Cuenta regresiva para La Copa de Autores 2020. Regístrate ahora y ten la oportunidad de ganar premios!. Leer más.
M
Marisol D


Eliak es un muchacho proveniente del planeta Letharnus, bajo el reside la constelación de orión, misma que le otorga una habilidad especial, su vida comienza a cambiar una vez que empieza a soñar con otra persona procedente de otro planeta, un chico que habita en la tierra. Alarysh, pronto descubre que también es portador de una constelación, otorgándole su propia habilidad, el, al igual que Eliak, sueña con el planeta contrario, Letharnus y por azares del destino ambos logran entrelazar sus vidas junto a otros cinco portadores más. Ahora los siete portadores de las siete constelaciones descubrirán que llevan consigo el cargo de sus antepasados, el resguardar el mapa que los llevará al edén. Su misión se complicará descubriendo a diferentes razas que desean llegar al edén antes que ellos, sobre todo la soberanía de los Idrah. Un imperio sumamente avanzado y temido entre las galaxias.


Aventura Sólo para mayores de 18.

#adult #violence #lgbt #381 #aventura #drama #romance #accion
0
685 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los jueves
tiempo de lectura
AA Compartir

prólogo

>>En los confines del universo existe un mítico lugar escondido entre las estrellas y cobijado por las galaxias. Su nombre, era el Edén. Un planeta sumamente hermoso, donde podías respirar la vida que emanaba desde sus tierras. Un lugar repleto de plantas y diminutas estrellas flotando alrededor. Se decía, que la vida en los demás planetas se debía a él. Sin embargo, tanto poder en un solo lugar algún día provocaría un caos y ese día llegó, sin previo aviso.

De pronto, una de las razas más poderosas del universo quiso apoderarse del Edén. Estos se hacían llamar "Idrah" conocidos por ser una de las especies dominantes en la galaxia junto a los Larian, la raza que se encargaba de proteger al planeta de la vida eterna. Alarmados por la situación, estos se vieron obligados a tomar precauciones. Los Larian tomaron un fragmento de cristal del Edén, donde resguardaba toda la vida. Con el fin de volver a reconstruirlo en caso de una destrucción masiva por parte de los Idrah. Fue entonces q...


Fue entonces que Eliak es descubierto— Emanó una voz masculina desde la puerta de una oscura habitación donde apenas, una tenue luz proveniente de una pequeña y rojiza lámpara, iluminaba la silueta de aquel hombre.


—C..cc...creí que ya estabas durmiendo—Contestó el pequeño que sostenía en sus manos un enorme y antiguo libro, el libro era casi tan grande como el, incluso le costaba sostenerlo, así que se encargaba de recargarlo sobre una almohada como apoyo a su pequeña fuerza.


El hombre atravesó la habitación para colocarse frente al pequeño, tomó y cerró el libro y lo colocó en un estante. También, casi igual de grande que el libro; Después se volvió hacia el niño que lo miraba avergonzado con sus ojos bicolor, el derecho color lila y el izquierdo color miel.


—Gracioso, eso mismo iba a decirte yo Eliak.


El hombre poseía cabello lacio color rojizo, sus ojos eran de un profundo color esmeralda y sus orejas eran alargadas, a comparación de Eliak, quien era un niño de piel blanca, ojos bicolor, cabello alborotado de un color rubio claro y orejas curvas y pequeñas como las de un ser humano. En sus mejillas solían reflejarse pequeñas pecas brillantes.


El hombre, bajo el nombre de Gavedian, tomó en brazos al pequeño y lo cargo en dirección a un camastro un poco más grande que ellos.




Atravesó la recamara y lo acostó, arropando al niño mientras este bufaba y se quejaba molesto.

—Gavedian, no entiendo por qué me enseñaste a leer si no me dejas leer.

—Yo nunca dije que no podías leer, solamente no puedes hacerlo a altas horas de la noche—Le espetó terminando de arroparlo. Eliak lo miró expectante y con desconcierto en sus ojos respondió.

—No entiendo por qué, no le hago ningún daño a nadie— En el rostro del niño se asomó un ligero puchero.

—Las reglas del patriarca son esas, sabes que existen determinadas horas para diferentes actividades, te lo he dicho muchas veces, si quieres que te acepten como parte de ellos, entonces síguelas. —Gavedian le dio unas cuantas palmadas en la cabeza al niño, mientras le dedicaba una sonrisa cansada.

En la mirada de Eliak había un grado de inconformidad ligero. El pequeño no dijo nada y únicamente bajó la mirada aceptando las palabras de su tutor. Gavedian comenzó a sentirse empático y suspiro al no poder ser duro con él.

—Si te duermes ahora, prometo mañana leer el final del cuento—En los ojos de Eliak se avivaron brillos destellantes después de escuchar las palabras del pelirrojo. Gavedian se puso de pie y caminó en dirección a la puerta.

— ¿Lo prometes?

— Lo prometo. Gavedian le dedicó una sonrisa, se despidió de él y salió de la habitación, dejando al pequeño ilusionado y soñando casi de inmediato.

***

En las afueras de una vivienda hecha con alicante puro y blanco, se encontraba un joven sentado en el tejado sosteniendo una libreta, mientras contemplaba el cielo de tonos rosas y azules. Las casas parecían relucir gracias al brillo proporcionado por tres astros en el cielo, el sol y dos lunas a cada lado de esa estrella de fuego luminosa.

El joven realizó un último trazo en su libreta mientras tarareaba una pegadiza canción, una nueva figura se posicionó juntó a él, tomando asiento casi de manera inmediata. Echó un vistazo en su libreta y soltó un suspiro de cansancio y desaprobación, el dueño de la libreta le dedicó una sonrisa.

— ¿No deberías estar descansando Eliak? — Sugirió contemplando el mismo cielo que su amigo. El muchacho que lo acompañaba llevaba el cabello blanco recogido en una coleta cubriendo parte de sus orejas puntiagudas, tenía tanto cabello que parecía nunca peinarlo, incluso en algunas partes de sus mechones, lo trenzaba para que no le fueran molestos dichos mechones. Su piel era de un tono oscuro, en su mejilla izquierda, llevaba una marca brillante que contrastaba con sus ojos color celeste.

— Aún no tengo sueño Kae

— Imposible de creer cuando trabajas toda la noche— El rubio simplemente sonrió aun sin dejar de ver el cielo. El moreno prosiguió—Algo te incomoda hoy, lo sé—Insistió, su vista permaneció donde mismo.

— Me siento nostálgico, es todo—Admitió Eliak esbozando una sonrisa curvada.

Kae se acercó aún más y extendió su brazo izquierdo, rodeando los hombros de su amigo, lo conocía lo suficiente como para saber en qué pensaba.

Después de todo, se tenían el uno al otro desde los 14 y 17 años, siendo Kae, el mayor, una vida viviendo sus aventuras y desventuras juntos.

—Entonces, creo que tendré que quedarme por un tiempo más a hacerte compañía— Eliak rió por lo bajo y correspondió al afecto de su mejor amigo.