gabriela-hr Gabriela HR

Los meses pasaban sin siquiera saberlo, Maxwell Remain, un estudiante que fue enviado a una academia, donde su vida comienza a complicarse mediante experiencias nuevas y una voz que no lo deja descansar en paz. Una voz clara, profunda y suave, se hará presente sin dejarse ver, este cambiará el rumbo de su mundo; la vida los había unido como aguja e hilo. Más no podía ver de quien se trataba, no aún. Poco a poco se fue haciendo más fuerte y agresiva, más el amor hará que su mente se vea envuelta en un enredo total haciendo que se olvide casi por completo de la voz que lo acechaba. De un momento a otro la vida decidió que era momento de que Maxwell volviera a donde había empezado meses atrás: "Solo debes seguir mi voz"


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Primero

Maxwell Remain

Algunas veces creo poder escuchar una voz que me llama, una voz que me provoca escalofríos, una presencia que por alguna extraña razón he de amar, una presencia que brinda comodidad en conjunto con una paz absoluta. Pero, cuando esta se va, mi mundo pareciera desvanecerse frente a mis ojos, obligándome a contemplar la pesadilla viviente.

— Joder Maxwell, ¡te he dicho miles de veces que dejes de experimentar con tu cuerpo!— exclamó mi madre. Ella era quien me decía que podía o no hacer, y aunque muchas veces le lleve la contraria, estaba agradecido por los consejos que en su mayoría me ayudaban—. Sabes que si tu padre llega y te ve de esa manera, no será tan suave como la vez anterior. Así que deja de masturbarte y súbete el pantalón— dijo, cruzándose de brazos.

—Claro madre. Pero dime, ¿qué podría hacer una persona como yo en estas condiciones?—le dije, señalando mi entrepierna con una risa burlona.


A decir verdad, siempre me ha causado gracia las reacciones que mi progenitora posee. Es gracioso ver que a esta misma le molestan algunas de mis acciones, pero a la vez me entiende como nadie lo hace. Siempre ha estado a mi lado, y a pesar de los malos momentos que he pasado, nunca me abandonó.

Amaba a mi madre con todo mi ser. Era una madre comprensiva, amorosa, muy estricta pero nunca al nivel de querer hacerme daño. A mis ojos era perfecta, para ser sinceros; su único error había sido casarse con mi “padre”, si podía llamarle así.


En contraste con la conducta y temperamento de mi madre, mi padre era un ser frío y despiadado. Un total opresor y maltratador al cual no le importaba nadie más qué sí mismo, un ser egoísta ante los ojos de cualquier persona que lo viera. Su vida se basaba en hacer sufrir a los demás con su crueldad y sus constantes maltratos al no aceptar que las personas de esta sociedad tienen distintos gustos, distintas opiniones e incluso distintos hábitos; muchas veces creía que mi “padre” se había quedado varios siglos atrás. Aparte de su frialdad, su crueldad y su codicia, este despreciable cacique era un maldito mitomano. A sus ojos el era un ser perfecto; a los de mi madre era un dictador y a los míos, era un jodido monstruo.


Luego de haber arreglado mi ropa por el lado sur de mi cuerpo, se escuchó claramente como un auto se había estacionado afuera, un portazo se hizo notar con claridad junto a unos pasos violentos que cada vez se acercaban más. Mi madre no pudo despegar la mirada de la puerta principal mientras temblaba, eso sólo significaba una cosa: mi padre había llegado.


— ¡Mujer!— la puerta se abrió de golpe, la cual dejó a la vista un hombre furioso, desgraciadamente tuve la sensación de que este se traía algo entre manos por el simple hecho de que poseía una mínima sonrisa la cual trataba de ocultar sin mucho éxito. — ¿Dónde se metió tu hijo?


Mi progenitora tan solo de escucharlo desvió su mirada, en cambio mi padre al recibir respuesta tan obvia de que no le diría; entró a la casa y dirigió rápidamente su mirada hacia mí, que me encontraba sentado en el suelo siendo tapado por el gran sofá, o eso creía yo. Mi padre me miró expectante unos segundos para luego dirigir su paso hacia mí, tomándome del cabello con brusquedad, sacándome de la casa como si fuera un maldito animal salvaje.


Sinceramente me daba miedo dirigirle la palabra. Sentía que me comería vivo con cualquier cosa que dijera o hiciera, y para ser sincero, al inicio no me importaba, pero hubo un episodio en mi memoria que está completamente borrado. Mi madre dice que las personas olvidan lo que no les importa, pero yo sé mejor que nadie que mi caso fue totalmente diferente.




—Te irás a una academia — soltó como si nada. Sonreí mentalmente, esto me daba la oportunidad de alejarme de este infierno, pero a la vez sentía lástima por mi madre que debía de quedarse con él; un hombre machista, opresor de mente cerrada, odiaba el hecho de dejarla con un desgraciado.

En un principio me hizo creer que todo aquello quizás porque se había enterado de que mis preferencias sexuales “retorcidas”, como él lo llamaba. Pero luego pensé en que él nunca me quiso en casa, siempre eran peleas, golpes, malentendidos los cuales nunca se resolvieron o aquellos jodidos estereotipos que nunca desaparecen. Deseando llevar mis pensamientos a otro mundo, me coloqué los cascos con una buena música y dispuse mi cerebro a pensar en cuál sería mi destino final.



• • •


— Joven Maxwell ya llegamos, puede bajar—un hombre de unos 45 años de edad me informaba de que ya habíamos llegado y debía bajarme del auto, así que sin ganas me digne a salir de este mismo y me puse en marcha hasta la entrada de lo que supuse sería mi nuevo... ¿Hogar? ¿Escuela? ¿Ambos?


A una distancia considerable pude ver como una multitud rodeaba a una persona la cual pasaba sus dedos por las tensas cuerdas de una guitarra, provocando que la misma soltara una suave melodía acompañada de su agraciada voz. Me pareció extraño, pero sentía que debía acercarme a esta persona, sentía que había hallado algo importante para mí, algo que creí perdido. Otra cosa la cual encontraba peculiar era el hecho de que estaba tocando una canción la cual sentía haberla escuchado en alguna parte, más no podía recordar en dónde.


El viejo que me trajo me enseñó el camino que debía tomar para recoger y llenar documentación para posteriormente, llevarlas a mi habitación. Gracias a esto; pude acercarme más al joven guitarrista, así mismo pude ver completamente las facciones que poseía: cabellos de oro largo el cual tenía sujeto en una coleta, una dentadura perfecta que se hacía notar en su magnífica sonrisa junto a unos ojos ámbar tan profundos que podían ver a través de tu ser. Automáticamente un pensamiento cruzó por mi mente: “ es un hijo de papi y mami”; de aquellos que eran amados por todos, los cuales tenían calificaciones perfectas y tenían todo lo que quisieran. Me dan ganas de golpearlo; de mala manera volteé la mirada hacia mi camino nuevamente y restándole importancia al asunto seguí caminando hacia la oficina para tomar mis documentos.

• • •

— ¿Captó lo que acabo de decir?—hacía al menos una hora que permanecía en la oficina siendo sermoneado y que además por alguna extraña razón era el mismo director quien estaba presente. Además como si fuera poca cosa que estaba recién llegado y no conocía a nadie ni nada, al parecer tenía que compartir habitación con algún otro desgraciado como yo. Excelente.

—Claro que sí, señor. Habitación 167, mi compañero debe estar ahí ahora mismo. Este internado es solo para hombres para evitar que alguna mujer salga embarazada ya que se han visto casos y… mis cosas ya están ahí, ¿no?—musité, repitiendo con un tono de obvio fastidio todo lo que el director me había dicho con aires de grandeza. Ahí fue cuando finalmente me dejo ir.


—Y, joven Maxwell...No cause problemas —fue lo último que escuché antes de cerrar la puerta tras un molesto chirrido provocado por esta misma. Aún sin creerme que estaba en un una academia por obligación, comencé a caminar hasta mi habitación con un resoplido de por medio y con pasos lentos y cortos, ya que me gustaba tomarme mi tiempo -incluyendo de que no quería estar con algún pesado en la habitación-.


En el camino noté que los pasillos eran angostos; con paredes color celeste y muchas fotos. Sin ganas de seguir caminando me detuve para descansar y dirigí mi mirada a una fotografía; en esta misma pude ver como un joven abrazaba falsamente al director mientras tomaba un premio. Su cara me causo gracia; la palabra hipócrita cruzó por mi mente al ver la misma reflejada en su rostro. Se notaba mucho su inconformidad con la foto. Cuando volví en mí observé como dos chicos pasaban corriendo por el pasillo, mientras reían a carcajadas y lloraban a causa de la misma. Por alguna extraña razón, ellos también se me hacían conocidos.

Al final, el camino a mi habitación se me hizo más corto de lo que imaginé. Todo estaba casi desértico por ser la primera semana de "clases", cosa que me hizo pensar: ¿Te parece una casualidad que mi padre me trajera a un internado los primeros días?. Lo más seguro es que llevara planeándolo desde hace ya bastante tiempo.

Cuando llegué al frente de mi habitación, noté que la puerta estaba abierta, por lo que me dispuse a entrar, aunque en esta no había nadie. Al inicio me pareció algo raro, pero a su vez me dije a mi mismo que pudo haber estado abierta porque era mi "bienvenida". Luego de dejar los documentos que tenía conmigo sobre la mesa, coloque música y me metí a la ducha, ya que después de todo, fue un día largo y debía descansar pronto.


A los minutos de haber entrado a la ducha comencé a sentir una presencia, como si tuviera unos ojos clavados en mi cuerpo. Esta vez la mirada no me hacía sentir tan cómodo como las veces anteriores, pero suponiendo porque esta vez estoy desnudo, lo dejé pasar como si nada.


Luego de haber salido de esta misma, me vestí, apagué la luz y me tiré a la cama directamente. Al inicio me sentía incómodo, creyendo que porque nunca compartí cuarto con alguien...y hablando de eso, ¿mi compañero quién será?

Cómo si de leer la mente se tratara, se escuchó una voz diciendo— Soy William Evans, un placer—. Sentí como si me hubiera hablado el mismo demonio por la ronca voz, me levanté de la cama de golpe, dejándome algo mareado por dicho acto. Un poco impactado por tan repentina aparición logré encender la luz, la cual me dejo ver nada más y nada menos que: nada.

5 de Agosto de 2020 a las 15:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
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