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risengirl Risen Girl

Beatrice no volvió a ser la misma desde que descubrió el asesinato de sus padres. Tras unos años de descanso, creyó que podría volver a ser ella misma, pero el miedo regresa para quedarse cuando un nuevo asesinato vuelve a ocurrir en su círculo más cercano.


Horror Sólo para mayores de 21 (adultos).

#miedo #asesinatos #Beatrice
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Capítulo 1

Correr no era algo que se debiese hacer. Correr estaba mal visto. Correr era tan solo para señoritas que no sabían comportarse, sin embargo, correr era lo único que podía hacer, tan solo eso podía evitar lo inevitable si me lo permitía la vida.

Había agarrado mis faldas varias manzanas atrás. En mi mano derecha tenía aún la carta medio arrugada que había llegado a mi casa completamente manchada de algo que no quise imaginar qué era. Fuera lo que fuese tenía que llegar, tenía que evitarlo, debía impedir que el contenido de esa condenada carta se hiciese realidad.

El papel hacía un ruido demasiado intenso contra el viento que se iba formando por la velocidad de mi carrera. Mi respiración se había vuelto pesada, igual que la de un caballo al galope más profundo. Mi aliento se transformaba en vaho delante de mis propios labios, humedeciéndolos de forma que en cuanto el calor hubiese desaparecido se secarían rápido cortándose en cada pequeño movimiento que tuviese que hacer con ellos.

Era sorprendente la velocidad a la que podían llegar a fluir los pensamientos. No hay nada más que creer que algo malo va a suceder para construirse toda una historia en la cabeza, aunque el verdadero problema estaba en el instante que uno no era capaz de imaginar lo que podía llegar a pasar, lo que terminaría viendo.

La carrera no fue demasiado larga aunque me lo hubiese parecido. Siempre realizaba ese trayecto acompañada de alguien. Iba de casa de mi abuela a casa de mis padres y viceversa, casi todos los días para ayudarla con sus labores de costura debido a que había perdido la suficiente vista como para que le fuese prácticamente imposible enhebrar la aguja además de realizar otras actividades. Leer le resultaba muy complicado sin una lupa de muchos aumentos y cada día le costaba más moverla por las páginas de los textos que se hubiese sabido de memoria si la suya no le estuviese empezando a fallar también.

Al llegar a mi casa vi la puerta de la entrada abierta de par en par. Mi madre jamás permitía que eso ocurriese. Las veces que mi padre o yo misma nos habíamos dejado la puerta abierta nos había regañado igual que si fuésemos un par de niños pequeños para recordarnos todos los peligros que había en la ciudad. Sabía que ella jamás la dejaría abierta lo que no auguraba nada bueno. ¿Había llegado demasiado tarde?

Entré en mi hogar con el corazón latiendo a mil por hora y no solo por la carrera indebida. Tenía miedo, mucho miedo de que aquella misiva fuese real, que se hubiese cumplido cada amenaza en ella escrita.

Había demasiado silencio. No se oía ni un solo alma. Me dirigí hacia el salón con la misma cautela que si en cualquier momento un ser despiadado pudiese saltar sobre mí si no era lo suficientemente silenciosa. Lo que más había temido siempre era la posibilidad de que algún mendigo entrase en mi hogar y ahora hubiese deseado que tan solo fuese un inofensivo mendigo.

Cuando finalmente puse un pie en el salón creí que el mundo se paraba. Había visto el espectáculo más grotesco de todos. Había observado la peor obra que se podía haber hecho. A duras penas si era capaz de respirar mientras observaba como pequeñas gotas, las últimas y escasas, de sangre del antebrazo de mi madre caían a la alfombra que tanto había cuidado durante todos los años que la había tenido en su poder.

Un fogonazo me sacó de mi ensimismamiento. Delante de mí tenía a varios miembros de la policía. Uno de ellos estaba realizando fotografías a los cadáveres de mis progenitores en aquellas posturas tan terribles e inexplicables. Ni tan siquiera su presencia me tranquilizaba, de hecho, no entendía porqué tenían que hacerles fotografías, si aquello era moral siquiera. ¿Las usarían para algo? ¿Tendrían sentido esas fotografías en todo ese proceso de investigación?

— Señorita, por favor, díganos todo lo que pueda…

No abrí mis labios, solamente les entregué el pedazo de papel que había terminado hecho un completo gurruño entre mis dedos después de haber visto aquella escena. Me lo quitaron de aquella especie de garfio en que se había convertido mi mano antes de leerla detalladamente.

— ¿Sabe quién le ha enviado esta misiva, señorita?

Me limité a negar. No entendía qué estaban haciendo allí, tampoco quién les había puesto sobre aviso. Solamente deseaba quedarme sola, huir, desaparecer… ¿por qué no se daban cuenta que habían matado a mis padres y que no había podido derramar una sola lágrima aún para que supiesen cuantísimo lo lamentaba?

Me acurruqué debajo de la manta que me habían puesto sobre los hombros y noté por primera vez las temperaturas gélidas de aquella noche. Mientras mi mente podía tan solo pensar en una cosa: ¿qué sería ahora de mí?

8 de Agosto de 2020 a las 13:20 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Continuará… Nuevo capítulo Todos los sábados.

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Isaac Francis Isaac Francis
Bastante interesante el comienzo.
August 12, 2020, 09:06
~

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