daniel-sans1595953560 ✒️🖋Daniel Sans 📖

"Yo sé que estaba entregado, semejante escopetazo, me agarra de lleno y me arranca medio cuerpo; entonces giré, como era lo último que iba a hacer en la vida ¿vio?... cargué mi arma con esta mano -levanta la izquierda-, que pude cargarla, estos dedos me quedaron así -muestra el meñique y el anular de la mano izquierda que están contraídos-, y... - ¿Le quedaron así, recogidos? ¿No los puede extender? - Sí, así, muy poco, entonces, pero se me tienden enseguida a arrollar, entonces le tiro los trece tiros que tenía en el cargador. Le busqué por todos los ángulos. -declarará en la instrucción judicial "Entonces, vi que tenía fuerza con el brazo izquierdo ya que aparentemente no me había roto el hueso. Que extraje como pude el arma reglamentaria; la cargué delante como estaba, con el brazo lesionado; gire bruscamente en dirección hacia la puerta donde estaba esta persona y le efectué todos los disparos que tenía en el cargador; hasta que se vació el mismo, quedando montada el arma, lo que señala que el cargador está vacío"


Crimen Sólo para mayores de 21 (adultos).
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Crónica

La locura no es estar loco sino enloquecer a los demás.

Juan Gelman.


En el Alto Valle del Río Negro los chacareros bombardean las nubes ante la amenaza de granizo y casi nunca llueve; esta tarde en el pueblo, aunque se escuchen los estampidos la lluvia gana. Las calles de este barrio periférico habitualmente secas y duras son de un barro homogéneo y pegajoso. Sentado en el comedor de su casa, Ricardo Ramos recuerda el día en que le cambió la vida: 29 de Julio de 2003. En un hornillo de cerámica crepitan esencias dulzonas; sobre la pared, desplegada, la bandera nacional. El suboficial Ramos es morocho; tiene poco más de cuarenta años pero parece mayor, quizás por las huellas de una larga convalecencia; es un hombre de gestos breves, congruente con la conducta que pesa sobre su oficio; los ojos pardos no parpadean, mira fijo, salvo cuando llora.

"Subísubísubí porque acá nos morimos" le gritó al Cabo Hernández sosteniéndose el buraco en el pecho. El Cabo, herido en la espalda, perdía sangre por la boca, conducía el patrullero y había intentado llamar a una ambulancia. Recostado en el asiento del acompañante, Ramos se sostenía las tripas. Ángel le había disparado a través de la puerta placa de madera con Brenneke, munición utilizada para cazar jabalí, del tamaño de una pila mediana. Tenía distintas armas, recuerda "A mi compañero le tiró con perdigones del calibre 12". Con el chirriar de las gomas inician la carrera hacia el sanatorio. Hernández esquiva un colectivo, dobla tomando la calle que corre paralela a las vías del tren. "Daledaledale boludo que si no, no llegamos ¡aguantá, aguantá!" le gritó Ramos pero el cabo no aguantó y se desmayó apenas pasaron la Avenida Roca. "Entonces el patrullero se nos fue para la derecha, a la altura casi de la comisaría. Yo me incorporé en el asiento donde iba tirado, agarré el volante justo cuando el patrullero estaba a punto de estampillarse contra un colectivo, me acuerdo que veía chiquitos que estaban subiendo."

Habían ido hasta la peluquería de Ángel Javier Pini, lindante con la casa de los padres, respondiendo al pedido de la hermana. Hacía días que el hombre estaba encerrado y tenían turno con el psiquiatra del hospital. Inútil pedir una ambulancia en estos casos dice Ramos "porque los profesionales no vienen, no vienen, no vienen, entonces hay que llevarle el paciente, se lo tenés que llevar". El paciente, había cerrado y bloqueado las puertas del local, vigilaba los alrededores con circuito cerrado de televisión, aguardaba, con las armas listas. Nada de esto sabía Ramos al empujarle la puerta a Pini, lo único que sabía dice, "estaba deprimido". Cuando abren la cerradura y la hermana va hacia la casa a avisarles a los padres, Ángel dispara a través de la puerta.

Sin lograr que el Cabo, desmayado, quitara el pié del acelerador, Ramos dejó de sostenerse las tripas y volanteó con la derecha. En la mano izquierda no soltaba la 45 que hacía un momento había vaciado contra la puerta trasera de la peluquería. "Habíamos empujado un poquito la puerta, y tenía un mueble ahí detrás, entonces le golpié, y de adentro me tira con una escopeta, un escopetazo en el medio del pecho que me hizo dar una vuelta. Eso me salvó, porque siguió tirando."

Se incorpora, abre la camisa, muestra el pecho del lado izquierdo, luego gira y descubre la salida de la bala por la espalda. Sobre el codo izquierdo, una profunda mordedura de bordes irregulares hasta la axila. "Estaba chorreando sangre, me salía sangre y materia fecal, porque me voló 60 centímetros del colon; me voló dos costillas; me voló el músculo del brazo, el área cubital; me voló parte del esternón; la pleura me quemó, creo que es lo que cubre el corazón."

Recibieron algunos tiros más, uno dio contra su compañero y otro rozó al cerrajero que habían llamado para abrir la puerta. "Quedé shockeado, pero... agarré, cargué mi arma y me dije, ¡¡no, hijo de puta!! Si me vas a llevar, te vas a ir conmigo." Tomó el arma, la cargó con la izquierda y disparó las trece balas que tenía en el cargador, dice "Le busqué por todos los ángulos; el tiro que lo mató le dio en el pecho."

Ricardo Ramos fue hasta el patrullero y gritó: "subísubísubí..."

El vehiculo, descontrolado, se acercaba al sanatorio que estaba cruzando el terraplén de las vías. Hernández continuaba desmayado pisando el acelerador del patrullero, el freno de mano no andaba y Ramos decidió chocar el automóvil contra un cantero que sobresalía en la esquina. "Me preparé para el golpe, primero fue contra el cordón cuneta, entonces pegó ¡páf! Hizo ¡páf! mi cabeza golpeó contra el parabrisa y trizó todo el vidrio, entonces le pegué una patada a la puerta, me bajé con la pistola en la mano, todo ensangrentado, era un desastre."

La tormenta no tiene fin y la humedad acentúa el perfume dulzón de las esencias. Ramos hace una larga pausa, se escucha el crepitar del hornillo y la lluvia leve. El hombre intenta encontrar una explicación que no llega. Quizás, debió haberlo imaginado, esa no fue una mañana normal, su mujer le había contado un sueño que tuvo esa noche, le dijo "En una mesa me ponían cinco armas, una era tuya y después la otra no sé... de Hernández, de tu compañero"", y yo me sonreí pero me quedó grabado eso, yo no se interpretar los sueños.

28 de Julio de 2020 a las 22:14 0 Reporte Insertar Seguir historia
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