alexandrathule Alexandra Baum

Una persecución policial termina sin detenidos y con un sin fin de preguntas dentro de una dañada cabeza


Horror Literatura de monstruos Todo público.
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La coleccionista de manos

Pocas veces he narrado esta historia a pesar de que me obsesione con ella y simplemente no pueda borrarla de mi cabeza. Fue el conjunto de sucesos que la envuelven y su descabellado final lo que me lleva a regresar a esa casa abandonada de los suburbios de Buenos Aries cada semana intentando darle una explicación racional, como si lo racional fuera una defensa al horror que presencie, una medicina que me ayude a soportar las constante preguntas que me asaltan cada vez que una luz atraviesa mi ventana durante las noches de profunda oscuridad y me ayude a contener el temblor que recorre mis manos mientras sostengo con impotencia mi arma reglamentaria.

Por aquellos años yo era un detective sin mucha gloria que trabajaba tanto de manera privada como con la policía de la Ciudad, la mayoría de mis casos eran los monótonos casos de asesinatos y violaciones que solían reproducirse hasta el hartazgo como una película gastada en mis 15 años de profesión criminalística. Todo se mantenía en esa monotonía de crímenes sin sentido perpetrados por gente entre violenta y desquiciada. A muchos los impulsaba simplemente un impulso feral asesino al no poder soportar tal o cual realidad generada por su víctima, a pesar de lo que cree la mayoría de la población muy pocos de los crímenes más horribles son generados por unos verdaderos problemas psicológicos que les generaran al victimario esa necesidad de asesinar. Llegado un punto de mi carrera creía haberlo visto todo, escuchado todo y descubierto todo. Hasta que una llamada me despertó una madrugado lluviosa de un sábado para un asesinato particular.

Conduje entre la neblina y la lluvia por las calles más antiguas de Buenos Aires mientras pensaba en el empedrado antiguo de las calles de la ciudad medio europea en la que vivía. Llegue a la dirección donde me encontré ya a varios móviles policiales y los forenses, me informaron rápidamente del suceso pero decidí verlo con mis propios ojos.

Tirado en la vereda pavimentada y lavado por la lluvia había un cadáver cubierto por la sabana para cadáveres reglamentaria, la levanté y me encontré con aquel joven, de unos 23 o 24, de tez blanca con el horror grabado en el rostro mirando al cielo. Automáticamente mis ojos se posaron en lo más anormal del asesinato. El o los perpetradores le habían arrancado ambas manos dejando solo tiras de carne y tendón en su lugar. La extracción de las extremidades no era muy limpia, incluso parecía que habían sido arrancadas por la fuerza lo cual parecía una idea totalmente desquiciada por aquellos tiempos.

Mis ojos volvieron a posarse en el rostro de la víctima, con el tiempo uno descubre que lo que enseñan en la academia es bastante más cierto de lo que expresa el papel, el joven había visto algo horrible y le había quedado grabado en los músculos de rostro y en aquellos ojos marrones claros. Semanas después entendería aquella perturbada mirada que había quedado impresa en aquel rostro blanquecino, pero en aquel momento no tenía manera de saberlo ni mucho menos intuía algo sobrenatural o misterioso. En mi mente racionalista de investigador criminal solo era el rostro de un desgraciado que había visto el momento exacto de su muerte.

Rápidamente descartamos el robo o el intento de secuestro, el cuerpo no mostraba ningún signo de defensa o resistencia, sus pertenencias mas valiosas estaban con el cadáver por lo que fue fácil deducir que ese no había sido el motivo del delito, algo lo había fulminado generando una muerte rápida y mutilado segundos después. Montaron el cadáver para la morgue y media hora después fui asignado al caso. Horas después yo estaba en la morgue junto a una Teniente de la policía de apellido Sánchez de baja estatura, piel bronceada y una lengua rápida y precisa que me contaba de otros múltiples sucesos similares que se venían perpetrando hace 10 años. Se habían encontrado al menos 10 cadáveres además del mío con los mismos signos y mismas características, gente joven, de tez blanca, muertos sin otra explicación que un paro cardíaco fulminante y a los cuales se le habían extraído ambas manos. No había rastros, ni pruebas, ni mucho menos testigos. Todo parecía producirse durante las noches, el asesinato era rápido, profesional y la extracción de las extremidades siempre desprolijas y por la fuerza, casi como si un animal las arrancará con violencia.

La Teniente Sánchez creía que debían haber más cadáveres, solo que algunos no habían aparecido, también creía que era acto de un solo individuo. Hipótesis había muchas, un maniaco obsesionado con las manos que había perfeccionado algún método para matar, quizás un fármaco que no aparecía en las autopsias era el más convincente de todos. Pero para mí algo no cerraba, mi experiencia siempre decía que debía dejar un pequeño lugar para lo descabellado o simplemente lo inverosímil. Algunos asesinos tenían ideas retorcidas y pareciera que aquel era el caso sobre todo por la manera en la que estaban extraídas las manos, un asesino tan prolijo que no deja ningún rastro no comente un acto tan grotesco sin algún motivo.

Los días pasaron y todo estaba en la nada, por más crudo que suene cuando no tenes pruebas hay que esperar que el asesino cometa un error y se descubra, y para eso tiene que matar a alguien más, si era un asesino psicópata tarde o temprano haría algo mal así que solo esperamos. La respuesta a nuestras plegarias llegó 3 semanas después con un caso idéntico a 5 kilómetros del al Sur del primero que me tocó presenciar. Mismo modus operandi, un muerto, joven, tez blanca, manos extraídas, sin marcas de ninguna agresión, sin testigos, de noche, pero esta vez una grabación de una cámara de seguridad de la Ciudad mostraba a alguien caminando por las calles retirándose a metros de la escena del crimen. Las cámaras siguieron al individuo por varias cuadras hasta que desapareció.

Comencé desde 0 mi investigación en aquel lugar, preguntando, mostrando imágenes del supuesto sospechoso aunque no fueran muy visibles. Pasaron días hasta que llegue a una panadería de barrio donde el dueño me mostró una grabación de su cámara, efectivamente logre identificar al último cadáver, un femenino fácilmente reconocible por los tacones blancos que usaba, pocos segundos después otro sujeto aparece tras ella caminado, era otro femenino que coincidía con la altura de nuestro hombre e igual que su vestimenta. Le pregunté al hombre si la cámara había grabado algo mas y me contestó con una negativa pero me dijo que aquella joven no era extraña por aquellos lugares ya que le parecía haber visto a alguien demasiado raro merodear las proximidades de su local y la plaza de a pocas cuadras tomando fotografías.

Sorprendido por mi suerte le di las gracias al hombre y me dirigí a aquella plaza sin muchas esperanzas de encontrarla. La tarde se venía sobre mí al igual que la noche, camine por aquella plaza de árboles verdes y viejos con las baldosas blancas grisáceas por la mugre. Intente seguir con la investigación a base de preguntas a los transeúntes pero todo fue en vano. Estaba por resignarme hasta que una joven de no mas de 17 contesto mis preguntas haciéndome saber que hace pocos minutos otra chica le había tomado varias fotos sin su permiso y la había seguido por toda la plaza de manera poco confiable. La chica me dio la descripción y salí corriendo hacia la dirección que me había señalado, recorrí las calles nocturnas intentando ver si lograba tener un acercamiento pero fue inútil. Regrese a mi auto con la cabeza repleta de preguntas sin sentidos. No lograba concebir que nuestro asesino fuera una joven que no superara los 25, alta de casi un metro setenta y cinco, atractiva de rostro y con el cabello corto. Intente darle sentido a todo aquello pero fue inútil.

La mañana siguiente la recuerdo todos los días, es el inicio de este horror que tanto me persigue y no me deja de ni siquiera dormir. Estacione mi auto enfrente de aquella plaza antes de que esta comenzara a llenarse y espere, todo seguía con el curso normal, personas entraban y salían sin siquiera nada extraño en su apariencia o su actuar, la plaza parecía ser bastante concurrida por lo que tenía sentido que el asesino seleccionara quizás a sus víctimas en aquel lugar, lo que no terminaba de encajar era la joven de las imágenes ni la descripción que me habían dado. Aun así decidí proceder ya que era la única pista que disponía sobre aquellos asesinatos. Espere hasta bien entrada la mañana, entonces algo que captó mi atención. Una joven vestida con un buzo de bremer azul y una falda anchas color negro caminaba por la plaza tomando fotos a una parte de la gente que recorría aquellas baldosas, la seguí con la mirada viendo cuales era las victimas de esa cámara, todas eran personas que coincidían con el perfil de las víctimas por lo que decidí pasar a la acción.

Perseguí lentamente a la joven hasta que logre interceptarla. La joven se dio vuelta y se topó conmigo, vi su rostro inexpresivo ligeramente redondeado circundado por el cabello corto color arena, su piel era de un blanco que parecía no conocer el sol la cual se sonrojaba justo debajo de sus ojos extrañamente azules violáceos profundos, su nariz era pequeña llamativamente perfecta la cual hacía juego con una boca de labios finos y pequeños. De su mano izquierda colgaba una pequeña cámara demasiado vieja siquiera para ser de hace varias décadas. Casi extasiado por aquella imagen que desprendía su rostro note que su pequeña nariz se plegaba varias veces, como si olisquera el aire. Con el tiempo llegue a la conclusión que lo que olía era a mí.

La chica se mantuvo quieta en toda su altura de más de 1 75 mirándome con la cabeza ligeramente inclinada como si nunca hubiera visto a alguien como yo. Levante mi insignia y me presente, ella no hizo señal de comprender nada de lo que pasaba, sus ojos me miraban fijamente mientras sus nariz seguía olfateándolo todo. Comencé a hacerle preguntas pero no hizo el menor caso a lo que decía, solo se quedó ahí, parada, viéndome. En aquel momento supe que era ella nuestra asesina con una certeza que solo me dan años de experiencia. Seguí hablando, mostré fotos las cuales la vinculaban con la escena del crimen pero mostró nulo interés a todo aquello. Llegué a pensar que había entrado en shock, me acerque un paso para intentar comprobar que seguía en este mundo, fue entonces cuando su pequeña boca se curvo y sus labios comenzaron a pronunciar palabras en un francés extremadamente pausado y elegante. Intente procesar esa información rápidamente, quizás simplemente fuera una extranjera en el momento equivocado en el lugar equivocado que las cámaras habían captado, aun así existían muchas pruebas que la inculpaban, mi problema en aquel momento fue no tener una orden para detenerla, quizás me hubiera ahorrado tanto sufrimiento y mi salud mental.

Ante la negativa de la chica a hablar un idioma que pudiera entender simplemente la deje ir, ella me siguió con la vista todo el lapso mi salida de aquella plaza, mientras iba a mi auto sentía aquellos ojos tan extraños siguiéndome, y la vi segundos después parada en la calle viéndome mientras me retiraba de aquel lugar solo para volver a encontrarla a pie a varias cuadras de aquella plaza.

Intente mantener la distancia todo el tiempo de aquella persecución ya que si me via todo se iría al tacho, la seguí fácilmente graciasa s su altura y su vestimenta por las calles más antiguas de la ciudad más antiguas de este país, los autos nos pasaban por al lado sin sospechar nada, ella caminaba entre las personas, los hombres se volteaban a verlas atraídos por su belleza, yo la seguía sin perderle el rastro. Caminamos y caminamos, fui dándome cuenta de los detalles de su figura, sus piernas eran esbeltas y su cintura demasiado estrecha, usaba unos tacones pasados de moda de un color blanco amarillento que la hacían parecer una joven sacada de hace cien años, en uno de sus dedos un metal resplandecía cuando lo besaba el sol por lo que deduje que era un anillo de oro. Ella mantuvo un paso ligero y saltarín durante kilómetros y kilómetros, llegué a pensar que me había descubierto e intentaba despistarme pero decidí continuar mientras la ciudad perdió su forma, las calles dejaron de ser tan transitadas ya que mi mi sospechosa me guió a un barrio poco concurrido donde aún se veían casas coloniales altas de dos pisos construidas hace quizás siglos. Llevaba horas viéndola caminar, estaba a punto de acercarme y preguntarle qué era lo que estaba haciendo hasta que la vi detenerse en una casa, crucé la calle rápidamente para que no me viera y la vi abrir unas antiguas rejas descoloridas por el óxido. Ella entro sin más en la propiedad y yo me quede parado ahí, al otro lado de la calle, en una parte de la ciudad que no conocía siguiendo a una supuesta asesina y contemplando aquella casa que parecía sacada de alguna poesía colonial europea. Las paredes eran altas construidas a la francesa, los años las habían descolorido igual que a las tejas negras en un techo a dos aguas que se caía a pedazos. Un árbol muerto blanquecino adornaba el pequeño patio rodeado de mugre y plantas muertas, pasto seco y bolsas de plástico. Me quedé contemplando aquel lugar intentado unirlo a aquel rostro, aquella figura, a su vestimenta y los asesinatos. Llegue a la conclusión de que estaba delante de una psicópata que vivía alejada del mundo para mantener en secreto alguna perversión asesina. Estaba encerrado en mis pensamientos tomando nota de todo aquello junto con el nombre de la calle cuando la destruida puerta de aquella destruida casa se abrió y ella salió al pequeño patio dominado por el árbol muerto y la mugre. Abrió las rejas y salió de la propiedad, siguió por la calle hasta que dobló en la esquina y la perdí de vista.

Nunca debí cruzar esa calle y comprobar que las rejas estaban abiertas, jamás debí entrar por aquella puerta destrozada que ni siquiera tenía picaporte. Entrar en aquel lugar fue como retroceder en el tiempo, la casa era un total desastre consumido por la oscuridad, nada estaba en su lugar, de las paredes colgaban un par de cuadros antiguos salpicados por la humedad, en el suelo de baldosas antiguas sobraban un centenar basura sin sentido, recuerdo haber tomado una de las bolsas plásticas de algún producto para llevarme la sorpresa que estaba fechado en 1952.

Nada tenía sentido en aquel lugar. Saque mi arma ante tal aterrador y mugriento espectáculo y revise toda la casa, una de las habitaciones que debió ser consumida por un incendio hace décadas ya que las paredes estaban todas negras por el hollín y aun se lograba ver los lugares donde había estado la cama y los muebles. En la que era la cocina todos los muebles estaban arrancados de las paredes y los insectos gobernaban sobre aquella madera toda podrida. Sorprendido intente abrir una de las ventanas de madera pero fue imposible así que decidí abrir la puerta trasera para seguir investigado ya que nada de aquello era un delito ni una prueba sobre los asesinatos.

Abrir esa puerta fue entrar a un santuario maldito que reflejaban una epopeya entre animal y humana. Las paredes que delimitaban el terreno estaban todas pintadas en negro con dibujos hechos en distintos colores, todas era incomprensibles pero logre distinguir en aquellas paredes las figuras de hombres danzantes alrededor del fuego el cual las llamas formaba una figura alargada de la cual la cabeza se le desprendían varios cuernos y su rostro solo puedo describirlo como el rostro de algún perro, sus manos eran alargadas y terminaban en cuatro dedos largos como ramas, aquella figura se repetía rodeada de pictograma y figuras que parecían rupestres de tiempos olvidados inclusive antes de la llegada del hombre blanco a esta tierra si es que no antes de la llegada inclusive de eso que llamamos hoy día nativos americanos. Círculos, cuadrados mal formados, líneas que terminaban en triángulos, símbolos que solo puedo describir como algo parecido runas o una escritura primitiva y olvidada hace millares de años estaban grabadas en aquellas paredes ennegrecidas por el hollín de algún incendio, en todas las paredes se repetía aquel fetiche cornudo tan extraño el cual parecía ser adorado por las figuras humanoides pintadas en blanco. A mi izquierda vi una escalera que parecía descender un especie de sótano. Para mi total condenación mental la seguí mientras sostenía mi arma ante aquel terror pictográfico, baje a aquella oscuridad para encontrarme con una despensa subterránea totalmente destruida en la cual la luz se negaba a entrar, las botellas estaban estrelladas contra el suelo y los estantes despedazados, las paredes de aquel lugar seguían pintadas de la misma forma que las paredes del patio exterior pero esta vez aquel ente cornudo señalaba al cielo en una obvia adoración a un conjunto de estrellas bien definidas en las pinturas. Seguí aquellos dibujos por la oscura sala hasta que me tope con una abertura en la pared de ladrillos. Me tome un tipo para fabricar una antorcha totalmente improvisada con la madera del lugar para seguir descendiendo. Descubrí que las paredes de aquel túnel estaban dibujadas esta vez con seres que no parecían humanos, sus cabezas eran muy grades y sus extremidades totalmente desproporcionadas, el fetiche cornudo seguía apareciendo y parecía guiar a aquellos otros seres. Al final llegue a una pequeña habitación la cual comenzó a brillar de un color violeta al recibir la luz. Mire a todos lados sin prestar atención a los pictogramas y descubrí que el resplandor provenía del techo de aquella pequeña sala. Una decena de puntos violetas brillaban constantemente, bajo aquella luz violeta que devoraba la de mi antorcha comencé a ver los dibujos. Solo puedo describirlos como pinturas que reflejaban alguna especie de religión primitiva e ignota la cual tenia como centro al ente cornudo el cual parecía presidir sacrificios de todo tipo.

Mi mente se perdió en aquellas pinturas y mis ojos saltaban de una a otro siguiendo a aquel ente por las paredes de aquella piedra secreta iluminada por el violeta de las estrellas pintadas en el cielo de piedra. Pareciera que perdí la noción del tiempo hasta que una figura me despertó de aquella locura pictográfica. El ente cornudo parecía cortar las manos de sus fieles y echarlos al fuego, seguí aquellos dibujos y termine viéndolo ser abatido junto a sus fieles por algunos guerreros o cazadores primordiales junto a algo que parecía un arco redondeado muy parecido a una puerta repleta de aquellos símbolos rúnicos que no aparecen descritos en ninguna saga germánica ni de algún otro pueblo tan antiguo.

Mi antorcha se fue apagando y la luz violeta murió con mi antorcha. Salí de aquel maldito y desconocido lugar solo para volverme a ver entre las pinturas expuestas al aire libre. Me di cuenta que las pinturas de la cueva eran verdaderamente antiguas y que aquellas expuestas al cielo era mucho mas recientes. Las seguí mientras caminaba por aquel patio cerrado por cuatro altas paredes lindantes hasta que me sentí atraído a una figura.

Justo en una esquina donde confluían dos paredes había un arco blanquecino llamativo. Se parecía al arco de una puerta con un contorno dispar de una tonalidad blanco pálida que sobresalía sobre las paredes negras. Me acerque lentamente a aquella estructura y mi cabeza comenzó a dar vueltas mientras mas me acercaba, llegué a pararme enfrente con mi mirada nublada y una migraña insoportable. Por aquellos dolores repentinos tarde unos segundos en darme cuenta que aquel no era un arco pintado en la pared como el resto de los pictogramas, la mente me daba vuelta mientra mas me acercaba y termine chocando con la imagen de que era un arco de casi un metro ochenta enteramente formados por manos humanas. El color blanco provenía de la pigmentación de la piel sobre la cual se habían dibujado aquellas runas malditas. Todas estaban perfectamente ordenadas en una fila de dos desde el suelo, las manos eran todas parecidas, todas blancas, todas con los dedos finos, algunas con la uñas largas entre pintadas de diversos colores o sin pintar, todas con las venas azuladas aún marcadas y los tendones sobresalientes constituían aquella macabra puerta. Mi mente proceso todo aquello mientras luchaba contra aquel dolor tan insoportable y extraño que me había asaltado tan repentinamente, no sé qué esfuerzo mental debí hacer para darme cuenta que las manos formaban pares de las mismas víctimas y todas formaban un patrón distintos con sus dedos, algunas formaban un circulo, otras un Y con el dedo pulgar casi dislocado, otras estaban con los cinco dedos fuertemente separados entre ellos. Aquel lugar formaba una escalofriante y retorcida figura incomprensible para mí. Caí de rodillas abatido por aquel dolor sobrenatural mientras mi nariz comenzaba a derramar sangre de manera constante, mire el suelo intentando comprender algo de todo ello y mis ojos se posaron en una pequeña sección de aquella infernal figura, era la parte más baja de la fila derecha, justo contra el suelo no había manos de ningún tipo, comprobé rápidamente con la vista la fila izquierda. Mi desquiciada mente formó dos ideas vagas antes de salir corriendo instantáneamente después. Mi cuerpo perdió toda conexión con mi mente y me descubrí a mí mismo siendo asistido por una mujer muy mayor en una casa mientras balbuceaba que tan solo faltaban dos manos para completar aquella macabra figura y que desprendía una energía que destruía mi mente.


No sé cuánto tiempo estuve en aquel estado de shock balbuceando cosas sin sentido, ni que dije ni a qué conclusión llego mi dañado cerebro, pero logré recuperarme horas después cuando ya había caído la noche. La mujer que me asistió me dijo que logre identificarme como policía y negué toda ayuda de un grupo de paramédicos los cuales se presentaron a la brevedad, cuando mis funciones cerebrales se normalizaron tome mi teléfono y comencé a hacer llamadas. En media hora varios autos encubiertos de la policía rodaban la casa y confirmaron que no había nadie dentro. Decidimos esperar mientras algunos de los oficiales me confirmaban haber sentido parte de aquel dolor insoportable frente a aquella figura macabra. Hice más llamadas y me confirmaron que aquella casa era una casa construida en inicios del siglo XX por una familia de inmigrantes francés, los cuales habían muerto en un incendio en la propiedad y solo las había sobrevivido su hija de veinte años. Por mi mente cruzo la descabellada idea de que aquella joven debería tener hoy día unos 110 años, caminaba hoy día entre los vivos y coleccionaba manos de manera artística en la parte más trasera de aquella casa adornada con pinturas que ella de seguro conocería y la cual practicaba alguna especie de culto homicida para satisfacer a aquel fetiche cornudo macabro. La descarte casi al instante por ser una idea ridícula, hoy ya no me parece tan ridícula.

El resto de los oficiales y yo seguimos esperando en la noche hasta que ella apareció, apenas la vimos poner un pie en la propiedad nos lanzamos sobre ella, opuso una férrea resistencia seguida de unos gritos guturales poco normales. La subimos a un patrullero ante la vista de todo el barrio y nos retiramos a la comisaría más cercana en aquella maldita noche.

Una hora después la Tenientes Sánchez me encontró en aquella comisaría, mientras a nuestra chica le hacían varias pericias psicológicas preliminares la Teniente me conto sobre la posición de las manos, según ella eran mudras hindúes los cuales servían para canalizar la energía por el cuerpo. Todo sonó muy descabellado en mi mente en aquel momento, le pregunte sobre los pictogramas y me dijo que era imposible datar su antigüedad pero que los expertos podrían ayudarnos despues sobre eso. Minutos después un abogado entraba a la sala de interrogatorios y salía apenas tiempo después informando que su cliente asignado no hablaba por lo cual entre yo. La vi igual que la había visto a la mañana, su rostro se mostraba de manera inexpresiva pero sus ojos me seguían con cautela, parecía un animal de presa por como olisqueaba el aire en aquella postura tan pacífica pero que denotaba que podía saltar de la silla para intentar matar a alguien. La mire fijamente y pude ver que sus ojos azules eran efectivamente violáceos y brillaban de manera sobrenatural como el techo de aquella sala subterránea.

Le pregunté directamente si había matado a todas aquellas personas y confeccionado aquellos murales tan extraños juntos con aquella figura de manos de sus víctimas. No respondió, solo me miraba con su rostro de muñeca de porcelana francesa. Saque de una carpeta las fotos que los forenses tomaron de aquella expresión artística y se la puse delante de su cara mientras le preguntaba si ella lo había creado todo. Solo se limitó a tomar la foto con sus manos esposadas y contemplarla con aquellos ojos luminosos mientras le pasaba el dedo. Después de un tiempo dejo caer la foto al piso y volvió a mirarme con aquel rostro inexpresivo, muerto y lleno de belleza. Supe que no nos diría nada al tiempo que la Teniente Sánchez entraba a la habitación, ella comenzó a hablarme de la chica, de cómo no tenía antecedentes y de como su rostro coincidía extrañamente con el rostro de la superviviente de un viejo incendio en la misma casa hace añares, la teniente siguió hablando de pruebas de ADN en los cadáveres que la vinculaban, comprendí al instante el intento de intimidarla ya que las pruebas apenas estaban en el laboratorio. Cuando volví a verla al rostro aquel semblante muerto ya no existía, lo había remplazado un rostro excitado todo ruborizado que miraba las manos de la Teniente Sánchez gesticular, sus ojos iluminados por un violeta intenso seguían aquellas manos como dos faros de luz lunáticos que habían perdido todo rumbo. Un impulso primitivo de peligro intentó advertirle a la Teniente al mismo tiempo que llevaba mi mano a mi arma. Mi rostro termino contra la pared y mi cabeza abierta en varios puntos, la Teniente Sánchez intentaba luchar contra aquélla criatura mientras ella la sostenía a varios centímetros del suelo, yo luché por mantenerme consciente mientras mi sangre manchaba el piso, logré incorporarme solo para ver como se la llevaba a la fuerza. La cabeza comenzó a dolerme con aquel dolor insoportable que había experimentado frente a aquel monumento de manos muertas, las luces comenzaron a fallar mientras todos los oficiales de la comisaría empezaron un griterío desesperado que se parecía mucho a gritos de terror. Logre salir de aquel cuarto solo para ver varias oficiales apuntar y gritar, en una esquina de la comisaría la Tenientes Sánchez luchaba por respirar mientras aquella chica la sostenía como su escudo personal. La luz iba y venía constantemente en un ritmo errático. Tarde un segundo en darme cuenta de que no era casual y que aquella chica de alguna manera estaba generando los problemas eléctricos. La luz desapareció por completo y de aquella esquina comenzó a emanar un fulgor violeta terrorífico. Los gritos de mis camaradas se convirtieron en gritos de dolor desgarrador. Mi cerebro comenzó a dar vueltas como si estuviera en una licuadora de cordura dolor constante. Lo último que vi fue aquella luz violeta moverse en la oscuridad mientras Sánchez pataleaba pegada a ella. No sé cuánto duró aquel sueño, fueron añares o quizás una fracción insignificante de segundos sin sentidos, pero mi mente produjo una película primigenia que aún recuerdo. Aquel fetiche dibujado en la paredes de aquella casa caminaba delante mío rodeado por bestias aún más monstruosas que los dinosaurios y aún más grandes las cuales corrían horrorizadas al ver a aquel ser blanquecino, cornudo, con pelaje dispar y cara de perro la cual emanaba un brillo violeta demoníaco de sus ojos. Un sin fin de pigmeos demasiado horribles y carentes de forma como para llamarlos humanoides seguían a aquel ser el cual masacraba cruelmente a vario de los pigmeos en llamaradas violeta mientras el resto danzaba y cantaba en algún ritual olvidado mucho antes siquiera que se dividieran los continentes. Aquella visión maldita me transporto a una cueva húmeda con un río de sangre producto de la carnicería sobre aquellos pigmeos donde la presencia de aquel ser había desaparecido pero se había impregnado en las piedras antiguas y donde hombres dioses con armaduras antiguas relucientes hablaban en tono preocupado en un idioma gutural imposible de describir.

Desperté al poco tiempo con la cabeza destruida y el sabor a sangre en toda la boca, la luz se había restablecido y el piso estaba salpicado en un montón de pequeños charcos de sangre que manaba de varia narices de los oficiales de aquella comisaría. Instantáneamente una imagen apareció en mi mente y salí corriendo buscando una patrulla que con la llave puesta que pudiera llevarme a aquel lugar. Conduje como un demente mientras de mi frente todavia brotaba sangre, gritaba órdenes desesperadas en la radio que caían en transmisores sordos hasta que llegue a aquel lugar. Aquella maldita casa resplandecía de una luz violácea que se proyectaba el cielo nocturno. Varios oficiales estaban ya muertos cuando llegue, tome un arma de uno de aquellos desafortunados y pase junto al árbol muerto de la entrada, toda la mugre plástica de aquella casa junto con las paredes brillaban por la luz violentaba que se proyectaba desde el patio hacia dentro de la casa, camine controlando el horror que desprendía aquella luz mientras el cañón del arma se iluminaba.

Llegue a la puerta trasera para ver el cadáver de Sánchez tirado a un costado junto a la escalera que bajaba a la despensa, no tuve que verlo más para saber que le faltaban las dos manos. Frente a mí aquella estructura blanca había cambiado de color y ahora ardía en unas llamas violáceas con una figura relativamente alta arrodillada delante de aquel arco de fuego diabólico mientras hablaba en un idioma que no podía comprender ni clasificar como un idioma que se hablara en ningún país del mundo actual, me di cuenta que estaba totalmente desnuda y las llamas danzaban al ritmo de su voz. Intente gritar pero la voz murió en mi garganta ante todo aquel horror violeta que impregnaba las paredes negras dándole vida a las figuras dibujadas en ella. Aquella voz seguía su frenético ritmo y se intensificaban delante de aquel mural de fuego que parecía bailar con el sonido de su voz, me di cuenta que las manos no se quemaba a pesar de estar en llamas y que la voz era en realidad un canto pausado. Di dos pasos y la voz de ella se intensificó, giró lentamente la cabeza y pude ver sus ojos azules impregnado de un brillo violeta propio. Se giró en su totalidad para verme con aquel hermoso rostro. Sus labios seguían moviéndose recitando aquella canción gutural endemoniada, sus labios eran tan finos y hermosos que mi cerebro hasta ahora no logra comprender cómo podía pronunciar esas palabras que sonaban tan fuertes y agresivas. Ella dio dos pasos hacia mí, yo no podía quitar la vista del resplandor violeta viviente que eran sus ojos infernales, camino en su total desnudez mientras el fuego crecía detrás de ella. De repente el cantar cesó en sus perfectos labios y fuego completo toda la estructura a su espalda. Sin quitarme los ojos apunto a sus pechos con dos dedos de su mano izquierda mientras señalaba al cielo nocturno con dos dedos de su mano derecha, seguí su mano y vi a las estrellas brillar de un color violeta flúor en el firmamento negro. Pronuncio unas palabras ininteligibles para mí y su pecho estalló en aquellas llamas violetas. Tuve que cubrir mis ojos ante aquella intensidad, ella caminó hacia mí y se posó a escasos centímetros, las llamas no quemaban pero desprendían una vibración que movía toda mi ropa y mi cabello. Ella volvió a hablar en francés pero jamas supe que me dijo, la vi prenunciar esas palabras mientras su rostro empezaba a tomar una forma canina con las llamas que la incendiaron sin quemarla, se dio la vuelta y camino hacia la esquina de aquellas dos paredes donde residía aquel arco compuesto por manos de todas las personas que había asesinado quien sabe durante cuanto tiempo, la vi alejarse mientras su cuerpo parecía encorvarse y en su cabeza las llamas formaban lo que me parecían un par de cuernos flamígeros. Camino a las llamas sin vacilar y atravesó aquella esquina como si no existieran paredes detrás para desaparecer delante mio. Las llamas cesaron y las manos desaparecieron junto con el color violeta, me quede en la total oscuridad nocturna de aquel patio de más de un siglo solo iluminado por el brillo violáceo que aún desprendían las estrellas del cielo.

Varios oficiales de policía me encontraron horas después sentado a pocos centímetros del cadáver de Sánchez. Pase meses en pruebas psicológicas y dando testimonio de lo que vi, unos cuantos vecinos de aquel barrio tan antiguo también dijeron ver algo violeta o escuchar algunas palabras raras pronunciadas aquella noche pero ninguno supo decir nada que secundara mi historia. Simplemente todo quedó en la nada, los cuerpos de varios oficiales muertos en aquella casa de la misma manera extraña que las múltiples víctimas corroboran que en ese lugar sucedieron crímenes, las imágenes pintadas en las paredes han sido materia de investigación para filólogos y estudiosos de los idiomas muertos de todo el mundo lo cual me ayuda a convencerme de que no perdí la cordura aquella noche y mi cerebro dañado invento todo aquello. Las investigaciones me fueron entregadas tiempo despues y solo agregan más misterio, su cámara de fotos solo tiene un rollo con más de cien fotos todas salpicada en un color violeta que capturo nada más que manos, las pruebas sobre su ropa marcan que tiene unos cien años, los pictogramas obviamente forman un patrón lingüístico no conocido y las pinturas de la cueva se remontan a tiempos pretéritos inclusive mas antiguo que los primeros poblados de humanos en América.

¿ Quién era? ¿ Es realmente posible que tuviera más de 100 años? ¿O era algo más antiguo viviendo dentro del cuerpo de aquella hermosa joven?¿A dónde se fue? Son preguntas que me repito día y noche.

Desde entonces intento darle algún sentido a todo aquello, alguna explicación que me permita dormir por las noches y me permita dejar de contemplar las estrellas horrorizado con la idea de que se tornan violetas y ella regrese con aquellos ojos azules violáceos a reclamar mis manos.

1 de Agosto de 2020 a las 05:21 2 Reporte Insertar Seguir historia
2
Fin

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