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lordshadow10 Shadow Spiral

La vida de los gatos bien puede ser fácil... O peligrosa. Una catarsis gatuna.


Drama Todo público.
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Black eyes, Red eyes.

Casualmente llovía a cantaros, hace mucho tiempo, como un vendaval que tardaría eternidades en calmarse, sin embargo, allí en una calle cualquiera de mala muerte no les parecía importar mucho la llovizna, se podían ver incluso multitudes apostando por quien ganaría en esas peleas que surgían de la nada entre esos tipos salvajes y embriagados. Al final de esa calle se visualizaban dos figuras no humanas, una de ellas tenía la forma de... ¿Un gato? Eso era al parecer, una minina blanquecina, mientras que el otro, al contrario de ella, supuestamente enemigo natural de los gatos, un can que doblaba en tamaño a la felina respectivamente, nadie los veía, estaban entre lo más recóndito mientras que él intentaba arrinconarla amenazante como una bestia, ella no le tenía pavor, pero aun así retrocedía mostrando sus colmillos. Peleaban... No, no, discutían a lo mejor como un par de desenamorados apunto de romper ese lazo que a uno de ellos comenzaba a asfixiar, a la par que el otro hacía lo que estaba a su alcance por retenerla ahí, estaba obsesivo por ella, una gata de basurero como solía llamarla siempre como burla. Quizá hasta la unión sea un hecho atroz, que la minina no dudó en poner punto final, dando un zarpazo que dejaría alguna clase de marca en el perro, momentos después se escucharía por todo el vecindario aullidos salvajes alertando a otros colegas, y de paso a su dueños que salían a callarlos bruscamente. Ella corría incansablemente mientras que él iba detrás en su caza, y efectivamente había logrado escapar gracias a que unas figuras extrañas lo capturaron a el primero, para llevárselo a una perrera donde pertenecía, sin dejar de ladrar en dirección a un callejón donde estaba asomada Emily, la minina blanca, hasta que fue refundido en ese artefacto de humo y finalmente acabando con esa pesadilla... O al menos eso quería pensar. Involuntariamente volteó su mirada hacía la ventana de un hogar.

¿Como sería realmente vivir así como otros de su misma especie? Jamás lo sabría... Solo se marchó de ahí. No regresando sino hasta mucho tiempo después.

Pronto unas voces habían apartado el sueño que hace poco había conseguido atraer. Eran esas criaturas altas y estúpidas que le proporcionaban alimento y refugio. No les guardaba especial afecto pero no podía negar que los respetaba mucho, después de todo sin ellos él estaría en la calle y no a lado de una chimenea que ardía plácidamente calentándolo como todas las noches; su cuerpo sabía que la cena vendría pronto. Unas caricias suaves y tiernas de la pareja de esos llamados humanos y después volver a dormir hasta el día siguiente y volver a comer. Algo bastante monótono pero que no lograba aburrirlo incluso después de bastante tiempo... Solo estiró su cuerpo alejándose de su cama que los humanos llamaban alfombra mientras meneaba su cola cual péndulo hipnotizador. Se alzó hacia la ventana del lugar mirando la calle borrosa por las gotas de la lluvia. Qué diferente sería estar allá fuera... Lejos de sus juguetes y el calor del hogar. Ladeó su pequeña cabeza borrando esos pensamientos tan solo dando pequeños y sutiles ronroneos. Afuera no le agradaba en lo absoluto, era frío y bastante... ¿Peligroso? Algo que no era para él, rechazando su naturaleza quizá. Aún así quiso contemplar las luces de esas máquinas gigantes y ruidosas que los humanos usaban para transportarse más rápido, se le hacían bastante llamativos. Aprovecho que la puerta estaba entreabierta para escabullirse y salir del recinto sin saber que su oscura y juguetona vida cambiaría por completo. Solo se sentó en la vereda sin alejarse mucho de la casa completamente absorto en las luces de esas máquinas, devolviendo la mirada serio e incluso arrogante como cualquier otra de su raza cuando un humano llevaba sus ojos hacía él y es que era bastante comprensible que muchas miradas curiosas le pusieran los ojos encima. Los ojos del gato eran rojos y no verdes, algo ya de por si inusual. Era lo que más resaltaba en él pues lo demás era bastante mundano. Un pelaje blanco y negro y un moño rojo en su cuello. Aún así, había algo extraño en el minino y esto se haría evidente cuando una niña pequeña que pasaba por allí habría jurado que ese gato de moño le había sonreído. El felino solo se mantenía expectante hacia la carretera, ya se había aburrido de sobremanera y ya era momento de ingresar a la casa sin sospechar que una brisa fuerte y rápida cerrará la puerta de un golpe ignorando su presencia, echándolo. De todas maneras él podría ingresar por otra puerta o por alguna ventana además los humanos tendrían que verlo para hacerlo entrar. No podía quedarse allí... ¡Tenía que entrar! Su desilusión fue convirtiéndose en preocupación y posteriormente en miedo cuando encontró las cortinas cerradas y las ventanas y puertas cerradas, parecía que ese estúpido recinto se burlaba de él. Se alzó hacia la ventana de una de las recamaras tan solo para escuchar unos movimientos bruscos y unos jadeos. Sabía lo que hacían, muchas veces lo había visto y siempre le resultaba asqueroso. No lo escucharían aún cuando maullara salvaje pues cuando esos estúpidos empezaban a estar muy juntos y después iniciarán con su patético ritual de apareamiento no le harían ningún caso hasta que acabasen. Completamente enfadado saltó hacia la acera y se recostó entrecerrando los ojos. No le quedaba más que esperar y esperar hasta que lo descubriesen allí afuera. El aburrimiento sin embargo creció y el sueño se hacía presente hasta que de un momento a otro sus ojos se percataron de una pequeña criatura que corría rápidamente por la otra vereda frente suyo. Un ratón... ¡Un ratón de verdad! Y no de esos de plástico que eran absurdos. Casi como un instinto olvidado renaciendo en él con furia, se alzó y corrió a perseguirlo olvidándose por completo de los humanos, el hogar y la chimenea. Entonces observó cómo se introducía en un callejón, al parecer esa sucia peste se había enterado de su presencia pero no le importaba. ¡Tenía que capturarlo! Y solo con esa premisa recorriendo con adrenalina cada parte de su cuerpo, se precipitó a entrar en el callejón sin tener idea de que alguien o algo también había puesto los ojos en el ratón.

Suave pelaje blanco, puro como si la hubiesen cuidado con cautela durante toda su vida, las apariencias engañan ¿No? Un par de ojos profundos y vacíos, exceptuando un par de pupilas que bien brillaban entre las sombras durante sus caminatas por las peligrosas calles de una ciudad que, no dejaba que desear, siempre había algo de lo que hablar cada noche, y no precisamente maravillas. Puesto que para sobrevivir hay que pelear, la sangre ya no le resultaba algo de porquería, normalmente urgaba entre los contenedores de basura desperdicios que por producto de su inconformidad, “Las personas” desechaban, los ruidos eran notables al golpear una lata, irritando a estos individuos y por ende escapar en múltiples ocasiones, por el mero instinto de no terminar mutilada, bien sabía que nadie se apiadaría de una minina lastimada... Y callejera, el listón pues que traía en su desordenada cola, negro, sencillamente era recuerdo de la única humana con la cual había generado cierta empatia. ¡Ah! Como no olvidar esa fatídica noche en que la vio allí colgada en un candelabro, si, era un animal, pero sabía perfectamente cual había sido el destino de aquella chica, de la cual no recuerda su nombre. La felina intentaba apartar esas memorias, y no porque le entristecieran oportunamente, solo siguió buscando entre toda la basura, y para su mala fortuna ya no quedaba nada. Asomó su cabeza fuera del contenedor dispuesta a continuar su marcha, aún así lo primero con lo que se cruzó fue un pequeño ratón, tan indefenso, asustadizo, perfecto para la cena de esa horrible y fría noche, también alcanzó a captar una sombra que no distinguía bien entre la tenue luz que llegaba a ese callejón, sus patas saltaron apresando al ratón, casi interponiéndose y gruñendo salvaje al contrario de su misma raza, otro gato de moño rojo, acabando así de una dentellada la vida del inofensivo ratón, y por naturaleza engullendolo, como un festín que no se volvería a repetir. En cuanto al gato... Frustración fue lo que sintió al ver como una gata de pelaje blanquecino y ojos negros le arrebataba su presa y se lo devoraba de una manera que simplemente le resultaba repulsiva. Sintió una creciente ira a medida que los segundos pasaban pues había quedado como un gato estúpido y lento y más aún cuando se vio en una postura a punto de atacar. Se sintió como si le hubieran quitado el bocado de la boca y no alguien que se diga digno sino... Una gata... ¡Una gata callejera! Gruñó enfadado acercándosele lento y con un caminar burlón y algo desequilibrado tan solo para olfatearla antes de apartarse un poco.

—Suficiente con pisarle la cola, darle un mordisco y matarlo mientras chillaba. ¿Era necesario el tragártelo? ¡Joder se trata de matarlo no de... Comértelo! Aunque... Es comprensible. No has pisado una casa en mucho tiempo al parecer. —pronunció con una voz irónica y para nada atemorizada. Solo la vió a los ojos ladeando un poco la cabeza, la minina ni siquiera le prestaba atención—. Y no querida, el que un minino se te acerque no significa que es para pelear contigo —recalcó viéndola agresiva—. Además... ¿Por qué quisiera pelear con alguien tan atractiva?

Susurró burlón antes de volverla a olfatear suavemente tan solo para abandonar esa postura cautivadora, encarándola nuevamente.

—¡Pero hey! No creas que tu situación tan repugnante y... Tu belleza... Me harán olvidar que me robaste una maldita presa.

Fué lo último que dijo antes de llevar sus ojos hacia ella con algo de disimulo viendo el moño negro en la cola de la felina. Algo... Extraño, para una gata callejera. Por su parte Emily, si, era su nombre predilecto, nominada así por ella misma... Con algo de ayuda de su antigua amiga desfallecida, lamía con aparente elegancia sus garras cuidando que no quedaran restos del animal, un poco de sangre se había salpicado por ahí, ignorando por completo el discurso pecaminoso del gato todavía, cualquiera que viera a la minina juraría que tenia una expresión tan humana como la amargura, estiró sus patas aburrida mientras meneaba sutilmente su cola cerca del hocico del contrario, quizá con el objetivo de que no dijera una sola palabra más, no obstante se movilizó seductoramente, sin responder una sola palabra. Rodeando al gato, exáminandolo, olfateando y finalmente apartándose, como lo había hecho él instantes antes.

—¿Ah sí? ¿Lo dice un insignificante gato casero?

Fué lo que sorpresivamente le dijo sin titubear como respuesta, como lo diría alguien que se estuviera burlando, por ultima vez lo miró hasta indiferente.

—Hazme el favor de no molestar con tus maullidos. —Prosiguió de manera que amenazante sin querer serlo, quiso seguir su rumbo por un camino distinto al que había venido, caminando por la acera sin ninguna preocupación, quizá librándose de lo que para ella era un estorbo, escalando hasta el tejado, quien se imaginaría lo necios que pueden ser algunos.

El felino entonces solo notó como ella se le acercaba, sin tensar su cuerpo pues sabía que ella no haría nada contra él... O eso esperaba, pero no. Ocurrió algo totalmente distinto, la cola de la gata se paseaba por su rostro y aunque lo negara, lo atraía bastante a pesar de que tratará de ocultarlo. La vió movilizarse rodeándolo como examinandolo ¿Qué tanto miraría? Pronto, como esperaba, la gata no hizo más que responder, sin embargo no lo hizo de la forma que esperaba. Definitivamente se estaba burlando... ¿¡Quién creía que era!? Se sentía más que ofendido e incluso esa faz burlona de su rostro se desvaneció para convertirse en una severa. Suspiró levemente antes de lamerse las patas por mero impulso volviendo a retornar su conducta irónica. Solo lo decía para hacerlo enfadar, no lo conseguiría. A pesar de que para la minina sea una burla que él sea un gato casero y no callejero como ella, eso no lo hacía débil ni estúpido ¡En lo absoluto! Podría ser igual de hostil e incluso más peligroso que uno nacido en la jodida calle... O eso quería pensar. Cómo fuese, la siguió al notarla alejarse con el único objetivo de molestarla. Subió por las cercas hasta llegar al techo donde la encontró. No había notado que la lluvia ya había parado ni que la luna estuviera más voluminosa de lo usual... Sin embargo todo estaba aún más oscuro contrastando con las luces de la ciudad. Solo se acercó a la gata vacilante antes de caminar a lado suyo.

—Vaya hostilidad para alguien tan linda. —le dijo persuasivo antes de mirarla—. Sin apartar que eres una maldita amargada... ¡Y no creas que no se me olvida que me debes un ratón! Espero y me lo regreses cuanto antes gatita.

Advirtió completamente divertido, meneando su cola quizá algo nervioso. Quien sabe, las personas que vivían bajo los techos que ambos gatos pisaban, escuchaban solo maullidos, algunos golpeando las hojalatas para ahuyentarlos, y en la lejanía podría contemplarse dos figuras de cuatro patas caminando libres viéndose como un par de sombras juguetonas frente a la luna, cuando ella notó que estaba siendo perseguida... ¡Debió suponerlo! Aquel molesto compañero al parecer no se iba a agotar así lo golpeara con una ventisca repleta de frío e indiferencia, se detuvo entonces frenando su paso en abrupto casi a punto de abalanzarse sobre él... Pero no, se controló así misma, a sus instintos gatunos y se dirigió a él haciéndolo retroceder a medida que respondía sin paciencia alguna:

—Al parecer no estas entendiendo mi mensaje, ¡No es mi problema! No lo es... ¿Por qué no te retiras de aquí a tu estúpida vida de gato mimado, eh? Pídele a tus dueños que cacen una maldita rata por ti. —Maulló irritada más la ironía también era presa a sus palabras, sin dejar de ser rápida al momento de pronunciarlas, seguido a esto corrió entre los techos buscando perder de vista al gato que sin duda alguna la iba a seguir sin importar que cruzara por obstáculos que básicamente eran dificultosos, y seguramente lo sería para el felino, puesto que su posición que aunque poco la conociera—De “Un gato mimado”— , se lo decía todo.

El minino comenzaba a acelerar el paso al notar como ella empezaba a correr por los tejados, no hizo más que seguirla como si estuviera persiguiendo a una presa, aunque furtiva, irónicamente no pensaba que aquello se le iba a hacer tan ¿Dificultuoso? No estaba muy acostumbrado a correr por largas distancias ni esquivar obstáculos pues solo se la pasaba durmiendo pero aún así no fue impedimento para estar a la par que ella, obviamente algo cansado. Solo esbozó una sutil sonrisa gatuna antes de vociferar burlonamente:

—¡Venga! No huyas de mi. ¡No te voy a comer aunque bien podría! Solo te pido que me devuelvas mi ratón y créeme que te dejare en paz pero no lo haré si aún no veo un maldito roedor bajo mis pies ¡Devuélvemelo!

Le exigía vehemente. Muy en el interior sabía que ya no le interesaba tanto el ratón sino molestar a la gata, su objetivo había cambiado y no era para menos. Se le hacía bastante gracioso el perseguirla y seguirla molestando sin pensar si quiera que en unos momentos de esos, ella dijera algo que profundamente lo incomodó... ¡No! Lo humilló. La furia que pocas, en verdad muy pocas veces había sentido ahora se disipaba como corrientes incontenibles, como si ella fuera la única que pudo haberlo hecho enfadar tanto y eso a pesar que en unos instantes tenía la postura y los ánimos de un payaso. Solo se abalanzó sobre ella, tumbándola y cayendo encima suyo presionando con sus patas el cuerpo blanquecino de la gata.

—¡El que sea un maldito gato casero no hace de mi un rastrero y sucio gato mimado! Espero y lo tengas muy bien en cuenta a la hora de que abres tu patético hocico de mierda. —farfulló completamente dejándose llevar. En sus palabras no había más que una furia que muy pocas veces los dueños del mismo si quiera habrían visto. La miró profundamente, con los ojos rojos puestos en sus inusitados ojos negros. Cualquiera al verlos diría que estaban jugando e incluso que se iban a dar un beso por lo cerca que estaban pero era todo lo contrario. El gato finalmente se alejó de ella tan repentino como cuando se abalanzó tan solo para volver a tener esa postura burlona volviendo a menear su cola, divertido. Al parecer se había excedido un poco... ¡Pero que más daba! Se lo merecía.

—Ahhh minina... Solo no hagas que mi cabales echen a volar. ¿¡Acaso es tan difícil cazar un sucio ratón!? ¡No lo es! Así que te pido que solo busques uno por allí y me lo des ¡Tan sencillo es como te lo digo! Créeme... Tengo hambre.

Susurró con su clásica voz irónica, acercándosele, frotando su cabeza con la de ella en un ambiente bastante acogedor y podría decirse seductor... Solo jugaba. Y Ella comenzaba a hartarse de esos juegos, ciertamente, fue un acto que no veía venir, impredecible, y pensar que estaba huyendo de un dolor de cabeza... Se había equivocado fuertemente, y he ahí las consecuencias, lo observó rabiosa fuera de sí, lo cual denotaba el miedo que para nada le tenía, ¿Por qué? Él no podría hacerle si quiera un rasguño aunque quisiera, durante el lapso que estuvo viviendo en la calle, al albur de cientas de posibles de muertes, disputas, quizá toda clase de atrocidades sin precedentes... Lamió un poco su pelaje al verlo apartarse, por fin, para nada contenta como era natural en su ser de apariencia insignificante. Su cola comenzó a moverse lentamente, viendo que se aproximaba esperando algo de ella, y bien, fue un crédulo al hacerlo. Notó los precipicios que habían entre los hogares, muy elevados... Gruñó entonces cuál serpiente escupiendo veneno y empujarlo cerca muy cerca del borde.

—¡Eres un gato bastante infantil! —Exclamó encolerizada con los ojos puestos en él, dispuesta a rasguñarlo si se le acercaba si quiera un poco.

—Todo por un estúpido ratón... — Degradó su tono cada vez más mientras se daba la vuelta— Es de verdad... Puedo arrojarte desde las alturas si así lo deseas, ¡Bien! Quizá entonces deba utilizar mis garras y dejarte sin esos bonitos ojos escarlata, y tengas que olfatear el camino directo a casa. —Dijo en un tono que cada vez se hacía más amenazante, podría sentirse también la atmósfera tensa, y que en cualquier momento aquella felina podía arremeter contra el gato de aspecto tan estrafalario, creía tener la primera noche serena, más nunca creyó conocer a alguien que en palabras, era igual que ella, ¡Aunque jamás pensaría que fuese tan desesperante! Antes de partir olvidó decirle una pequeña cosa, que bien caería como roca sobre él, o se ensañara con ella como hace rato:

—Ja... No puedo culparte, gatito... Habitualmente sucede con quienes han sido sobreprotegidos. Entiendo que no puedas defenderte. —Concluyó ya no molesta, sino nuevamente burlándose de él, por el momento solo partiría e intentaría olvidar lo que sucedió durante la luna llena. Nunca imaginó por otro lado que aquello también la enfadaría bastante pues a él que sin previo aviso, ya se hallaba sobre el borde del precipicio. Sus garras instintivamente salieron y se sujetaron del concreto del edificio aún así esto lo lastimase. Se había llevado un buen susto y aunque lo negara furtivamente, en esos instantes temió un poco de ella. Sus pelos para desgracia suya estaban desordenados, alterados y puestos en punta evidenciando aún más el terror que había sentido. Estaba a punto de decir algo pero no ocurrió pues ella comenzó a hablar y la tensión pronto se fue disminuyendo hasta estar completamente tranquilo y fue bastante irónico pues pronto su cola empezó a alzarse lentamente y moverse ladeando y ladeando como retándola. No pudo creer que después de eso los amenazace, de todas maneras no logró asustarlo en lo absoluto, es más, su faceta burlona retornaba nuevamente. Entrecerrando los ojos y sonriendole divertido escuchando sus palabras demostrando que miedo no le tenía. Además... ¿Qué podría hacerle ella? ¡Por favor! Si, era callejera y todo pero no dejaba de ser la hembra de su especie, aparte que se veía tan frágil y tan pequeña. No evitó dar una leve risa que hecha por un gato sonaba más como un maullido divertido y algo extraño pero que no dejaba de ser una risa. Su mirada por otro lado, se fijó en el moño negro de su cola volviendo a tener interés por la misma, mientras seguía hablando. Pensamientos llegaron a su cabeza, como que en verdad ella no era ninguna gata callejera y eso francamente sería bastante hipócrita si eso fuera cierto pues la minina no hacía nada más que burlarse de él justamente por eso. Pero bueno, solo apartó de su mente aquello y quizá y solo quizá eso haya sido un error luego puso atención a sus últimas palabras como no lo había hecho con las anteriores. ¿Sobreprotegido? Esa palabra no dejaba de retumbar en su cabeza... Se seguía burlando... ¡Se seguía burlando de él solo por ser un maldito gato casero! Fue la cúspide pues no lo pudo soportar más. No le importaba que un movimiento en falso haría que lo empujarán y cayera al vacío ¡No le importaba! Solo quería hacer que se enterará que no era ningún mimado ni sobreprotegido y sabía la manera de hacerlo. Su sangre pronto empezó a hervir en una rabia más fulminante que esa sonrisa que conllevaba no tardó en convertirse en una mueca que solo mostraba sus dientes afilados. Pronto su cola se levantó como su pelaje se erizó y sus garras salieron como sables de su empuñadura. Antes sé lo pensaría dos veces para atacar a alguien y más si está fuera una “dama” pero ahora ya no... Los insultos habían sido suficientes ya y aunque no supiese pelear como tal pues nunca tuvo la oportunidad de hacerlo, solo se abalanzó sobre ella como único ataque irracional y salvaje antes de comenzar a rodar con ella y rasguñarla y morderla totalmente llevado por la ira. Le haría saber qué no era ningún gato mimado y eso solo lo lograría lastimándola y con ese razonamiento combinado con una furia irrefrenable fue como se ensañó más con ella, sin soltarla, atacándola como una fiera enloquecida. En cambio el silencio que se sembraba para ella era una evidente señal de que... ¿Había ganado? En sus adentros podía reír, pero seguía siendo un animal, ¡No podía! Aunque, en el mundo en el que viven, es realmente extraño, pudo conocer a un gato quizá traído desde el mismísimo averno, y hermano de otro gato en cuentos... Lo que si no esperaba era que un felino, tan bien cuidado, sencillamente hiciera salir a la verdadera fiera que tenía en su interior, naturalmente comenzó a gruñir y apoyarse de sus garras sea para evitar, o incluso devolverle los rasguños, mordidas, al igual que el gato no se detenía. Se lucáa una escena bastante cómica, un par de gatos salvajes entre polvo sobre los tejados, algunas personas alarmadas por el escándalo. Emily maldecía a su atacante, y es que,el ajetreo de esos dos mininos quizá los llevaría a una muerte segura, después de todo se hallaban en un lugar bastante alto, las voces de hombres y mujeres no tardaron en reclamar, ¿Qué era ese bullicio? No parecían ser gatos normales sino unos poseídos podría decirse. Para su mala suerte uno de ellos, un humano se encontraba cerca de la azotea donde ellos estaban, otro trastornado por los infernales maullidos que estos provocaban, haciéndonos pensar en uno de los miedos irracionales que estás criaturas tienen, ¿Y que no mejor para asustarlos que un poco de agua? Al final la gata blanca, a rasguños lo apartó, su pelaje se hallaba erizado, completamente a la defensiva del gato. Y quien lo diría, ninguno de ambos notaría que una sombra alta, quizá tenebrosa llegará hasta donde estaban esos dos problemáticos rociando agua como un demente. Aún así, ella no desaprovechó para con sus colmillos abalanzarse nuevamente contra su contrincante, los dos cayeron como algodones de esa residencia, ¿Y morirán al impacto? Quizá muchos habrán querido eso... ¡No! Su salvavidas fue un simple bote de basura aplacando su caída, devuelta a un callejón más oscuro y descuidado que el anterior. El gato de moño nunca pensó que a pesar de que estaba encolerizado y atacaba como un desquiciado, ella podría hacerle frente e incluso hacerle caer en la triste verdad de que no sabía pelear. Aún así, trataba de defenderse como podía sin notar que estaban haciendo un gran escándalo que no tardaron en recibir consecuencias como unos chorros que hicieron que se le erizara el pelaje. Ella se apartó y pensó que tendría un poco de sobriedad y no lo atacaría pudiendo descansar un poco... ¡Pero no! La gata solo se abalanzó sobre él y lo único que sintió fue un dolor inconmensurable. No estaba muerto pero si ese bote de basura no hubiera estado allí probablemente sí. Tan cerca de la muerte... Sus ojos borrosos vieron la azotea de donde habían caído. Debería ser un triste cadáver ahora mismo. Sonrió por lo bajo intentando levantarse orgulloso como una burla a la muerte pero no pudo, sus músculos estaban dañados y tardaría bastante en posicionarse sin desvanecerse en el intento. Derrotado solo apoyó su cabeza en la acera observando con impotencia como la felina si pudo incorporarse, victoriosa sobre la muerte y lamentablemente sobre él también.

—Maldita... —susurró divertido viéndola incorporarse, con dificultad pero incorporarse de todas maneras. Algo que él ni siquiera podía hacer, aún así buscó consuelo en excusas como que estaba acostumbrada a peleas y caídas por más estúpido que sonase tratando de esconder su frustración que sentía. Estaba tan dañado que ni siquiera pudo sospechar que una figura, una presencia, una criatura también felina caminaba por ese mismo callejón oscuro en los que estaban ellos. Solo se detuvo observándolos detenidamente, meneando su cola con cierto glamur antes de acercarse con cierto caminar infantil antes de precipitarse empujando a la otra gata blanca, quien solo terminaba de sacudirse el polvo y basura tropezando con el muro del callejón por el impacto, llegando finalmente hasta el mínimo.

—Oh mi querido... ¿Qué te han hecho? ¿Qué hacías por estos lugares! ¡Dímelo! —sollozaba con una voz bastante femenina y profunda, lamiendo el cuerpo del gato.

—Tu... Ah demonios... Solo vete. —susurró pesadamente el mínino, incorporándose un poco y alejándose de la felina que era amarilla. Los ojos azules de la misma lo miraron desilusionada.

—Solo estás delirando.

—No, no lo hago.

—¡Ah cállate! Y dime quién fue... Aunque no es necesario que me lo digas ya —dijo abandonando la actividad infantil percatándose de la existencia de la felina blanca— Maldita gata de basurero ¿¡Por qué le hiciste esto a mi gatito!? —Pronunciaba cada vez más encolerizada acercándose a Emily—. Seguro te rechazó cuando le propusiste algo que es más que obvio, ¿¡Y como no hacerlo!? ¡Solo mírate!

Pronunció despectivamente volviendo al tomo infantil pero bastante burlón.

—Cállate ¿Quieres?—trato de decir el felino incorporándose sin poder hacerlo del todo.

—Oh querido deja que arregle las cosas con... "Esta" —susurró con una voz dulce y bastante empalagosa antes de observar detenidamente a Emily con unos ojos que no desprendían más que repudio. Emily solo se lamía sus patitas sin meter su hocico en asuntos de “Pareja” hasta que oyó sus últimas palabras, ¿Rechazo? ¿Propuestas? La gata fresona se acercaba a ella aún más, ¡Si, definitivamente! Parece extraído de un show de caricaturas, quizá uno bastante flojo y de bajo presupuesto, pero Emily se echó a reír casi llorando en el intento, desplomándose en el suelo golpeándolo con sus patas. Mientras que el señor gato adolorido observaba casi desfallecido.

— ¡Además está chiflada! ¿En qué diablos estabas pensando, cielo? — Pronunció irritada ella al contemplar el desfogue de Emily, y que esta se levantó sin dejar de reír como una verdadera desquiciada, algo irónico que ella riera... Porque no tenía una sonrisa.

— ¡Creo que alguien aquí está mal interpretando lo que sucede! — Exclamó, con la diferencia de que su matiz era de absoluto enfado, y su expresión había cambiado drásticamente a una inexpresiva y amarga, contempló a la gata que tenía en frente.— Ah... ¿Pero para que explicarle a una minina estirada e irritante?

La de pelaje amarillento al escuchar eso ya no la vio con el repudio de antes, sino mas como... Un odio bastante puro, ¿Como no? Se había atrevido a meterse con SU gato, y esa creencia solo encendía que un fuego que carcomía en su interior se avivara solo al pensarlo. Emily se siguió burlando de ella, de ambos más bien, ¡Era patético! Pero quien se iba a imaginar que una felina de semejante talle, tan delicada, elegante, fuese a sacar las garras... ¡Demonios ya tenía suficiente! Una... Dos peleas en la misma noche.

—¡Solo mira como dejaste a mi gatito! Te voy a enseñar a no tomar lo que no es tuyo.— Había dicho enojada, pero sin dejar ese tono de flor de primavera al abalanzarse sobre Emily, ella solo guardó sus argumentos para si, sabia bien que esa clase no dejaría que lo explicara si quiera. Lo único que pudo maullar fue un sencillo “-Oh no...-”No había tiempo para palabras, si ella era una gata de basurero le mostraría entonces que era ser una realmente... Mientras que la otra peleaba con dientes y uñas, por alguien que no tenía nada que ver con una gata callejera, quien solo quería estar tranquila. Igualmente se defendió como una salvaje que era, y no le importaba realmente si se excedía y la mataba.

El gato suspiró decaído recostándose en el bote de basura, queriendo que la mínina amarilla se fuera por fin pero no ocurría... Peor aún, nunca imaginó que todo se jodiera y la demente de la felina blanca empezará a burlarse y esto sabía que era el punto quiebre pues a pesar de que Karen, como se llamaba la reciente gata, fuera bastante infantil y delicada, podría ser bastante agresiva o incluso algo peor... Esto lo sabía bien por experiencias que ya había olvidado pero cuando volvían eran un completo caos. Cómo fuese, la consideraba una completa loca, como la otra minina que aún no sabía su nombre. Triste contraste de curiosidad y una inminente sorpresa de otro escándalo que se avecinaba al oír los maullidos de las dos dementes que ahora se peleaban como fieras desatadas. Esto a cualquiera le podría parecer incómodo y hasta patético pero para él no, un goce se iba formando en su interior al verlas rasguñandose y mordiéndose entre sí, no pudiendo evitar esbozar una sonrisa sin saber porque esto lo atraía bastante aunque poco le importaba. Solo se mantenía callado, no quería interrumpirlas en ningún momento. Por otra parte, Karen no la pasaba muy bien que digamos pues aunque pudiera ser una completa furia cuando se enfadaba, no era tan bestial como lo era Emily que acostumbrada a lidiar con conflictos así, recibiendo el mayor daño a pesar de que se defendiera mordiendo y rasguñando... No era suficiente. Pronto las heridas que se dejaban entre sí y más abundantes en la minina amarilla, comenzaron a notarse y a sangrar produciendo un dolor punzante y ardiente. Karen ya no podía más, no estaba acostumbrada a tales tragos y no hizo más que separarse de la otra gata de un empujón antes de echarse para atrás.

—¡Basta! ¡Basta maldita estúpida que eres una puta salvaje! ¡Mira lo que me has hecho! ¡Solo mira! —gritaba olvidando por completo la elegancia y etiqueta que la caracterizaba, solo maullidos alaridos quejumbrosos tratando de lamerse las heridas sangrantes. Emily se alejó en silencio, pero indignada.

—No podía esperar más de una estúpida callejera como tú. De una vez te lo digo ¡Aléjate de él! ¡No te pertenece! Él es mío... ¡Tu no le interesas! —exclamaba con lágrimas que comenzaban a recorrer su rostro gatuno antes de volver la mirada hacía el gato que miraba a ambas completamente sorprendido.

—¡Y tú! Vayámonos de aquí lejos de esta ramera. Pronunció con una voz queda e irónica, burlándose de Emily, dando un pequeño suspiró de alivio al ver como el gato se levantaba con dificultad y caminaba hacia adelante.

—Ven mi amor ven... —susurraba esperanzada y desahogada. Sabía que había ganado pues al final se quedaría nuevamente con él. Nunca imaginó que estaba en un completo error. El gato camino, si, pero junto a la felina blanca, quedándose a lado de ella, observando a Karen inexpresivo.

—¡Te digo que vengas! —volvió a exigir totalmente enloquecida pero el gato no se movía, ni un maullido soltó siquiera.

—Bien... ¡Bien! Pensé que tenías mejores gustos... ¡Aceptaría incluso que me reemplazaras por una rata! Pero... ¿Pero una gata de basurero? ¡Maldito estúpido! Volverás a mi arrastrándote cuando veas a la ramera que tienes a lado con otro idiota como tú. ¡NO LE IMPORTAS!

Fueron los últimos maullidos que se escucharon en ese callejón, viéndose solo a una gata amarilla salir corriendo de allí totalmente despavorida. Algunos dirían incluso que lloraba... Además, ¿Quien dijo que Emily estaba interesada en quien tenía su lado? Efectivamente se encontraba lastimada, pero aún así no era impedimento para mantenerse en alto, observando a Karen retirarse, pudo notar entonces que esa pelea había sido por nada... Y ahora resultaba que era peor que una miserable rata, bien, no ofendía su ser en lo absoluto. Estaba callada, porque sus palabras eran una incoherencia, después de todo ella había iniciado un pleito sin Emily ser la responsable. Y no lo negaba, sintió lastima por ella, ¿Razón? No es correcto embelesar si a fin de cuentas uno de los dos no tomó enserio al otro, con esto en mente, observó al gato inexpresiva y con un aparente enfado, sabía que era una osadía estar correteando con él de un lado para otro, debió tener en cuenta esa anterior experiencia que le había dejado un mal sabor de boca, o en este caso, hocico, y no era exactamente lo mismo... Un perro fuerte, tenebroso, agresivo, sumamente esquivo nunca podría congeniar con una pequeña gata blanca.

—Podrás ser un minino casero pero... Eres un maldito. —Comentó rompiendo el silencio que hacia unos segundos provocaba tensión entre ambos, Emily lamía sus heridas, serena, esos problemillas la acosaban casi todas las noches así que no importaba.

—Es la pelea mas sin sentido en la que he participado... Debiste partir con ella, y así no hubiese tenido que pasar por tal humillación. —Lo decía más que nada porque aquello no tenía justificación, ¿Por alguien pelearía? Nunca se lo había pasado por la cabeza.

—Son tan parecidos. —Concluyó desviando la vista poniéndose nuevamente en cuatro patas dispuesta a marcharse, el gato al parecer se le habían comido la lengua los ratones.

Solo pensaba y escuchaba sus palabras con una sonrisita en su rostro gatuno, observándola, torciendo un poco su cabeza de manera juguetona antes de acercársele un poco mas.

—Pero no lo hice, preferí quedarme con cierta minina y ¿Sabes? No me arrepiento en lo absoluto —dijo antes de lamer sutilmente las heridas que tenía Emily aún sin que está siquiera le haya dado algún permiso.

—Y bah, deja de decir eso ¡No me parezco en nada a esa lunática obsesiva! No me agradaba en lo absoluto, ni siquiera se porque... Estuve cerca de ella tanto tiempo.

Susurró divertido, meneando su cola.

La noche estaba estrellada y la luna se veía hermosa incluso para alguien como el gato que consideraba todo mundano y patético. Seguía dolorido pero al menos podría movilizarse sin desvanecerse y caer pero sencillamente aquello ya no le importaba mucho pues algo dentro suyo se originaba. Algo que no había sentido por la otra minina, quizá algo verdadero. Emily lo atraía o eso se decía pues no creería que se estuviera enamorando de ella tan profundamente. Era todo lo contrario a Karen, ruda y en cierta manera frívola, ya lo había demostrado hace poco. Ni siquiera sabía porque eso le atraía tanto y no lo repelía como la personalidad de la otra gata... Esta emanaba misterio y quería saber más y más de ella, interesándose y atrayéndola como nunca antes lo había hecho ninguna que recordase. Eso y sin contar que era bastante atractiva... Dió una pequeña risita antes de caminar junto a Emily, empujándola con suavidad.

—¡Hey! No me dejes olvidado. Tú conoces muy bien este territorio y yo no, no quiere perderme —musitó fingiendo una tristeza que claramente no sentía—. Además... ¿Por qué tan seria? ¡Anda! Salgamos de este basurero. Conozco un lugar, eso a pesar de que todo aquí se me hace desconocido. Es un restaurante...

Sonriente, deducía que ella entendía lo que le quería decir. Solo se adelanto hasta el final del callejón corriendo divertido, volteando la mirada tan solo para verla como cierta actitud retadora.

—¡Acompáñame! Y quizá te invite algo de ese lugar, siento que te lo mereces por estar jodiendote con lo del ratón ¡Y mira en cuántos problemas te he metido! Y francamente... Te quiero conocer más, me agradas mucho. —rio tenuemente—. Y hasta ahora no me has dicho tu nombre...

Pronunció tentador, moviendo su cola lentamente, esperando a que ella accediera aunque no le era necesario porque estaba seguro que aceptaría. Solo la observaba con una pequeña sonrisa, queriendo adentrarse en lo profundo de esos ojos negros.

—Emily. —Respondió abruptamente apartando su vista de la de él, sentía algo extraño... Ignorando sus anteriores palabras, no la halagaron, pero supuso que ese tipo de cosas sucedían y no le quedaba más que olvidar el tema, no le incumbía. Ya ni siquiera percatándose de que en un principio quería deshacerse de él, por poco aceptando que a pesar de lo que ella hiciera para alejarlo, no iba a ser posible. Continuó caminando hasta llegar el final del lugar donde estaba él. Se detuvo en frente suspirante y con una actitud amarga cual criatura sin emoción.

—No me imagino la cantidad de problemas que traería el acompañarte... —Murmuró lentamente observándolo, inclinando su cabeza, hasta finalmente ceder. Sin caer en la cuenta de que algo mas los vigilaba desde la lejanía, y es curioso, porque había sido por mera casualidad mientras se paseaba amenazante por las calles, con solo ver su sombra muchos huirían despavoridos, siendo enemigo de los felinos, a excepción de una sola, una que tenía como blanco fijo desde hacía mucho tiempo, y que ahora tenía frente a sus ojos rabiosos nuevamente.

—Entonces... ¿Como debería llamarte? Bueno no importa, no conozco el sitio que mencionaste, vamos, te sigo. —Fué entonces donde se adelantó pasando su cuerpo muy cerca del gato sonriente antes, ambas figuras desvaneciéndose entre las lúgubres sombras, solo hasta entonces la más grande que estaba a metros de ellos dos retrocedió, ocultándose silenciosa, y misteriosamente.

El gato de moño no hizo más que evadir la pregunta sobre su nombre por razones no tan bonitas como cualquiera pensaría. Era un origen oscuro e inclusive bastante deprimente para algunos con recuerdos que el felino trataba de olvidar, así que no se lo diría... Al menos no por ahora. Apartó esos pensamientos de su cabeza antes de mirarla con cierto matiz burlón y bastante complaciente al ver que si lo acompañaría de todas maneras. Solo río levemente antes de dar media vuelta y caminar por la vereda de esas calles ahora desoladas pero aún teniendo el glamur que le brindaban las luces. Algunas neones, otras bastante apagadas... Tarareó mirándola de reojo antes de decir algo, a la par que ella caminaba a su lado con un semblante tranquilo.

—¡Bien! Fue lo más sensato que pudiste elegir. Ahora solo he de decirte que no podremos entrar por la puerta principal aunque eso es más que evidente ¿No? Solo nos queda la parte trasera, prácticamente la cocina. ¡Anda! No desanimes, será divertido.

Dijo bastante divertido y decidido quizá con el afán de impresionarla porque la verdad era que ni siquiera sabía si en la parte trasera del local se encontraría la cocina. Solo conocía el restaurante de vista y nada más... Al menos esperaba que algo de lo que había salido de su hocico coincidiera con la realidad. Aún así evitó sentirse preocupado para no delatarse, volviendo a poner la mirada en ella y en especial en algo que resaltaba en su pequeño cuerpo. Ella lo observó con los ojos entrecerrados, divertida, respondiendo vagamente:

—Confío en que lo será.

—Entonces... Emily, cuéntame ¿Por que ese lazo negro en tu linda y desordenada cola? —rio irónico—. ¡Lo sé! Quizá es pronto para hacer preguntas personales pero en verdad tengo interés... Bastante interés —musito con cierto tono grave y hasta maligno—. ¿Es que acaso ese rollo de la gata callejera no es más que una falacia y eres tan hogareña y "dócil" como yo?

Preguntó en un absoluta seriedad borrando esa voz burlona que lo caracterizaba, produciendo no más que un desequilibrio en su actitud. Aunque aparte de ese interés no negaba que la preocupación se acrecentaba también al notar como cada vez ser acercaban más y más al restaurante.

—Ah, ¿Hablas de esto?... —Respondió ella, ajena al comportamiento del gato, al momento de detenerse unos breves instantes ladeando su cola atada con un lazo. Volvió a caminar después soltando una risa que no se notaba en su hocico, pero si que podía oírse. Se quedó en silencio por unos momentos, el gato pensaría entonces que ella no iba a decirle, pero es que fueron hechos tan insignificantes que no dudó relatarlos de la forma más resumida posible, no dando mayoría de detalles:

—Verás, nunca pertenecí a un hogar, toda mi vida me la he pasado de lugar en lugar tratando de sobrevivir, ¿Y sabes lo difícil que eso? Sobrevivir. —Recalcó con cierto énfasis— Como sea, empatizé con una humana, iba a visitarla todas las noches y ella me ofrecía su afecto como si fuese mi dueña. Se llamaba Kristen... Creo, fue quien me obsequió este pequeño adorno... —Aguardó silencio nuevamente alzando la vista— ¿Quién pensaría que sería la última vez en verla? Recuerdo que la noche siguiente la encontré muerta, colgaba como un juguete en el techo. Crudo destino, ¿No?

Lo ocultaba meticulosamente, aunque muy en el fondo le daba algo de melancolía al narrar ese pasado. Sacudió su cabeza caminando más enérgicamente.

—¡Ah! Ese es el restaurante del que hablabas, ¿No es así? —Cambió de tema rápidamente, quebrantando esa atmósfera quizá gris, punzante al contemplar un establecimiento grande iluminado con luces. Una que otra persona entraba y salía por la puerta principal... Nunca había visto ese local, y eso que fue mucho lo que recorrió a lo largo de su existencia.

Él escuchaba la historia y se preguntaba si había sido un error el preguntarle aquello... Jamás pensó que el porque de ese moño negro en la cola de su compañera fuera tan crudo y personal. Aún así se sintió un poco ¿Especial? Al capturar algo de confianza en ella para contarle dicha historia porque era más que evidente que no la solía compartir mucho por obvias razones. Su cola juguetona como era, buscó la de ella tocándola esperando que Emily reconociera, y así fue cerrando los ojos al gato amigablemente, aquello al menos como una muestra de que ya no estaría tan sola a pesar de que no necesitara compañía para sobresalir... Él estaría allí. Quizá fue algo apresurado de su parte pero es que en verdad sentía algo distinto por la gata blanca... Algo muy especial y cautivante. Solo le sonrió de una forma cálida, dejando de lado la ironía y malicia propia de su sonrisa.

—Al menos te dejo algo como recuerdo de ella ¿No?.

Fué lo único que dijo apegando su cuerpo un poco al de la felina. No tardó en percatarse sin embargo que como un coloso, el restaurante yacía ya frente suyo pareciendo burlarse de las dos criaturas y en especial de él pues las posibilidades de que quedara como un mentiroso o peor aún, como un estúpido si sus palabras mínimamente no acertaban en nada, eran altas. Tragó saliva conservando aún la sonrisa aunque sintiera un nerviosismo punzante por su cuerpo.

—V-vayamonos de aquí, es la puerta principal y dudo que nos dejen entrar sin antes siquiera traer algo de dinero o como lo llamen los humanos.

Dicho esto, la dirigió hacia la zona trasera del local, considerando siquiera que el recinto tuviera una puerta trasera. Para fortuna suya y un alivio inminente, dio un respiro al ver como una triste y gris puerta se veía allí, ubicada en una también lúgubre pared agrietada. Se adentraron entonces a ese tipo de callejón alumbrada solo por una tenue lamparita que a duras penas ardía. Creyó que su suerte al fin se hacía denotar al observar como esa puerta estaba entreabierta y se podía ver fugazmente un vestíbulo alumbrado con cocinas, hornos y ollas. Definitivamente era la entrada a la cocina. Esta vez mas seguro de si, giro su cabeza hasta encontrar a Emily, quien veía el sitio curiosa.

—¡Te lo dije! ¡Jajaja! Tal y como lo recordaba —mintió—. ¡Ahora!... Ahora solo queda... Hmmm...

Allí fue cuando se percató que entre todo el lío de si era verdad o no lo que decía, había omitido una parte fundamental. ¿Cómo conseguirían la comida si muchos humanos de mandiles y gorros altos estaban dentro? Y aunque no estuviesen atentos, hasta el más miope o tuerto sabría que dos figuras por más pequeñas que fuesen se adentraban a la cocina. Bajo la cabeza con una notable decepción porque ni en sueños se arriesgaría a entrar allí sin salir a escobazos o pateado o como una bolsa de basura con su cadáver dentro. Quizá tendría que decirle la verdad y marcharse, alejándose para siempre de ella pues nadie soportaría a un mentiroso y menos si es estúpido... A menos que...

—¡Demonios! Aún me duele el cuerpo por esa caída que tú me provocaste, querida —dijo intentando sonar melancólico, volviendo la mirada hacia la gata—. Entraría y robaría la comida para traerla con nosotros pero me veo incapaz... ¡Me duele todo el maldito cuerpo! Fué difícil como no te lo imaginas, caminar y traerte aquí. ¿No crees que ya es tu turno de colaborar en nuestra cena?. ¡Piénsalo así! Nos traje al restaurante, nos guié hacía la zona donde podemos conseguir comida sin que nos jodan y tu parte... ¡Tu única parte! Consistiría en tomar la comida —exclamó totalmente divertido, esperando convencerla. Incluso ocasionado falsos escalofríos en su cuerpo.

—Ahhhh yo lo haría pero moriría en el intento...

Lo último que dijo, mirándola alegre y aún así con unos ojos que no paraban de transmitir dolor y penurias. Emily extrañada, ingenua se quedó viéndolo con un gesto de confusión, si hace rato le veía incluso mas vivo que un bufón e igualmente hiperactivo, durante todo el recorrido, no hizo mas que escuchar sus dolencias... Sospechosas pero que ella no notaba así, bueno, había sido la culpable al haberlo arrojado junto con ella desde tan alto, olvidando por completo que no era adepto a la vida callejera, fue por un bien mayor, si no hubiese realizado tal locura seguramente ambos estarían encerrados en jaulas a causa de las infragantes quejas de los habitantes. Volvieron a contemplar la puerta desgastada, increíblemente diferente a la principal que era colorida y bien mantenida, estaba nerviosa de lo que pudiera suceder al entrar allí, ¡No podía tener nervios! Aún menos frente al único quien la había escuchado... Retomando entonces su astucia se acercó a la puerta metálica olfateándola.

—Espérame aquí entonces. —Diciendo esto al gato, se adentró minuciosamente a la cocina, porque si iba a hacerlo tenía que ser lo antes posible. Quien lo diría... Lo que había ahí era incluso mejor que la basura y ratas que Emily solía consumir cada noche. Tanto chefs como camareros caminaban de un lado hacía otro enloquecidos, atareados con pedidos, y bajo la presión de una voz ronca que les indicaba a todos con carácter fuerte que hacer y que no, por lo que ella debía escabullirse como un roedor bajo las mesas buscando algo de alimento. Mientras el gato esperaba a fuera totalmente a salvo, Emily actuó rápido, escaló por unas repisas hasta una mesa aprovechando que nadie estaba cerca de esa zona, tomó entonces entre su hocico los trozos suficientes, le había llamado bastante la atención el olor que emanaba el pescado, por lo cual no dudó en su elección. Todo parecía ir a la margen de sus planes, se dispuso entonces a irse, e hizo bien en bajar al instante, de lo contrario el trapeador hubiese impactado bestialmente contra ella dejándola mal herida.

—¡Atrapenla! —Exclamó vorazmente uno de ellos, lógicamente los demás le siguieron el paso.

Lo que temía desde un inicio se convirtió en realidad cual pesadilla, comenzaron a perseguirla con objetos de limpieza, utensilios punzantes como si fueran a cazar un ratón. Seguramente desde afuera se escucharía el escándalo y los comensales comenzarían a retirarse. Emily corría como sus patas se lo permitían, en esa persecución logró hacer caer algo aceitoso, o resbaloso, haciendo que uno tras otro cayera siendo imposible que se levantaran con facilidad.

—¡Pequeña ladrona ven aqu... —Interrumpido al instante que la gata blanquecina caía sobre el rostro del gerente callándolo y haciéndolo desplomarse sobre los otros otra vez. Ella ya estaba a salvo del otro lado de la cocina, se burló de todos ellos por su incompetencia, saliendo por la puerta abandonando la cocina, y las personas que trabajaban en ella apunto de explotar. Se aseguró que no hubiese alguien más que provocara otro lío, encontrándose nuevamente con el gato. Lo guió enseguida al otro del lado del callejón, estando tranquilos donde le ofreció la comida robada.

—No era tan complicado después de todo. —Comentó agotada pero sin dejar la ironía de lado, al menos cenarían esa noche sin preocupación por los ruidos que se avecinaban del otro lado.

Mientras tanto, a algunos kilómetros de ellos se oían una especie de rugidos, otra pelea bestial entre dos criaturas, en esta ocasión un par de perros, quizá por territorio, o solo por el simple gusto. Había uno en especial, grande y rabioso, parecía ser incluso el más temido de toda la manda... Incluso la calle, despellejó a su contrincante tirándolo a un basurero en el ataque, los demás dejaron sus ladridos al ver la escena sangría, y es que de sus afilados y enormes colmillos , sumado a su fuerza, no se esperaba menos.

—¿¡Quién sigue!? —Exclamó tosco, casi de ultratumba el doberman caminando y encarando a los caninos, que estaban aterrorizados. En completo silencio, nadie se atrevía si quiera a dirigirle la palabra a menos de que él ordenara que hablasen.

—Eso creí... —Dijo orgulloso de si mismo, hasta que ese semblante se degradó. Algo había llegado a su olfato, un olor que distinguía bastante bien. Y no era el pescado, sino más bien de una criatura en especial y... ¡No solo eso! Apegó su hocico al suelo siguiendo el aroma como era natural en ellos. A esa distancia alcanzó a observar dos figuras pequeñas, una más que la otra y ya no le cabían mas dudas... Algo lo incendió de sobremanera.

—Emily... —Susurró seguido de un fuerte ladrido, la rabia se denotaba entre sus dientes. Ambos lo escucharían, porque pronto corrió como una bestia hacía uno de ellos en particular.

El gato no hizo más que sentarse en el suelo lamiendo sus patitas, totalmente convencido de que el teatro que había hecho hace poco había funcionado pues de otro modo la gata no hubiera accedido o eso creía pues Emily no se había tragado nada de lo que él había hecho al parecer. Aún así no pensó en eso, recostándose en la acera totalmente tranquilo viéndola entrar con una mirada juguetona sin preveer que esa pasividad se fuera completamente por el caño al oír un tumulto, no... ¡Un escándalo! Oía cacerolas caer por allí y por allá, platos quebrarse y utensilios volando por todo el lugar. Pronto oyó las voces de los que estaban adentro, quejándose e intentando atrapar a su compañera. Ahora consideraba si fue buena idea o no el mandarla allí sola... Después de todo no quería que muriese aunque le costara aceptar que había empatizado con alguien más. Su sonrisa volvió a ensancharse liberándolo de preocupaciones al verla salir despreocupado del local ¿¡Cómo era posible!? No pudo evitar asombrarse, en verdad ella tenía agallas...

—¡Ah Emily! ¡Ven aquí! —dijo emocionado acercándosele y recibiéndola acariciando su cuerpo con el de ella en un acto meramente involuntario. Pronto al darse cuenta de esto se alejó de golpe... Era demasiado pronto.

—¡Maldita! Pensé que habías muerto —pronuncio con una admiración disimulada, siguiéndola hasta dónde iba tan pronto para comer lo que ella había robado para los dos. De todas maneras estaba en su naturaleza el coger lo que no era suyo, eran gatos. Solo le sonrió burlón al escuchar su comentario.

—¡Ja! Ya lo creó. Igual hasta yo podría haber entrado si no fue tan complicado... —susurro mirando la puerta pensando en ese supuesto. Definitivamente no. Río un poco antes de sujetar el pescado con sus dientes y comenzar a digerir totalmente hambriento junto a la minina que había conocido esa noche. No era adepto a analizar sus emociones pero es que esto era mejor que solo dormir y recibir comida... Se sentía feliz, con una adrenalina que nada podría apagar y junto a esa extraño sensación que se sentía tan viva y llameante. Era él no alejarse de ella para nada, no lo quería ver de esa manera pero cada vez era más obvio, se había enamorado. Esa noche había sido bastante divertida, la había pasado tan bien y conoció a alguien que por primera hacía que su insignificante corazón latiese despavorido sin imaginar que todo ese ambiente tan cálido y acogedor se acabara de un momento a otro como lo pudo el ladrido de un perro. Fue inevitable, su cabeza giro atemorizada tan solo para ver cómo una bestia negra o eso al menos captaban sus ojos, se acercaba a ellos emanando nada más que rabia. Sus pelos se erizaron y pronto se puso en pie, se acercaba a ellos si, pero su hocico apuntaba a uno en especial... ¡Él! Pronto no tardó en dar unos pasos apunto de correr pero algo lo detuvo.

—¡Emily corre! —farfulló totalmente desesperado, encadenado con una preocupación que no solo trascendencia por su vida, sino por la de ella. Y quizá ello habría sido su perdición pues ese lapso fue suficiente para que el perro lograse llegar a tiempo, arremeter con sus colmillos el cuerpo del gato y como si de un trozo de carne crudo se tratase, clavarle los colmillos perforando su piel, moviendo su cabeza junto al cuerpo del gato tan solo para hacerle más daño cual orate rabioso antes de tirarlo con salvajismo dejando que cayera con un ruido seco impactando con el pavimento como si de una bola de basura se tratase. El perro solo exhalaba un aire frío totalmente encolerizado pero con una leve sonrisa que se le formaba en el hocico, bajando la cabeza finalmente hasta Emily... Todo había sucedido tan rápido, hablaban a gusto los dos, ella enamorándose de su elocuencia, ¿Cómo ese momento, ese que en verdad y por primera vez disfrutaba viajara por el caño yéndose a la mierda de esa manera? Lo había visto aproximarse e iba a huir con su nuevo compañero, ahí fue donde cayó en la cuenta de que... ¿Lo quería? Al verlo ahí tirado, y es que bien podría escurrirse, pero... Confusamente ese gato de moño rojo se había convertido en alguien difícil de dejar.

—¡Eres un puto salvaje, Cooper! —Exclamó Emily con un matiz tembloroso, y no por miedo al nominado perro, casi a punto de llorar prácticamente, enseguida corrió hacia el cuerpo decaído del gato.

—¿Pero qué mierda…? ¡No puede ser Emily! ¿¡Enserio te preocupas por ese bastardo!? ¡Por favor! Vine justamente por ti, maldita escoria ¡No me puedes hacer esto!... Sabes bien que podría matarte despedazándote y nadie se acordaría de tu asqueroso ser.

Pero las amenazas de Cooper no eran nada para Emily quien ya lo suficientemente cerca del gato, lo lamió con una cierta desesperación, no quería que se fuera...

—O-oye... Contéstame, estarás bien... —Susurró sin saber que hacer, acariciando su cuerpo con el suyo, haciendo caso omiso al perro que los veía como un demonio enfurecido. El gato del moño apenas y podía moverse, no articulaba palabra alguna.

—Vete al demonio con tus estúpidas amenazas, ¡Solo lárgate! Cooper por el contrario ladeó la cabeza riendo maliciosamente sintiendo la misma furia y bestialidad con la que había atacado a esos perros anteriormente. Acercándose lentamente, fue detenido por un salvaje gruñido de Emily. Él se detuvo, pero no se sintió amenazado por ella.

—Última oportunidad maldita puta... Ven conmigo y deja morir a ese idiota. ¡Solo míralo! Recapacita y verás con quien te merece mejor estar.

—dijo aparentando una falsa calma que era prácticamente contraria a lo que sentía. Su sangre hirviente y sus ojos inyectados en rabia miraban con asco la escena de frente, esperando que la gata viniese hacia él como estaba seguro que ocurriría. Ella no respondió a absolutamente nada de lo dicho por el canino, se quedó al lado del gato como si nadie más estuviera allí. El can no hizo más que reír hoscamente, burlándose de ese show tan patético sin dejar esa cólera que cada vez estaba a punto de derramarse demostrándolo en sus piernas que comenzaron a temblar palpitantes como ya no pudiendo contener la ira. La felina se lamentaba así misma... Sabía bien que su gato ideal no podía permanecer mucho tiempo al lado de ella... También traería problemas, como ese estúpido perro que no hacía más que perseguirla. No, no tendría la desdicha de perder a ese gato, en lo absoluto.

—¿Como te sientes...? Ah, debo sacarte de aquí. —Comento ella con delicadeza hacia el gato que tenía los ojos entrecerrados y la observó, definitivamente no lo había dejado ni lo haría, propio de su ser burlón esbozó una leve sonrisa a Emily.

—D-de la mierda, creo que me estoy desangrando y me partí los putos huesos... ¡Estoy de maravilla! —Musitó débilmente sin dejar la ironía que lo caracterizaba. Error… ¡Grave error! La furia contenida del perro simplemente estalló, enloquecido, viéndose como movía la cabeza cual lunático tratando de calmarse al menos un poco, pero era inútil. Rabia, celos, odio… Todo conjugado en un magma que no tardo en salir quien ahora ya no tenía de objetivo asesinar al gato... Si no de atacar a Emily y vengarse por haberlo abandonado antes. No dijo nada, estaba expectante, la saliva goteaba de su hocico con la mirada clavada en Emily con un profundo repudio, y asco. El perro preso de la rabia corrió dispuesto a acabar no con uno, sino con ambos. Emily por su parte, estaba dispuesta en llevárselo a un lugar en donde no pudieran hacerle daño... Pero no fue posible, puesto que no se había dado cuenta de que Cooper se acercaba nuevamente por detrás de ella. Estando a punto de clavar sus colmillos en el frágil cuerpo de la felina, algo lo detuvo… Algo que no creería que pudiera siquiera pararse. El gato del moño, que, aunque lastimado se había levantado, empujando a la gata justo antes de que Cooper saltará sobre ella, quizá para devorarla después. Inclinó su cabeza de una manera casi retorcida, su cuerpo efectivamente estaba jodidamente débil, no fue óbice para que esa sonrisa burlona, y extraña, se hiciera nuevamente presente en su céfalo gatuno, abalanzándose rápidamente sobre el perro como un pequeño demonio, que no podía quitarse de encima, aunque este gritara que se apartara. ¡Pero no! No había terminado. El perro completamente anonadado intento sacárselo de encima en un saco de pelos, muerto. Sus colmillos como navajas se insertaron nuevamente en la piel de su rival, provocando un fuerte aullido de este, teniéndolo presa de nuevo en su hocico, ya ni siquiera darle una oportunidad, sino de asesinarlo. Apretó aun con más dureza su hocico, ladeando con rapidez su cabeza con la sola intención de destrozarlo. El gato, aullaba del dolor desgarrador sintiéndose cada vez más débil. La sangre caía y las sensaciones no hacían más que recordarle que podría partirse en dos… Pero por fuerza de voluntad o quizá porque una locura también presente en su dañada cabeza, emergió insana, dándole fuerzas, energía, adrenalina. Su cuerpo se escurrió, clavando sus garras en su hocico y tirando con furia que, como resultado, un aullido de dolor e inclusive miedo se oyó saliendo de la boca sangrante de Cooper. El perro soltó al gato en un impulso desenfrenado. Aún más rabioso que nunca, miro con un odio demencial al gato que quizá fue el único que le hizo sentir ese dolor que solo a otros hacía sentir. Corrió gruñendo como una bestia sin razón, lanzándose hacia el felino sin imaginar que esa sería la última vez que vería con sus dos ojos, y para desgracia suya, una imagen bastante clara de su rival pues el gato sonriente, aplicando sus últimas fuerzas en ese único ataque, penetro sus garras ensangrentadas en un globo ocular del can antes de arrancar de un zarpazo con una fuerza descomunal producto de la locura y adrenalina que no paraba de hervir en su sangre antes de revolcarse, rodando, alejándose del hocico de Cooper. No pudo evitar soltar una leve risa al ver toda la sangre chorreando a borbotones, finalmente dio un último respiro, desplomándose en el suelo, si ya estaba débil, ese esfuerzo no hizo más que dejarlo sin fuerzas. Pero había sido acertado, Cooper se revolcaba en el suelo como un vil gusano sobre un charco de sangre, emitiendo alaridos que pronto comenzarían a llamar la atención, había logrado ponerse de pie y no hizo más que huir por la acera, chocando con algunos postes y ladrando, ya ni siquiera podía hablar... Que patético. El gato veía todo borroso, Emily al instante corrió hacia él, ¿Con lágrimas? Pero emocionada al ver que estaba más que bien con ese espectáculo dado.

—Oh mi querido... ¡Ah! ¿Como llamarte?... —Habló al instante, pero solo para... ¿Abrazarlo? Pues eso parecía ser, no importaba ya. El minino sin degradar su sonrisa, la veía desfallecido sintiéndose cada vez más débil, observándola embelesado… Enamorado, la única por la quien habría sacrificado tanto como su propio pellejo. Supo —aunque lo sintiera bastante cursi— que era la indicada. Pensó entonces antes de abrir su pequeño hocico.

—J.J, es así como puedes llamarme. Quizá no era lo que esperabas, pero es así como mi ser es nombrado mi linda Emily…

Respondió con su clásica voz burlona y vehemente que ahora no eran más que murmullos débiles. No tardó en dar una risa alzando su pequeña cabeza, pero ya no le quedaban fuerzas, ni siquiera para hablar. Al parecer habían reportado el escándalo, y no había más tiempo para charla. Emily rápidamente mordió su moño arrastrándolo, con algo de dificultad, pero lo hacía, con el único objetivo de llevárselo a un lugar, ¡Cualquiera! Pero seguro. Lo único que tenía en mente ahora estar con él, y cuidarlo a todo momento, había pasado ya por mucho... Convenciéndose por fin, que ni uno ni el otro, estaría más solo.

12 de Agosto de 2020 a las 18:00 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará… Nuevo capítulo Todos los jueves.

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Erzebet Bathory Erzebet Bathory
Para mí ha sido un buen capítulo, bastante interesante. Espero el otro con ansias.
August 13, 2020, 17:51
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