blend-pekoe1597866327 Blend Pekoe

Daniel se enamora de un hombre que aún sigue en el closet y su relación con él comienza a tornarse tóxica. Lo que piensa que es amor se convierte en un círculo de frustraciones, depresión, miedo y ansiedad, del cual parece cada vez más difícil salir.


LGBT+ No para niños menores de 13.

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Azul

Nunca reflexioné mucho en mi vida sobre la misma. Las cosas siempre sucedieron sin que yo mucho tuviera que provocarlas. Si reflexionara ahora, tal vez sea porque así es la vida en realidad.

Viendo todo mi pasado me asusto un poco de mí mismo, porque mucho pasado no tengo pero el que tengo es un poco inquietante. Nunca pretendí ni pensé, mucho menos soñé, con ser el causante de cosas malas. Tampoco involucrarme siquiera. Pero volviendo al primer pensamiento, hay situaciones que a uno simplemente le caen encima y para cuando nos damos cuenta no hay vuelta atrás.

Yo creo que lo que siento que es inquietante es que no estoy arrepentido de nada. Que si tuviera que vivirlo otra vez, lo haría sin duda alguna.

Mi vida era bastante ideal hasta para mí antes de que todo empezara.

Mi padre, muy bien acomodado socialmente, nunca fue avaro conmigo ni con mi hermano. Tenía que gastarlo en vida, decía. Entonces todo era bastante cómodo. Pero me taladraba la cabeza con que estudiara una carrera y que luego trabajara. La experiencia, aseguraba, me haría una persona más o menos decente y no un niño mimado. Mi hermano, unos años menor, le tocó pasar luego por lo mismo.

Así que decidí estudiar radiología. Me gustaba el titulo de técnico radiólogo, e imaginaba que no tendría que andar tocando gente enferma o vieja o fea. Y estaría relacionado al mundo de la medicina sin tener que estudiar medicina, con una falsa imagen de médico.

Cuando terminé la carrera por recibirme mis padres me regalaron un departamento que era muy grande para mí. Ni siquiera con el tiempo pude llenarlo, las cosas siempre se veían muy dispersas.

Para entonces mi experiencia romántica era muy pobre. Mis pocas relaciones murieron en el mero intento, vivía en una rama de la sociedad donde el que dirán todavía era muy importante. Dentro de mi familia se sabía que no me interesaban las mujeres y nadie decía mucho al respecto por si acaso. Con la aceptación de mis padres mucho me ayudó mi hermano, fue quien los hizo entrar en razón en su momento, como consecuencia él se volvió el objeto de las expectativas de los nietos y esas cosas.

Yo comencé a trabajar sin que haya mucho más cambio en mi vida. No logré hacer amigos realmente, las personas que me rodeaban comenzaban a tener sus respectivas vidas en pareja, y los que no, vivían una vida de soltería plena en la cual yo no podía participar sin exponer mis preferencias. Mi pobre vida social no ayudaba a mi vida amorosa, la que no tenía.

—Cuando menos lo esperes, vas a encontrar a alguien para ti. —me repetía mi madre de manera espontánea cada tanto. Y yo repetía mi respuesta cada vez, que era un "mmmmm" que no aportaba nada a su comentario.

Mi padre, por su parte, mencionaba con aires de sabiduría que yo siempre fui una persona muy caprichosa y que hasta para estar con alguien seguro lo seguía siendo. Y si mi hermano estaba cerca escuchando eso, hacía gestos de estar de acuerdo y hablaba de lo terco y testarudo que yo era, de como no aprendía nunca, como si me advirtiera de algo.

Y tal vez la vida me estaba advirtiendo algo.

Había decidido ir a una conferencia médica con una invitación que conseguí en el trabajo. No era raro en mí hacer esas cosas, conferencias y seminarios, tenía el tiempo para hacerlo. A esa conferencia había llegado muy tarde, porque el día anterior choqué mi auto nuevo en el estacionamiento de mi edificio a tan solo dos días de haber adquirido mi licencia. La charla estaba muy avanzada y me quedé sentado en la última fila sin saber si quedarme o irme. Empecé a mirar buscando algún conocido o compañero, si no veía a nadie, me iba. Después de mucho buscar y no encontrar, me di cuenta que a un lado había un hombre mirando mi inquietud. Me miraba muy mal así que pedí disculpas en voz baja por causar distracción. Sin hacerme más caso siguió escuchando la charla. Pero la vergüenza la pasé cuando comenzó a sonar mi celular haciendo que varias filas se dieran vuelta a verme, tardé en encontrarlo para apagarlo. La gente dejó de mirarme enseguida pero el hombre que estaba a unos asientos de distancia no volvió a ponerle atención a la conferencia, de nuevo le pedí disculpas. Siguió sin dejar de mirarme.

—¿Enfermero? —me preguntó de repente, casi acusándome.

No quise contestar, solamente lo miré con la misma mirada sobradora que él me dedicaba. Entonces se sonrió relajando su expresión.

—No importa. Esta conferencia es inútil para cualquiera. —se volvió a mirar con seriedad al doctor que hablaba adelante. —Y muy aburrida.

Pero yo no le saqué los ojos de encima, de repente sonreído por toda la situación. No habría mucha diferencia de edad entre nosotros, pensé mientras lo observaba. Pero enseguida reaccioné y me di vuelta mirando al frente. Desvié un par de veces la mirada espiándolo, pero él seguía mirando adelante. Sintiéndome medio tonto, agarré mi bolso y me levanté. No tenía caso quedarme en la conferencia. Pero antes de salir del salón, no pude contenerme y volví a mirarlo de reojo, y, aunque tenía cierto anhelo de que estuviera mirándome, me tomó por sorpresa que lo estuviera haciendo.

Salí y por muy poco no me llevé por delante la puerta.

A mí me gusta pensar que ese momento fue el antes y el después en mi vida, para bien o para mal.

17 de Septiembre de 2020 a las 23:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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