kidd_kewvlex Kidd Kewvlex

La noche de un jueves cualquiera, María acaba en coma debido a una pastilla de éxtasis. Perjudicando a Alexis, quien está enamorado de ella y a sus amigos, un grupo de adolescentes quienes intentan sobrevivir en las condiciones precarias a las que están sometidos y salir de uno de los peores barrios de Ronda. Frente a la impotencia de la situación, el joven enamorado, decide saciar su sed de venganza descubriendo al camello que suministró droga a su amiga y pegando el chivatazo a la policía. Pese a ser una idea bastante disparatada, su entorno lo apoya para lavar la imagen de su amigo frente a los padres de María sin saber que eso será lo que rompa los cimientos de su longeva amistad.


Ficción adolescente No para niños menores de 13.

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GUSANOS DE SEDA

"Nos vimos fuera de la sala de espera, involución, gusanos de seda..."


Las manos de Alexis no paraban de tamborilear el desgastado y mugriento apoyabrazos del sillón de la sala de espera. Donde las paredes grises, junto a ese suelo taciturno hacía que aquella estancia fuera una amalgama de grises que se le hacía vomitiva.

Apartados, a unos pocos sitios del joven estaban los padres de María quienes lo miraban de reojo con odio y rabia, creyendo que el moreno tenía la culpa de que su hija estuviera en coma, pero por desgracia, sabía lo mismo que ellos: Su amiga estaba luchando frente a una sobredosis.

A los pocos segundos, el sonido de unos tacones y el tintineo de unos pendientes rompieron aquel silencio desgarrador.

Todos alzaron la vista para encontrarse con Julia quien portaba un vestido de brillantes ajustado, tanto, que parecían que la tela abrazaba sus costillas. Unos pendientes kilométricos reinaban en sus orejas, su maquillaje estaba completamente corrido y su cara hinchada por el llanto. En aquel momento Alexis le dosificó una mirada de ultratumba, como si quisiera despedazarla con los ojos.

— Vas como la puta que eres—. Le dijo en un susurro furioso cuando se sentó junto a él sin apartar la mirada del infinito.

—Alexis de verdad, sólo queríamos divertirnos, no creía que iba a pasar nada malo.

— ¿¡Divertiros?!

El joven se sobresaltó y se levantó del asiento haciendo retumbar su voz por las viejas paredes.

En aquel instante las puertas se abrieron y un médico de avanzada edad se acercó a los padres. La respuesta no parecía ser una de las mejores, puesto que la señora Muñoz comenzó a llorar y su marido quería matar al joven. Pero aquello no sucedió, no eran personas de barrio, ellos tenían que guardar la clase y el porte, aunque estuvieran muriéndose por dentro; seguramente inventarían una mentira para que la gente no supiese que su hija era drogadicta y lavar su imagen, pero después de que medio pueblo viera a su niña bajar la cuesta de "Las Espeñas", poco quedaba por hacer, solo correr un tupido velo y hacerse los tontos frente al conocimiento y las malas lenguas.

Con una mirada seria y desafiante el mayor se acercó, con un movimiento sutil lo agarró del cuello de la camiseta y tiró para acercarse a su oído.

— Ni se te ocurra salir del cuchitril que tienes por casa hasta que María se recupere o me ocuparé de que manden a todos tus amigos camellos al sitio que pertenecen.

Sin cambiar de expresión lo soltó, se colocó bien la chaqueta y agarró a su mujer del brazo para entrar en la sala donde estaba su niña.

Aquello superó a Alexis, quien lleno de rabia e impotencia pegó un puñetazo a los adoquines de la pared sin lograr hacer el mínimo cambio en estos.

— ¡Joder!

Tras soltar un aullido desgarrador se sentó de nuevo intentando recuperar el aire no sin dosificar una patada al sillón. Julia, quien miraba aquel espectáculo de lejos, dudaba en acercarse. Sabía que se merecía ser esa pared o ese sillón, pero si hubiera intuido que su amiga se iba a descontrolar aquella noche, se habría tragado la llave de las cadenas con las que la habría atado. Pero así era la vida en todo su esplendor, primero se hacía el examen y luego se aprendía la lección. Estaba claro, ninguna universidad por mucho prestigio o nota media que tuviera, superaría las enseñanzas de la calle. Da igual lo listo o astuto que seas, siempre te sorprende con un revés que te hunde en un lodo del que solo se puede salir luchando o comiendo pollas.

— Alexis... Vete a casa... No creo que sea lo mejor estar aquí... Por lo menos hoy. — La joven alargó la mano tímidamente haciendo el amago de tocarle la espalda en señal de apoyo.

El joven sin decir nada suspiró y se levantó dejándola sola en aquel pasillo en penumbra. Estaba claro que no tenía la culpa de todo, pero nunca se llevaron bien y fue el mejor momento para descargar su frustración en algo. Era injusto, pero ya era bastante infame su vida como para caminar con la lealtad de la mano.

Al salir del hospital, la noche dejó de residir el cielo para que el alba se hiciera dueña del tiempo. El frío comenzó a calar sus entrañas por lo que abrazado a si mismo para darse calor, cruzó todo el aparcamiento hasta topar con Andrés en su coche. Era un Seat Panda de color rojo, aunque a causa del Sol comenzaba a ser naranja. Estaba desgastado y abollado en la esquina trasera, no tenía uno de los asientos de atrás y le habían robado la radio.

— ¿Qué ha pasado? — Preguntó dando una última calada al cigarro.

— Está en coma hasta nuevo aviso. — Un suspiro se hizo dueño de los labios de Alexis mientras entraba y se sentaba con cuidado como copiloto.

Homie, va a salir todo bien ¿Sí? — Andrés apoyó su mano en el hombro ajeno y le sonrió. — ¿Cuándo te he mentido yo?

Le guiñó antes de que su amigo le brindara una tímida sonrisa, lo que le calmó.

Andrés tenía veinte seis años y pese a que se llevaba menos de diez años con Alexis, lo trataba como si fuera su hijo. El mayor había pasado por miles de batallas y no se había rendido pese a llevar la vida de mierda que le había tocado: Sus padres murieron en un accidente y eso le hizo caer en una depresión durante ocho años, cuando parecía estar levantando cabeza, su abuela murió, dejándolo solo y teniéndose que buscar la vida como camarero. Y aún así, sabia como sobrellevar las cosas.

Como siempre, conectó los cables necesarios para hacer un puente y arrancó el coche de forma forzosa para dirigirse a sus casas.

— ¿Cómo te ha ido en el bar? — Preguntó el menor intentando romper aquel silencio.

— Ha sido un día bastante tranquilo, como siempre, ya sabes que Ronda es un pueblo fantasma y más en invierno que no vienen los guiris.

—Menuda mierda...— Apoyó la cabeza en la ventanilla mientras perdía la mirada en el cielo

— No te preocupes, ya vendrán tiempos mejores y si no, se busca otro trabajo.

— Como sigas así, vas a explotar.

Andrés se encogió de hombros a la par que suspiraba.

— No creo que debas volver a tu casa, ni tampoco al instituto, por lo menos hoy.

— Sí ¿Y qué le decimos a mi madre cuando le llegue la notificación en el Ipassen? ¿Eh? — Alexis se indignó y se cruzó de brazos.

— La verdad.

— ¡Ah! ¡Qué fácil! ¡Hola mamá! Hoy no he ido al instituto porque me he quedado toda la noche pendiente de una amiga a la que le ha dado una sobredosis, no tiene nada que ver con la gente del barrio en el que vivimos ni nada de eso ¿Sí? — Rodó los ojos y se escurrió un poco por el asiento. — A veces me harto de estar sumido en esta mierda.

— ¿Sabes? Si Dios nos la ha dado es porque podemos con ella.

— Dios es un hijo de puta, pone a gente en condiciones precarias para que otros sepan valorar lo que tienen ¡Pues ya podrían enseñar eso en la mierda de colegio y no con personas!

Andrés alargó la mano y le revolvió el pelo con una sonrisa sosegada.

— No vas a ir hoy a clases, nos pasamos por el instituto antes y me hago pasar por tu hermano. Y te echas en mi casa hasta la hora de comer.

— ¡Andrés, no va a colar!

—¡He dicho!

El mensaje del mayor fue seco y conciso, lo que hizo que el interior del auto quedara en silencio hasta llegar a la puerta del instituto.

— Reyes es la portera ¿No? Dame tu DNI. — Le preguntó antes de abrir la puerta del coche y hacer el amago de salir. — Escóndete y si te ve algún profesor tuyo te haces el malito.

Le ordenó dejando atrás el coche y entrando junto a la muchedumbre hormonada que deseaba llegar pronto a clase para pillar los mejores sitios ¡Ains! Si supieran que sentarse al lado del profe no da más puntos en selectividad se les caerían los pelos de la decepción, más de los que ya se caen por el estrés.

A los pocos minutos ya lo había hablado todo y Alexis supuestamente estaría todo el día en el medico. Ni la misma portera a la que tenía que engatusar se lo creía, pero aquella mujer era un santo caído del cielo y lo dejó pasar.

— Todo listo ¡A descansar se ha dicho! — El mayor volvió al coche mientras se encendía un cigarro antes de conducir.

— Oye Andrés... Gracias por esperarme en el hospital, por llevarme y bueno, ya sabes...Todo.

— No te pongas moñas, que ese no es mi rollo. Sabes que a falta de hijos que no voy a tener, te tengo a ti. Y al menos intento quitarte mierda de encima.

Alexis le sonrió antes de que aparcaran de mala manera en la calle Tomilla, al lado de la puerta de la casa de Andrés, a la cual entraron abriendo un pestillo, no había llaves, el mayor llevaba viviendo de ocupa ocho años en aquellos escasos metros cuadrados que comenzaban a caerse gracias a la humedad. Pese a eso, la casa estaba limpia, todo lo que podía estarlo en esas condiciones. Los muebles estaban rotos y cojos, pero gracias a las capas de pintura artística que Lola, una de sus amigos, les daba, parecía una casa moderna, de esas que ni el Ikea lograba colarte en sus anuncios de nueva temporada de verano.

Había estado todo el día fuera y al ver la escena que les esperaba en el salón, un parpadeo en el ojo izquierdo se hizo dueño de la expresión del dueño de la casa.

—¡Pedazo de hijo de la gran puta!

Era Josué, estaba dormido boca abajo en el salón, en la mesa, había un paquete de cocaína abierto y derramado, junto a varias botellas de Beefeater vacías.

— ¡Qué cabrón! ¡Como se nota que no es el quien vende! — Refunfuñaba furioso mientras intentaba recoger el estropicio. — ¡Despierta gilipollas! — Tiró de la cabellera rizada del dormido y gritó en su oído.

—¿Eh? ¿Qué? — Con la baba caída y aturdido, Josué contestó.

— ¡Me voy y haces una locura! ¿¡Es que eres gilipollas?! — Andrés seguía recogiendo.

Alexis simplemente se limitaba a mirar el espectáculo sin sorprenderse, aquella escena entre esos dos era normal.

Andrés y Josué llevaban siendo compañeros de piso cinco años, cuando al último lo echaron de su casa por consumir. Era un chaval normal, sus padres le querían, su vida poco tenía que desear y por ello, quiso darle más acción, tanta, que su jugada le hizo acabar desamparado. Siempre fue un mantenido, ahora no iba a ser menos, por lo qué Andres pagaba los gastos de ambos. No era justo; pero era su amigo de la infancia y le daba pena.

— Vete a tu puta habitación, que para eso tienes una.

Lo zarandeó mientras le ayudaba a levantarse. El de pelo rizado, aturdido miró a Alexis y sonrió.

— Hey... Lexis...

— Alexis, puedes dormir en mi cuarto si quieres, ponte un despertador, no creo que llegue a tiempo para avisarte.

El joven asintió antes de despedirse y entrar en la habitación del mayor; esta estaba limpia, pero el desorden y el desgaste de los muebles, armarios y cortinas hacían que pareciese un cuchitril. La cama no estaba hecha, pero eso no le importaba, Alexis, sin pudor alguno cayó rendido tras aquella noche agotadora.

📷

Parecía que solamente había cerrado y abierto los ojos. El sonido estridente del despertador le hizo aporrear el cabecero de la cama con rabia. Tragó saliva antes de hacer el amago de levantarse, pero aquel intento cayó en saco roto cuando todo en plena oscuridad comenzó a darle vueltas.

— Joder... — El joven tanteó en la oscuridad hasta dar con un bulto que le dio calambre. — ¡Mierda!

— ¿Eh? ¿Qué pasa? — Josué quien estaba en la cocina subió rápidamente a comprobar que pasaba dejando pasar luz cuando abrió la puerta. — ¿No te han dicho que hay cosas que no se tocan?

El mayor se acercó a conectar los cables del enchufe roto.

— ¿Enserio?

El otro frunció el ceño suspirando mientras se miraba la mano afectada buscando algún rasguño o marca.

— Ya sabes que Andrés es un experto en hacer puentes. — Se encogió de hombros con una sonrisa. — ¿Te quieres quedar a comer? He hecho tortilla

— ¿Otra vez? Tío ¿No te entra colesterol de comer sólo eso? — Rodó los ojos.

Estaba claro, la madurez que tenía Andrés le faltaba por triplicado a Josué. Tenía veintisiete años y no se le podía dejar solo, apenas sabia limpiar y mucho menos cocinar, cuando su compañero tenía que trabajar, o sea, casi siempre, se hacía tortilla de cualquier cosa que pillaba, se veía que a ese hombre le gustaba echar los huevos que le faltaban a la comida.

— No, tengo que volver a casa, no quiero que mi madre se huela algo. — Comentó mientras salía de la habitación para ir al salón y recoger algunas de sus cosas; las llaves de casa, el mechero y algunas monedas. — Cuídate y no la líes. — Alzó la voz sujetando la puerta de la salida.

— Eso intentaré.

Contestó el mayor antes de que se despidiera.

La casa de Alexis estaba en la calle Albahaca, prácticamente al lado. Pero, para hacer aquella escapada convincente tenía que recoger a Lola para hacer el camino acompañado. En menos de media hora se plantó en la puerta del instituto, al fin y al cabo, sólo era subir una cuesta.

Se colocó en un sitio estratégico donde los profesores no lo vieran pero que los demás sabían que lo esperaban allí. Y nada más tocar el timbre ya estaba saliendo ella la primera; Alexis sonrió al ver aquella ajustada y larga coleta que le llegaba hasta más abajo de las caderas. Sus tenis Nike del zoco que anteriormente ponía "Nikers", pero que con unos apaños consiguió quitarle las letras sobrantes y hacerlo parecer de marca. Su mochila desgastada de El Niño y sus pantalones bombacho. Esa era su Lola.

— ¡Lexis! Cabrón ¿Qué coño ha pasado?

La joven movió la cabeza y le echó el brazo. A lo que el otro suspiró y contesto.

— Ya te contaré... No es buen sitio. — Miró al frente esperando. — ¿Y Manu?

— El Nolito se ha quedado hablando con la tutora, algo de la beca 6000 o no se qué pollas.

A los pocos segundos, divisaron aquellos ojos aguamarina propios del amigo que mencionaban. A diferencia de ellos, Manuel era menos dejado, se cuidaba bastante y siempre luchaba por ir vestido de forma mediocre, como los demás, pero dentro de sus posibilidades.

— ¿Y esa cara de mierda? ¿Es que la profesora te ha dicho que le hagas un trabajito?— Lola preguntó entre risas.

— ¡Oye! — Alexis le pegó un codazo. — ¿Qué ha pasado?

— La profesora ha dicho que para concederme una beca tengo que aprobarlas todas en Mayo.

Respondió apenado, el otro chico se le quedó mirando y frunció el ceño.

— Pero Manu, si tú nunca has suspendido.

— Si, pero....

— Con la de física lo vas a tener bien jodido. — Interrumpió su amiga antes de que Manu pudiera acabar. — Si es que el gilipollas se mete en ciencias ¡Ains cuántos palos te van a dar en esta vida como sigas así!

Alexis apoyo la mano en su amigo y le sonrió.

— Tío, vas a poder con esto, es solo estudiar, no es picar piedras ni matar a alguien.

El de ojos azules le correspondió con otra sonrisa.

— Bueno ¿Qué? ¿Nos vas a contar ya eso?

La chica echó el brazo que le quedaba en Manuel, quien revisaba su móvil.

— Chicos ¿Tenéis que hacer algo? Mis padres van a estar en el medico.

—¿Ha pasado algo?

— Lo de siempre.

La madre de Manuel llevaba un año mala del riñón y la espalda, apenas se podía mover y entre su padre y él, llevaban los cargos de la casa. Era muy habitual las visitas al medico por lo que cada vez que lo mencionaba, se preocupaban, pero lo veían algo normal.

Lola sacó rápidamente un panfleto lleno de ofertas del Burger King y lo contoneó con una sonrisa

— ¿Alguien le apetece un "burry kin"? A ver si Alexis nos cuenta su movidita noche con María tranquilito —. Comentó con sorna a la par que le guiñaba un ojo.

Aquello pareció buena idea así que comenzaron a caminar hasta el restaurante donde Alexis confesó su fatídica experiencia, lo que hizo que a sus compañeros se le acelerara el pulso.

17 de Agosto de 2020 a las 15:19 0 Reporte Insertar Seguir historia
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