yocoramos Yoco Ramos

El agente policíaco Paúl Braun es un consumado homofóbico, al punto que hace 2 años corrió de su casa a su propio hijo cuando éste confesó sus preferencias. Así es como él está muy, muy seguro de estar en lo correcto en cuanto a sus creencias, eso hasta que Elliot su nuevo, y muy joven compañero, viene a poner de cabeza todo lo que considera correcto y sano. Este asunto ha llegado a un punto en el que Paul constantemente se encuentra gimiendo y rogando por más bajó su compañero quien aparte de ser hombre y muy joven también es innecesariamente hermoso, tanto que Paul no puede dejar de verlo ni de pensar en él, aún así Paúl se niega a aceptar que tiene sentimientos por Elliot, eso es un gran problema. El que no tiene problemas para admitir que le gustan el teniente del nuevo equipo de investigaciones, es el infinitamente fastidioso Reed quien es el jefe de detectives local. Reed es mucho más de lo que aparenta, ocultando un terrible pasado bajo una gruesa capa de arrogancia e indiferencia, desafortunadamente cuando el teniente se entera de esto puede ser ya un poco tarde. Balazos, secuestros, matrimonios, prometidas, hijos y la inminente amenaza a sus vidas son sólo algunos de los obstáculos que deben afrontar, aunque es probable que ni eso sea suficiente para que estos 4 tengan un buen final.


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#Angustialeve #dolor #romance #gay #bl #agentes #secuestros #amor #policial
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Capítulo 1

Las palabras más crueles que alguien te puede decir, sólo son más agravantes si son dichas por tus padres o tus seres queridos. Sobre todo aquellos que se supone deben amarte, cuidarte respetarte y aceptarte sin importar que.

Aquel día el chico había pasado toda la mañana preparándose mentalmente para la reacción de su padre estaba seguro de estar lo suficientemente listo para lo que viniera. O eso creyó, ya que a pesar de haber corrido mentalmente los peores escenarios sobre la posible reacción de su padre, las palabras de este hirieron su alma más profundamente de lo que hubiera imaginado.

—¡¡Largo de mi casa maldito maricón, no te vuelvas a aparecer por aquí eres repulsivo, todo en ti es asqueroso largo!! —Gritó el oficial Braun a su hijo después que este le confesó que era gay.

—Papá escúchame, por favor —suplico su hijo Junior al borde de las lágrimas. Realmente quería que lo escuchará y explicarle que las cosas no eran como él creía. Esta era una nueva y buena época maldición ¿Porque no lo podía ver? El quería al menos intentar hacerlo razonar, pero la mirada iracunda de su padre lo asustó demasiado.

—No tengo nada que escuchar no te crié así, estoy seguro de que no lo hice ¿Dime en que me equivoque? ¿Dime que hice mal? Sin importar de que se trate seguro podemos solucionarlo.

—¡Basta papá! ¡No te equivocaste en nada! —el ataque de ansiedad empezaba a manifestarse en Junior y su padre pareció notarlo.

—Calmate Junior buscaremos ayuda ¿si?. Si eso es, buscaremos quien te cure. Todas las enfermedades tienen cura o tratamiento esta no debe ser diferente —habló con emoción amarga el oficial Braun—. Lamento mi reacción fue chocante, pero… pero… tengo, tengo una solución. Si yo tengo una solución, estarás bien todo estará bien sólo no le digas a nadie no sé qué haría si la gente se entera.

—¡¡No voy a buscar ayuda!!.

—¿Porque no? Es claro que necesitas ayuda, orientación o que se yo.

—Papa no estoy enfermo —Junior se acercó despacio a su padre—. No estoy enfermo, yo solo… solo tengo gustos diferentes a los tuyos.

—Claro que estás enfermo Junior, por el amor de dios date cuenta ¿Quien en su sano juicio creería que algo así es normal? ¡¡Eso es de pervertidos, de gente enferma!! Tu no eres un maricon.

—¡Pero lo soy! Te guste o no yo soy gay, gay, maricon o como quieras papá entiende de una vez.

—Largo —siseo entre dientes—. Si no estás dispuesto a ver un psiquiatra, internarte o hacer algo por tu problema no te quiero ver, tienes problemas necesitas ayuda. ¡Aceptalo maldición! Deja que busque una cura para ti así todo volverá a estar bien.

—Papá por favor... —el tono de súplica en la voz de Junior no ablandó el corazón de su padre.

—¡¡Qué te largues de mi casa!! —el chico tembló ante el sonoro grito—. Yo no voy a permitir que un asqueroso maricon como tu esté ensuciando mi casa con su inmundicia. Este es un hogar decente, yo viví aquí con tu madre, juntos construimos un cálido y normal hogar para ti. Fuimos muy felices en esta casa, tú estás contaminando sus recuerdos, eres un desviado, eres un maldito enfermo —tan crueles palabras echaron fuera el gran miedo que llenaba el corazón del chico reemplazandolo por coraje.

—Ok, como quieras —se paró erguido—. Yo me voy pero escucha esto, cuándo te arrepientas, y se que lo harás. Cuando quieras verme de nuevo solo llámame ¿De acuerdo?.

—Eso jamás pasará a menos que te normalices, de lo contrario nunca quiero volver a saber de ti y tu inmunda vida —Junior suspiró resignado.

—Como sea —pensó en irse y no voltear, pero ese hombre era su padre. Había sido un gran padre, claro hasta hoy, por lo que volteó—. Papá no estoy molesto contigo, más bien estoy profundamente herido. De cierta manera ya me esperaba tu reacción, aun así no creí que sería tan extrema. Te quiero mucho, a excepción de esto eres un gran ser humano y por eso siempre seras mi querido padre. Como ya te dije no estoy molesto contigo si muy herido pero no te odio, adiós papá, te amo—se despidió Junior.

—Solo vete —susurro el oficial Braun viendo como su hijo de 18 años tomaba sus cosas y se iba.

¿En que se había equivocado? ¿Qué había hecho mal? ¿En qué momento dejó que su hijo se volviera marica? ¿Cómo era posible? ¿Como no lo notó?. Tal vez si hubiera visto los síntomas antes habría podido llevarlo a que lo tratarán, tantas preguntas se le pasaban por la cabeza mientras se desplomaba en la puerta cerrada, la misma que su hijo usara unos minutos antes para irse. Quería ir y rogarle que no se marchará, quería decirle que también lo amaba, pero su razonamiento estúpido se lo impidió. Aún así, no lo pudo soportar y lloro, lloro por horas hasta que el sonido del teléfono lo despertó.

—¿Si, diga?.

—¿Paul, dónde demonios te metiste? —Interrogó su amigo Reed—. El jefe pregunta por ti, apurate.

—Si, si ok ya voy, ya voy —gimió levantándose del lugar donde se había quedado dormido.


—¡Braun! ¿Dónde te habías metido? ¿Crees que puedes hacer lo que te plazca? Tu, maldito estás equivocado —bromeó Sam, su compañero.

El oficial Braun no estaba de humor para bromas por lo que lo atacó sacando toda la furia, la culpa, el enojo y la frustración que traía dentro. Terminaron dándose golpes por toda la estación de policía donde ambos laboraban, mientras sus compañeros veían con la boca abierta como esos hombres que habían sido amigos por muchísimo tiempo se molían a golpes.

—¡¿Paul? A mi oficina ahora! —gritó su jefe—. No, mejor no ¿Sabes que? Vete a casa estás suspendido por seis días.

El oficial Paul Braun se levantó salió de la estación con la sangre aun chorreando de su boca, tomó su auto y se fue a casa pensando en su hijo. Ese chico que él tanto amaba, ese niño que él vio nacer, que el vio crecer. El estuvo cuando enfermo, cuando tuvo esa herida en el pie, cuando logró que la maestra le cambiará su 6 por un 9, estuvo todas las mañanas para comer juntos y llevarlo a la escuela. Cuando su esposa murió su mayor preocupación era que su pequeño hijo de cuatro años en aquel momento se enfermara. Que tiempos aquellos donde su mayor preocupación era un dolor de muelas o de estómago pensó mientras manejaba a casa, recordó todo lo que vivió con su hijo no había sido un mal padre a veces no estaba debido al trabajo, pero no había sido un mal padre y si no había sido un mal padre ¿Entonces… porque? ¿Porque su hijo había salido torcido? ¿Sería acaso que lo había descuidado mucho en esos días en que tenía que trabajar? Quizá, tal vez eso le había afectado, tal vez había sido su culpa, o culpa de alguien más o de algo más.

— ¿¡Porque!? ¿¡Porque¡? —Gritó en el auto una y otra vez mientras manejaba. Sin darse cuenta se encontró frente a su casa, se bajó con todos aquellos pensamientos en su cabeza, las lágrimas no paraban en sus ojos sacó una botella de whiskey, se sentó, sin estar demasiado consciente se la termino, continúo con el sixpack de cerveza en la nevera, con el vino que estaba desdé quién sabe cuando y todo el alcohol que había en la casa. Cuándo se lo acabó fue a la licorería y compro más, mucho más, suficiente para una fiesta universitaria. Era obvio que no pensaba hacer ninguna fiesta solo quería olvidar todo el dolor que sentía, quería no sentir nada nunca más, así como así se pasó cinco días bebiendo con la intención de morir por una intoxicación para su mala suerte esto no pasó. El sexto día se levantó, lloro por millonésima vez, decidió que había sido suficiente, así que se baño y paso el resto del día tirado en su sillón mirando a la nada esperando que el otro día llegará para irse a trabajar y al fin después de dormir un par de horas, llego. La alarma sonó se levantó, se bañó, se vistió vio con tristeza la habitación de su hijo sin atreverse a entrar o siquiera abrir la puerta y se fue al trabajo como si nada hubiera pasado.

—Buenos días Braun —el jefe Neil lo saludó—. ¿Que tal tus vacaciones?.

—Bien, supongo señor —gruñó.

—Me alegro, porque te tengo malas noticias. —el capitán miró hacia él y habló—. Samuel a sido transferido.

—¿Qué? ¿Porque?... ¿Fue por mi?.

—No te preocupes, la golpiza que le pusiste no tiene nada que ver. De hecho ese mismo día te estuvo esperando para decirte pero no le diste tiempo.

—¿Y quién será mi compañero entonces? Samuel y yo llevábamos casi 5 años como compañeros.

—Pensé en castigarte. Ya sabes ponerte con Reed pero no pienso ascenderte a detective eso sería como un premio por tu comportamiento de mierda. Eso no está bien, así que por el momento nadie. Sabes que en este pueblo no pasa nada casi nunca y si pasa los de arriba se encargan.

—Ok jefe Neil, como diga.

Dos años habían pasado desde que su vida se había ido por el desagüe, tanto que incluso se había alejado un poco de sus amigos íntimos. Por eso la risita de sus compañeros mientras entraba a la estación le hizo tener un mal presentimiento.

—¡Braun! ¿¡Ya supiste!? por fin tendrás compañero —se burló el detective Ray con humor.

—¿Qué?.

—Lo que oíste, el jefe está hablando con él ahora —continuó Mike el compañero de Ray.

Mientras caminaba hacia la oficina de su jefe con cierta molestia Braun se preguntaba si aquello era cierto y si lo era ¿Porque después de dos años tenía que tener compañero? ¿A quién demonios se le había ocurrido semejante estupidez? No quería ningún compañero, el jefe Neil iba a escucharlo. No le importaba si tenía que mandar a ese idiota de vuelta a donde vino pero no le podían poner compañero ya se había acostumbrado a estar solo, le gustaba estar solo. Justo en ese momento escuchó al jefe Neil hablarle y sacarlo de su enfurruñamiento internó.

—Braun, ven te presento a tu compañero —el capitán Neil sonrió con humor.

Cuando el oficial Braun levantó la vista casi suelta una carcajada al ver el aspecto de su futuro compañero parecía el maldito novio de la condenada muñeca esa, rubio de ojos azules, no celestes. Azules casi cobalto; alto, rubio y bronceado tenía que ser una broma. Después de todo tal vez no sea mala idea tener un compañero estaba seguro que se divertiría mucho a su costa, si le decían que se llamaba Kent no podría contener la risa pensó.

—Cómo te decía —volvió a hablar el jefe Neil—. Este es tu nuevo compañero su nombre es Elliot Silver.

—¿Elliot? ¿Enserio? Creí que te llamabas Kent —se burló Braun con la sonrisa asomando en sus labios.

—Y este patán que se está casi riendo, es Paul Braun a estado solo por dos años así que no esperes mucho de él —el jefe Neil se despidió con una mano—. Y tu Braun muestrale el pueblo.

—No soy un guía turístico —replicó Paul.

—Si que es un patán —pensó Elliot viendo al imponente hombre que tenía frente a él. Este era alto, un poco más que él, debía medir 1.95 cómo mínimo su piel era de un dorado oscuro, ojos verdes en un rostro muy duro rústico y masculino. Además era todo músculo pero sin exagerar ni lucir dramático, exudaba un aura rara, era como si gritara ¡Miren lo macho que soy! Si no fuera un completo idiota podríamos ser amigos pensó parándose frente a él—. Mucho gustó oficial Braun —se volvió a presentar tendiéndole la mano.

—Igualmente es un gran placer conocerte hermosa princesa —rio escandaloso Paul.

—Si yo soy una princesa ¿Significa que eres mi príncipe? Porque déjame decirte que no te vez precisamente como de la realeza —Elliot se la devolvió.

—Muñequita hermosa si quieres bromear sobre mi aspecto ya las e escuchado todas —respondió Paul indiferente—. Llámame Braun vamos, tenemos que trabajar.

—De acuerdo vamos —Elliot siguió al oficial idiota, desde ahora su compañero, por el pasillo mientras algunos detectives y otros agentes se reían.

—¿Y cuantos años tienes Kent? —El tipo idiota lo interrogó.

—Elliot, me llamó Elliot y tengo 22 —contestó un tanto exasperado.

—No voy a decirte Elliot, asi que acostumbrate pareces novio de pastel de bodas —volvió a reír de buen humor.

—Cómo quieras Braun —no iba a permitir que ese idiota lo molestará amaba ser policía pero su padre se había encargado de ponerlo lo más lejos posible de las peligrosas calles de su bella y peligrosa ciudad, meca de las grandes empresas. O si como la gran ciudad no había dos, lo peor era que había usado sus influencias para salirse con la suya. Así lo envío al más remoto y pequeño pueblo que encontró, este contaba con una diminuta comisaría, una corta cantidad de policías algunos detectives y eso era todo ya que allí no sucedía nada grave nunca, según decían y todo eso para que su único hijo no corriera ningún peligro real o eso era lo que le había dicho fuera como fuera era una auténtica mierda.

—Vamonos muñequita te mostraré el pueblo —invitó Paul girando las llaves, ambos subieron a la patrulla y dos horas después habían terminado. Si, en sólo dos horas habían recorrido el pueblo de punta a punta y ahora estaban comiendo, este lugar no podía ser más aburrido.

Entre bromas de mal gusto por parte de Braun y sonrisas fingidas por parte de Elliot habían pasado ya tres meses desde su llegada, Elliot se sentía profundamente incómodo junto a Braun. ¿Y como no? Si este era un patán de primera categoría. Aunque para ser sincero era agradable no ser tratado como papel bajo la lluvia, como si con una sola gota de agua se fuera deshacer y a quedar por completo inútil. Así era como su padre siempre lo había tratado incluso ahora que él sólo quería combatir la delincuencia su padre logró que lo asignarán aquí con un montón de inútiles, que sólo lo hacían sentir incómodo.

El peor de todos era precisamente su compañero este se lleva el título, al ser que más lo había incómodado en su vida y no una incomodidad normal era diferente era como si este lo pusiera nervioso con sólo estar cerca de él, con solo respirar o comer, eso lo enfadaba mucho. Braun no se cansaba de decirle que parecía un muñeco y que si fuera una chica le daba y no consejos pero de nuevo, como carajos no estar nervioso si pasas todo el día sentado junto a semejante idiota malhumorado y que ama ponerte en ridículo por la simple razón de… Ver que cara pones, el ya estaba arto.

—¡Hey Braun!, lleva a Elliot a que se divierta, mira que no sale de casa y esta poniendo nerviosa a mi esposa que se preocupa mucho por el —medio ordenó el capitán.

—¿La muñeca vive con usted? —se asombro este.

—Claro ¿Con quien más? Si no conoce a nadie aquí, además su padre es un muy buen amigo mío o lo era hace tiempo que no lo veía.

—Pues entonces llévelo usted capitán, yo me voy a casa o mejor aún que lo hagan Mike y Ray ellos aman desvelarse o Reed es un completo imbécil, seguro encajaran muy bien juntos.

—Braun es una orden —el tono del capitán aunque calmado no dejaba lugar a réplicas—. Además no tienes nada más que hacer en tu casa, a ti también te convendría salir de vez en cuando dime ¿Al menos recuerdas cuándo fue la última vez que estuviste con una bella mujer? —el capitán preguntó en tono de broma pero firmé.

—Eso no es de su incumbencia, además tengo cosas que hacer.

—¿Lanzarte a beber en tu sofá? Sal un poco. Mauda también está preocupada por ti.

—No veo porque, yo estoy bien, él suspiró resignado del capitán lleno el lugar.

—Esta conversación se acabó Paul. Llevalo a que beba, baile, tenga sexo o que se yo que se distraiga un poco y deje de estar tan malhumorado y depresivo gracias a ti.

—Como sea —Paul salió de la oficina un poco pensativo—. Vamos te llevaré a divertirte, le informo a Elliot que esperaba en la sala donde estaba la cafetera con un terrible café en la mano.

—¿Enserio, contigo? ¿Que sabes un abuelo como tu de diversión? Ni Siquiera me agradas así que no gracias.

—Elliot ve, Mauda está preocupada por ti ya que en tres meses no as salido hasta te envío ropa, toma —el capitán sonrió entregándole una bolsa.

—Sí capitán —Elliot obedeció solo porque era el capitán quien se lo ordenaba y por Mauda claro. Ellos eran las personas más buenas que él hubiera conocido en su vida.

—Ok hermosa muñeca pasemos por mi casa te puedes cambiar allí mientras me doy una ducha —Paul ordenó siendo seguido por Elliot en silencio.

—Tengo nombre ¿Sabes? —Gruñó después de un rato ya en el auto a su compañero.

—Lo sé, lo sé pero lo único que te falta son un buen par de pechos pienso que te verías muy sexi —decía Braun mientras soltaba una estridente carcajada.

—¿Porque eres tan idiota? ¡Apuesto que por eso no tienes a nadie que te espere en casa! —gritó exasperado, Braun le lanzó una mirada que este no supo interpretar se puso serio y no volvió a hablar hasta llegar a su casa.

—Bueno princesa llegamos —dijo Braun mientras bajaba del auto, ambos entraron. La casa no estaba mal era de un sólo piso; la sala estaba en la entrada, luego la cocina dividida por una isla, al fondo dos puertas que Elliot supuso eran los dormitorios y al final del pasillo lo que seguramente era el baño.

—Tu puedes usar la sala para vestirte. Allí está el baño puedes usarlo si quieres sólo espera que yo terminé de ducharme. Deja tu uniforme en el sofá de la entrada para que lo recojas rápido cuando volvamos —medio ordenó Braun malhumorado como siempre mientras entraba a su habitación.

Cuando Paul salió Elliot ya estaba sentado en el sofá mirando su celular este iba vestido con unos jeans negros súper ajustados, una camiseta color naranja y unos conversé clásicos, cortesía de Magda. Paul por su parte se puso unos jeans clásicos más formales o como él decía de hombre; sus botas negras estilo militar y una camisa tipo polo verde claro está hacia resaltar su piel morena y sus ojos verdes cuando salió Elliot se le quedó mirando y trago saliva por lo tanto Paul preguntó.

—¿Tan mal me veo?.

—No, es solo que estas muy formal y yo… pues yo no.

—Eres un niño, estás vestido como tal. No hay nada malo en eso.

—No soy un niño —¿Porque mierda le molestaba tanto que este tipo le dijera niño? Todo el mundo lo decía.

—Da igual vámonos ya.

El viaje hasta el único club nocturno de la localidad duró media hora Paul como siempre con su actitud de "soy muy macho" llegó y se sentó en el bar a beber mientras Elliot bailaba con cuantas chicas se le pusieron enfrenté cuando la música cambió a algo más clásico volvió a la barra a pedir una cerveza no vio a Braun pero la cantinera le hizo señas hacia la pista, este estaba en la pista con una rubia que se lo comía con la vista y le arrimaba las tetas cada vez que podía.

—Tu y esa chica podrían ser hermanos —mencionó la cantinera señalando a la rubia que bailaba con Braun este la observó y se dio cuenta de que efectivamente eran muy, muy parecidos. La rubia era físicamente parecida a él hasta en el tono de los ojos, tal vez los de ella era un poco más pálidos pero la diferencia no era mucha, para colmó traía un vestido cortísimo de un naranja mucho más encendido que su camisa pero naranja igual, el color hacia resaltar un enorme par de tetas tal y como Braun dijo que le gustaban. Elliot empezó a sentirse incómodo por sus pensamientos por lo que decidió seguir bailando. Bailó hasta las 2 de la madrugada cuando se fue con la cantinera que como un viejo cliché resultó ser muy buena hablando y escuchando, la última vista que tuvo de Paul fue con la rubia pechugona en la barra mientras ambos bebían. Era extraño pero nunca escucho a Paul decirle a la chica princesa, muñeca, hermosa o cualquier otra de las palabras con las que se dirigía a él, es más después de bailar le invitó varios tragos pero en ningún momento la toco o algo, aún así su malestar era grande.

7 de Agosto de 2020 a las 01:04 0 Reporte Insertar Seguir historia
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