maryosechas Mary Osechas

Desde adolescente, Summer Green decidió establecerse en la ciudad de Nueva York y lo logró. Llegó acompañada de su eterno mejor amigo, y quizás el neurocirujano más sexy de todo el estado, el doctor Alex Cooper con quien comparte piso y una peculiar e inentendida relación. Summer tiene el trabajo que siempre soñó en la afamada revista Cross News. En ese lugar conoció a su mejor amiga y editora de moda de dicho magazine, Danna Bell. Danna es una mujer divertida, fiestera y fiel creyente del amor. El complemento perfecto para nuestra protagonista quien lleva una vida más tranquila. A pesar de su estilo de vida, esto no le impide a Summer disfrutar de la movida nocturna y la buena compañía del sexo opuesto que le ofrece la Gran Manzana. Claro, siempre y cuando no le hablen del amor. Hace un tiempo desterró ese sentimiento. ¡Qué equivocada está nuestra querida Summer! Aún le falta vivir emociones y sensaciones que le estremecerán hasta la última fibra nerviosa de su piel. El causante de este nuevo huracán de experiencias tiene nombre y apellido... ¿Quieren saber quién es?


Erótico Sólo para mayores de 18.

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Miradas Indescifrables.

Como todos los viernes, al final del día, salimos de la oficina al pub de Joe, rozando las 9:00 p. m. Este día había ingresado un grupo nuevo de pasantes, suceso que causó que Danna se retrasara. Un día común, a las 8:00 p. m. estamos fuera de la redacción, excepto la anárquica semana de entrega. Durante esos cinco días, dormir en nuestras oficinas y cubículos es una posibilidad si el trabajo lo amerita.

En vista de la hora, la mejor opción era esperar a mi adorada, loca y divertida amiga con un trago en la mano.

Habana, se leía en la fachada, escrito con luces de neón. La puerta está ubicada bajando un par de escalones. Es un bar agradable, un tanto escondido donde dentro siempre encuentras luces tenues, acogedoras y quizás, este fuese el lugar donde me sentía más a gusto en el mundo, después de mi propio departamento, por supuesto.

¿Por qué?, empiezo por Joe, el dueño; nos conocemos desde que fue mi turno ser una tímida pasante de veintiún años, y debo admitir que de esa época ha transcurrido media década.

Amaba de Habana los juegos de mesa, los dardos, cartas, la música entre retro y moderna. Tiene un ambiente de relax e intimidad que para mí es la paz y escapatoria de un mundo caótico. El local está localizado a escasos minutos de mi departamento y cuando necesito aire fresco o inspirarme, visito ese espacio y regreso a casa caminando.

Ingresando al amplio bar, de inmediato soy atrapada por la atmósfera nocturna, entre las paredes resuena a un volumen medio la canción “Jaded” de Aerosmith. Debido al horario el salón permanece un tanto vacío, en el centro del mismo, están ubicadas mesas para dos personas que comienzan a ocuparse. Al sur del recinto relucen las dianas de tiro para jugar, además de mesas para un mayor número de comensales.

A mi derecha, se encuentra una imponente pared de ladrillo con cientos de fotografías alumbradas con luces de colores, en conjunto con la colección de juegos de mesa a elección, y a mi izquierda, resplandece la apoteósica barra de madera, detrás de esta, está emplazada una estantería de gran tamaño, repleta en botellas de licores con más luces de neón que captan la atención de los clientes, en medio de ambos elementos se sitúa mi querido Joe; él tiene una apariencia intimidante, es bastante alto, diría que está cerca del metro noventa, tiene una complexión corpulenta con un incipiente abdomen contraído con los años y el exceso de cerveza, tiene ojos de color azul y exiguo cabello negro.

Esbozando una sonrisa saludo al anfitrión en tanto camino en su dirección, él corresponde a mi saludo con otra sonrisa comenzando a preparar mi trago cotidiano.

En menos de diez minutos repica la campana de la entrada, giro mi torso y ahí está mi dulce Danna Bell, perfecta y hermosa, con su tez canela, cabello negro y ojos de un profundo azabache adornados por largas pestañas. Ella está vestida con un hermoso vestido azul rey ceñido al cuerpo de escote en U, calzada con sus stilettos de doce centímetros, no entiendo cómo puede utilizarlos veinticuatro siete. Luce más como una supermodelo y no como la redactora de moda de Cross News.

—Lo de siempre, Joe —grita para luego saludarme con un beso en la mejilla—. Hoy no te vi en todo el día, Summer. ¿Dónde estuviste? —pregunta interesada al sentarse en una banqueta a mi lado.

—La verdad no hice mucho, durante el día estuve reunida en el Salón Azul con el equipo creativo, planificando las próximas columnas y editoriales. Lo habitual, la próxima semana es fin de mes. Sabes que Rick es maniático y quiere el borrador impecable, aunque nunca permanece más de tres días seguidos en la oficina. —Bebo un trago de mi vaso.

—¡Qué bien! Yo anduve de arriba abajo con el cierre de la semana de la moda, es un completo desastre, también fue el armando las agendas; además, tendré un pasante a cargo.

»Cada día tienen más suerte, años atrás no teníamos la oportunidad de ir al New York Fashion Week siendo pasantes, y a quien elija nos acompañará en febrero en la próxima temporada —informa con su mejor cara de indignación y burla en simultáneo.

—¿Le contaste a las afortunadas? Estoy segura de que correrá sangre por ese puesto.

—No les he notificado. Pensaré de qué forma seleccionar al ganador o ganadora. ¡Que ni crean que lo tendrán tan fácil!

Joe deposita delante de Danna su copa de martini.

—¿Cómo? ¿Ganador? —pregunto expectante—, pero… si hace años no ingresan pasantes hombres. —Saboreo otro trago de mi gin tonic.

—Este año sí, quizás vayan a trabajar con Robert en deportes. A menos que alguno quiera ser mi lacayo durante los próximos meses —agrega con maldad.

—¡Tan linda y tan cruel a la vez, mi Dann! Por eso te amo —reímos a coro.

—¡Gracias! Es mi lado tauro.

Repica de nuevo la campana en la entrada, Danna y yo giramos en dirección a la puerta e ingresa el nuevo equipo de pasantes, relucientes y felices por su primera experiencia en la redacción; todavía sin preocuparse por los tiempos de entrega, por la pérdida de imaginación y memoria a las 3:00 a. m. un día antes del plazo estimado para la presentación del borrador o por el armado de la edición saliente.

A primera impresión, son un grupo similar a cualquier otro. Cinco niñas que sueñan con ser las próximas editoras en jefe de Vogue, sin embargo ahí están los únicos chicos que se atrevieron a incursionar en este mundo.

«Puntos para ambos, por valientes», agrega mi voz interior.

El chico más alto observa a su alrededor, realizando un scan del espacio y por una fracción de segundo fija sus ojos en mí. Posee una mirada intensa, sexy, desafiante, pero tiene un factor más, como si lograra leer el pensamiento de los presentes.

Es inevitable para mí no detallarlo, su actitud es de un hombre de treinta años, en segundo lugar captan mi atención, esas cejas gruesas que enmarcan sus ojos confiriéndole una pizca de misterio.

«¡Qué ojos!», admiro maravillada. ¿Son marrones? «¡No!», respondo en mi pensamiento, aunque tampoco son del todo claros. «Indescifrables».

Desciendo mi mirada a sus prominentes pómulos, luego al mentón marcado y labios carnosos, sin ser exagerados; rosados y tentadores. Aprecio en él una ligera barba que contrasta divinamente con esa actitud entre rebelde y divertida. Quizás sea el típico niño que tiene la vida resuelta en busca de problemas.

En definitiva, a mi cerebro y otras zonas de mi anatomía, les gustó ese posible metro setenta y seis, si mis cálculos no fallan.

—Su, ¿qué crees que deba hacer? ¿Le acepto la invitación al cine? o ¿Qué hago? O sea, ¿quién te invita al cine a estas alturas de la vida? Summer… Su, ¡hey!

—¿Qué pasó? ¿Qué decías?

Trato de disimular mi distracción, sin embargo, es imposible que la pelinegra lo ignore.

—¿Qué mirabas? —dice en tono pícaro, separando la última palabra en sílabas comenzando a echar un vistazo por el lugar—. ¡Ah! ¡Los pasantes! Creo que son un buen grupo —responde con desgana.

—Ajá —contesto mirando hacia mi vaso a punto de vaciarse.

De un trago bebo su insuficiente contenido.

—Te hablaba de Camilo, el chico italiano que conocí hace unas semanas en el lanzamiento del nuevo perfume de Dior. Son contados los hombres heterosexuales en este rubro y tenías que verlo. El chico es impresionante, es hermoso, el típico italiano del mediterráneo; alto, piel tostada, cabello negro.

»Pero nada es perfecto, ¿verdad? Hace unas noches me invitó al cine, no a tomar en un bar, no a bailar o una cena, sino al cine. Acaso, ¿lo tomo como un gesto romántico o comienzo a dudar de su heterosexualidad? —consulta apresurada.

—Tan rápido empezaste a buscarle defectos, este sería un nuevo récord —recrimino—. Ni siquiera te ha pedido darle nombre a lo que sea que puedan tener y estás pensando en ahuyentarlo.

—No, no, no… únicamente considero que es raro a nuestra edad. No sé, estoy acostumbrada a salir con los neoyorquinos; son más directos, menos románticos, con más chispa. Igual, no eres quién para juzgarme, ¿hace cuánto tú no sales con alguien? —ataca.

—Yo no juzgo. —Levanto un dedo y mis cejas—. Te recuerdo que a mí no me hace falta. No creo en príncipes, ese tema es asunto de Disney, y tener una relación. ¡Umh, no! No estoy interesada en pasar mi vida con nadie —enfatizo—. Tuve una relación seria que se fue a la mierda, o mejor dicho se mudó a Sudáfrica y no busco otra.

—Lo siento —menciona disculpándose con tono de comedia romántica, yo sonrío aceptando su disculpa.

«Es imposible enojarme con ella».

Como he terminado mi gin tonic, solicito uno más, justo en ese momento se acercan dos de las pasantes a ordenar bebidas. Ambas no pasan de la estatura promedio. Una de ellas es de cabello rojo, blanca como la leche y sumamente curvilínea; la otra es delgada, morena, cabello largo rizado y con un rostro hermoso.

—¡Hola! —saludan las dos muy animadas al mismo tiempo.

—¡Qué tal! —respondemos con cortesía.

Como siempre, Dann tiene un imán para crear nuevas amistades, tema en lo que soy pésima. Ella les sonríe de manera contagiosa, como si conociera a las niñas de toda la vida y no de esta mañana. En cuanto a mí sonrío a boca cerrada, sin hablar.

—Me llamo Samantha —se presenta la morena—, pero dime Sam, por favor.

—Yo soy Danila —comenta la pelirroja.

—Ella es Summer, chicas —contesta Bell sin permitirme hablar.

—¡Qué lindo nombre! —manifiesta con ternura Sam—. Te hace honor; o ¿el bronceado es artificial? —ríe tontamente.

—Gracias —contesto con media sonrisa.

Nunca creí que mi nombre se asemejara conmigo, siempre consideré que era de piel dorada, resulta que estoy bronceada y viniendo de una familia de blancos caucásicos, ahora concibo que tiene sentido. Mi cabello es castaño medio con algunos destellos más claros. A pesar que no soy tan alta como mi padre y hermano, el largo de mis piernas aporta centímetros que permiten que esté por arriba del promedio de estatura entre mujeres.

Joe entrega las cervezas a las chicas, no obstante, al ser una buena cantidad, trasladarlas hasta su mesa es complicado, por lo que se aproxima el resto del grupo de pasantes a buscar sus jarras. Enseguida mis ojos viajan al pasante sexy. Apenas en este momento distingo que tiene un aro en el cartílago de la oreja izquierda y varios tatuajes en su brazo derecho. Rotándose para ir a su puesto, se aleja dándonos la espalda y advierto algo más; el niño está muy bien dotado en la retaguardia. ¿Así o más sexy? De manera inconsciente relamo mis labios.

Varios gins tonics y martinis después, a punto de comenzar a perder algunos sentidos, Danna y yo resolvemos por irnos, pero no sin antes visitar el baño; mientras cada una está en su respectivo cubículo haciendo el número uno, escuchamos a nuestras nuevas compañeras de trabajo, Danila y Sam. Por sus voces percibo que están bastante afectadas por el alcohol, hablando alegres acerca de los chicos escucho como una le habla a la otra:

—¡Thomas está buenísimo!

—Sí, pero... es algo niño ¿no crees?

—¡Qué importa! No lo quiero para sentarme hablar.

Ambas ríen y una de ellas responde:

—Nicolás es tan interesante, además de lindo. Esperemos a ver qué ocurre con ellos esta noche.

A la par, Dann y yo abrimos las puertas de los cubículos, mirándonos en modo cómplices. Cuando las chicas ven a través del espejo, comienzan a reírse muy fuerte y siguen charlando.

Al salir del baño por nuestros abrigos, Dann por lo bajo confiesa:

—Me siento como una mojigata.

—Yo también, amiga.

Luego de despedirnos de Joe, nos marchamos a la fría noche de otoño.

—¿Te llevo? —sugiere la pelinegra.

—Sí, por favor.

Pese a que vivo a unas cuadras, la temperatura está bastante baja y aunque ame este clima, no quiero morir congelada.

—Sígueme… —señala animada.

Caminamos una cuadra hasta la avenida principal. Ella grita: «TAXI» a todo pulmón consiguiendo que se detenga un señor de unos sesenta años con bigote. Mi mejor amiga abre la puerta delantera del auto, solicitándole al conductor que sonría; el señor apenas mueve la comisura de los labios, ella toma una foto con su celular, publicándola al instante en el story de su cuenta en Instagram donde además, agrega el número de placa del taxi.

Cualquiera asumiría que realiza este acto porque está loca o culparían al alcohol, pero no. Ella siempre dice: «Danna prevenida vale por dos». Y tiene toda la razón, cada día crecen más casos de agresiones sexuales, desaparecidas y violaciones; ella solo toma precauciones para cuidarse.

Ingresamos al auto, indicando ambas direcciones al taxista y en vista que mi dirección es la más cercana, prefiere llevarme a mí en primer lugar.

Antes de descender, le agradezco al conductor, y con la mano arrojo un beso para Danna. Cierro la puerta del auto, y cuando voy a pisar las escaleras en la entrada del edificio donde resido, giro en dirección a mi pelinegra gritándole:

—Estaré esperando los detalles de tu salida al cine.

—Serás la primera en conocerlos —anuncia lanzándome un beso.

Ingreso al edificio y subo las escaleras poco a poco para que el alcohol en mi sangre no haga de las suyas. Es un edificio de los años setenta u ochenta, de tan solo cinco pisos, conservado bastante bien; no tiene ascensor así que el alquiler es una ganga. ¿La única desventaja?, vivo en el último piso. Sin embargo, al ser el último tengo un lindo balcón que en primavera y verano es ideal para tomar sol.

Llego a mi piso, dirigiéndome a mi departamento el cual se halla al otro extremo del pasillo, despliego la puerta; y en plena sala se encuentra Alex Cooper, sentando en mi sofá de gamuza color marrón, permanece con el departamento a oscuras, apenas alumbrado por el reflejo del televisor, este reposa en una mesa baja a corta distancia del sofá, él está comiendo pizza viendo Netflix con un par de latas de cervezas.

Describir a mi mejor amigo es complicado, es en absoluto perfecto. Es un morenazo de ojos verdes, cabello negro bastante corto; sus facciones son iguales a las de un modelo de Calvin Klein. Es altísimo, de espalda ancha, musculoso y por supuesto, abdomen marcado por ángeles celestiales. Todo en él está en el punto exacto. He llegado a concluir que su vida se desarrolla entre el hospital y el gimnasio.

Él desde su puesto, me recibe preguntando:

—¿Quieres pizza?

—Siempre —contesto.

Camino un par de pasos hasta lanzarme a su lado en el sofá, nos damos un pequeño pico en los labios como de costumbre.

—¿Qué vemos? —consulto curiosa.

Sherlock Holmes.

—¡Muy Bien! —expreso con entusiasmo.

A escasos minutos de haber llegado, me levanto, bordeo el sofá ubicándome en la parte posterior y comienzo a desvestirme. Retiro de mi cuerpo la cartera y el abrigo, colgándolos en el perchero al lado de la puerta de entrada, saco los pies de los zapatos y luego las medias, dejándolos regados cerca de los taburetes que están en la barra de la cocina; esta divide las dos únicas secciones de mi departamento.

Ejecuto otro par de pasos en línea recta hasta entrar en mi habitación, ahí desnudo mi cuerpo en su totalidad para luego colocarme un pijama de Los Simpson; es de pantalón y suéter. Salgo con el cabello suelto que llega unos centímetros por debajo de mis hombros para lanzarme de nuevo al sofá.

—¿Te quedas a dormir? —pregunto interesada.

—No sé, podría ser. ¿Tú quieres que duerma contigo? —responde de forma provocativa.

—Bien… Alex, conozco ese tono.

Intento actuar de forma cortante, pero gana una sonrisa involuntaria.

—¿Qué ocurrió con Mónica? ¿La terminaste?

—No, sabes que no dejo a mis chicas, ellas me echan a mí —explica divertido.

—¿Qué le hiciste? —cuestiono incriminadora.

Mirándome con un intento de ojos tiernos afirma:

—No hice nada de nada.

—¡Ay, no te creo! Eres un mujeriego descontrolado.

Reímos porque ambos sabemos que esa es la realidad.

—Eso es correcto —contesta con descaro—, pero esta vez me dejó porque estuve treinta y seis horas de guardia sin atender el celular.

—Nunca tus guardias te han impedido hablar con nadie en el mundo y menos si se trata del sexo femenino —rebato.

—Eso también es correcto.

«Amo su descaro, es tan entretenido».

—Ocurrió que tuve casi dos días de mierda. Atendí dos pacientes que llegaron de emergencia y ambos murieron en plena cirugía.

—¡Ouh! Lo siento, bebé —contesto sin risas.

Sus pacientes lo son todo para él.

—Si salgo con alguien de mi gremio, suelen entender este tipo de días, pero digamos que para todo hay una excepción. El hospital se ha vuelto un tiradero, todos han follado con todos.

»Si decido salir con alguien de afuera, menos entienden el compromiso de mi profesión, además, tú al igual que yo no buscamos que nos controlen. Necesito tener mi espacio, mis momentos.

—Te entiendo —reconozco mientras llevo un trozo de pizza a mi boca.

—Por eso somos eternos, cariño —menciona meloso—. ¿Hace cuánto nos conocemos? —pregunta desviándose de la conversación.

—Catorce años, más o menos… no recuerdo con exactitud. Tú te comías los mocos, eso sí que recuerdo —bromeo con él.

—Son quince años, boba. Te das cuenta de que somos como una quinceañera.

Antes que pueda responder, él se ha levantado del sofá, observándome fijamente con esos ojos verdes brillantes y traviesos extiende su mano hacia mí mientras sonríe de la forma más sensual, desde su lugar susurra:

—¿Bailamos un vals?

Tomándole la mano, me posiciono de pie, aceptándole su baile imaginario.

Procuro colocar mis manos sobre sus hombros, estirándome lo más posible, él se ríe por mi acción; hace mucho tiempo que sobrepasó el metro ochenta y yo por poco alcancé el metro setenta.

Efectuamos un par de vueltas sin sentido entre el televisor y el sofá acompañados de los estruendosos ruidos de la película, cuando él atrae mi cuerpo al suyo, a través de short su erección toca mi piel, sensación que de inmediato eriza mi piel. Un hilo de electricidad recorre desde mis pies hasta mi cabeza. Alex beneficiándose, se inclina, besándome el cuello y con lentitud desciende con sus labios al hombro, mis dos grandes puntos débiles; él más que nadie los conoce. Detengo mis pisadas y colocando mis manos en su abdomen trato de alejarlo, sin embargo, sentir la perfección de sus abdominales no ayuda a frenar mi deseo.

—Cooper, no. Ya no somos adolescentes, no necesitamos experimentar entre nosotros por miedo a ser los últimos vírgenes de nuestro curso. Tú bastante experiencia que has adquirido.

—Dale, Summer. No digas que no quieres y no mientas porque te conozco a la perfección. —Rueda sus ojos—. Si existe alguien que puede leerte, soy yo —insiste.

Leerme, desnudarme, hacerme una radiografía, lo que quiera y bastará con una mirada.

Recuerdo cuando nos conocimos, él contó una anécdota graciosa ante la clase y estallamos en risas; ahí comenzó nuestra amistad o relación. La verdad es que no tiene un nombre, exclusivamente estamos el uno para el otro… siempre.

—Aunque tengas razón, no cederé —aclaro apartándome—. Si quieres continuamos viendo la película y cenando. Tu manera de celebrar nuestros años de amistad es tentadora, pero innecesaria —agrego simulando estar molesta.

—Está bien, me rindo. —Alza ambas manos en señal de paz.

Él retorna al sofá y toma asiendo luciendo bastante serio, frunciendo el ceño, por poco consigue hacerme sentir mal por rechazarlo. Regreso al sillón para sentarme y acompañarlo, cuando estoy por apoyarme en el asiento, él toma mis caderas, logrando que caiga encima de sus piernas; su erección sigue intacta.

—¿Así vas a dejarme? —sisea en mi oído, cortándome la respiración.

—¡Eres un depravado! —grito girándome frente a él con mis piernas rodeando las suyas.

Agarro su hermoso rostro con mis manos, acercándome como si fuese a besarlo, justo cuando nuestros labios están a escasos milímetros, susurro:

—Ahí está el baño para que juegues con tu amiguito.

Levantándome de su regazo, camino hacia mi habitación, aunque por dentro esté más cerca de aceptar su invitación que de rechazarla.

—Sabes que lo de “ito” es incorrecto, yo le agregaría “ote” a la palabra. Describe mejor al sujeto —explica divertido.

—Buenas noches, Alex —sentencio entrando a mi dormitorio.


Nota de Autora:

Gracias por la oportunidad. Espero disfruten la historia, recuerdan darle me gusta y dejar sus comentarios. Besos!

27 de Agosto de 2020 a las 22:08 5 Reporte Insertar Seguir historia
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Emmanuel Emilio Torres Ardura Emmanuel Emilio Torres Ardura
Amiga simplemente fantástico!!! Me encanta tú novela, los personajes me agradan mucho, sobretodo Summer y Alex saludos, sigue creciendo en este rubro; tienes un gran talento.
Maria R. Box Maria R. Box
Hola 👋 Vi tu comentario buscando consejo y me he lanzado a leerte. Así que... ¡Nueva! ¿No se dice así? Creo que el primer capítulo está muy bien, seguiré leyendo y te iré diciendo ♥️
October 11, 2020, 07:06

  • Mary Osechas Mary Osechas
    Muchísima gracias 🙏🏽 aprecio mucho que puedas darme una mano. Justamente hoy comenzaré a modificar algunos elementos que tengo mal, por ejemplo: el uso incorrecto de la cursiva; venía usándolo en los pensamientos de la protagonista y ellos deben ir es entre comillas españolas 🤦🏽‍♀️ espero ir puliendo mi obra poco a poco. October 11, 2020, 14:49
  • Maria R. Box Maria R. Box
    El uso de la cursiva no esta mal cuando es un pensamiento, yo lo utilizo y no pasa nada. O sea, que actualmente se valen las dos formas :) O eso tengo entendido yo. October 11, 2020, 18:23
  • Mary Osechas Mary Osechas
    Yo también pensé que era correcto usar la cursiva, pero se deben usar las comillas españolas («») en novelas de habla inglesa si se usa la cursiva, por eso lo estoy cambiando. He leído varios blogs y todos coinciden en lo mismo. Por lo que investigué la cursiva se usa en palabras de lengua extranjeras, sobrenombres, para dar énfasis, nombres científicos, nombres de libros, películas, novelas, series. October 12, 2020, 14:52
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