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J
J. Vázquez


Como cada noche, Abel estaba preparando el número estrella del circo, pero esa noche era especial: La última actuación del Gran Ángelo.


Cuento Todo público.

#relato #engaño #historiacorta #ilusionismo #circo
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I

Abel se despertó con una sonrisa y una agradable sensación de euforia. Había soñado que era como el Gran Houdini: le encadenaban y encerraban en un tanque lleno de agua, ante la mirada de un público fascinado que le vitoreaba como a una gran estrella. Cinco minutos después, esa euforia se esfumó al recordar su triste realidad. Hacía cinco años que trabajaba como ayudante del Gran Ángelo, un ilusionista de tres al cuarto que, junto al resto de engendros que formaban la compañíaLos hermanos de Ángelo, viajaba por el mundo rememorando ese viejo estiloFreak Showde los circos de antaño.


Como cada noche,Abelestaba preparando el número estrella del circo:Escapando de lo imposible, una burda imitación deLa Cámara de Tortura Chinaque tanta fama reportó a Houdini en su día. Pero esa noche era especial:seríala última actuación del Gran Ángelo.


Abelestaba harto del desprecio y de los insultos del ilusionista. Todos en la compañía sabían que era un viejo alcohólico y que, en más de una ocasión, había sido lanzado al agua demasiado borracho como para poder liberarse por sí mismo y, mientras la cortina escondía el truco,Abello había tenido que rescatar, salvándole la vida y la reputación. Ya había perdido la cuenta de las veces que había queridogritar a los cuatro vientos que ese viejo era un fraude, cuando el público le regalaba ovaciones y aplausos.


Finalmente, cansado de esa miserable vida y de los desprecios y vejaciones de Ángelo, una idea cobró fuerza en la cabeza deAbel, solonecesitaba un cómplice, alguien del público que retara al viejo y distrajera su atención.


El cómplice, lo encontró días más tarde en uno de los bares del pueblo dónde estaban actuando. Mario era un joven e influenciable muchacho al que le fascinaba la magia. Solo hicieron falta varias copas, y algunas exageraciones sobre las capacidades del Gran Ángelo, para terminar de convencer el joven que se sintió como un niño con zapatos nuevos cuando Abel le regaló entradas para la función. Mario solo tenía que retarlo con un truco imposible y la soberbia del mago harían el resto.


Abel se asomó tras la cortina y echó un ojo a la carpa levantando una ceja sorprendido. Había mucha gente, así que dedujo que su inocente cómplice había corrido la voz entre sus amigos. Sonrió satisfecho, su plan estaba en marcha y también Ángelo había caído en la trampa. Le había dejado una botella dewhiskyen su caravana y el viejo no había podido reprimirse. Cuando fue a avisarle, pudo ver la botella casi vacía y al mago en un estado de embriaguez más que evidente.


Tras una larga noche de trucos de magia, payasos y ovaciones varias, el Gran Ángelo estaba presentando el número final. Había llegado el momento que tanto ansiaba Abel.


—Damazzzz y caballerooos, niños y niñas. Ezta noche lo impozible será pozible. No es ningún truco… ya que no ze emplea ninguno jejeje… Añozzz de práctica y destreeeeza hacen que no haya grillete ni cerradura que ze me resista, y por ello, zeré encadenado y lanzaaado al agua. Vosotros seréis testigos —decía el Gran Ángelo al público, mientras se movía torpemente haciendo esfuerzos por hablar lucidamente, en su típico discurso de los años 50—. ¿Alguienquiere azzzercarzze para verificar loz grilletez?


Varias manos se levantaron entre el público, una de ellas, la de Mario que trataba de atraer la atención del ilusionista.


—El joven del fondo, pareze que tiene muchaz ganas de salir. Sí tuuuu… ven hacía aquí muchacho —dijo señalando a Mario que se acercó hasta él con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Cómo te llamaz hijo?

—Mario —respondió con timidez.

—Hola Maaariooo ¿cóoomo eztás?

—Bien, bueno… algo nervioso la verdad. Me encanta la magia y estar ahora aquí es casi como cumplir un sueño. ¡Gracias!

—Oooohhhh… un aplauzo para él —pidió al público—. Tócame muchacho, zoy de carne y hueso.

—jajaja imagino. Esto… ¿le puedo pedir algo? —preguntó con un evidente rubor en su rostro.

—Claro —y le guiñó el ojo el ilusionista—. ¿Cómo puedo ayuuuudarte hi…hijo?

—He venido con unos amigos. Les he dicho que usted es mucho mejor que el famoso Houdini o incluso David Copperfield, pero no me creen y dicen que solo son trucos baratos de un circo cutre.

—Vaya jajaja, ezzzzta noche cambiarán de opinión —rio Ángelo junto con el resto del público.

—¿Podríamos ver como escapa sin una cortina que lo oculte? —le preguntó Mario poniendo cara de niño bueno—. Así demostraría a mis amigos que es un mago de verdad y de paso, yo ganaría la cena que nos hemos apostado.

—Estossss chicos de hoy día como zooon. No hay grilllllete ni cerrrrradura que ze me ressssista, en realidad, podría ezcapar hassssta con los ojos vendados —respondió Ángelo que tenía tendencia a exagerar.

—¡Que se vende también los ojos! —gritó una voz desde el público.

—¡Que lo haga! ¡Que lo haga! ¡Que lo haga! —empezó a gritar la multitud.

Abel sonrió, su plan estaba funcionando mejor de lo que esperaba y estaba seguro de que el viejo se estaba arrepintiendo de ser tan bocazas. Si rechazaba la propuesta sería abucheado y tildado de impostor, y si aceptaba, teniendo en cuenta su estado de embriaguez y que él mismo había cambiado los grilletes… casi podía saborear su venganza.

—Esssss una gran prueba de fuuuuego lo que me pidez muchacho.

—Es una cena en un restaurante muy caro y quiero impresionar a una chica.

—Buuueno… siiii es para impresionar a uuuuna chiiiica. ¡¡Que aziiii zea!! —exclamó el Gran Ángelo ganándose la ovación del público—. Peeero… ¿Sabezzz cuál essss el secreto de los graaandes magos?

—Uhm… no. ¿Cuál es?, ¿cuál es? —quiso saber impaciente Mario.

—¡Atención a todo el mundo! Esta noche tendremos un espectáculo diferente —gritó Ángelo hacía la multitud que aplaudía excitada—. ¿Alguno sabe cuál es el secreto mejor guardado de los magos?


El publico emocionado gritó un «nooooooo» al unísono.


—¡Sus ayudantes! —prosiguió Ángelo—. Sin ellos no podríamos trabajar. Son tan buenos como el mago al que acompañan.


Abel seguía en su rincón desconcertado, tratando de comprender adónde quería llegar el viejo con aquella conversación.


—En realidad tengo mucha suerte. Abel, mi ayudante, tiene mucho talento, pero nunca ha tenido su momento de gloria —en ese momento, Ángelo miró a Abel con desprecio.


Abel frunció al ceño cuando percibió que el viejo ya no arrastraba las palabras al hablar y tampoco parecía borracho. Pero esa mirada, esa mirada le dejó realmente helado. Algo no andaba bien.


—Ha llegado el momento de que el aprendiz supere al maestro y por ello, será Abel quien realice la hazaña de esta noche.

—¡Ohh sí sí! —respondió Mario aplaudiendo muy fuerte mientras una gran ronda de aplausos invadía la carpa y la gente empezaba a corear el nombre del ayudante.

—Lo siento, soy solo un humilde ayudante. Nunca podría estar a su altura —trató de salir del embrollo Abel—. Además, ustedes han pagado para ver la actuación del Gran Ángelo, no queremos que tiren su dinero viendo a un simple ayudante fracasar con el número especial de la noche.

—Tonterías Abel —dijo el viejo con convicción—, estás perfectamente entrenado y si tienes miedo de no poder escapar, este muchacho y yo romperemos el cristal antes de que sea demasiado tarde. Esta noche, nosotros seremos tus ángeles —y le guiñó un ojo.

—Pero… pero… —balbuceó Abel todavía sin entender cómo podían haber cambiado tanto las cosas.

—¡Todos juntos, apoyemos al Gran Abel! —gritó Ángelo incitando al público a levantarse de sus asientos—. ¡Abel!¡Abel! ¡Abel!


No había escapatoria, así que resignado aceptó el reto. A fin de cuentas, guardaba la llave de los nuevos grilletes en la manga de su camisa y llevaba años ensayando ese número, con la esperanza de que al viejo le diera algún coma etílico y pudiera ocupar su lugar. Tenía mucho que ganar y poco que perder.


—Está bien…lo haré —cedió al fin.


Mario y el viejo encadenaron y vendaron los ojos de Abel, que simplemente se dejaba hacer emocionado por tener una oportunidad de demostrar su valía. Ese sueño que tanto anhelaba estaba a punto de cumplirse, pero antes de que la grúa lo elevase por los aires, Abel sintió un aliento cerca de su oreja y cómo le susurraban:


—El karma es muy jodido muchacho. ¿Pensabas que podrías engañar a un perro viejo como yo? Si te parece me quedaré con esto.


La voz del viejo aterró a Abel haciendo que un sudor frío cayera por su espalda. La angustia le oprimió el pecho, cuando comprendió que Ángelo le había quitado la llave de los grilletes, y su corazón empezó a bombear más rápido, mientras se maldecía a sí mismo por ser tan descuidado.


—¡Que empiece el espectáculo! —gritó el ilusionista.


La grúa elevó por los aires a Abel, que todavía trataba de procesar su desesperada situación y le soltó dentro del tanque de agua. Asustado, empezó a forcejear tratando de zafarse de los grilletes, a pesar de que sabía que, sin la llave, poco podría hacer.


El miedo se apoderó de él y golpeó varias veces el cristal con la cabeza, tratando de llamar la atención del público que pensó que todo era parte del espectáculo.


Mientras sus pulmones ardían en busca de ese aire que no llegaba, Abel se preguntaba: «¿En qué momento se percató el viejo del plan?, ¿la botella dewhiskyquizás?». No pudo pensar mucho más, sus músculos empezaron a realizar involuntarios espasmos, pero todavía pudo escuchar los gritos del aterrado público que finalmente se había percatado de la realidad, y algo que parecía golpear el cristal de forma rítmica, antes de que todo se volviera negro para él y su cuerpo finalmente se relajara, y se quedara flotando y flotando… el último pensamiento que paso por la mente de Abel antes de sucumbir fue: «mierda, soy muy joven para morir».

5 de Agosto de 2020 a las 10:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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