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alberto-suarez-villamizar3721 Alberto Suarez Villamizar

TODO PUEDE CAMBIAR EN UN INSTANTE....CUANDO MENOS LO ESPERAMOS


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UN PASO EN FALSO....



AUTOR: Alberto Suárez Villamizar




Al regreso luego de terminar la jornada de trabajo me dirigí a tomar el descanso al campamento asignado por la empresa que se encuentra a unos treinta minutos de camino haciendo la marcha a pie. Llevaba a mis espaldas la mochila con los elementos utilizados en las labores adelantamos en el proyecto. La jornada de hoy había resultado difícil, las tareas se complicaron de una forma inesperada ocasionando un esfuerzo mayor a todo el grupo, por tal razón decidí caminar en mi retorno, buscando relajarme un poco, y analizar los inconvenientes que se presentaron y hacer las correcciones necesarias para conseguir un mejor rendimiento en algo tan rutinario, pero que hoy se nos salió de las manos. Repasaba los errores cometidos para no repetirlos nuevamente. Me marché solo rehusando transportarme en los vehículos que disponíamos para tal fin.


Debía caminar cerca de un kilómetro hasta llegar a la bifurcación que conducía a una población cercana al proyecto, donde luego de cruzar la vía encontraría un bosque por el cual mediante un atajo lograba acortar el camino al campamento. A esa hora 5:30 p.m., las vías presentaban un alto flujo de vehículos transitando en ambas direcciones, bien sea entrando o saliendo del proyecto, pues se efectuaban los cambios de turno. Durante el trayecto recibí la invitación de algunos compañeros a abordar sus autos para hacer más rápido mi recorrido, las cuales no acepte, ciertamente me encontraba bastante preocupado con los errores cometidos en el trabajo de los cuales me sentí responsable.


Marchaba absorto en mis cavilaciones, y me hacía planes sobre la manera de hallar las soluciones. Así me fui acercando al sitio de cruce de vías, donde mediante un semáforo se controlaba el tráfico procedente de la población; el cual debía atravesar para entrar en el bosque y tomar el atajo que me llevaría a mi destino. Con el rabillo del ojo alcance a divisar un destello fugaz muy cerca de mi…


…….. Me adentré en el bosque tomando el sendero recorrido en otras ocasiones. Me dirigí hacia un frondoso roble plantado a orilla del camino; y fue entonces cuando sentí la tierra abrirse a mis pies formándose un profundo y oscuro abismo que giraba como un remolino y me devoraba arrastrándome a la profundidad de sus entrañas, envuelto en una gran nube de polvo que impedían la visibilidad en medio de unos fuertes ruidos. Sujeté con fuerza mi mochila buscando proteger mi cabeza ante la posibilidad de golpearme con alguna roca durante la caída. A pesar de la altura no sufrí ninguna lesión, lentamente me levanté revisando mis brazos y piernas con el temor de presentar alguna fractura, pero no fue así. Estaba sano y salvo en medio de esa oscuridad propia de tal profundidad.


Repuesto del susto, con la tranquilidad de no tener ninguna herida en mi cuerpo pensé en lo que había ocurrido.


Quise mantener la calma y no dejarme llevar por el pánico. Saqué de la mochila la linterna, revisé su estado y la encendí para poderme orientar. Mientras mis ojos se adaptaban a la penumbra, caminé despacio mirando muy bien antes de dar un paso en falso. Me hallaba ante un laberinto sin salida.


Busqué la brújula que siempre utilizaba en el trabajo, pero - ¡oh qué horror! -, no funcionó. No creo que se haya golpeado, pues se encontraba bien guardada en el fondo de la mochila. Un fuerte escalofrío recorrió todo mi cuerpo y por un instante me horroricé al sentirme totalmente perdido. - ¿Ahora qué voy a hacer?, ¿cómo voy a salir? - me inquieté pensando.


Caminé unos pasos, me senté en una roca y reconstruí lo sucedido:


……. al entrar al bosque cerca del viejo roble se abrió la tierra y literalmente me había “tragado”. En el campamento al notar mi ausencia y seguramente iniciarían una búsqueda, me animaba al pensar que esto ocurriría; pero ¿si no me encuentran? Era difícil dar con mi paradero, se hacía necesario que quienes me buscaran también se los “comiera” la tierra para dar con mi paradero. Entonces ¿qué hacer?


Ordené mis ideas: no podía quedarme allí esperando una ayuda que difícilmente llegaría. Debía intentar salir de ese lugar cuanto antes. Saqué mi cuaderno de apuntes y fui dibujando en él los senderos que se abrían a mi vista; uno a uno los fui numerando de acuerdo al sentido en que se presentaban de acuerdo al movimiento de las manecillas del reloj, y los fue marcando con el spray reflectivo que cargaba en la mochila. A propósito, ¿qué hora es? Consulté mi viejo reloj digital, pero, ¡vaya que mala suerte, tampoco funcionó!


A medida que caminaba por los senderos trazaba un esquema en el cuaderno para no perderme. No sé cuánto tiempo caminé hasta sentirme muy cansado y me recosté a descansar un poco, cayendo en un profundo sueño….


- ¿Cómo está señor? - me saludó un ser extraño.

- Bien señor, pero dígame ¿Ud. quién es? – contesté atemorizado ante la inesperada aparición.


Lucía una larga cabellera y espesa barba blanca, vestía una túnica, y cubriendo la cabeza con un sombrero de copa alta y apoyaba su cuerpo en un bastón. El tono de su voz no fue cordial, así que volví a preguntar:


- Disculpe señor, ¿Quién es usted y qué hace aquí?

- Aquí soy yo quien hace las preguntas – respondió con un acento bastante fuerte - ¿Qué hace en este lugar?


Sentí miedo ante la agresiva respuesta de aquel personaje y pensé que debía hacer para apaciguar su ánimo. Ahora no solo estaba extraviado en este lugar, sino que además estaba la presencia poca amistosa de ese personaje.


- Perdón señor no quise molestarlo – dije con la mejor expresión de humildad que pude mostrar en ese momento.

- Eso debió pensar desde un principio –respondió en tono severo-

- Pero ¿qué hice para que esté molesto señor? – volví a interrogar al extraño.

- Usted no debió interrumpir la tranquilidad del bosque atravesando en las horas en que estamos descansando.

- ¿No entiendo señor, esta no es la primera vez que camino por este lugar? – pregunté confundido.

- Anteriormente no había tenido la oportunidad de hablarle, pero usted continuó molestando entonces debo actuar de esta manera, soy quien debe velar por la tranquilidad del bosque, y ha hecho que mis superiores me llamen la atención.

- Aún sigo sin entender – me atreví a decir – pero dígame ¿usted quién es señor? - insistí nuevamente.


Aunque no entendía lo que estaba pasando, creí razonable el argumento del guardián, pues si tenía unos jefes que le encargaban esa labor, él debía cumplirla; así que mi situación era complicada. Debía disculparme de la mejor manera posible.


- Señor, ayúdeme a salir de acá y prometo que no volveré a causarle problemas, prometo no volverlo a hacer, no transitaré más por este bosque – dije en tono suplicante.

- Lo pensaré…seguro que lo pensaré -fue su lacónica respuesta.


Dicho lo anterior, su imagen se desvaneció a pocos pasos de distancia, seguido de un fuerte resplandor que por un instante iluminó todo alrededor y luego nuevamente todo fue oscuridad. Esperé unos instantes mientras mis ojos se habituaban al nuevo ambiente. Encendí la linterna y busqué al extraño por todos lados, pero fue inútil. No había rastro del desconocido.


- ¡Señor guardia!, ¡señor guardia! – grité con todas mis fuerzas, esperando obtener alguna respuesta

- ¡ardia!.... ¡ardia!... – tan sólo respondió el eco.


Era un hecho me encontraba solo en este misterioso laberinto. Pero de alguna forma debo salir de aquí – me dije, tratando de darme ánimos-, mientras seguía buscando una salida con ayuda de los trazos hechos en el cuaderno. De pronto, descubrí en las rocas que servían de techo a la cueva unos dibujos de dragones y demonios de colores enfrentándose entre sí. Es curioso –pensé para mí, una vez me repuse de la sorpresa- ¿Quién los habrá hecho? ¿Qué significarían esos dibujos?


Continué mirando esos misteriosos gravados, y de pronto ..¡zas!..¡zas!...- caí hasta el fondo de un profundo pozo lleno de agua, de donde rápidamente logré salir luego de lanzar mil maldiciones tras ese inoportuno traspiés, jurando no volverme a distraer de esa forma. Ahora tenía mis ropas totalmente mojadas, pero a pesar de ello sentía un fuerte calor… …


- Tiene 39.5° de temperatura, debemos suministrar algún medicamento para la fiebre- dijo la asistente-.

- ¿Cómo se encuentra su pulso? - peguntó el médico-

- Doctor su pulso es normal. Ha pasado bien la noche y aún no ha despertado -respondió la auxiliar, mientras anotaba el registro.

- Señorita, revise las suturas y ordene una limpieza, si presenta algún cambio por favor haga las anotaciones en la bitácora -ordenó el médico al momento de despedirse.


- Así se hará doctor.


Lentamente abrí mis ojos y observo las paredes blancas a mi alrededor, mientras a mis oídos llegada un constante ¡tac! ¡tac! … ¡tac! ¡tac! de un monitor instalado a pocos metros de la cabecera de la cama donde me encontraba. Al notar mis movimientos se acercó una mujer vestida con un impecable uniforme blanco.


- ¿Dónde estoy?,- me atreví a preguntar con una voz poco audible -¿y qué hago aquí?, ¿dónde está el vigilante del bosque? – me dirigí a la mujer que vestía de blanco, y que prontamente se acercó hasta donde me encontraba.


- Señor esta es una sala de cuidados intensivos, y usted se encuentra aquí después de sufrir ese terrible accidente el día de ayer cuando lo atropelló ese vehículo. Debe tener más cuidado al cruzar una vía. Esta vez contó con suerte, ¡sí con mucha suerte!



FIN

12 de Agosto de 2020 a las 15:13 0 Reporte Insertar Seguir historia
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