marcia-de-gomez1598910287 Marcia G

La vida de la joven Eire era tranquila, enfocada en sus estudios en el internado, pero cerca de cumplir los 18 años empezó a experimentar unos sueños que le causaron perturbación, a raíz de ésto se desencadena una serie de acontecimientos que la llevan a un mundo mágico el cual se supone debe salvar, siendo una adolescente los cambios la agobian y sus emociones están descontroladas; debiendo cargar con un destino que nunca escogió. ¿Te atreves a descubrir el mundo de Arontanium? ¿Estás [email protected] a acompañar a nuestra querida Eire en su nueva vida? ¿Sabrá actuar sobre el lema que su abuelo le dijo? "Escuchá tú corazón pero no pierdas la razón a causa de ello." Adéntrate en esta maravillosa historia y descúbrelo.


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Capitulo I. El sueño

El día estaba de nuevo con esos matices grises, el viento soplaba fuerte. Se avecinaba una tormenta, escuché decir a Bona: una chica de pelo negro y liso, ojos marrones y piel morena.


Pero eso no importaba. ¡Daba igual si el sol brillaba o las gotas de lluvia caían!... dentro de mí, nada era diferente; todo pintaba el mismo paisaje blanco y gélido del cual me sentía parte.


Un relámpago atravesó el ventanal de vidrio y segundos después, escuché un ensordecedor trueno. La lluvia empezó a caer, levanté la mirada, gotas de agua caían deslizándose por el vidrio; parecía un diluvio. Con mis dedos empecé a seguir el curso de unos hilos que iban dejando, pensando lo bellos que parecían y al mismo tiempo en lo vacía y patética que era mi vida a mis cortos 17 años.


Miré a mi alrededor y noté al grupo de compañeras de dormitorio Ann y Lía, las más populares del grupo estaban cotillando sobre algún chico que las pretendía; vi a Shani y Bona, al otro extremo hacían la tarea con anticipación a la fecha de entrega, pues eran las aplicadas. Ese panorama parecía ser el mismo siempre. Ahora por la fuerte lluvia, todas tendrían que permanecer dentro, sin poder salir al encuentro de su chico.


Aunque parecía que había división entre las chicas, se llevaban bien desde el primer día que habían llegado al internado.


Yo no pretendía ser de un grupo u otro. No me gustaba ser exclusiva ni comprometerme con nadie, quizá se deba a mis demonios internos. Muchas veces me pregunto cómo pueden soportarme y ser tan comprensivas. ¿Quién es perfecto? En cierta forma todas cargamos con nuestras inseguridades.


La noche nos acogió, cerré mis ojos y pronto caí en un sueño. Esas eran las horas más hermosas de mi vida. Soñar.

¡Lo hacía la mayor parte del tiempo!


Me encontraba de pie frente a un hermoso y gigantesco árbol, de esos que parecen tener siglos de existencia: sus hojas estaban envueltas en una gruesa capa de escarcha. Me acerqué tratando de alcanzar una, era... como si me invitara a tocarle, ¡no podía resistirme!


Levanté mi mano y logré rozarla con mi dedo índice, al instante ¡Sentí una punzada de dolor! ¡Maldije! Para mi asombro, vi una gota color escarlata deslizarse sobre la punta de la hoja, mis ojos se agrandaron al darme cuenta que era sangre.


—¡Eire!


«¿Alguien dijo mi nombre?». Tuve un sobresalto, mi corazón dio un vuelco, mi mente me gritó que corriera, pero mis pies no respondían. De pronto, me sentí observada. De nuevo esa voz.


—¡Eire!


Con dificultad giré tratando de averiguar quién o qué era esa presencia, mis manos temblaban. Era difícil ver a través de esta luz cegadora que emitía los bloques de hielo.


A miles de kilómetros lo único que se podía observar era nieve y montañas blancas. ¡El aire era tan puro que dolía respirar! ¡Eran demasiado reales las sensaciones! Decidí seguir explorando. Caminé por un largo tiempo, buscando de dónde provenía esa voz.


Al cabo de un tiempo y sin éxito, caía rendida por el cansancio; me senté sobre una roca. Sentí el gélido hielo atravesar mis huesos, me estremecí. «¡Todo esto es ridículo!». El paisaje parecía ser el mismo. Tuve la sensación que el tiempo no transcurría, y el único sonido era el del viento, rompiendo cristales...


A lo lejos escuché el sonido de una alarma.


«¡Seguramente ya son las seis de la mañana!», pensé.


—Despierten chicas —gritó Shani.


Ella era la más responsable de todas: pelo rizado, ojos color avellana, piel oscura y unas curvas bien pronunciadas. Su belleza exótica tenía suspirando a más de un chico, pero a ella eso no le importaba.


Se escucharon unos quejidos, luego sábanas deslizarse y chirridos de los camastrones, cuando todas empezaron a levantarse.


—¿Ya hicieron los turnos para bañarse? —preguntó Bona.


—No —respondieron al unísono.


—¡Yo iré primero! —exclamó Shani.


Antes que yo pudiera ordenar mis pensamientos todas tenía un espacio. Y yo, me había quedado de último.


Con dificultad me senté en la cama, mis músculos dolían como si hubiese corrido una maratón.


—¡Ay! —me queje sin darme cuenta.


—¿Qué te sucede? —preguntó Bona.


—No lo sé... ¡Pienso que pesqué un resfriado!, ¡me duele todo!


Se acercó a mí, y tocó mi frente.


—¡No tienes fiebre!


—Quizá estoy exagerando... ¡No dormí bien!


—¿Puedes bajar sola?


—Sí, No te preocupes —dije, plantando una sonrisa y esperando convencerla que todo estaría bien.


Ella dejó de lado el tema y se apresuró a ordenar sus cosas. Las mañanas son muy ajetreadas.


Al cabo de un tiempo logré estar de pie y conseguí colarme a la regadera con Lía: una chica pelirroja, ojos verdes, tez blanca. Ninguna de las dos teníamos problema en compartir la ducha. Al tener solo un baño debíamos ajustarnos al poco tiempo para avanzar.


—¡Date prisa, se nos hace tarde!


—¡Ya voy! Dame un segundo Shani.


—Esto es penoso llegaremos de último al comedor, nos tocará hacer una larga fila y lo peor es que la comida estará fría —se quejó.


La comida del internado no es muy apetitosa, menos a las 6 de la mañana. ¡Imagínate!, empezar con un montón de huevos mal cocidos y aguados y un café desteñido y demasiado dulce. ¡Parece comida de presos! Sólo recordarlo se me revuelve el estómago, pero es eso ó aguantar hambre hasta la hora del almuerzo. No sentía nada de apetito, tenía una sensación extraña no sabía porqué.


Cuando llegamos al comedor la mayoría de los chicos estaban comiendo; por lo que la fila era corta y había escasas personas. Cogimos nuestras bandejas y nos dirigimos a la mesa con el resto de nuestras compañeras.


Parecían muy animadas platicando sobre el nuevo chico guapo y sexi (así era como lo describían), al parecer era pariente del director.


—No he tenido el placer de verlo —aseguró Shani, pero si está tan guapo como dicen, muero por conocerlo.


Yo permanecía indiferente, revolviendo mi plato sin entusiasmo, perdida en mis pensamientos.


—Estas muy callada —dijo Ann, una chica rubia de ojos azules con cuerpo muy bien esculpido y un gran porte.


No era una pregunta pero igual le respondí.


—Si las escucho, pero ya sabes, ¡no me importa el tema!


—Tú siempre eres una amargada —dijo con enfado.


—No me importa tu opinión y lo sabes Ann.


Arrugó su frente —lo hacía cada vez que se enojaba—, y siguió con su parloteo. Las otras chicas me miraron con desaprobación, pero no dijeron nada. Lo admito fui grosera, pero no estaba de ánimo, además, el dolor en mis músculos todavía estaba presente y no me estaba ayudando...


Pronto nos presentamos en el salón de clase. En las primeras horas teníamos matemáticas. Es mi materia favorita, puedo decir que no soy mala para ellas. La naturalidad con las que el profesor nos explica es un factor importante.


Durante la mañana, una fila de profesores entraron a exponer sus temas, según ellos «preparándonos para ser brillantes Profesionales» y destacar en el mundo laboral.


Apenas tuvimos un receso. La hora del almuerzo llegó, teníamos dos horas entre comida y descanso para presentarnos a clase de metales. Dentro de nuestro currículum estaban incluidos ciertos oficios como parte de nuestro aprendizaje.


La clase estuvo entretenida. El profesor nos mostraba diferentes tipos de hierro, explicaba que hay variedad y pueden servir para hacer excelentes manualidades. En algún momento me perdí y al final de clase lo único que sabía es que íbamos a fabricar un artefacto de metal, durante la semana nos iba a enseñar el uso de herramientas para poder llevar a cabo el proyecto. Formamos grupos, el mío obvio estaba: Bona, Shani, Ann, Lía, y yo. Menudo grupo, pensé.


Se llegó la hora de salida y como vi a mis compañeras platicando con grupo de chicos, me adelanté y me fui sola, rumbo a los módulos (así es como se les llama a las viviendas de los estudiantes).


Me gustaba caminar sola, para pensar. Me sentía conectada con la naturaleza.

En el camino decidí sentarme en un área del internado donde hay muchos árboles de pino, similar a un bosque. Suelo ir ahí; me recuerda a mi hogar: un pueblito tranquilo y pintoresco. Me sirve para ordenar mis pensamientos y relajarme.


Presiento que debo recordar algo relacionado con mi falta de concentración y dolor muscular, pero hay un manto en mi mente que no me deja ver. ¡Me duele la cabeza! ¡Mi mal humor es notable¡ Prefiero estar sola no podría tolerar los parloteos de mis compañeras. Ellas no tienen la culpa, pero en este momento no lo soportaría.


Así estuve por un largo tiempo. La hora de la cena estaba por llegar, tomé mis cuadernos y me apresure a levantarme, me di media vuelta y mi zapato se enredó en una raíz, haciendo que perdiera el equilibro. Me fui de bruces. Un grito ahogado salió de mi garganta, cuándo de la nada alguien me sujetó del brazo, evitando mi caída, el jalón fue tan fuerte que me hizo chocar contra un muro de músculos sólidos.


—¿Te encuentras bien? —escuché decir.


Mi cuerpo setensó, provocando una extraña sensación, las alarmas se habían encendido dentro de mi interior.


Giré mi cabeza, y vi como su mano se mantenía aferrada a mi brazo, me moví incómoda. Él pareció darse cuenta y me soltó. Giré hacía él, encontrándome ante un impresionante jóven: era realmente alto. Con mis apenas un metro y sesenta centímetros, tuve que levantar la cabeza para verle a los ojos; su piel pálida al contraste con el profundo color ámbar de sus ojos, su cabello largo le colgaban unas ondas oscuras, aparentaba unos 20 años.


—Te hice una pregunta —exclamó.


—Gracias, estoy bien —pronuncié con torpeza.


Me incliné, tomé apresurada mis cuadernos que estaban esparcidos por el suelo, por el rabillo del ojo vi, él estaba agachado ayudándome. Me levanté; tomé los cuadernos de sus manos y al momento del roce de sus manos con las mías, sentí una corriente eléctrica que me atravesó.


Nunca en mi vida me había sentido de esta forma con un chico, menos con un desconocido.


«¡Trata de tranquilizarte Eire! ¡El chico va a pensar que sos rara!», pensé tratando de controlar el temblor en mis manos y respirar con regularidad.


Sus ojos se clavaron en los míos, tenían un brillo intenso que se tornaba en pequeños destellos color cobrizo, que por una extraña razón me provocaba sentimientos que no entendía.


Con dificultad aparte mi vista, intentando aparentar tranquilidad y empecé a caminar apresurada.


—¿Puedo acompañarte?


—No, ¡estoy bien! —titubee—. No sé ni quién eres, nunca te había visto y no creo que hubieras pasado desapercibido —hablé sin detenerme.


Alargó sus pasos dándome alcance y se posó frente a mí, impidiéndome avanzar.


—¿Así que piensas que no puedo pasar desapercibido? —preguntó con cierta petulancia.


—Ya veo, ¡eres todo un presumido!


—Deberías ser más cortes, te libre de una vergonzosa caída.


Mi cara ardió de vergüenza, mi día no podría ser peor, estaba a punto de explotar...


Extendió su mano plantando una encantadora sonrisa.


«¡Qué pretende! Ya me sé esa, pensará que por sonreír de esa manera caeré echa babas por él» Pensé.


—¿Y tú nombres es?


—¿Qué? —pregunté un poco confundida. Al parecer me había dicho algo, pero yo no había escuchado por tantas emociones arremolinando dentro de mí.


Se veía divertido.


—¿Siempre eres así de distraída?


—¡No sé a que te refieres! Déjame pasar, se me hace tarde —Su mano seguía extendida y no mostró ningún indicio que se fuera a mover.


—Mi nombre es Breymont, puedes llamarme Brey, es todo un placer conocerte. ¿Tú nombre es?...


—¡Eire!—respondí sin tomarle la mano, no me arriesgaría a tocarlo de nuevo.


—¿Satisfecho, me dejarás pasar? —pregunté fingiendo una sonrisa. Eso pareció divertirle, bajó su mano, se la pasó por el cabello y se hizo a un lado, mostrando resignación.


Cuando llegué al dormitorio, me dirigí a mi cama, sin mirar a mis compañeras que estaban terminando de vestirse para ir a la cena. Tiré mis cuadernos sobre una mesa y me tumbé sobre el colchón.


—Eire, ¿en dónde estabas? No vi cuando saliste, nos tenías preocupadas.


—¡Lo siento Shani! Necesitaba estar sola.


—Entiendo, pero sabes que puedes decirme si algo te molesta, has estado actuando raro, y eso ya es mucho decir sobre ti.


Me enderecé y vi a mis compañeras observándome, en sus rostros se dibujaba comprensión. Sabía que siempre estarían para apoyarme, debería ser menos apática y mostrarles cuanto apreciaba su amistad.


—¡Vamos! sal de esa cama, que las penas con pan son buenas —dijo Shani.


—¡No tengo hambre!, agradezco su interés, pero quiero quedarme a dormir.


—Te traeremos comida, así no te quedarás con el estómago vacío —Esa era Bona siempre tan amable.


—No es necesario, pero les agradezco.


—De acuerdo, —dijo Shani—, volveremos pronto.


Tan pronto como vi la puerta cerrarse, me giré. Me sentía enferma, el encuentro con Breymont me había provocado sentimientos tan confusos, que no entendía. Muchas personas hablan del amor a primera vista. Nunca me he enamorado, solo he sentido atracciones físicas, ni siquiera he tenido novio, pero no creo que lo que sentí sea amor. Sólo eso me faltaría, además, este chico no está a mi alcance. No soy fea, eso dicen mis amigas; me gusta mi cabello, me cae a la cintura en unas ondas perfectas de color castaño, soy piel morena clara y mis ojos color verde, la mayor parte de mis curvas están en la parte inferior de mi cuerpo, supongo que eso me deja en cierta desventaja.


1 de Septiembre de 2020 a las 15:21 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Mor iLargia Mor iLargia
Hola. Creo que tienes potencial para escribir. Tienes una redacción buena, aunque podría mejorar, especialmente en no confundir los tiempos verbales, y no repetir tantas palabras. Sin embargo, la trama está muy, pero muuuuy poco creativa. Pero se nota que puedes llegar a escribir muy bien si sigues entrenando. Saludos!
September 28, 2020, 04:09

  • Marcia G Marcia G
    Muchas gracias, seguiré mejorando agradezco tu tiempo. Saludos September 28, 2020, 04:22
~

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