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tadeoibarra Tadeo Ibarra

«Dos cuerpos desnudos sobre la cama», es el mensaje que el detective Alberto recibe de su compañero. Lo que le recordó a uno de los casos más absurdos de su carrera, pronto se convertirá en algo que no lo dejará dormir.


Horror Sólo para mayores de 21 (adultos). © TADEO IBARRA 2020

#embajadorinkspirado #cabinacreativa #detectives #thriller #suspenso #horror #cuento-corto #336
Cuento corto
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Como una vela.


«Dos cuerpos desnudos sobre la cama», había leído yo más temprano aquella noche en la pantalla de mi teléfono móvil. El mensaje provenía de uno de mis compañeros de oficio; y segundos después recibí otro mensaje pidiéndome —no, más bien exigiéndome— que fuera rápido a la comisaría porque tenía que mostrarme las imágenes de un caso. Llevaba apenas un par de horas en casa y ya hasta me había puesto mi ropa para dormir, que básicamente eran unos calzoncillos y mis calcetines; por si me daba frío en los pies. Eran raras las ocasiones en las que Juan me pedía que fuera a la comisaría de forma tan abrupta; debía ser un caso difícil, o al menos muy interesante. La última vez que había hecho aquello, era cuando un hombre de mediana edad había ido a la estación de policía a realizar una confesión. El hombre vestía un suéter color cerúleo encima de una camisa de vestir y tenía su cabello pulcramente peinado hacia un lado; la situación parecía una parodia.

—Maté a un chico —había dicho con voz arrepentida y cómicamente temblorosa.

Lo que el sujeto terminó confesando, fue que contrató los servicios de un joven en medio de la noche —a escondidas de su esposa, por supuesto— y que la cosa se había puesto tan ruda que el muchacho había quedado inmóvil e inconsciente sobre la cama. Cuando fuimos a investigar a la habitación del motel que nos indicó, nos encontramos al muchacho fumando cigarrillos con varios de sus amigos, riéndose y evidentemente burlándose de la situación. Naturalmente, desestimamos el caso.

En esta ocasión, quizá era un caso parecido. Sin embargo, la descripción que mi amigo y compañero proporcionaba en su mensaje de texto me llenaba de intriga: ¿qué había pasado?

Cuando llegué a la comisaría, me dirigí a su escritorio. Al parecer no se había movido de ahí en todo el día y en cuanto me vio se puso de pie, tomó sus cosas y avanzó hacia mí con prisa.

—Estaba a punto de irme sin ti —me dijo—. Tenemos que llegar al condominio lo más rápido posible. Me tomé un poco de tiempo en lo que los demás colegas tomaban sus fotografías.

Me dio unas palmadas indoloras pero firmes en mi hombro derecho y avanzó; yo lo seguí.

—Dime qué pasó —insistí una vez que subimos a su auto.

Mientras arrancaba, él metió la mano a uno de sus bolsillos y sacó su teléfono móvil; deslizó el dedo por la pantalla y luego me lo pasó. En la imagen se podía ver una cama de tamaño probablemente matrimonial, con un edredón floreado y de colores pasteles tirado en el suelo a un costado. Encima de la cama, la sábana estaba quemada en el centro y con residuos de cenizas; y al pie del colchón y horrorosamente nítidos, uno podía distinguir dos pares de piernas, a primera vista mutilados, pero fijándose bien, se podía notar que justo por encima de la rodilla; el músculo, el hueso y la piel estaban quemados. Solo estaban las piernas, no había rastro visible, o que yo pudiera distinguir en la imagen del móvil, del resto de los cuerpos.

—Parece un crimen pasional —sugerí.

—Hice el mismo comentario, pero los forenses insisten en que vayamos a evaluar la escena. Al parecer es algo que ellos jamás habían visto.

—¿Y por qué me escribiste: «Dos cuerpos desnudos sobre la cama»? —me aventuré a preguntar.

—Porque lo más obvio es que haya sido un crimen pasional, y al ver los restos, uno puede deducir que cuando estaban completos, se encontraban desnudos.

Nos reímos a pesar de lo inapropiado que parecía hacerlo en una situación así, y me mantuve absorto en mis pensamientos el resto del camino. Me parecía ya haber visto una imagen así previamente, quizá en la universidad, pero no estaba del todo seguro. La fotografía, por más macabra y horrenda que fuera, me parecía familiar.

El condominio era de tres pisos y estaba en una zona de clase media. La fachada estaba bien cuidada y los vecinos se encontraban todos fuera del edificio. Nos observaron mientras bajábamos del coche pero no nos dirigieron la palabra. Subimos las escaleras lo más de prisa que pudimos, con Juan por delante.

—Es el departamento cuatrocientos doce —dijo mientras miraba la pantalla de su celular—. Sí, aquí es.

La puerta ya estaba abierta, así que nos adentramos al lugar y saludamos con un gesto de la mano al resto del equipo. Noté que el piso, y los muebles estaban mojados. Se disparó la alarma de incendio, pensé.

Avanzamos despacio hacia la recámara y la escena era aún más terrorífica en persona. No me había equivocado; definitivamente había sido un incendio y uno muy raro. Solamente estaba quemada la sábana y una parte del colchón, la mayor parte de las piernas estaban intactas al igual que los muebles. Yo había leído algo al respecto, quizá un caso muy parecido, pero todavía no recordaba donde.

Una de las forenses se acercó a nosotros con una pequeña bolsa de plástico, en cuyo interior pude distinguir un pedazo de tela color rosa pastel con uno de sus bordes quemados.

—Un incendio —me adelanté a decir.

—Así es y no cualquier tipo de incendio, como ve la casa está intacta. Un incendio suele consumir todo lo que encuentra a su paso. —La chica forense se percató de que me quedé mirando al trozo de tela que cargaba dentro de la bolsa de plástico y luego añadió—: Analizaremos este trozo de tela, que seguramente pertenecía a una de las personas ya occisas, ya que una teoría es el efecto mecha…

—¡COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA! —exclamé y el forense dio un pequeño paso hacia atrás. —¡Lo tenía en la punta de la lengua! Hace algunos años había leído casos semejantes.

—No creemos que esa haya sido la causa. Encontramos un paquete de cigarrillos…

No la dejé terminar. Me puse unos guantes de látex y comencé a explorar la escena mientras Juan seguía cuestionando al forense. Definitivamente había sido combustión espontánea. Ahora recordaba la clase que había tomado donde el profesor nos había hablado de los casos: personas que eran encontradas totalmente calcinadas a excepción de algunas partes de su cuerpo; los muebles y sus alrededores intactos. Había diferentes teorías acerca de las causas, desde lo más obvio como un cigarrillo que no se apagó bien hasta explicaciones paranormales y sobrenaturales. La verdad es que nadie había sido testigo de un fenómeno de tal naturaleza y a pesar de que se habían llevado numerosos experimentos para encontrar la causa verdadera de esos extraños acontecimientos —como los de J.D. de Haan— nadie llegaba a un acuerdo.

Seguí buscando por toda la habitación, sin saber exactamente qué, me topé con un envoltorio de un condón e incluso juguetes para adultos hasta que vi una pequeña lucecita roja que parpadeaba detrás de las rejillas de ventilación. Me puse de puntillas e intenté abrir la rejilla. Afortunadamente estaba desatornillada. Hurgué en el interior y extraje una pequeña cámara digital, no muy moderna, habían sido reemplazadas con la llegada de los celulares inteligentes, pero para los fines del propietario probablemente era muy útil.

—¡EUREKA!

Todos voltearon a verme mientras yo intentaba reproducir el último video grabado en la memoria.

La grabación la miramos primero Juan y yo para poder hacer nuestras conjeturas. Se podía ver primero a un hombre de unos treinta y cinco años acomodando la cámara en su lugar y comenzando a grabar; cuando se alejó de la cámara pudimos ver a su acompañante —una despampanante mujer que probablemente era un par de años más joven— ya se encontraba semidesnuda esperándolo encima de la cama. Habían comenzado con lo suyo, se habían despojado de las ropas y descubrí de donde provenía el trozo de tela rosa pastel que unos instantes antes me había mostrado el forense. Comenzaban a moverse cada vez más rápido, cuando noté una mancha roja que crecía cada vez más en la espalda del hombre. Parecía una quemadura de sol que se agrandaba al avanzar el video. De pronto cuando la mujer se arqueaba espasmódicamente debajo de él, la espalda del hombre estalló en llamas.

Al día siguiente, le comentamos a la capitana sobre nuestros hallazgos.

—La causa de la muerte es obvia y no se discute —le comentamos a la capitana—. Lo único que me intriga es por qué una vez que las regaderas comenzaron a funcionar el fuego no se apagó y consumió también a la chica.

—Eres muy inquisitivo, Alberto. Pero ya déjalo pasar, los familiares están informados y los que analizaron el video lo han calificado como un accidente, no hay culpables —me dijo la capitana. —Por favor no le des más vueltas al asunto.

Esa noche decidí investigar sobre todos los casos de combustión espontánea que había registrados; todos tenían muchas similitudes. Al mismo tiempo que me fumaba un cigarrillo, comencé a buscar las posibles explicaciones científicas, pero ninguna me convencía. Era que había visto el video: los había consumido muy rápido.

De pronto me encontré a mí mismo buscando explicaciones paranormales. Quizá era un castigo, pensé. Pero de pronto deseché la idea, no quería sugestionarme. Recordé de pronto el efecto mecha y su relación con los cigarrillos. Apagué el que traía en mis manos y lo deposité en el bote de basura que tenía en el jardín. No vaya a ser, pensé, que el día de mañana encuentren solo mi cráneo intacto encima de mi escritorio.

9 de Agosto de 2020 a las 03:21 6 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra es originario de Monterrey, Nuevo León al norte de México. Amante de los gatos, la música clásica e ingeniero químico de título encontró su vocación en la escritura de relatos cortos de misterio y suspenso.

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Andrés Díaz Andrés Díaz
Me gustó mucho la historia. Tu forma de narrar es ligera y te mantiene atento a la pantalla en todo momento. Siento que la historia podría dar para otro capítulo o una continuación. Si escribieras más casos de este detective/oficial, sería maravilloso. Te dejo un par de observaciones: La escritura es correcta casi en su totalidad. Tan solo hay un par de "dónde" a los que les faltó la tilde. Como tip para evitar eso, velo de esta manera: "nunca se supo dónde quedaron los cuerpos" (indica una pregunta pese a la falta de signos), VS "ahí fue donde la vi por última vez" (indica solamente un lugar, no una pregunta). Otro detalle es en el último guión de diálogo, el de la capitana, está mal ubicado. En fin, son detalles muy pequeños pero ojalá te sirvan. Tu redacción es excelente y tu historia, atrapante. ¡Te mando un enorme saludo!

  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    Gracias Andrés por haber pasado a leer la historia y por tus comentarios, que como siempre son muy constructivos. Pues ya veremos si al detective le surge otro caso sobre el cual escribir un relato. Te mando un saludo también. 5 days ago
Jancev Jancev
¡Genial, Tadeo! El tema de la combustión espontánea es algo qje siempre me ha gustado por todo el desafío que hay en probar su eficacia o no en el olano real, dejando eso de lado la historia se desenvilvió increíble y tienes muy buena ortografía. ¡Felicidades!

  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    Gracias por tus comentarios. A mi también me parece un tema muy interesante y qué bueno que te gustó. ¡Saludos! 3 weeks ago
N.V. Scuderi N.V. Scuderi
¡Qué cuento tan genial! La narración excelente y con un buen ritmo que atrapa y que te deja pensando al final cómo ocurrió realmente el incidente. Ojalá este oficial siga teniendo más historias. ¡Saludos! 👏🏻👏🏻
August 16, 2020, 00:53

  • Tadeo Ibarra Tadeo Ibarra
    De hecho tengo algunas ideas sobre este detective, pronto se verán plasmadas aquí. Me alegra que te haya gustado. 3 weeks ago
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