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ifrancis Isaac Francis

Una puerta nos abre nuevos caminos, pero también deja abierto un camino para el resto. Aquello que ronda en la oscuridad de la otra habitación y aquel que ruega para que no entre, ambos son protagonistas de este cuento. Se aceptan críticas, estamos para crecer.


Horror Literatura de monstruos Todo público.

#puerta #monstruo #295
Cuento corto
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La tía sisi

Que irónico que una puerta cerrada sea lo que me metió en esta horrible situación y ahora es lo que me mantiene a salvo, rogando para que aquello que yace en la oscuridad del otro lado de esta puerta, en la otra habitación no entre a la mía. Todo empezó hace poco más de un mes, regresando a mi hogar de la guerra tuve una pequeña crisis nerviosa que me indispuso por poco tiempo, el doctor recomendó descanso. Mi madre preocupada por mí y por su hermana Sisi quien vivía alejada en el campo, la cual no había escrito desde la desaparición de su esposo durante uno de sus viajes de caza, decidió que era una buena idea que la vaya a visitar y me asegure de que se encontrara bien, aprovechando el aire fresco del campo para apaciguar esta enfermedad nerviosa que en ese momento me golpeaba.


Mientras viajaba pude rememorar ciertos momentos de mi infancia en aquella casa y una vez más me atacaron los mismos sentimientos de en aquel entonces, cuando recibí por primera vez la noticia, volví a sentirme desconcertado por la desaparición de mi tío. Aquel hombre que había cazado tantas veces por el mismo bosque de pronto desapareciera sin dejar rastro, era algo que levantó muchas preguntas, algunos decían que había abandonado a mi tía, pero yo sabía que era imposible, pues él la amaba con todas sus fuerzas, siempre mencionaba como ella fue la razón para volver a casa cuando acabó la guerra.


La tía Sisi, como le decíamos todos, era una mujer muy cariñosa y muy estricta con la limpieza. Tenía un gran amor por los gatos, tal era el amor por estos felinos que no importaba en qué habitación fueras, ellos siempre estarían allí. Era una persona extremadamente dulce y dedicada al otro, siempre dispuesta ayudar, ella se casó muy joven con mi tío, un ex militar muy estricto, áspero, siempre serio y con un rostro inmutable pero que destacaba una gran aura de honor y seriedad, aunque esto no era siempre así, pues se podía ver como se suavizaba en cuanto veía a los ojos a su esposa, era todo un espectáculo ver esta gran bestia siendo domada por una simple mirada llena de amor.


Siempre tuve un gran respeto por mi tío, al punto que seguí sus pasos y me uní al ejército, recuerdo de joven haberme adentrado varias veces en el bosque con el, era un gran cazador con una puntería impecable, afinada debido a los años de práctica en el ejército.


En la casa de la tía Sisi se podía correr y aventurarse tanto como uno quisiera en cualquiera de los cuartos, menos en uno, que estaba prohibido por mi tío. la única persona además de la tía Sisi, que entraba a ese cuarto era yo, ni siquiera los gatos que habitaban toda la casa entraban a este cuarto. En este cuarto era donde practicaba su segunda afición más grande, después de la cacería, la taxidermia. El día que entré en este cuarto por primera vez fue cuando me quería mostrar una de nuestras últimas presas después de que él había terminado de trabajar en ella, cuando la vi me quedé asombrado ante el trabajo casi perfecto realizado por mi tío, pero hubo algo que no pudo capturar en esta obra suya, la mirada del ciervo antes de morir. Este siervo sin vida tenía los ojos abiertos y negros, parecía estar alerta y atento cualquier sonido, preparado para correr, pero yo lo recordaba diferente.


Lo recuerdo pasivo y somnoliento, pero también recuerdo el sonido del disparo, el cuerpo del ciervo cayendo al suelo, el momento en que nos acercamos y logre verlo de cerca, fue allí cuando su mirada me absorbió. Me sentía triste, mas no culpable, pues no lo matábamos por malicia, sino más bien por supervivencia, pero lograba ver el sufrimiento en aquellos ojos negros y profundos, sin ninguna lágrima, pero llenos de dolor, vacíos de conciencia humana, pero conscientes de la muerte. Aquí fue cuando mi tío intervino sacando un cuchillo y clavándolo hacia abajo, justo en el inicio del cuello del ciervo apuñalándolo justo en el corazón, como me había enseñado tantas veces, fue en ese momento en su último parpadeo, seguido de su último suspiro que logré ver paz en el ciervo y una mirada de agradecimiento. Cuando lo hable con mi tío me supo decir que era normal, pues el siervo, como cualquier ser vivo, prefiere morir rápido a vivir sufriendo o encarcelado.


Al llegar a la casa de la tía Sisi me di cuenta de la diferencia que había con la casa de hace algunos años, había un aura de desolación que envolvía todo a su alrededor, de inmediato logré darme cuenta de las consecuencias de la muerte de mi tío, también note algo bastante extraño, los gatos que siempre habían habitado el interior del casa cual adorno, ahora se encontraban afuera rondándola con cierta mirada lasciva, me convencí en aquel momento que mi percepción de sus miradas era debido a mis nervios ya alterados y al recuerdo de la extraña desaparición de mi tío. Al tocar la puerta mi tía me abrió, se la veía desgastada, parecía que en los últimos 2 años que no la había visto había envejecido 10, a parte su cara se encontraba totalmente estoica y su mirada perdida.


Cuando me vio no mostró ninguna sorpresa o sentimiento, de inmediato me invitó a pasar a la casa, al entrar noté un extraño olor que había sustituido el olor de los gatos y no lograba identificar, este olor parecía provenir del segundo piso de la casa, al preguntarle por qué los gatos se encontraban afuera, me contestó de la manera más huraña que puede llegar a escuchar a mi tía hablar en toda mi vida, me dijo que eran animales sucios y horrendos, y que si lograba poner sus manos sobre ellos los cocinaría vivos. Esta respuesta me tomó por sorpresa debido al cariño que les solía tener, decidí permanecer en silencio mientras subía las escaleras analizando lo descuidada que se encontraba la casa y como la decadencia de la misma se reflejaba en la dueña o quizás era al revés, este lugar que solía representar alegría, ahora representaba tristeza y melancolía.


Al llegar al segundo piso aquel olor rancio que no lograba identificar se hizo más fuerte y antes de poder mencionarlo mi mente captó un cambio violento en el interior de la casa, aquel cuarto prohibido que antes tenía tres entradas había desaparecido, en ese instante llegué a alterarme, sentí como una vez más mi enfermedad me atacaba, todo debido a que mi tía había sellado el cuarto favorito de su esposo ¿Que esperaba logrará con esto? ¿Olvidarse del hombre que la amó toda su vida? en ese mismo momento voltee a verla y su cara sin expresiones junto a su mirada vacía me hizo dar cuenta del dolor que tuvo que estar pasando a solas en esta casa, viendo aquella puerta en la cual al otro lado siempre podía encontrar a su esposo y que ahora se encontraba vacía, vacía de vida, vacía de sentimientos, vacía de él. Decidí callar mis comentarios y seguir a mi tía hasta mi cuarto, ese cuarto siempre estuvo reservado para mi, pues así mi tío me podía meterme al cuarto de taxidermia sin que mis primos se dieran cuenta, al llegar note que en el cuarto también había sido sellada la puerta y ahora, al igual que en el pasillo, solo había una pared blanca que me recordaba la ausencia de aquel hombre que figuró tanto en mi vida.


Al entrar a mi cuarto mi tía simplemente se marchó sin decir nada, tomé esto como otro síntoma de la depresión que precedió la muerte de mi tío, decidí desempacar mientras veía por la ventana a los gatos rondar la casa preguntándome el porque no entraban, que había logrado espantarlos de tal manera. Los días pasaron y la expresión de mi tía fue cambiando con las semanas, en un principio su silencio era hartante, había logrado inquietarme con sus respuestas llenas de monosílabos y su poco interés en mi madre, su hermana.

Su rostro sin expresiones duró varios días, eventualmente parecía disgustar le mi presencia, llegue a pensar que era debido a que le recordaba tiempos mejores, cuando mi tío aún vivía. Logre notar cierta preocupación en su cara ante mis respuestas con respecto a mi estadía, parece ser que no le gustaba la idea de que se alargará más de lo necesario, pero yo estúpidamente creí que mi presencia podría ayudarle y que si me quedaba el tiempo suficiente lograría que mi tía recobrara parte de esa dulzura que murió con su esposo. Eventualmente noté que era imposible ayudarle, pues su melancolía la había consumido y ahora solo se encontraba un cascarón vacío de lo que en algún momento fue mi querida tía. Cuando le di mi noticia de que pretendía irme dentro de dos días, logré ver cierta sonrisa inquietante en su rostro, tome esto como una muestra de que su estilo de vida tan solitario era justo lo que necesitaba para recobrarse.


Una noche antes de mi partida hubo una terrible tormenta que abrió las puertas principales de la casa de par en par, entonces al abrir brevemente la puerta de mi habitación noté a mi tía parada enfrente de las escaleras, viendo directamente a las puertas y gritar de una manera horrorosa que sólo se podría comparar a la peor de las bestias míticas provenientes de culturas ya muertas. Noté que gritaba porque habían gatos dentro de la casa, de inmediato corrió tras ellos, quise seguirla, pero tanto el grito junto con la tormenta me hicieron quedarme perplejo e impotente ante tal escena, decidí omitir mi participación y ser un simple espectador de como mi tía corría en cuatro patas cual bestia directamente a la tormenta en busca de aquellos gatos a los cuales había cogido tanto odio y que en algún momento fueron sus grandes amigos.


Pasaron varios minutos sin que mi tía regresara, había planeado confrontarla y pedir una explicación por aquel comportamiento tan decadente que había tomado por unos simples gatos, mientras pensaba de qué manera confrontarla sin provocar que se sintiera aludida por el único sobrino que aun la visitaba, aquel extraño olor que provenía del segundo piso y al cual ya me había acostumbrado comenzó a hacerse más notable al darme cuenta de un pequeño golpeteo que parecía provenir en la misma dirección que el olor. Después de prestar más atención a aquel sonido y al olor, logré darme cuenta de su origen, de inmediato me dirigí al cuarto de mi tía, donde quedaba la única posible entrada al cuarto de taxidermia.

Al entrar, noté que efectivamente el olor era más fuerte en el cuarto de mi tía, y que de aquel lado aún existía una puerta a aquel lugar. Al abrirla me encontré con la imagen mas horrible que pudo llegar a ver mis ojos en mi vida, como militar vi varias escenas de muertes horribles, incluso llegué a ver y participar en torturas en contra del enemigo, con la pura intención de conseguir información, pero jamás en mi vida había visto algo tan horrible, ni espantoso. Esta imagen se quedó plasmada en mi cabeza de tal manera que no había lugar para pensar en nada más que no sea en la procedencia de aquel horror enfrente mio.


Un hombre, un ser vivo, se encontraba postrado; no, !Cocido¡ a una cama ¿Como era posible que alguien cometiera tal horror, su cuerpo desnudo, magullado y lleno de úlceras repletas de pus que reventando por sí solas desplegando aquel horrible olor, jamás ninguna escena en mi vida había logrado hacerme sentir capaz de perder la consciencia, hasta a aquel horrible momento. Me acerque mas con la vela en la mano para poder dar cuenta de quién era aquel hombre y ¿como había terminado allí? al acercarme noté que todo el borde de su cuerpo había sido cocido a la cama, de tal manera que tanto la agonía y la impotencia eran perpetuas, este hombre no solo era preso en este cuarto, sino también en su propio cuerpo. Sus piernas habían sido cortadas y su boca cosida, una de sus manos se encontraba descosida de la cama, probablemente lo había logrado tras varios días de intentarlo, con intención de llamar la atención del invitado que había escuchado rondar la casa estos últimos días. Cuando acerque la luz a su cara pude ver en sus ojos cierta esperanza, pero ¿qué podía hacer yo por aquel hombre? yo había sido entrenado para tomar vidas, no para salvarlas.


Entonces, entre las llagas de aquel fatídico cuerpo desmembrado, logré ver aquel tatuaje, aquel tatuaje que servía para identificar los cuerpos de aquellos que habían ido a la guerra, aquel hombre desmembrado y que posiblemente había vivido en sufrimiento estos dos últimos años era mi tío, cae en mis rodillas y solté mi llanto ante aquel horrible acto cometido al hombre más honorable que había conocido en mi vida, fue en ese momento que vi de nuevo aquella mirada, que resonaba en mis memorias, aquellos ojos llenos de sufrimiento no buscaban llegar a ver un nuevo día lleno de paz, sino más bien dejar de vivir en sufrimiento, agarre un cuchillo que se encontraba cerca y junte todas las fuerzas que tenía para clavarlo en el pecho de mi tío y liberarlo de aquella prisión de carne que aquel monstruo lo había encerrado.


Entonces escuche la puerta de la casa abrirse una vez más, salí corriendo con el cuchillo en la mano lleno de ira pensando en lo que le haría a aquella mujer enferma que había torturado de tal manera mi tío. En el momento que posé mi mirada sobre ella me di cuenta que no esa no era mi tía, su mirada no era humana, sino más bien animal, su cuerpo se había deformado, sus brazos eran el doble de largos, sus manos eran solo tres dedos largos que terminaban en lo que parecían ser garras y su boca se abría de manera horrorosa liberando una baba cuyo olor se asemeja al que salía de las llagas de mi tío. Comencé a correr por mi vida, entre rápidamente al cuarto y la trabe con todo lo que encontré rogando para que no entrara.


Ahora sentado en la oscuridad de mi cuarto rogando para que se vaya, entonces los golpes de la puerta se detiene, entonces la luz de luna que ilumina insinuosamente mi habitación desaparece y siento una pequeña brisa rozando mi nuca, escucho garras contra el cristal de la ventana abriéndolas y recuerdo no haber cerrado la ventana, no quiero ver atrás mío porque ya sé que hay detrás, aprieto con fuerza el cuchillo preparándome, no para atacar, pues se que no puedo ganarle a esta cosa antropomorfa que ha tomado la forma de mi tía, sino más bien para asegurar de no terminar encerrado en aquel cuarto, para no compartir el mismo destino que mi tío, entonces recuerdo sus palabras “el siervo, como cualquier ser vivo, prefiere morir rápido a vivir sufriendo o encarcelado”.

11 de Agosto de 2020 a las 18:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Isaac Francis Espero que cada palabra que escriba, tenga tinta suficiente para dejar una marca en mis lectores. Acepto las críticas, de hecho las agradezco. Me puedes encontrar en instagram como @emptylogos.

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