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carlos-trinidad1588955939 Carlos Trinidad

"La vida no viene con un manual. EL alcohol y el sexo no son gratis. Esta producción apesta. Jódanse" Atte: el protagonista.


No-ficción Todo público.
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Esto es así

Seis de la mañana de un día lunes cualquiera. La alarma comenzó con el clásico “tukutuki-tukutuki-tukutuki”, y aún con sueño, sin abrir los ojos, busqué el celular cerca de mi almohada basándome en el sonido para guiar mi tacto. Habilidades que se desarrollan cuando comes frutas y verduras. Lo encontré. Abrí el ojo izquierdo un poco y miré el icono de la alarma al centro de la pantalla, lo deslicé a la derecha con mi dedo medio y el molesto sonido calló. El primer insultó de la mañana. Pasaron diez minutos.

Aunque ya sin sueño ni sueños, a duras penas logré sentarme en la orilla de la cama, con los codos apoyados en las piernas, la mirada a mis pies y un peso en la espalda que va más allá del cansancio. Recordé que una vez una anciana me decía que había que agradecer todos los días que despertamos. “No hay nada que agradecer” –Pensé. Y es que, cuando todas las mañanas te levantas con diez por ciento de fe, dolores en la memoria, diluvios en los ojos, nauseas en los sentimientos ¿A quién o por qué hay que agradecer el boleto falso del viaje? Quizás hay algo más allá de esto, pero estoy tan cansado como para salir en busca de ello… Al final yo podría empacar en una maleta provisiones, ropa, etc, y tomar todos mis ahorros para salir en busca de yo qué sé, caminando por no sé dónde, pero ese es el problema, me detendría en la puerta con un gorro muy calientito en la cabeza sintiéndome un completo estúpido al darme cuenta que no sé qué buscar ni por dónde empezar y que es un día muy soleado. “Felicidad” le dicen. Segunda pista vuelta enigma que jamás he descifrado, la primera pista era un tal “Amor”, algo que me ayudaba a escalar a la segunda pista, pero decidí dejarlo por la paz. Mi paz… o algo parecido.

Decidí dejarme de tonterías y concentrarme en lo más importante ahora: Conservar mi empleo. Nunca he sido de la idea de que el dinero sea lo más importante para la vida del ser humano, aunque no sepa qué sí lo es, pero estoy seguro de que hay algo más, a pesar de que actualmente el dinero es importante para mantener la vida de un tal ser que ni es tan humano. Pero después de todo, mis ideales no pueden estar siempre igual, debo mezclarlos con la realidad en la que vivo, ya que, al final de día yo también quiero salir a embriagarme o a acostarme con una scort en un hotel agradable de vez en cuando y necesito de dicho dinero ya que la bebida y el sexo no son gratis.

No quería trabajar, pero tenía que hacerlo. El seguro médico no se paga solo, y quiero mantenerme vivo y saludable, aunque sea por mero capricho y rebeldía a mí mismo, a mi estado de ánimo y a un tal destino que escribió mi vida mientras cagaba a chorros una comida mal procesada por su sistema digestivo y que se desquitaba con el pobrecito de mí. Aun no distingo si esto que me hago es sadismo, un acto heroico, falta de oxigenación en el cerebro, o por no haber desayunado aún.

Después de darme una ducha, me sequé el cuerpo, me manoseé un poco y fui a mi habitación para vestirme. Una camisa negra sin arrugas, pantalón formal y corbata gris oscuro, zapatos limpios y esta clase de tonterías necesarias para cumplir mis labores, ya que vestido con pijama se reduce mi capacidad laboral un ochenta por ciento y puede que me despidan por incompetente, o por no cumplir la reglas, lo que pase primero. Antes de salir de casa, me abrigué con una gabardina. Negra por supuesto. Agarré mi mochila y antes de colocármela en la espalda, la abrí y saqué un pequeño recipiente que tenía mi medicamento diario. Una licorera de trescientos cincuenta mililitros llena de vodka que tenía escrito: “Contra el mal crónico”. Tomé la dosis que me recetó el cantinero: Dos tragos antes de una situación de estrés, durante y después. La guardé, cerré la mochila, me la coloqué en la espalda y antes de cerrar la puerta, miré al interior vacío de la casa, a la oscuridad que reinaba y repetí mi oración de siempre: “Oh soledad, quizá regrese por la tarde o quizás no, pero algo es seguro, y es que, aunque no me guste, mientras no sepa que voy a morir pronto tengo que conservar mi empleo. Y si muero de camino a el mismo… Ya ni modo. La vida esto”.

29 de Julio de 2020 a las 00:40 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Carlos Trinidad A pesar de que me gusta leer, dejé de hacerlo de manera constante debido a la escuela. Hace muucho tiempo solía escribir un poco, pero lo dejé por la misma situación mencionada. Al final me dí cuenta que escribir puede ser complicado, pero quiero hacerlo y encontré esta plataforma, así que... Aquí estoy.

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