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Matura Freix es una vendedora de objetos mágicos e ingredientes para pociones y demás, aunque es bastante joven sus vínculos con magos, brujas, hechiceros y una que otra entidad mágica han incrementado su reputación como una mujer temible que puede ser reconocida fácilmente por la cicatriz en su rostro. Aunque está a gusto con su estilo de vida debe partir de su hogar, puesto a que hay algo que debe hacer, así que deja su preciada tienda esperando que los seres que hay en su sótano no escapen. No es una viaje para conocerse a sí misma, tampoco porque tenga un destino, solo es una mujer que tiene que lidiar con la máscara de Deanen e intentar no romper el juramento que hizo a su padre de no buscarlo.


Fantasía Épico Sólo para mayores de 18.

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El negocio Freix

Era un día más en el negocio, y su dueña, Matura Freix hacía lo acostumbrado. Limpiaba aquellos estantes mientras se aseguraba de que los materiales estuvieran en óptimas condiciones. Luego sería momento de revisar las ganancias, cuando tuviese tiempo leería aquel desgastado libro que había sido de su padre. Estaba acostumbrada a ese estilo de vida, a su lugar de trabajo llegaban aventureros en búsqueda de pociones que pudiesen usar para dar fin a los seres que se encontraban rondando por los alrededores de las áreas en las que residían los seres humanos, otras veces acudían en búsqueda de algún objeto que les fuera útil, y si tenían cómo pagar con gusto les colaboraría. También eran comunes los hechiceros, los nacidos con magia asociada a algún elemento, unos venían por objetos supresores y otros en búsqueda de canalizadores esperando que les ayudase a tener control y así lograr convertirse en magos, ya que parecía ser un camino más seguro. Aunque no todos sus clientes eran tan peculiares, una que otra persona ingresaba esperando encontrar algún ingrediente exótico para preparar la cena, debía escuchar cuando se emocionaban y hacían mención de sus ideas culinarias, sentía que era su deber porque algunas combinaciones podrían ser peligrosas; dejando de lado a esos sujetos luego estaban las personas más normales, ¿y que las llevaba hasta su negocio? "Problemas mágicos".

Ella no se extrañaba con eso, después de todo el uso de la magia era frecuente para perjudicar a los demás, o una que otra entidad aparecía en ese pueblo provocando problemas. Ya había tenido que contribuir lidiando con esas cosas antes de que generaran un desastre. Todos en Neroz por lo menos le conocían como la escalofriante joven de la cicatriz en su rostro a la que podían acudir si se encontraban en peligro. Esa era su utilidad, y su fuente de ingresos desde que decidió usar el primer piso para montar ese negocio. Resulta que al ser un pueblo que era un punto intermedio a sitios más importantes parecía ser el lugar perfecto para que cosas extrañas ocurrieran, transitado pero no tan vigilado como debería ser.

Mientras aprovechaba el tiempo libre leyendo el libro antes mencionado divisó a Lilian, la hija del hombre más adinerado del pueblo, una doncella con numerosos pretendientes que afirmaban que su belleza era abrumadora. Pudo notar que vacilaba, miraba de un lado a otro y aún no se atrevía a ingresar. Pensando en que no sería capaz decidió ignorarle, no era como si su vida le interesara mucho. Pero el sonido de pasos le advirtió de que al fin tomó el valor para ingresar. Vio que su mirada pasaba rápidamente por los estantes, con preocupación en su rostro finamente maquillado, al menos no tenía la soberbia que le caracterizaba al ser tan halagada constantemente.

Una vez en el mostrador tocó esa pequeña campana, así que como cuando atendía a cualquier otra persona bajó de las escaleras para proceder a preguntarle lo que necesitaba. Después de todo Lilian nunca tuvo interés en la magia, de cualquier modo había tenido todo asegurado, y dudaba que solo le hubiera movido la curiosidad.

— Hola, Freix. Por ahí dicen que eres buena lidiando con los monstruos —procedió a decir Lilian mientras Matura aguantaba las ganas de sonreír ante esa frase que le resultaba tan tonta.

— Depende de qué sea, porque si necesitas matar a algo como un Docomo te recomiendo pedirle a un viajero de turno —respondió sacando el bestiario regional— Dime como es, lo busco, y te diré si se encuentra en mi capacidad. De poder te diré el precio dependiendo de la dificultad. Y si aceptas necesito la mitad de la paga antes de lidiar con el problema.

— Necesito su ayuda, señorita Freix —se hizo presente una voz masculina y ronca, eso llamó de inmediato la atención de Matura.

Levantó la mirada y se percató de que ese ser parecía provenir del largo y sedoso cabello de la joven más codiciada del pueblo. El libro no era necesario, así que volvió a guardarlo con tranquilidad.

— ¡Detesto escuchar esta cosa, me va a enloquecer! —reclamó Lilian— Elimina a ese monstruo.

— Primero, saludos señor Mopp —habló la joven mujer con la cicatriz en su rostro, para luego dirigirse a su cliente— No es un monstruo, es una criatura mágica.

— ¿Crees que me importa? ¡Solo quiero que se vaya! ¡Apareció esta mañana y no me suelta!

— No te preocupes, los mopp no son peligrosos, son bastante pacíficos y no se alimentan de ti, solo consumen lodo. No tendrá un valor elevado hacer que suelte tu cabello, y tampoco es que lo vea con ganas de permanecer atado a ti. Pero es probable que se caigan mechones en el proceso, o todo el cabello en unos días.

— ¡¿No hay otra manera?! Sabes que no puedo permitir que mi aspecto físico luzca desagradable. Si de algo está orgulloso mi padre es de mi belleza. —exclamó Lilian frunciendo el entrecejo.

— Tomará más esfuerzo y magia, pero si insistes haré lo que esté en mi capacidad; o simplemente pide a tu padre que consiga una peluca o que con anticipación corten tu cabello para hacer una nueva propia, saldrá más barato que hacer lo que me pides. Aunque también comprar pociones para el cabello que Gertrudis prepara.

— No le compraré nada a esa bruja. Y mi padre no debe enterarse de que tengo esa cosa repugnante en mi cabeza.

— Lilian Iret, sigo aquí —habló el mopp asustando a la mujer.

— ¡¿Y por qué demonios habla?! —le preguntó a quien se encontraba al otro lado del mostrador.

— Es una criatura mágica inteligente, algunas pueden hacerlo a la perfección. Los humanos no somos los únicos seres con consciencia. No cuestiones, los mopps piensan y hablan como tú y como yo, solo que no suelen dirigirle la palabra a seres diferentes.

— Está bien... Freix, el dinero no me importa, solo necesito que salga de mi cabeza. ¡Haz lo que tengas que hacer! ¡No lo soporto

Matura asintió y le pidió que le esperaba mientras buscaba lo que iba a necesitar. Se dirigió al almacén, y en el rincón retiró aquella tapa de madera, cubría un agujero que llevaba hacia su sótano. Bajó por aquellas escaleras de madera. Las luces se encendieron de inmediato, encontró a aquellas criaturas y monstruos cautivos. Unos eran temerosos, otros alegres, y sobre todo los monstruos eran agresivos; pero no sentía temor ante esos últimos, después de todo ya había lidiado con ellos antes. Caminó hasta dar con el ejemplar que estaba buscando, un sabueso de ojos carmesí y un particular olor a tabaco. Los instintos de la criatura le tenía en alerta, y también esas experiencias ante la joven que estaba en frente con las llaves, una sierra y sus confiables gafas de protección. Ella le adormeció para que no pudiese sentir dolor y resistirse, abrió la boca del sabueso para revisar los colmillos y elegir el que tomaría. Tras usar esa ensangrentada herramienta tuvo aquel afilado diente en sus manos, procedió a cerrar la jaula nuevamente mientras el animal solo miraba el cómo se marchaba. El colmillo tenía un particular olor a azufre, y eso no era lo único especial que tenía. Con ese objeto en sus manos y tras lavarlo procedió a buscar otros ingredientes.

La sorpresa que invadió a Lilian al ver ese delantal cubierto con sangre, además de que el olor de ese colmillo empezaba a perturbar su sistema olfatorio. Claramente si no hubiese tenido ese problema jamás hubiera recurrido a sus servicios. Su expresión de pocos amigos le repelía, además aquella cicatriz en su rostro que le consideraba horrible, junto a su figura poco femenina no le inspiraban demasiada confianza; pero era ella o tener que vivir con ese mopp por el resto de su vida. Eso mientras aquella joven de apellido Freix preparaba lo que debería funcionar para cumplir ese pequeño encargo.

— Bien, Lilian. Acércate para liberar al mopp.

— De acuerdo —habló la muchacha con duda, había visto la daga que tenía Matura en el bolsillo de su manchado delantal.

Rápidamente Matura Freix sacó esa arma, jaló el cabello de Lilian con fuerza que ya se encontraba adherido al mopp y procedió a intentar cortarlo en repetidas oportunidades. Esa unión tenía tendencia a regenerarse, por lo que continuó hasta que dejó de ocurrir. El mopp se desprendió, cayendo en el mostrador. Ambos habían sido liberados de la presencia del otro. La adinerada no podía creerlo, ella también había intentado cortar su cabello, e incluso apuñalar a la criatura sin tener éxito; su felicidad era inmensa, no le importaba haber recurrido a Matura. Notó que en el mostrador había un papel con una cifra, así que era claro que ese sería lo que tenía que aportar tras salir beneficiada. Se dispuso a sacar el dinero de su bolso, acompañada de una expresión serena pese a su alegría interna, reconocía que la otra merecía esa paga, o tal vez un poco más; pero la familia Iret no había labrado su fortuna proporcionando propinas.

— Gracias, Matura. Sin duda eres de utilidad para el pueblo —habló Lilian antes de marcharse con pasos acelerados.

Ya con aquella joven fuera, aquella tendera limpió el mostrador mientras el mopp se hizo encima del peso. Hubo silencio hasta que ella dio por finalizada ese breve aseo, por lo que se retiró aquel delantal.

— Y bien, señor Mopp. Puedes decirme lo que ocurrió para que terminaras aquí, si eso deseas. De todos modos tengo tiempo libre desde que no llegue algún cliente.

— Con gusto le diría a una hechicera como usted.

— Oh no, no soy hechicera, no nací con magia asociada a un elemento. En fin... Continua si quieres —contestó Matura mientras lo sostenía.

— Me usaron para obtener información sobre la familia Iret. Ya sabes, la envidia es tan frecuente en los seres humanos...

— Esperaba algo más interesante, como que espantaras a los pretendientes de Lilian. Pero de todos modos debió ser una molestia, así que si quieres puedo proporcionarte una leve protección para que no vuelvas a ser usado de esa manera. No te preocupes, no te pienso cobrar lo más mínimo.

— Dependería del tipo de magia que apliques, dada la corriente podrías llegar a perjudicarme.

— Oh no te preocupes, la que uso es neutra. No me inclino por alguna corriente en particular. Es más solo prepararé algo para tí, nada directo.

— Muchas gracias por su oferta, en ese caso confío en ti plenamente.

La mujer buscó más ingredientes, y procedió a cocinarlos de rapidez, como tendría que pasar un buen tiempo para que algunos se ablandaran hizo un poco de trampa. Luego aplicó el resultado sobre el mopp, el buen olor era una señal de que lo había hecho bien, por lo que no tenía que preocuparse. Aquella criatura sonrió tras comprobar que no había sentido dolor alguno, parecía que Matura era una usuaria de magia confiable.Lo que reforzó su creencia fue que la joven se tomó el tiempo de colocar un aviso de que regresaría en breve, lo ocultó en una canasta y se dirigió hacia el pantano.

— Bien, asumo que por aquí puedes abrirte paso hasta llegar a tu hogar —le habló Matura dejando la canasta en la orilla.

— Tienes razón. Será fácil estando en el agua.

— Muy bien, cuídate, si llegas a tener problemas, y nos volvemos a ver puedes acudir a mi —volvió a tomar la palabra la mujer mientras hacía un gesto con la mano.

Fueron pocas las oraciones que se dirigieron pero eso le bastaba. En ese pueblucho habían pocos usuarios de magia, y algún pocionero no podía hacer algo así, por lo que eran pocas las opciones. No quería tener problemas, y la familia Iret le daba igual, pero solo quería tener una idea de quién se trataba. Quería descartar a Gertrudis, ya le había dicho que no formara líos para atraer clientes, eso le parecía bastante bajo; y esa anciana era una bruja de palabra. Era más que todo curiosidad, el mopp no distinguía mucho a los seres humanos, por lo que ni le pidió una descripción de quien se lo hizo, a Matura Freix realmente le gustaban los misterios.

En el camino de retorno estuvo pensando en lo ocurrido. Y hubiese seguido así, teniendo en cuenta sospechosos junto con cosas por el estilo, pero encontró a alguien frente a su puerta, hubiese querido pensar que era un cliente, no fue así ya que la evidencia marcaba lo opuesto. Una chica estaba en frente, con una túnica característica de una de las escuelas de magia, en pocas palabras una estudiante que aspiraba a ser una maga. Una vez sus miradas se cruzaron ya tenía una idea de lo que iba a ocurrir entre ambas.

— ¿Eres la bruja Freix? —exclamó aquella muchacha y sacó una hoja amarillenta con el sello de la escuela Glimret.

— No me definiría como una bruja, pero sí soy de apellido Freix. ¿Qué necesitas? —habló con un tono pasivo agresivo— Porque tengo cosas por hacer, dirijo esta tienda y no debería descuidarla.

— Escucha, debo ascender y necesito enfrentarme a algún usuario de magia seleccionado al azar. Y debo combatir contigo.

— No me da la gana. Así que ve a pedir que te asignen a otra persona.

— ¡He caminado por días!

— ¿Y? ¡Sé que para los intentos de magos les resulta fácil buscar gente sin entrenamiento mágico! Y que todo esto es un intento de saltarse el maldito examen final —le alzó la voz a la chica— Yo voy a hablar y tú me vas a escuchar. Como mínimo compra una maldita pluma que escribe lo que oiga para que tu caminata valga la pena, porque si llegaste aquí a pie quiere decir que no puedes usar métodos alternativos o que alguna criatura te valore lo suficiente como para ahorrarle la pereza.

— ¡¿Qué?! ¡¿Acaso tienes miedo?! —habló la muchacha intentando parecer amenazante— ¡¿O debo darte un maldito incentivo?! No me importa si la esfera dijo que eras una bruja y no lo seas, lo que importa es que usas magia, el caso es que debo ganarte.

— Mira, mocosa, a diferencia tuya no tengo que hacer estúpidas tareas. Así que cómprame algo o vete al diablo.

La muchacha se enrojeció a causa de su enojo, solamente sacó uno de esos pergaminos y recitó unas palabras que los que no tuvieran poder mágico no podían escuchar. Lo que sacó era lo suficiente como para que Matura dejase de lado la idea de simplemente espantarle. En un frasco que hizo aparecer con una técnica básica en su interior se encontraba Det, una de las criaturas que se encontraban normalmente en los alrededores y le dejaba entrar a la tienda cuando este quisiera; la aspirante a maga con un gesto de haber ganado sacó unas sales de su manga y amenazó con dejarlas caer sobre el mismo. Det, como cualquier otro briizsca era sensible ante esos minúsculos cristales, le quemaban y hacían que su piel se desprendiera. Fuese en serio o no, el meterse con uno de sus protegidos le resultaba imperdonable.

— ¿Y bien? —volvió a hablar como si ya hubiese ganado.

— Entonces... ¿Quieres pelear? —habló Matura intentando no perder la compostura, aún teniendo en cuenta que si alcanzaba a ver la más mínima herida en Det estaba segura de que iba a hacer que esa malcriada se lamentara por años.

— ¡Al fin te comportas como una bruja razonable! —exclamó la muchacha.

— Pues prepárate, porque voy a asegurarme de que no olvides mi apellido.

De inmediato la vecina panadera se asomó, con su vestido cubierto por harina y su gorro habitual. Otras personas se acercaron también, pero no era para alentar la pelea, sino para intentar convencer a la estudiante de que no se metiera con Matura. Después de todo, varios le debían favores a la joven con la cicatriz en su rostro, además de que sabían que no tenía mucha paciencia cuando alguien se metía con alguna criatura mágica o con su negocio. Más que ser una figura amada Matura Freix era temida, no sabían si era una hechicera, una bruja, o una maga, pero lo cierto era que aunque no usara mucho su poder y se limitara a preparaciones; no era amable y compasiva cuando consideraba que debía emplearlo. Un ejemplo de eso fueron los tres idiotas que intentaron robarle, a los cuales les adhirió unos escorpiones en sus espaldas por dos semanas.

— Muchachas, si van a pelear, que por favor sea un tanto lejos de las residencias —comentó aquella mujer mientras se aproximaba a la estudiante, para darle aquel consejo.

— Entendido Anna —respondió Matura y comenzó a caminar en dirección contraria esperando que aquella le siguiera.

— ¿Tú elegirás el sitio?

— No me salgas con esas ridiculeces, conozco todas las calles y los alrededores de la ciudad, sea cual sea el sitio no puedes tomarme por sorpresa con el terreno. He vivido casi toda mi vida aquí, así que si eligieras no lograrías ventaja —respondió de inmediato Matura y continuó con sus pasos, haciendo sonar sus botas— No pelearé en el pueblo, así que sígueme, o te arrebataré al briizsca de otra manera.

— Como digas, bruja Freix.

Se dirigieron a una de las ocho rutas del pueblo, la menos transitada ya que conducía al terreno desértico. Matura sacó su varita, después de todo cuando realizaba un hechizo sentía necesitarla, adicionalmente se puso aquellos lentes que solía llevar colgando en su cuello gracias a ese elástico. Por el otro lado aquella joven tenía ese decorado báculo que parecía ser de plata en su mano izquierda, por lo que asumió que esa era su mano dominante. Ya habían llegado otros estudiantes en busca de un duelo, pero solía negarse a los enfrentamientos solo porque detestaba involucrarse de esa manera con otros usuarios de magia, pero esta vez podría decirse que era casi personal.Tomaron distancia, la chica dejó que sus pergaminos se fueran a suelo, intencionalmente boca abajo para que su contrincante no pudiera leerlos.

— Por cierto, mi nombre es Beth Iridate —aclaró la chica antes de dejar en el suelo a Det en su pequeña prisión con aquellas sales encima por si intentaba escapar.

— Bien, Beth, ataca primero, si quieres.

La jovencita, procedió a realizar el primer movimiento, inicialmente pensaba dejárselo a Matura para intentar analizar la corriente por la cual se inclinaba, pero pensó que mejor lanzaría un ataque contundente y daría fin a la pelea. Lo que se dispuso a hacer fue manipular las rocas que se encontraban bajo tierra, detrás de Matura, esperaba lesionar sus manos para que no lograra hacer algo al respecto. Las rocas fueron lanzadas a una gran velocidad, sin embargo la joven Freix blandió su varita para desaparecer.

Beth inmediatamente se puso alerta, incluso si se había vuelto invisible con uno de esos trucos no debería ser posible que esquivara su ataque. Pronto recibió una potente patada por la espalda que hizo que se fuera directamente al suelo. Aquel golpe le hizo tragar tierra.

— ¡¿Un ataque físico?! ¡Eres una mierda tramposa!

— Cierra la boca, nunca dijiste que habían reglas —habló Matura apuntando con su varita— Además, ya usé una técnica, así que no me fui directamente a golpearte.

Dicho eso, la joven Freix recibió una pedrada en la pierna, claramente Beth había apuntado a su canilla, con una ira notoria. Matura intentó disimular que no le había dolido, pero aquel tic presente en su ceja y ojo izquierdo le delataba. Por lo que procedió a usar una técnica, y no se trataba de la teletransportación aleatoria a muy corta distancia. Fue uno de los clásicos rayos en los que se utilizaba la magia para afectar el organismo del objetivo. Recibió esos ataques una y otra vez, aunque no todos fueron certeros ya que aquella usaba su poder de manipular la tierra para lograr cubrirse. Hasta que las neuronas de la retadora hicieron sinapsis de tal forma que finalmente le vino a su mente la idea de apartar de forma violenta a Matura y arrojarla al suelo al hacer que la arena se moviera bajo sus pies para hacerla resbalar.

— ¡Puede ser que seas una maldita bruja, pero yo soy una hechicera! ¡Unos escalones más arriba que los de tu clase! —exclamó Beth mientras se las arreglaba para ponerse de pie, su piel estaba ardiendo tras esos ataques constantes que más que heridas podría haber jurado que eran solo con la intención de hacer sufrir— Ahora acepta la derrota o llenaré de arena tus malditos pulmones, Matura Freix. Más que fuerte eres molesta y arrogante.

— Inténtalo si puedes —alzó su voz la mujer y lanzó otro ataque.

Beth le arrebató la varita de una pedrada, durante esos años de estudio y práctica no recordaba encontrar a alguien que le resultara tan irritante. Ante sus ojos azules, Matura tenía una magia bastante ordinaria, en el sentido en que la potencia de sus ataques variaba, y solo parecía tener esas dos técnicas. De haber ido en serio estaba segura de que pudo haberla enterrado viva, pero de todos modos necesitaba demostrar su victoria, por lo que solo pensaba dejarla sin aire para que cuando reaccionara le bajara un poco a su orgullo y firmara la constancia, admitiendo que había sido vencida. Matura se puso de pie, y le miró hacia abajo, la alumna pensó que había empezado a alucinar tras cada ataque, ya que parecía que aquella otra mujer era más grande. Hasta que al mirar al frente solo podía ver sus botas y un montón de tela.

Matura se agachó con una sonrisa triunfante en su rostro. Y la tomó con su mano con delicadeza. Beth en ese instante miró hacia abajo, en el suelo se encontraba toda su ropa y posesiones. Pudo ver cómo el viento se llevaba los pergaminos en los que había invertido horas escribiendo, pero eso no era importante, sentía algo más, como que otra cosa le estaba sobrando. Fue en ese momento en el que sintió el dedo de Matura acariciando su cabeza, espalda y posteriormente una larga cola.

— Realmente mi magia carece de elegancia y es bastante brusca —habló Matura— Pero sí que funciona —luego comenzó a liberar a Det— Siempre me gustaron las ardillas. Son muy lindas, pero es una pena que los búhos, halcones, gatos salvajes, coyotes, águilas y otros animales se las coman. En fin... No sé cuántas veces te di, pero el caso es que pasarás así un buen tiempo. Tal vez sea un día, o tal vez unas semanas; no me importa en realidad.

Ante la mirada de Beth, Matura Freix recogió sus pertenencias y las guardó en un bolso. Ella tuvo el descaro de ponerla en su hombro, sabía que no iba a huir, así que se lo estaba tomando con calma. Andó hasta su tienda, en donde dejó las cosas en uno de los barriles del exterior, para cerrarlo con llave, excepto su vestido, el cual dejó en otro contenedor que no tenía protección alguna. Aquel objeto metálico fue dejado en una de las plantas decorativas del exterior. Beth esperaba que todo eso fuese una broma de mal gusto, esperaba escuchar la risa de esa maliciosa persona en cualquier momento.

— No te robaré nada, solo cuando el efecto termine puedes regresar y tomarlas. En fin... Tengo cosas por hacer, diviértete. Y no me molestes, tal vez Det sea inofensivo, pero hay otras criaturas que claramente no lo son, o si me agarras de mal humor puedo hacer que te quedes así por muchos meses —habló Matura dejando a la pequeña ardilla asustada en uno de los árboles.

Aquella joven mujer fue con calma hasta la puerta, donde encontró en la entrada a Gertrudis, con su cargamento usual de pociones. Aquella bruja se notaba bastante calmada, sabía que algunas veces salía a hacer una que otra cosa, y no es que le importara mucho lo que hiciera, por lo que no tenía problema con eso.

— Hola, Matura, ¿cómo va el negocio? —le dirigió la palabra mientras su receptora abría la puerta.

— Como siempre, Gertrudis. Vienen aventureros y aspirantes a magos. En su mayoría son amables y no buscan regatear —respondió.

— ¿Acabas de lanzar un encanto? —preguntó aquella mujer de avanzada edad.

— Sí... Me impresiona que lo notaras tan rápido.

— Oh, es que puedo ver los residuos de magia en tus manos. ¿Y para qué necesitaste usarla? Porque prefieres arrojar pociones a diestra y siniestra, o usar cuchillos.

— Bueno, tuve que darle una lección a una estudiante. Otra de esos retadores que quieren saltarse una evaluación. Y pues...

— ¿Qué le hiciste exactamente?

— Pues ahora es una ardilla —se limitó a decir mientras revisaba la mercancía.

— A la próxima te sugiero una sanguijuela, es más traumático.

— Oh, lo tendré en cuenta. En fin... ¿Tienes algo para la visión? Para poder ver criaturas como los eiers, hubo un chico que preguntó por eso, y debería volver en unos cuantos días.

— Claro que sí. Tengo de distintas duraciones, ¿cuántas necesitas?



13 de Agosto de 2020 a las 20:22 0 Reporte Insertar Seguir historia
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