerpo solían aparecer, ahora mi piel es suave y delicada. He nacido para ser una hermosa princesa, eso es lo que escucho todos los días de parte de ellos.







Mi boda es mañana y mis padres me han tenido todo el día tomando clases de etiqueta, sin contar que he estado despierto desde las cuatro de la mañana para practicar con los tacones que usaré en la boda. No he visto con quién me casaré, pero esa persona es la única esperanza que tengo para salir de este lugar.







—Espero que te comportes y actúes como toda una dama con clase. Habrán muchos invitados y no puedes ridiculizar a nuestra familia, Sophie.







—Puedes estar tranquilo, papá. Prometo que haré las cosas bien. ¿Mi prometido sabe la verdad?







—Eso es irrelevante— soltó en ese único tono despreocupado de siempre.







—¿Eso qué significa? Si ese hombre no sabe la verdad, ¿Qué pasará cuando llegamos a dónde será nuestra luna de miel? ¿Cómo pretendes que engañe a ese hombre?







—Tan pronto su unión sea un hecho, él no podrá retractarse. Ahora solo necesito que hagas todo lo que te dije y no me vuelvas a responder de vuelta— salió de la habitación, y suspiré.







¿Qué se supone que haga? Si ese hombre no sabe la verdad y se da cuenta de que no soy lo que él espera y que mi padre lo engañó, ¿Qué sería capaz de hacer?







Durante la madrugada no pude dormir, solo podía observar el traje de novia que estaba en el centro de mi habitación, y pensar en la conversación que tuvimos mi padre y yo. Estaba ansioso, ya quería que el día terminara y apenas estaba comenzando.







Tomé una ducha y, al rato las encargadas de mi vestido, maquillaje y cabello, entraron a mi habitación. Al terminar el trabajo, pude apreciar lo hermoso que se veía mi cuerpo con ese traje blanco y el escote pronunciado en forma de V; al igual que mi rostro bien arreglado y ese labial rojo escarlata, que le daba vida y colorido al traje; el ramo que tenía en mis manos le daba el último toque para que luciera perfecto. Mi cabello castaño y ondulado estaba suelto, caía mucho más abajo del incómodo sostén.







—Este collar de perlas fue enviado por su prometido, mi señora— dijo una de las empleadas, antes de colocar el hermoso collar en mi cuello. Era un bonito detalle, pero muy costoso. Debió valer una fortuna comprar algo así.







—Sonría, mi señora. Es un día muy importante para usted.







—Tienes razón— se supone que este feliz de que hoy es mi boda, de que al fin podré salir de aquí, pero ¿Por qué no puedo sentirme feliz? Un nudo se formó en mi garganta y traté de ocultarlo con una sonrisa. De igual manera, ellas no pueden hacer nada por mi.







Bajé las escaleras con la cabeza en alto y sujetando firmemente el ramo de flores. Mis padres estaban esperando por mi para llevarme a la iglesia. Todos se veían felices, era yo quien no podía estarlo.







—Te ves hermosa, hija— mi madre me abrazó, y esas ganas de llorar se intensificaron.







—Ahora sí luces como una princesa— dejó escapar mi padre, acompañado de un suspiro.







—Serás igual de feliz, que como yo lo he sido con tu padre, Sophie— acarició mi mejilla, y sonrió.







—Lo sé, mamá— era lo único que podía responder.







Llegó el momento de irnos a la iglesia, así que no perdimos mucho tiempo. Tan pronto llegamos, me bajé de la limusina junto a mi padre. Cada paso que daba, sentía mis piernas temblorosas. Tenía temor de que me fuera a caer, así que me aferré al brazo de mi padre y sonreí como si no estuviera ocurriendo nada. La alfombra roja tenía como destino a mi prometido a ciegas, quien estaba cabizbajo hasta que me vio. Jamás había visto un hombre tan apuesto. Su sonrisa era deslumbrante y se podría decir que no había esperado que mi prometido fuera alguien así. No era como lo visualicé tantas veces. Se veía muy varonil, de estatura sin duda era mucho más alto que yo, su peinado a la moda y hacia atrás, lo hacía ver cómo todo un galán. Tan pronto me acerqué, su mano se extendió a la mía y la sujeté para subir el escalón que nos separaba. Su mirada se centró en mi, examinando cada parte de mi cuerpo y culminando en mi rostro. Observé con detenimiento sus labios, la barba bien cuidada que tenía, incluso sus ojos color cafés, porque realmente lucía muy atractivo. Hubiera podido ser igual de atractivo que él, si no hubiera sido transformado en esto.







El haber escuchado las palabras del padre, me hizo sentir mal, al tener que prometerle amor eterno a alguien que ni siquiera había visto, y que aún ahora, no sabe la verdad sobre mi. Sabía que debía hacer algo al respecto, pero no tenía la valentía para decir la verdad delante de todo el mundo.







Mi primer beso fue entregado a ese hombre, lo que en otras circunstancias hubiera pensado que sería desagradable, pero fue todo lo contrario. Sus labios son igual de suaves que como se ven.







Al salir de la iglesia acompañado de mi esposo, pude sentir un vacío en mi pecho y un nudo en mi garganta. Mi alma estaba rota y la felicidad que debía estar sintiendo al unirme con mi otra mitad, no la podía encontrar en ninguna parte. ¿Por qué no soy feliz ahora? ¿No sé supone que lo sea ahora que estoy casado? Apreté la tela de mi traje y miré a través de la ventana.







—¿Estás nerviosa? — escuché la voz de mi esposo, y lo miré tímidamente.







—Un poco, ¿Y tú?







—No debes estarlo. Prometo que te trataré bien. Permíteme presentarme adecuadamente; mi nombre es Damián. Sé que en pleno altar lo escuchaste, pero ¿Qué mejor forma de romper el hielo ahora que está? — sonrió, y llevó su mano al bolsillo para sacar el celular—. No estaba de humor para celebraciones, por tal razón no quise que realizaran la fiesta.







—Entonces ¿Iremos directamente a la luna de miel?— cuestioné nervioso.







—Sí, ¿Hay algún problema? ¿No te agrada la idea?







—No es eso, señor, es solo que me parece muy precipitado— fue lo primero que se me ocurrió.







—¿Por qué me llamas señor? Soy tu esposo. Prefiero que me llames por mi nombre, a menos que prefieras ponerme algún sobrenombre de cariño.







—Lo siento, aún no me acostumbro.







—Será mejor que te quites el traje para que estés más cómoda. Recuerda que la luna de miel será en la isla NOR'C, que fue el regalo de bodas por parte de mi padre. Para llegar allá hay que ir en un yate, así que necesitarás estar cómoda para eso.







—¡No puedo quitármelo aquí!— alcé la voz, y él rio.







—No te he dicho que lo hagas aquí, pero si quieres hacerlo, no tengo ninguna objeción. Al final de cuentas, eres mi esposa y te veré sin el esta noche— miró su celular, y me giré para no verlo. Es un pervertido, pero él tiene razón. Me verá sin el traje esta noche.







Llegamos al puerto y entré al yate para ir directo al baño y cambiarme con la ropa que traje en la maleta. Durante el viaje, me encontré con Damián en varias ocasiones, pero en realidad no nos dirigimos palabra alguna. El paisaje era hermoso. Había una casa gigante en medio de la isla, pero no se veía a nadie desde aquí. El agua del mar se veía muy clara, era como haber llegado al paraíso.







Damián se detuvo al lado mío y llevó su mano a mi mentón, tan de repente que me sobresalté.







—¿Te gusta, mi esposa?







—Sí— bajé la mirada al no poder concentrarme teniéndolo tan cerca.







—Exploremos la casa— se alejó y caminó al frente. Ese hombre me pone muy nervioso.







Lo seguí para entrar a la casa y realmente me sorprendió lo hermosa y colorida que se veía por dentro. Es un lugar de ensueño. Damián soltó la maleta en medio de la sala y se acercó.







—¿Por qué estás tan distraída y alejada? ¿No se supone que una pareja de recién casados sea más cariñosa?







—Es que no te conozco, ¿Cómo puedo tratarte así tan a la ligera?







—Entonces ¿Qué debo hacer para que lo seas? Te he notado muy tensa, he llegado a pensar que quizá no soy lo que esperabas.







—No sé trata de eso.







—Entonces ¿De qué se trata?







—Estas muy cerca.







—¿Eso qué significa? ¿Acaso pretendes que me mantenga alejado de mi esposa? Acabamos de casarnos, se supone que ahora estemos más cerca.







—No lo comprendes. Mira, hay algo que quiero decirte, pero no sé cómo lo tomes.







—Por lo que tengo entendido; ya te habías casado una vez, así que no sé porqué te haces la santa y la tímida ahora.Si eso era lo que ibas a decirme, no hace falta, porque ya estoy enterado.







—¿De qué estás hablando? — cuestioné confundido.







—¿Vas a negarlo ahora? El Sr. Arthur nos lo dijo, aún así acepté casarme contigo, así que deberías de ser agradecida y no pretender ser una chica tímida, cuando lo más probable ni virgen seas. Evitemos ser tan formales y saltemos este tema tan controversial, que solo hará que se me quiten las ganas de tocarte. Debemos consumar el matrimonio, así que vayamos directo a lo importante— me agarró la mano para hacerme caminar con él, pero me solté.







—A mi no me trates así. Estás equivocado. No sé lo que te hayan dicho, pero yo jamás he estado casada, tampoco he tenido intimidad con nadie.







—Eso lo sabremos cuando lleguemos a la habitación.







—No iré a ninguna parte contigo— retrocedí, y su expresión se volvió seria.







—¿Ahora te harás la difícil? Me gustan los retos— se desajustó la corbata, y traté de correr, pero su mano se aferró a la mía—. Escúchame, Sophie. No me importa lo que hayas hecho antes, no me interesa que quieras hacerte pasar por alguien decente, tampoco me importa qué hayas estado casada antes, pero ahora eres mi esposa y debes cumplir como tal.







—Suéltame, Damián. No te atrevas a ponerme una mano encima o voy a llamar a la policía— grité con todas mis fuerzas, y Damián rio.







—¿Acaso no te has dado cuenta de dónde estamos, belleza? Mira a tu alrededor, ¿Te parece que alguien vendrá? — su otra mano me arrancó el encaje de la blusa y quise taparme.







—Basta, por favor— le rogué retrocediendo, hasta que la pared evitó que pudiera seguirlo haciendo. Él no tardó en acorralarme contra ella—. No sé lo que te dijeron, pero es mentira. Tienes que creerme— no terminé de decirlo, cuando me sujetó por la cintura.







—No has entendido todavía, ¿Verdad?— su mano se deslizó por mi trasero, y me encaró—. Eres adorable— su otra mano se fue deslizando desde mi abdomen, hasta culminar en el cinturón de mi pantalón. Al sentir su mano cuando fue bajando más allá de el, lo empujé con todas mis fuerzas.







—¡Eres un animal!— lágrimas se deslizaron por mi mejilla, mientras que en su rostro, una expresión de confusión y seriedad se formó.







—Cámbiate la blusa— dio la espalda, y salió de la casa.







Tenía mucho miedo y las lágrimas no se detenían. No quería estar más ahí.

20 de Septiembre de 2020 a las 23:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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