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juanarcos99 Juan Pablo Arcos Herazo

Un cronista invisible narra la vida de una mujer de las calles.


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Qué tendrá la reina

La reina está triste. Todos se preguntan qué tendrá, como en el poema de Ruben Darío, aunque no hay ruecas de plata ni bufones escarlata, no versos de mayo ni truenos del mar. Eso sí, hay besos, no de caballero, sino de carcelero. Le inundan los labios de muerte, de humo gris y de miseria. El carcelero lo hace con todas las reinas, como las llama él. Son reinas negras, reinas tristes, reinas que lloran pero que están acostumbradas a reír. Su piel debe ser de porcelana, sus ojos coquetos e iluminados por óleos femeninos y sus palabras dulces, gráciles, resueltas. Al carcelero le gustan sus reinas negras, aunque, cuando él no está, no sean más que infantas, más que féminas cabizbajas sin un atisbo de esperanza.

La cueva de las reinas negras se haya en una calle deteriorada con nombre pomposo. Está decorada con vejestorios que parecen de tierras lejanas, pero lo único lejano que tienen son su intención de extranjerismo mal logrado. Todo huele a incienso, a perfume barato y a labial. Los caballeros, santísimos y con una aureola incrustada a fuego de palabras en la cabeza, entran y dejan de oler a esposa. Huelen a toro encendido, a máquina triunfadora e infestada por la culpa. Las reinas negras deben soportar los cuernos, las burlas y las miradas extrañas. Cargan sus bolsos como si se les fuera la vida en ello y la llenan con los suspiros robados de sus caballeros santos. La reina triste, la nostálgica que deja escapar lástimas, también roba suspiros de terminación placentera. Su hijo las necesita para llevarse el bocado a la boca, para tener dignidad.

Los guardas de la ciudad no se percatan de las gobernantes oscuras. Las ven como bulerías mal hechas, como gitanas envueltas en mantos de carne profana. A veces, las ven como trofeos en la noche, simples conejillos asustados que no pueden ni deben decir que no. Las reinas entonces no cargan cetro ni corona, no se sientan en tronos ni conciben delfines llorones y orgullosos. Las reinas hacen lo que hacen, reinan en la noche, reinan entre los guardas y los santos, entre los carceleros y las otras soberanas. Las reinas de la noche sueñan con ser princesas finales de poema de Darío, esas que encuentran un salvador, sea en estatuilla católica o en pipas de agua y metal. La gobernante de la melancolía, mientras tanto, se prepara para la oscuridad. Se arregla la falda, los tacones bien puestos, y sale a robar reyes a las reinas blancas del otro lado de la ciudad. Le siguen preguntando qué le pasa, qué le ocurre a la ninfa callada, pero la reina negra niega todo tipo de pesar y con su sonrisa ilumina al próximo productor del suspiro deseado.

7 de Agosto de 2020 a las 04:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Juan Pablo Arcos Herazo Me gustan las historias tristes, sobre todo las que están bien contadas, pero también me apasionan los relatos trágicos y las novelas de fantasía épica al estilo cruel y oscuro del maestro Martin. Mi sueño es convertirme en un novelista de novela negra y de novela fantástica. El reconocimiento va luego de sentirme completo, lo que sucederá cuando tenga mi primera obra literaria terminada en mis manos. Léeme y deja un comentario. Los aprecio más que cualquier otra cosa.

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